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Suplemento Aniversario 2019

Mujeres que emprenden: el desafío de convertir sueños en realidades

Historias de féminas fuertes, con convicción y perseverancia. Desde sus espacios eligen luchar, reinventarse, derribar estereotipos y transformar su realidad.

Miércoles 13 de Noviembre de 2019

Utilizan sus manos, su inteligencia y los saberes heredados de sus ancestros. Son mujeres fuertes, de convicción, porque para emprender hace falta nada más y nada menos que eso, convicción y una gran cuota de optimismo, entusiasmo y perseverancia. También la pasión por lo que se hace, como motor inobjetable.

Cada ser humano tiene sus herramientas, algunas fortalezas o talentos, como también debilidades. Sin embargo, más allá de lo genético-social también se encuentran las características de género. Las mujeres tienen la pasión y la capacidad de ponerse en el lugar del otro, entre otras virtudes, las motiva la independencia económica, pero también la realización personal.

Son emprendedoras. Las manos de Rosa Coceres y Mónica Luna amasan el pan día a día y el aroma a pan caliente es también símbolo de sustento económico y alimento para la familia, las manos de Lucía Yedro rescatan secretos ancestrales y cuando hilan la lana son promesa abrigo y cobijo, las manos artesanas de Mariela Cocco trabajan las piedras y metales para resignificarlos, para convertirlos en objetos de admiración y disfrute, en tanto las manos obreras de las integrantes de la cooperativa La Pasionaria levantan paredes que se convierten en hogares, en resguardo. Todas esas manos juntas crean, construyen, enriquecen, dan vida, cumplen sueños y son motores invisibles para la sociedad.

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Elegir por qué luchar

“El destino no es cuestión de casualidad, sino cuestión de elección. No es algo a lo que se deba esperar, sino algo a conseguir”, es la frase de Jeremy Kitson.

Así es como derribando estereotipos, las integrantes de la cooperativa La Pasionaria de Paraná se convirtieron en mujeres emprendedoras y van ganando terreno en oficios que tradicionalmente fueron ejercidos por hombres, como la albañilería, la electricidad y la plomería. Mientras tanto, allá por el norte entrerriano, en la localidad de Feliciano y ajena a la lógica de la reproducción en serie, Lucía Yedro honra su vocación de hiladora y tejedora. La paranaense Mariela Cocco heredó de su tío abuelo Toto la pasión por las piedras naturales y la orfebrería, es mamá de Robertino y Sofía y celebra que su emprendimiento le permita acompañarlos en la rutina diaria y disfrutar de su familia. Se inspira en la vida y deja que su creatividad fluya.

Rosa Coceres y Mónica Luna viven en el barrio La Floresta y juntas cursaron durante dos años el taller de Pastelería y Panificación que se dictaba en el centro comunitario de República del Líbano 2327. Al concluir, en 2007, las autoridades del centro les brindaron la posibilidad de utilizar las instalaciones del lugar para elaborar y vender sus productos en las instituciones cercanas. Allí surgió un microemprendimiento que les brinda sustento económico, les da la satisfacción de trabajar en algo que las enorgullece y de transmitir sus conocimientos, ya que continuamente colaboran con los actuales alumnos del taller.

Mujeres albañiles

“Levantamos paredes, ponemos pisos y revocamos”, dice Judith Báez, presidenta de la cooperativa de mujeres albañiles La Pasionaria. La cooperativa paranaense ya cuenta con 13 mujeres protagonistas de su propia historia.

Azul Mussi, secretaria de la cooperativa, se sumó a la iniciativa cuando Judith abrió una convocatoria en un grupo cerrado en redes sociales de Feministas Cooperando.

La albañilería ha sido considerada una actividad casi exclusiva de los hombres. Actualmente, las integrantes de La Pasionaria están intentando, a través de la Uocra, poder certificar los trabajos que saben realizar, según ambas entrevistadas relataron a UNO.

“En la lógica de lograr la casa propia nos vimos en la disyuntiva de comprender por qué no había mujeres en la construcción, ni siquiera nos reconocían como verdaderas trabajadoras del rubro. Sabíamos que había muchas chicas trabajando en viviendas alternativas, reparando casas, que estaban ayudando a alguien y nos fuimos contactando”, explicó Yudith.

Y agregó: “La economía social es una salida a la crisis económica que estamos atravesando y el concepto de cooperativa es una herramienta necesaria para poder organizarnos. Con una de las chicas empezamos hace seis meses y todo el conjunto, en total 13, estamos llegando a los tres meses”, explicó.

