Diálogo Abierto
Lunes 02 de Julio de 2018

"Mi mayor fortaleza es haber mantenido siempre la disciplina"

Tras una rigurosa y expectante preparación, el luchador de jiu jitsu paranaense combatirá esta semana en el campeonato mundial.

En un alto de su intenso entrenamiento para el Mundial de Jiu Jitsu en San Pablo –a desarrollarse durante este mes–, el destacado cinturón negro de la capital provincial Eduardo Vieyra repasó sus inicios de la mano de su padre –cinturón negro en karate–, su evolución, búsqueda y aprovechamiento de distintas técnicas, analizó la inspiradora figura de Bruce Lee como un adelantado de las actuales artes marciales mixtas y prometió dar lo mejor de sí para subirse al podio en Brasil.

Padre, tradición, libros y referente

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—¿Dónde naciste?
—En Paraná –el 1 de julio de 1987– me crié por calle San Lorenzo y San Juan –hasta los 24 años que me fui a trabajar afuera, y cuando volví, por la placita Sáenz Peña –con mi señora.
—¿Cómo era el lugar en tu infancia?
—Hermoso, porque a dos cuadras y media está el Parque y el Patito; salía de mi casa y se veía el río y la barranca.
—¿Otra referencia?
—El Club Estudiantes, porque fui a la escuelita de 3 años, a la colonia e hice deportes hasta la adolescencia.
—¿Cuál fue el primero?
—La escuelita deportiva, básquet –pero no era muy bueno (risas)– y fútbol –aunque no fui bueno para los deportes en equipo, porque siempre trato de dar lo mejor y veía que otros no, lo cual me frustraba. A los 9 años conocí el karate y encontré mi deporte.
—¿Qué actividades profesionales desarrollaban tus padres?
—Mi mamá trabajó en Tribunales y mi papá, empleado. Es cinturón negro de karate, desde chico lo vi entrenar, pero mi mamá no me dejó hasta los 9 años –porque estaban divorciados.
—¿Había un límite del barrio que no podías trasponer?
—Está el Maccarone cerca pero a partir de los 7 años me manejaba caminando.
—¿Te influyó un formador deportivo?
—Cuando hacía karate mi referente fue Lucio Martínez Garbino –de Gualeguaychú, primer medallista que fue tercero en un Mundial–. Me llamó la atención su disciplina y traté de imitarlo. Soy amigo de su primo y le preguntaba sobre todo lo que hacía. Era mi ideal y siempre mantuve la disciplina –mi mayor fortaleza, tanto para entrenar como para la dieta.
—¿Y tu papá?
—Fue la primera imagen en cuanto a las artes marciales, pero nunca compitió.
—Mantenía esa tradición del karate.
—Exactamente, viene de esa línea. Era un estilo de vida y lo tomé de él, al igual que del budo (conocimiento técnico y normas éticas de las artes marciales).
—¿Leías sobre el tema?
—Mucho y lo hago desde que comencé a competir a los 14 años, porque encuentro cosas que me sirven. Lo filosófico y teórico lo tomé de los libros, y de charlas.
—¿Te lo fomentaban?
—Mi abuela paterna siempre me compró libros, mi mamá es profesora de Literatura y mi tío –el más lector de la familia– siempre me dice que piense. Leo lo que me sirve para mi disciplina y como profesor de Educación Física.
—¿Sentías esa vocación cuando niño?
—Decía que quería poner un gimnasio y cuando estaba terminando la secundaria estaba entre Educación Física y algo comercial, comencé con Ciencias Económicas, dejé porque no era lo mío y me inscribí en Educación Física –lo cual amo.

