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Martes 12 de Junio de 2018

Optimismo y felicidad

Aportes desde la Psicología Positiva por Ingrid Williams

En general creemos que hablar de Psicología implica hablar de crisis, depresión, ansiedad, enfermedades mentales, etc. Todos conceptos que nos llevan al negativismo, al pesimismo o a querer reparar algo dañado, haciéndonos olvidar que mirar la otra cara de la moneda también puede ser útil para llegar a sentirnos mejor.

¿Por qué tendríamos que focalizarnos en la idea del optimismo?
Solo una parte de la condición de ser humanos tiene que ver con la miseria y el dolor y esa es la mitad que la mayoría de los psicólogos han profundizado a lo largo de tantos años.
Somos luces y sombras al mismo tiempo en diferentes situaciones de nuestras vidas, lo que nos caracteriza es la complejidad de las perspectivas con la cual vivimos y sentimos los hechos que nos van sucediendo en la vida.
Tiene que ver incluso con factores históricos y sociales que han marcado varias generaciones como lo fue la Segunda Guerra Mundial, en que la Psicología se concentró en querer curar las heridas y el dolor sufrido por las personas. La Psicología lo ha hecho muy bien durante años pero ha descuidado la respuesta a la pregunta: ¿qué hace que la vida valga la pena y sea digna de ser vivida?
Por este motivo es que hay una diferencia entre el eliminar las barreras que paralizan la vida (y si se llegaran a eliminar todas esas barreras se podría comenzar de cero) y construir una vida que valga la pena vivir.

Construyendo desde lo que nos mejora
Así como podemos medir el grado de sufrimiento o padecimiento de una persona, también se puede medir su grado de bienestar, cuánto significado la persona le atribuye a su propia existencia o a sus carencias.
La construcción del bienestar es aquello que se encuentra sobre el cero, lo que hace que la vida se pueda vivir más libremente y sin tener que sufrir como habitualmente lo hacemos. ¿Cómo tomar esta parte y mejorarla?

¿Qué tenemos que hacer para aprender a ser optimista?
El consejo principal viene desde nuestra parte cognitiva, esa parte de nosotros que tiene que ver con lo que pensamos, que sería el de reconocer nuestras formas de pensar más pesimistas, catastróficas e irreales que nos decimos a nosotros mismos. Una vez que las identificamos, buscar derribarlas y destruirlas a través de pruebas reales que puedan rebatirlas.
¿Existen pensamientos, obstáculos o comportamientos frecuentes y específicos que impidan a las personas aprender a ser optimistas? No, porque lo que el optimista hace es tomarse muy seriamente los pensamientos más oscuros, las expectativas irreales sobre el futuro para poder volverlas más flexibles y más reales en relación al modo en las que se juzga la realidad y finalmente usar todo este proceso interno para anular aquellos pensamientos. Por lo tanto las ideas depresivas o pesimistas no constituyen un impedimento para conseguir ser optimistas, porque son exactamente aquellas que queremos y necesitamos reconocer para poder trabajar y mejorar.

Ser o no ser optimistas
¿Es siempre bueno ser optimista o nos arriesgamos a volvernos muy ingenuos, simplistas e irracionales? El optimismo tiene que ver con ser más reales en relación al presente y al futuro, aceptar lo que nos pasa y lo que sentimos en relación al entorno en el cual nos encontramos y nos ha tocado vivir. Ese es un buen punto de partida para querer seguir construyendo y levantarnos todos los días. Por ejemplo, cosas que sucedían 200 años atrás han mejorado transformándose en el tiempo y aún seguimos pensando que estamos continuamente en crisis, y que continuamos pasando eternamente por alguna, como si todo no estuviera dando algún paso hacia adelante, que es lo normal, esperable, que tiene que ocurrir tarde o temprano en un mundo en continuo cambio. Cosas malas seguirán sucediendo en diferentes niveles de importancia en nuestras vidas, pero buenas y mejores también.

Arrancar desde la infancia
Los padres pueden hacer mucho con sus hijos al respecto tratando de infundir un sentido de apego seguro y la idea de poner en marcha la construcción de una "casa más emotiva", en donde sentir esté más al centro de la atención que alguna tarea específica que se tenga que realizar o reglas que cumplir. Si consideramos a las personas predispuestas a la depresión y al pesimismo, son ellas las que desarrollan más precozmente el pensamiento analítico, son ellas que han desarrollado un sentido de desgarro familiar, un sentido destructivo del apego. Entonces el núcleo familiar, una familia amorosa, en donde se desarrollan actividades en común, en donde hay espacios para aceptar las diferencias, en donde la crítica es tomada como un recurso a desarrollar en debates familiares, etc., se vuelven elementos importantes para generar un ambiente psicológico de bienestar para desarrollar el optimismo, ese lugar en donde lo desconocido toma un significado útil para futuras situaciones.
Habría que enseñarles a los niños, lo más precozmente posible, a reconocer las cosas positivas que suceden y por qué suceden. Y también se pueden desarrollar las habilidades cognitivas, pero no debemos de olvidar ni dejar de lado lo más importante: las emociones que provoca una familia sólida, el sentimiento de un "hogar".

La risa como energía para la felicidad
Recordemos que cuando nos reímos disminuye el cortisol que es la hormona que se produce cuando estamos estresados. Más reímos, menos estresados estamos. Y además cuando reímos nuestro cuerpo se contrae masajeando los pulmones y permitiendo que el anhídrido carbónico salga de nuestro cuerpo para poder inspirar mayores cantidades de oxígeno. Ahora sabemos que reír nos permite oxigenar al 100% nuestras células y esto nos permite mantenernos saludables y mejorar nuestra energía vital.
Cuando reímos cambiamos y, cuando cambiamos, el mundo a nuestro alrededor cambia con nosotros, contagiamos positivamente también.
Muchas personas podrán pensar: "pero yo estoy pasando un momento difícil en mi vida ahora, así que no tengo motivo para reír".
Ahora sabemos que podemos reír sin tener algún motivo preciso por el cual hacerlo, simplemente dejándonos llevar, contagiándonos de lo bueno y alegre que también pasa a nuestro alrededor, no va a pasar nada de malo y vamos a sentir un inicio de alivio para nuestra alma.

Todos podemos
Una de nuestras misiones en esta vida es generar alegría, optimismo en nosotros mismos y hacia los demás. Ayudando a los otros a estar mejor y amándonos un poco más a nosotros mismos nos dará la energía suficiente para buscar esa felicidad que muchas veces anhelamos y que no vemos que ya tenemos mucho más cerca de lo que creemos.
El pasado ya no vuelve, el futuro es incierto y es hoy, en este presente, que tenemos la oportunidad de mejorar como sentimos generando un bienestar que comienza desde nuestro interior y se expande con nuestras intenciones y deseos.
La felicidad es una elección que tiene que ver con nuestra forma particular de ver y sentir la vida y no con lo que piensan los demás o nos dicen que tenemos que creer. Elegimos continuamente qué parte mirar y tomar o no, y hay que hacerse cargo de esas elecciones.
¿Cómo podemos aumentar nuestra felicidad? Amando a todos, sirviendo a todos en lo que esté a nuestro alcance.

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