Por su parte Azul Mussi consideró que están rompiendo una estructura y la masculinización de toda un área de trabajo durante siglos.

“Nosotras tomamos la decisión política de agarrar un balde, una cuchara y estar en obra en una casa que tiene en la vereda de enfrente dos señores de 60 años sentados mirándonos como si fuese una obra de teatro callejero, que no pueden creer vernos, con guantes y pañuelo en la cabeza, levantar paredes”, dijo.

Judith aseguró que buscan que las mujeres puedan ser reconocidas como verdaderas trabajadoras de la construcción. “Es una militancia activa de elegir un campo laboral que se nos negó históricamente y en el cual ni siquiera tenemos representación”.

Las integrantes de La Pasionaria indicaron que uno de los desafíos es organizarse para cubrir las necesidades de las compañeras que maternan.

“Como cooperativa de Mujeres y Disidencias somos las primeras en el país en contar con cupo trans. Queremos que nuestras compañeras se capaciten en albañilería, pero también necesitamos una red de mujeres que quieran comaternar y sería una hermosa tarea para nuestras compañeras cuidar niños. Tenemos un proyecto para que se especialicen como señoritas maestras o ayudantes de jardines maternales. Si pensamos en paridad real, no tiene que ser igualdad de oportunidades sino que cada quien debe tener lo que necesita, y nosotros necesitamos asistencia en la maternidad”, explicó Mussi.

Ser mujeres emprendedoras es un gran desafío. “Imaginate lo que es generar autogestivamente un emprendimiento que depende de tu continuidad, esfuerzo, apuesta, planificación, apoyo del contexto. Además, para lograr el éxito debés contar con la cuestión de género. El objetivo no es que nosotras trabajemos como hombres, porque no se puede dejar de lado la gestación, la lactancia. La paridad de cupo es el primer escalón porque si tenemos el derecho a la mitad de los puestos de trabajo, debemos tener en cuenta en qué condiciones. Hasta que no haya perspectiva de género, una idea de cuál es la vida de la mujer trabajadora, nunca va a ser paritario”, aseguró Mussi.

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Ser emprendedora

Emprender, crear, construir, soñar, ayudarse, creer y sostener son palabras que acompañan a toda mujer emprendedora, que encuentra en su taller un espacio lleno de creatividad, sueños, proyectos y grandes desafíos.

Mariela Cocco es una mujer emprendedora. Vive en Paraná junto a su marido y sus dos hijos, Robertino y Sofía y asegura que su familia es su sostén.

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“Realizo accesorios de diseño y mi marca se llama Lolita. Hace muchos años lo hago, aproximadamente comencé en 2003 con lo que era un hobby, un pasatiempo porque estudiaba y hoy es mi trabajo”, relató a UNO.

“Considero que ser emprendedora es una cuestión de actitud, un modo de posicionarme frente a lo que hago. Me considero perseverante, muy detallista. Soy autodidacta ya que nunca hice cursos ni talleres para aprender a hacer bijouterie”, dijo y agregó: “En mis comienzos no contaba con la información, los tutoriales que nos brindan hoy las redes sociales, por lo tanto me servía de alguna que otra revista en las que encontraba los pasos a seguir para realizar accesorios. Era hacer y deshacer una y otra vez y así fui descubriendo los secretos y tips para realizarlos”.

“Soy emprendedora. Me ocupo de lo primero a lo último: comprar los insumos, diseñar los accesorios, hacerlos, sacar las fotos, subirlas a las redes, responder mensajes, atender a mis clientas, asesorarlas... claro que no podría lograrlo sin el apoyo y ayuda de mi familia”.

Mariela asegura que tiene su propio estilo, pero se adapta a los deseos de sus clientas. “Cada accesorio es una parte de mí, tiene mi impronta. No hay dos iguales, son únicos. Son protagonistas en mis collares y pulseras las piedras naturales y el amor por las mismas lo heredé de un tío abuelo, Toto, que es orfebre. Lo recuerdo cuando venía de visita a lo de mis abuelos y traía su exhibidor lleno de dijes, aros de piedras naturales... me fascinaba”, contó.

En los últimos meses y con la idea de incorporar nuevas técnicas, Cocco comenzó a implementar el soldado de gemas para la realización de aros, pines prendedores, dijes y la técnica alambrismo para hacer tocados, coronas para bodas, 15 años y bautismos.