Tradiciones y la visión del más grande

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"MMA comenzó con una idea revolucionaria en cuanto a poner de relieve cuál es la más efectiva"

—¿Un libro revelador?
—El Tao del Jeet Kune Do –(El camino del puño interceptor), de Bruce Lee. Me dio la perspectiva filosófica-marcial, y me abrió la mente para no cerrarme sólo en el karate y buscar otras cosas útiles. Así conocí el jiu jitsu por una revista que compré. Sigo buscando en otras disciplinas que me sirvan y soy fanático de Marcelo Bielsa –tanto como entrenador como por sus planteos. Esa apertura me la dio ese libro.
—¿Qué idea tenías de Bruce Lee hasta ese momento?
—Me crié con mi papá viendo películas de artes marciales, entre ellas las de él. Para mi viejo era un genio, entonces ya sabía lo que significaba como artista marcial. Me ayudó a darme cuenta que las artes marciales son una forma de expresarse, así que cuando fui cinturón negro modifiqué las técnicas para que me expresaran, tanto en el entrenamiento como en el combate.
—¿Entendiste desde un principio su actitud vanguardista de mixturar las artes marciales?
—Era muy groso y se adelantó 20 años a su época. Cuando yo hacía karate era muy tradicional y no podías ir a entrenar a otro dojo (lugar de entrenamiento y conocimiento). Tenías que pedir permiso y no te lo daban, pero yo iba igual porque quería mejorar –sin importarme las tradiciones. Leer a Bruce Lee me ayudó a romper un paradigma cerrado, de que sos de una academia y no podés ser de otra, o si hacés judo no podés hacer jiu jitsu, o kung fu... En jiu jitsu hay una palabra –creonte– que es cuando alguien se va de una academia a otra. Trato de romper con eso: mis alumnos pueden venir acá y les permito que vayan a otras –porque entiendo que como profe no soy su dueño. En su momento estuve en una academia en que ya no compartía la forma de enseñar y el trato, se lo plantee a mi profesor, no le gustó y entonces decidí abrirme.
—¿Hace referencia al jiu jitsu?
—En el libro hay un capítulo dedicado al judo y al jiu jitsu. Están sus dibujos y en un libro muy antiguo de judo que tengo, hay dibujos parecidos. Era muy lector y leía sobre todas las artes marciales. En la película Operación Dragón, gana el primer combate utilizando una técnica de jiu jitsu llamada crucifijo y en la película que no terminó, le gana a un tipo alto con una estrangulación –también del jiu jitsu.
—¿Qué te aportó el karate siendo tu disciplina madre?
—Las cosas lindas de la tradición marcial japonesa, el respeto al profesor, a los compañeros, a la estructura de la clase, los roles, formar, el saludo, pedir permiso para salir y entrar a la clase, y el silencio cuando se explica. Si bien esto no es un ejército no deja de ser marcial, y tiene que estar ese aspecto.
—¿Técnicamente?
—Me dio sentido de base, el enraizamiento de las piernas, y lograr cierta estructura en mi mente para que cuando lucho saber dónde voy.
—¿Los patrones de movimiento?
—Exactamente, como si fuera una coreografía. Me permitió que con cinco meses de práctica de jiu jitsu, ya ganara un torneo argentino, porque enseguida capté la estructura.


Jiu jitsu y adaptabilidad

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—¿Qué te impactó del jiu jitsu considerando su marcada diferencia con el karate?
—Su increíble efectividad. Aprendés bien diez técnicas, luchás con cualquier persona de cualquier tamaño –de 50 o 100 kilos– y si las hacés bien, ganás. Todas las clases luchás y probás si sale o no sale. En karate hay muchas técnicas de las cuales algunas no podés aplicar en combate, porque el otro no hace lo que vos querés. En jiu jitsu, sí, y es lo que más me apasionó, ya que cada clase avanzaba un poquito más.
—¿Cuándo entendiste su esencia?
—Cuando estuve sin competir. Es un estilo de vida, compartir con mis alumnos y amigos dos horas en el tatami, viajar, competir, festejar victorias y derrotas, hacer amigos... es la esencia, más allá de lo marcial. En cuanto a esto, es que no hacés fuerza –independientemente del físico que tengas. Es para todo el mundo porque hay técnicas para todos. Cuando lográs combatir y fluir, ya ni siquiera transpirás.


