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Paleontóloga: Alejandra Sosa entre fósiles, laboratorio y registros

De niña en su Concordia natal soñaba con dinosaurios. Su familia y museólogas la guiaron para que hiciera realidad su vocación. La importancia de despertar el interés en la ciencia para entender procesos evolutivos.

Miércoles 17 de Junio de 2020

La Paleontología es una disciplina dentro de las Ciencias Naturales que se ocupa de estudiar la vida en épocas pasadas. La entrerriana María Alejandra Sosa lo supo desde niña cuando los dinosaurios comenzaron a despertar su curiosidad. Se formó como paleontóloga en la facultad de La Plata y en diálogo con UNO rescató los rastros de su vocación, rastreó el camino recorrido y clasificó los resultados alcanzados. Desde su departamento platense, donde pasa la cuarentena, destacó el viaje a la Antártida para trabajar sobre fósiles de pingüinos –tema sobre el que realiza su tesis doctoral– meses antes de la pandemia.

—¿Cómo nació tu interés por la Paleontología?

—De chica siempre dije que quería ser paleontóloga. Como a la mayoría de los chicos –creo– me interesaban los dinosaurios, y leía mucho sobre ellos. Por suerte mi familia siempre alimentó esa pasión regalándome libros, revistas e incluso juguetes que tratasen del tema. Después, durante la carrera aprendí que la Paleontología es más que dinosaurios, conocí temas que me resultaron más interesantes.

—¿Tenías decidido que era en la La Plata donde ibas a estudiar?

—Durante mi último año de la Secundaria teníamos una materia que se llamaba Pasantía donde debíamos ir a realizar algunas horas de tareas relacionadas a la carrera que habíamos decidido estudiar, en alguna institución de la ciudad. Yo cumplí mis horas en el Museo de Antropología y Ciencias Naturales de Concordia. Allí las museólogas conocían a un paleontólogo, y viendo mi interés por estudiar Paleontología le preguntaron a dónde me convenía irme a estudiar. Él recomendó la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), entre otras cosas porque el Museo de La Plata es parte de la formación y permite estar en contacto casi directo con los investigadores, muchos de los cuales son docentes en la facultad. Así que por eso decidí venir a estudiar a La Plata.

—¿Qué dirías para contagiar su estudio?

—La duración de la carrera Licenciatura en Biología orientación Paleontología es de 5 años, tiene 29 materias más una prueba de idioma, la mayoría de ellas anuales. Además, hay que completar una cierta cantidad de créditos con viajes de campaña que son organizados por las cátedras (ahora se están modificando en Escuelas de Campo en conjunto con varias cátedras, de manera interdisciplinaria) donde se aprende mucho la metodología de campo, análisis de datos y elaboración de informes. Si uno quiere hacerlo en tiempo y forma, requiere bastante dedicación y a mí particularmente me llevó mucho más tiempo por cuestiones personales que no vienen al caso. De todas maneras mi etapa de estudiante me encantó, la disfruté mucho. Además, la facultad es chica, compartís materias con las otras carreras y junto a los viajes terminás conociendo a mucha gente y compartís muchos intereses en común, eso es muy lindo. En Paleontología somos muy pocos así que casi que te conocés con todos los de tu promoción. Siempre digo que estoy agradecida a mis padres por haberme dado la libertad de elegir mi futuro, no hay nada más lindo que estudiar lo que a uno le apasiona, y compartir la carrera con gente que tiene la misma vocación y pasión que uno, hace que sea muy disfrutable.

—Este año viajaste a la Antártida. ¿Cómo fue la experiencia?

—Estuve un mes en Antártida, en Isla Marambio, en enero y febrero de 2020. Fui como invitada en el marco de un proyecto del Instituto Antártico Argentino-Dirección Nacional del Antártico (IAA-DNA) dirigido por el doctor Marcelo Reguero, y gracias a que existe un convenio entre el IAA y la UNLP. La propuesta para formar parte del grupo de trabajo vino de parte de mi directora, la doctora Carolina Acosta Hospitaleche, quien también trabaja con pingüinos, y acepté sin dudarlo. Además, yo estoy haciendo mi tesis en pingüinos fósiles de Isla Marambio. La experiencia fue una de las más hermosas que viví hasta el momento. Estuvimos 23 días en campamento, desplazándonos en helicópteros operados por la Fuerza Aérea Argentina que es quien brinda apoyo logístico durante las campañas antárticas. Y siete días estuve en la Base Marambio. Desde allí cargábamos mate y comida, y salíamos hacia los sitios de trabajo en el campo, generalmente desde media mañana hasta la tarde. Las horas de luz son muchas en verano, así que la idea era aprovecharlas. El mes en el que yo estuve no nevó mucho, el suelo estuvo siempre descubierto, lo que fue favorable para salir a buscar fósiles. Las dos experiencias son muy distintas, en el campamento se duerme en carpa; tampoco hay señal de celular, nos comunicábamos por la ronda de radio con la base y el resto de los campamentos. En cambio, en la base tenés todas las comodidades, desde calefacción y WiFi hasta un cocinero. A mí me encantaron las dos, me sentí muy cómoda, y no me quería volver. Antes de la campaña siempre me decían: “la Antártida o te enamora o decís muy lindo pero no vuelvo más”. Yo regresaría encantada, sin dudas volvería a trabajar. Cada vez que recuerdo que estuve allá y que, además, estoy estudiando pingüinos fósiles de Isla Marambio, me emociono por todo lo que representa la Antártida. Ya me está rondando la idea de continuar a futuro con el estudio de fósiles antárticos, pero el camino es largo, primero tengo que doctorarme.

