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Martes 22 de Mayo de 2018

No hay de dónde agarrarse

Correr, tropezarse, no alcanzarlo, esperar de 20 a 30 minutos, tomar al siguiente y abonar ocho pesos con setenta y cinco centavos para viajar con la cara rozando los sobacos de otros pasajeros.



Así se sintetiza una secuencia que muchos paranaenses, usuarios del transporte público, tenemos que repetir al menos dos veces al día, de lunes a viernes, e incluso también sábados y hasta domingos.


El servicio es deficiente, por no decir desastroso. Es por eso, entre otros factores, que el tránsito por las calles de Paraná es desorganizado. Con tal de llegar a tiempo, muchos prefieren hacer de tripas corazón y zambullirse en moto o auto en las estrechas y congestionadas arterias céntricas.


Ersa recibe millonarios subsidios pero las mejoras en el servicio han sido imperceptibles para quienes viajamos día a día. Las frecuencias no se cumplen, las unidades están sucias y el amontonamiento de pasajeros en la norma. Sin embargo, Ersa quiere llevar el boleto a 15,50 pesos. Y los concejales del oficialismo proponen que sean 13,50 y una suba del 10% a partir de julio. Más del 50% casi de sopetón. ¿Y las paritarias? Bien, gracias.


¿Cuáles serán las garantías de que el incremento se traducirá en una mejora del servicio? De eso no se ha hablado, sólo de tecnicismos y cifras.


Mientras tanto, los pasajeros vamos como en una lata de sardinas, rogando que el chofer no vuelva a frenar de golpe porque le tuvimos que ceder nuestra agarradera a una señora que se fue de rodillas al piso en la última frenada brusca. Disimuladamente nos prendemos de la mochilota que un universitario desconsiderado lleva puesta. El tipo se de cuenta y nos mira feo. Nos soltamos. Y ya no hay de dónde agarrarse.


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