Repetición y fundamentos
—¿Qué modificaste tras ser profesor de Educación Física?
—Me dio un conocimiento científico de lo que hago y dejé de ser un lector sin método, entendí cómo funciona el cuerpo humano desde la fisiología y la anatomía, herramientas pedagógicas, la ciencia del entrenamiento, y cómo sistematizarla para mí y mis alumnos y llegar bien a los torneos. Antes era con prueba y error.
—¿Y algo muy enraizada?
—Karate tiene mucho de repetir hasta que se hace el movimiento perfecto. En el profesorado de Educación Física nos hacían plantear la situación, que el alumno trate de resolverla y luego darle herramientas técnicas. Mezclé los dos conceptos: hay que repetir hasta hacerlo bien y cuando se logra, poner al alumno en situación para que las use, explicar el por qué y que le dé un significado. En karate no podías preguntar por qué.
—¿Una derrota de la cual aprendiste algo importante?
—¡Uh, sí! Competí en un selectivo para ir al Mundial y perdí una final faltando muy poco. El otro chico tenía mucha hinchada, hizo un movimiento, me defendí, la hinchada se enloqueció, mi cabeza "se fue" y perdí. Me pesó bastante porque fue un error de psicología deportiva pero crecí bastante. Al volver, conocí a un psicólogo deportivo –Augusto Tardito, un hermano–, trabajamos, corregí el error, volví a competir y la rompí.
—¿De qué tomaste conciencia?
—De estar en el momento y focalizarme en lo que tengo que hacer, al igual que en lo que está haciendo mi contrincante, que es lo único importante en el mundo cuando estoy compitiendo –aunque esté el presidente mirando la lucha. Por otro lado, hay victorias y derrotas, como en cualquier deporte.

Enseñando en el desierto
—¿Cuál fue tu primer Mundial?
—En San Pablo, el mismo al que voy ahora, y fue mi segundo torneo como cinturón negro. Me toca el campeón mundial en la primera lucha y será durísimo. Ya me ganó, porque es mejor. Luego competí en el Mundial de Emiratos Árabes –en Abu Dabi– cuando estuve trabajando allí. Cambié de categoría y me tocó el campeón mundial en la primera lucha (risas), lo cual es cruel porque es eliminatorio.
—¿Por qué no te quedaste?
—Fui a enseñar jiu jitsu al Ejército de Emiratos Árabes, en una región muy árida porque es una ciudad en el desierto, y me metía más en el desierto para ir a la base militar. Estuve nueve meses y me cansé, porque me levantaba muy temprano para ir a la base y no tenía tiempo para entrenar.
—¿El saldo de la experiencia?
—Muy positivo, porque vivía con otros chicos que eran cinturones negros de diferentes academias de Brasil, lo cual me enriqueció porque vi otras técnicas y estilos. Vivía con Mauricio "Cristo", quien es campeón mundial, aprendí muchísimo y me corrigió errores, e hice cursos, todo lo cual me ayudó para sistematizar mi estilo.
—¿Qué descubriste al confrontar con otros estilos?
—Me di cuenta que tengo un estilo lindo y eso que he estado en un entrenamiento con 300 cinturones negros, aplicando mis técnicas, las cuales resultaron efectivas frente a tipos muy buenos.
—¿Cuándo te sentiste cómodo en ese sentido?
—En los entrenamientos en la Federación Árabe con otros cinturones negros y profesores de todo Brasil –donde he viajado para aprender nuevas técnicas–, todo lo cual me hizo madurar mucho.
—¿Te has enojado con tu disciplina?
—Sí, cuando volví de los Emiratos estaba un poco frustrado porque no fue tanto como a mí me hubiera gustado, sobre todo porque no tuve mucho tiempo para entrenar y competir –que era mi idea, además de trabajar. Pero, como en toda relación, hay que tener paciencia y darle tiempo, así que volví con energías renovadas y es un estilo de vida.
—¿En otros momentos pensaste dejarlo?
—Sí, en la adolescencia –a los 16–, aflojé un poquito con los entrenamientos y a los 17 dejé karate, pero luego arranqué con jiu jitsu y no paré más, salvo por alguna lesión.
Esta semana, el Mundial
—¿Cómo te preparaste para el Mundial?
—Muy bien e intensamente; hace 13 años que me preparo (risas). Hago preparación física en un turno y en otro jiu jitsu, un promedio de tres horas por día, de lunes a viernes, y sábado salgo a trotar para mantenerme en peso de la categoría o invito a luchar y compartir técnicas con otras academias. Daré lo mejor para dejar bien arriba a Entre Ríos y Argentina, y me gustaría estar entre los tres primeros.
—¿Y la campaña de patrocinadores que convocaste?
—Estoy haciendo una campaña por Internet porque no sobra nada, todo es a pulmón y con la idea de que no sea tan pesada la carga –por lo que agradezco también a mi esposa, a mi familia y alumnos. Cualquiera que me quiera dar una mano me puede buscar en Facebook como Eduardo Vieyra o la academia Vieyra Jiu Jitsu, al igual que en Instagram.
—¿Cuándo viajás?
—El martes 3 y compito el 5.

