Día Internacional de la Mujer
Miércoles 07 de Marzo de 2018

Miradas: Pequeñas revoluciones

"Como sostengo, la batalla cultural más importante por instaurar la equidad de género se está librando en la vida hogareña", escribió Marcelo Comas.

La mujer, en el sentido más amplio del concepto, estuvo desde siempre sometida a los mandatos de una cultura machista que moldeó maneras de pensar y sigue arraigada en todos los espacios. Ha sido así a lo largo de la historia de la humanidad, en donde todas las relaciones sociales estuvieron influenciadas por los condicionantes de género, tanto en el ámbito público como privado. En la casa, en el trabajo, en la escuela, en la política, en todos los espacios donde se disputa poder, el hombre siempre impuso una mirada única, doblegando a la mujer en base a una mayor preeminencia en uno o en varios aspectos y una sistemática violencia que ha atravesado a diferentes generaciones.

Es la cara visible del patriarcado, una construcción añeja que goza de muy buena salud en la actualidad, tal como lo reflejan las estadísticas de mujeres muertas por la violencia de género, por nombrar una de las consecuencias de un problema que nos interpela como sociedad. Ese término que acuñaron hace unos cuantos años los primeros movimientos feministas que ganaron la calle, potenció el significado de una lucha que fue sembrando incluso una mayor adhesión de los varones.

Esta brecha ha quedado bien marcada en la vida doméstica, donde las mujeres cargaron desde siempre con la monumental tarea de los quehaceres del hogar, principalmente el cuidado de los hijos, en lo que se constituye como una doble jornada laboral nunca reconocida, que hasta sido negada como trabajo.

Y es en ese espacio de lo privado donde se comenzó a gestar la primera revolución de la mujer para romper con los designios del patriarcado, o mejor dicho, con el conjunto de prácticas que nos enseñaron –me incluyo– desde niños a los que hoy somos varones adultos y que reproducimos en el plano discursivo, simbólico y en la forma más atroz, que es la violencia machista.

Tal vez sea necesario contextualizar el nacimiento del feminismo, una concepción política que asomó con fuerza en el siglo XIX y que procura los derechos de las mujeres en igualdad con los varones, su emancipación y la liberación de todo tipo de tutelas. El movimiento, en términos legales y políticos, quizás haya dado su paso más gigantesco con el triunfo de la revolución proletaria de 1917 en Rusia. "En ese terreno se instauró la igualdad legal entre hombres y mujeres; se reconocieron las uniones de hecho; se estableció el derecho al divorcio y al aborto; se crearon guarderías, lavanderías y comedores comunitarios; se eliminó la criminalización de la homosexualidad y la persecución a las mujeres en situación de prostitución", describe con rigor histórico en el artículo Revolución, sustantivo femenino, la compiladora Andrea D'Atri.

Como sostengo, la batalla cultural más importante por instaurar la equidad de género se está librando en la vida hogareña, donde las mujeres siguen siendo conminadas al trabajo de "amas de casa", un legado nefasto y una verdadera forma de esclavitud que les sigue impidiendo desarrollarse en sus más amplias facetas. Esta cuestión será uno de los ejes del tercer Paro Internacional de Mujeres Trabajadoras que se realizará hoy en forma simultánea en 30 países de todo el mundo y con una marcada expectativa en nuestro país, principalmente por el intenso debate que se viene dando en torno a la posibilidad de que el Congreso trate un proyecto sobre la despenalización del aborto.

Pero las mujeres tienen mucho más para decir, son millones de voces que desde el Ni Una Menos en 2015 y el histórico Encuentro Nacional de Mujeres se propusieron luchar por sus derechos, su autonomía y reclamar por los distintos tipos de violencia, que terminan incluso con sus vidas.

Es cierto que en materia legal se ha avanzado con conquistas antes impensadas, pero todavía falta mucho camino por recorrer y en eso todos debemos ser conscientes de que un cambio es posible.

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