“Disfruto mucho lo que hago, crear, trabajar con las manos es un cable a tierra para mí. A la hora de hacer los accesorios me inspira todo, vivir me inspira... y así dejo que mi creatividad fluya. Soy feliz cuando una clienta me dice que le encantó lo que le hice, que pude comprender lo que quería... tengo clientas de años y agradezco mucho que elijan mis diseños y me recomienden. También cuando quieren en las tiendas o negocios contar con mi marca, Lolita”, aseguró.

Es artesana y se siente bendecida por poder trabajar de lo que le gusta. “Lo hago con mucho amor y dedicación. Y agradecida porque tengo mi espacio, mi tallercito en mi casa, lo que me permite organizar mis horarios para poder dedicar todo el tiempo a mi prioridad, mi familia”.

Desde chica esquila ovejas

A sus 75 años, Lucía Yedro elabora sus prendas de abrigo con una impronta muy particular, en telar, dos agujas y crochet, y es ella misma quien hila la lana en su rueca.

“Vivíamos en el campo, en Manantiales (Departamento Feliciano). Mi padre trabajaba en una estancia y mi madre en mi casa, además con su máquina de coser arreglaba ropa y tenía un dinero extra. Siempre teníamos ovejitas y mi mamá, cuando teníamos 6 años, nos enseñó a esquilar, a lavar los vellones y después, con el huso que es una rueda que tiene un palito, a hacer la hebra de la lana. A la lana la lavábamos con una crema hecha con jabón común, así quedaba bien limpita, sin nada de olor”, contó Lucía.

Eran en total ocho hermanos, pero en ella y en María Teresa recayó la responsabilidad de transformar la lana cruda en abrigo. Cada hermano tenía una actividad diferente asignada, por ejemplo la huerta, el jardín, el cuidado de los animales de granja y todo se hacía cada día, antes de emprender una legua a caballo para llegar a la escuela.

Los fines de semana estaban destinados al lavado de la lana. Una vez limpia y seca, comenzaban a hilar. “Una vez terminados los ovillos nos poníamos a tejer”, contó. Hacían sus sacos, mantillas, chalecos, gorras, medias y colchas para sus camas hasta que en algún momento “vinieron unos señores del pueblo y contrataron las lanas”, recuerda Lucía. “Cuando regresaron les ofrecimos hacer también los tejidos y así empezamos”

Con el tiempo, algunos hermanos partieron con destino a Buenos Aires, otros quedaron en la zona pero formaron familia y abandonaron el hogar paterno. Lucía prefirió quedarse. “Nos quedamos solitos con mi mamá y mi papá. Una de mis hermanas quiso llevarme a Buenos Aires para que estudie, pero quería cuidar a mis padres”, recordó la entrevistada.

Lucía ama la vida en el campo. “Es una vida fácil, tranquila. Eso sí, hay que trabajar. Tuvimos una vida hermosa y no nos faltó nunca nada”, señaló.

Cuando falleció su papá se mudaron junto a su mamá al pueblo. En la actualidad vive sola porque sus 11 hijos tomaron sus propios rumbos. Tres de sus hijas son profesoras, otra pertenece al Movimiento de Mujeres Campesinas, hay electricistas y uno de ellos trabaja en una estancia en Arenales, provincia de Buenos Aires. Allí es donde Lucía vende la mayoría de su producción. Le encargan chalecos, boinas, bufandas, porque como es lana cruda cuando llueve es muy útil y calentita para el uso que se le da en el campo.

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Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.
Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.
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Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.
Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.
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Foto gentileza Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.
Foto gentileza Cristian Portela. Secretaría de Comunicación. Gobierno de Entre Ríos.

Como pan caliente

Rosa y Mónica llegan muy temprano al Centro Comunitario Nº 4 La Floresta, en Paraná, y mientras aún muchos duermen, ellas inician su labor diaria. Mezclan la harina con levadura, grasa y demás ingredientes; amasan y luego hornean panes saborizados con salame, bizcochos y hasta, en ocasiones, pizzas que les encargan desde las instituciones educativas de la zona.

Sus principales clientes son alumnos y docentes de la escuela Secundaria Nº 28 Nuestra Señora de Guadalupe, que funciona a muy pocos metros del lugar. A las 8.50 suena el timbre del primer recreo y ellas aguardan en el hall de ingreso para poder vender su mercadería. En esos minutos es donde uno puede entender el dicho popular “Se vende como pan caliente”. Los chicos se amontonan alrededor de las mujeres con sus billetes en mano y, a los pocos minutos, las bolsas están vacías.