"Me aburre MMA porque perdió el espíritu marcial"

El profesor Vieyra recuerda y pone en valor el espíritu originario de las artes marciales mixtas (MMA) aunque considera que actualmente son "un deporte más en el cual todos los peleadores luchan igual. Sólo Demian Maia y Jacaré continúan siendo fieles a sus estilos", rescató.

—¿Qué valoración hacés de las Artes Marciales Mixtas (MMA, ver Datos)?
—Comenzó con una idea interesante y revolucionaria para la época, en cuanto a poner de relieve cuál es la más efectiva. Antes del UFC 1 (Ver Datos) todo era opinable porque no se había probado, al igual que con el UFC 2 y 3. Royce Graice ganó el 1, 2 y 3, en forma seguida. Quedó en claro cuál era el arte marcial más efectiva y se impuso un nuevo paradigma en las artes marciales: que hay saber suelo si querés ser un artista marcial completo –como decía Bruce Lee. Y luchar de abajo es aprender jiu jitsu. Con el tiempo perdió ese sentido y es un deporte de combate más –como el boxeo, el full contac y el kick boxing–, ya que dejó de lado el espíritu marcial con el cual nació.

—¿Cómo te influyó particularmente?
—Mucho, sobre todo el UFC 1, cuando encontré unas revistas con Royce Graice –a quien desconocía– y era una revolución que se combatiera con distintas artes marciales. Por eso quise aprender jiu jitsu, fui a un gimnasio con un amigo y el profe era muy bueno. Fue mi primera relación con el UFC 1 y jiu jitsu.
—¿Considerás que las MMA actuales son un deporte autónomo?
—Sí, sí, en el cual necesitás saber sobre distintas disciplinas, tratando de combinar una de golpes con una de lucha, y las técnicas que se desarrollaron por la lucha contra la jaula –que son adaptaciones de otras disciplinas.

—¿Seguís a un luchador en particular?
—Con el tiempo, todos pelean parecido, lo cual me aburre, pero es parte de la evolución. Me gusta mucho Demian Maia –campéon mundial de jiu jitsu–, quien logró seguir siendo fiel a su estilo. Y Jacaré (Ronaldo Souza), que también es campeón y bastante fiel a su estilo. Del resto, no me gusta ninguno.

—¿Y un referente del jiu jitsu brasilero?
—Entrené en muchas academias y mi profesor hasta hace poco –Mateus Bernardi– me influyó mucho. Me abrió las puertas de su casa y todos me ayudaron con su hospitalidad. Ahora cambié por cuestiones administrativas.


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