—¿Qué hallazgos realizaron?

—Durante las salidas al campo encontramos muchas cosas interesantes, desde dientes de mamíferos hasta huesos de aves. Dentro de esas aves se encuentran varios restos que van a estar incluidos en mi tesis.

—¿Cuáles son tus objetivos?

—Ahora soy becaria. Me recibí de licenciada en diciembre de 2018. En abril de 2019 obtuve una Beca Doctoral de la Universidad Nacional de La Plata así que me inscribí a la Carrera de Doctorado en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo para obtener el título de Doctor en Ciencias Naturales. Esa beca me financia por 5 años el doctorado para que pueda dedicarme exclusivamente a hacer la tesis. Mi objetivo más cercano es doctorarme para luego poder continuar en la línea de la investigación.

—¿Se puede vivir de la investigación?

—La Beca Doctoral de la UNLP me permite dedicarme exclusivamente a hacer la tesis. Mi tema de tesis son los pingüinos fósiles de Isla Marambio, Antártida, y mi lugar de trabajo es el Museo de La Plata. Estudio la anatomía del Pingüino Emperador (el pingüino más grande que existe en la actualidad y que se distribuye en la Antártida) para así poder extrapolar, estudiar y entender mejor los pingüinos fósiles, algunos de los cuales eran mucho más grandes que el Pingüino Emperador. Además de eso, tengo un cargo docente de Ayudante Diplomada en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo. También formo parte de un proyecto de extensión, “Redescubriendo los Humedales de Berisso: Talleres de Educación Ambiental”. La extensión es una de las tres ramas de la Universidad (además de docencia e investigación) que tiene un rol importante en la vinculación con la sociedad. Con “Redescubriendo” dictamos talleres en escuelas primarias y secundarias hablando de la importancia de los humedales, además de participar en ferias de ciencias y otros eventos donde se interactúa e intercambia conocimientos con la sociedad en general, entre otras cosas. Me falta un largo camino todavía para entrar en la Carrera de Investigación Científica, así que no puedo opinar mucho con respecto a si se puede vivir de la investigación en Argentina. Viendo mi entorno de trabajo, digo que sí. Creo que hay seguir difundiendo la actividad de los científicos, apoyar la ciencia en todas sus líneas de investigación, más aún en el momento tan particular que estamos viviendo, para que la sociedad comprenda por qué es importante invertir en ciencia.

—¿Cómo es la vida de un paleontólogo?

—Creo que la mayoría se imagina al paleontólogo desenterrando fósiles la mayor parte de su tiempo, yo también me lo imaginaba antes. Aunque trabajar en el campo es lo que más me gusta y disfruto, yo tengo muy poca experiencia como paleontóloga en el campo (mi primera campaña paleontológica fue a la Antártida, en ese sentido me siento muy afortunada). La mayor parte del tiempo uno está en el laboratorio, leyendo, estudiando materiales de las colecciones de los Museos, escribiendo trabajos científicos para enviar a publicar. Ir a buscar fósiles al campo solo forma parte de unos pocos días al año.

—¿Cómo te afectó la cuarentena?

—Los materiales que estudio se encuentran depositados en las colecciones de instituciones como el Museo de La Plata, el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y el Instituto Antártico Argentino, así que hasta que no pase el peligro de la pandemia y vuelva a permitirse la circulación y visitas con normalidad, no podré avanzar mucho. Igual leí, escribí y proyecté nuevos trabajos.

Alejandra por Alejandra

María Alejandra Sosa tiene 30 años, vive con su hermana a pocas cuadras del Bosque de La Plata, cerca del museo y de las facultades. “Es una zona bastante tranquila y me queda cerca de todo, incluso el centro. Está el estadio de Gimnasia y el nuevo estadio de Estudiantes”, describió.

En el barrio Parque Río Uruguay de Concordia viven sus padres y en Paraná un hermano con su familia.

—¿Cómo es un día tuyo?

—Normalmente –sin cuarentena– de lunes a viernes a media mañana voy al Museo de La Plata y me quedo allí hasta tarde, dependiendo la época del año; disfruto mucho de mi lugar de trabajo y mis compañeros/directora con quienes comparto los días. Además, me gusta mucho la observación de aves y hacer fotografía de naturaleza, así que siempre le dedico un rato del día a leer sobre aves, a compartir mis fotos en las redes, o a prestar atención a las aves del Bosque camino al Museo. Ahora en cuarentena, la rutina es igual, pero en mi casa: trabajo, aves y fotografía desde mi balcón.

—¿Un trabajo que te haya dado mucha satisfacción?

—Aún no tengo mucha experiencia ni publicaciones. Valoro mucho mi primer trabajo que publiqué en una revista científica gracias a una Beca de Experiencia Laboral que me dio la facultad hace unos años. Fue con el Pingüino Emperador (estudié cómo se desarrollaban los huesos y la musculatura del cráneo desde pichón hasta adulto) y fue lo que me hizo entrar en el estudio de las aves que tanto me apasionan.

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