Rosa Coceres y Mónica Luna viven en el barrio La Floresta y juntas cursaron durante dos años el taller de Pastelería y Panificación que se dictaba en el centro comunitario de República del Líbano 2327. Al concluir, en 2007, las autoridades del centro les brindaron la posibilidad de utilizar las instalaciones del lugar para elaborar y vender sus productos en las instituciones cercanas. Allí surgió un microemprendimiento que no solo les brinda sustento económico, también les da la satisfacción de trabajar en algo que las apasiona y enorgullece, y también de trasmitir sus conocimientos, ya que continuamente colaboran con los actuales alumnos del taller.

Tan importante es el pan que se lo piden a Dios quienes rezan el Padre Nuestro. Es tradición que se cultiva a través de las generaciones, ciencia y arte, amor hecho materia que se ingiere para nutrir el cuerpo y el alma. Pero además, simboliza la dignidad de trabajar con esfuerzo para lograr el sustento.

Así lo entienden Rosa y Mónica, quienes en todo momento dejaron en claro lo importante que fue para ellas poder aprovechar la posibilidad de capacitarse en el centro que, a su vez, fue el espacio desde donde pudieron comenzar a aplicar lo aprendido.

Manos que amasan, manos que construyen, que crean y transforman, manos que abrigan, manos que emprenden.

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Caminos por recorrer

Mientras los movimientos feministas se manifiestan por los derechos de la mujer y el poder femenino aumenta en todos los ámbitos, en las pymes y emprendimientos todavía hay camino por recorrer.

En tiempos de reivindicaciones y cuestionamientos acerca del rol de la mujer en la sociedad, las organizaciones y empresas también deben cambiar su mirada y prácticas para crear un entorno de mayor inclusión femenina.

La realidad está lejos de ser igualitaria. Diversas cuestiones de género atraviesan los emprendimientos y dan forma a esta situación, aún desfavorable para las mujeres.

Emprender por cuenta y riesgo una actividad económica exige tener una personalidad apta para generar ideas y enfrentar desafíos, fracasos, envidias y críticas.

Si bien existen características comunes entre las mujeres que inician un emprendimiento y las que optan por la dependencia laboral, su personalidad es muy diferente según emprendan un negocio por cuenta propia, o dependan económicamente de las decisiones de otro.

La mujer que emprende una actividad opta por cargar sobre su espalda responsabilidades, desafíos y riesgos que marcan a fuego su carácter.

El coraje para enfrentar obstáculos, la fortaleza para superar los miedos y la pasión por lograr sus sueños, genera una personalidad diferente de aquella mujer que decide depender de un salario seguro.

Una emprendedora debe tener una personalidad guerrera, pasional y creativa.

Emprender por cuenta propia es depender de una misma. Es aprender a planificar y a llevar adelante los propios planes, es saber organizar un proceso productivo y descubrir cuáles son las prioridades, es no tener respaldo para resolver los problemas ni alguien que garantice los ingresos para afrontar las deudas.

Desafío de las mujeres emprendedoras

Vencer el miedo: “Histórica o culturalmente, es más natural pensar que un hombre sea emprendedor, pero no hay ninguna razón más allá de ello”

No existe el momento ideal: “Lo más importante es la energía interior. El emprendedurismo es una actitud ante la vida. Siempre va a haber crisis, pero postergar un proyecto por eso es sólo una excusa. Hay que tener confianza en lo que uno quiere y sentir que uno elige desarrollarse de esa manera”

Pensar en grande. “Es mucho menos arriesgado que pensar en chico”

Reconocer las propias virtudes: “El aporte de la mujer a la empresa pasa por su visión holística, estar abierta al diálogo, considerar a sus compañeros en la búsqueda de resultados, capacidad de ver varios puntos aparentemente en conflicto como un todo y poder encontrar soluciones creativas”

Animarse a romper los moldes. “Uno de los desafíos que enfrenta la mujer es superar las limitaciones que les imponen la educación. Darse cuenta de que hay muchos estereotipos creados por una visión cultural anticuada, que enfoca y encuadra a la mujer en roles que hoy ya pueden ser dejados de lado y probarse a sí misma que puede llegar a donde se proponga, con convicción y valentía, sin necesidad de renunciar a la maternidad o a tener una familia”

La fórmula del éxito: “Creer en vos mismo, tener un proyecto claro, identificar una oportunidad de negocios, estar dispuesto a trabajar duro, capacitarte, capacitarte y siempre seguir capacitándote. Nunca darte por vencido, aunque debas empezar de nuevo varias veces: cada “fracaso” solo son nuevas experiencias que no funcionaron, por lo tanto hay que probar con otra”.

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