El Reloj de Sol
Viernes 19 de Octubre de 2018

Memorias de los días de la batalla

La guerra mundial. Homero, Ulises y Manuel Zamboni. Sobre una carta escrita en el frente de batalla y dirigida a Paraná.

Avanzan los días y las estaciones. El año que denuncia sus cauces fructíferos y los soles que atentan contras las penumbras. Cielos devenidos en madrugas perdidosas (en la batalla con la noche) mientras la estación se asienta. EL reloj de sol deslumbra sus acciones con mayores posibilidades astrales, y los resultados que se combinan con necesidades crepusculares, con historias perimidas pero vigentes.
Nuestro reloj de sol deviene en sorpresas, en historias que conmueven (bueno, eso siempre es relativo) pero al menos reinserta en los anales de las sensaciones aquellos hechos que en su momento deben haber provocado el indefinido abanico de sentimientos de los seres humanos.
Por eso, en estos tiempos de corridas y apresuramientos, una nueva instancia donde la señal de los tiempos se deposita al azar en un momento de la historia, en un suceso, en una actividad, en un hecho o en una contingencia que trascenderá el olvido.
Como el caso de hoy (y con seguridad de algunos otros domingos) cuando la incomprensible beligerancia de una de las más barbáricas interacciones humanas sacudiera el planeta durante el Siglo XX: la primera Guerra Mundial.

Algunas cosas sobre la guerra
¿Pueden los libros o las imágenes plasmar el horror definitivo? La desidia, la ambición, el deseo desmedido de poder, el dolor implosivo, el daño irreversible...nada de eso es capaz de ser reflejado por el arte individual. Ni las pinturas ni las fotografías, ni los poemas ni los relatos pueden por si solos captar aquello que resulta lo menos preciados de la humanidad.
En el año 1914 el mundo (si, el mundo) eclosionaría en virtud al asesinato del archiduque Ferdinand de Austria y su consecuente alineamiento entre países en grandes bloques enfrentados y dispuestos al exterminio.
Antes las guerras tenían un concepto menos sangriento, o quizás más literarios. Las campañas napoleónicas, las batallas de las independencias. Las guerras de los tártaros o las Cruzadas; las astucias de Temístocles o las historias de Homero. La armada invencible española y el almirante Nelson, Trafalgar o la Vuelta de Obligado. Cuantas más podríamos citar si el tiempo no opacara la memoria...aunque para ello está el reloj de sol.
Pero en ese concepto de guerras nobles, paganas o religiosas pero rescatadas en lo que significa la épica y el valor estallaría conceptualmente con el inicio de la Primera Guerra Mundial, antecedente si cabe de otras atrocidades posteriores que han resultado tal vez el sino del siglo pasado.
El conflicto tuvo varias características innovadoras en relación a las artes bélicas: fueron las últimas apariciones de la caballería, la aparición ordenada y orgánica de armas de repetición, la presencia de carros móviles de ataque, armas de alto impacto destructivo, gases mortales, el concepto de exterminio.
Tal vez hoy, pasado ya aquella centuria y en el primer período del siglo XXI nos parezca que todos esos términos son naturales a las guerras...es cierto. Lo que también es verdad es que no lo eran en esos momentos, y se trataría de la modernidad de la guerra que llegaba para opacar el romanticismo de literatos.

La guerra desde aquí. Paraná en la Primera Guerra Mundial
Uno puede creer que estamos lejos, que los territorios beligerantes y los países intervinientes son ajenos, lejanos. Es posible pero por aquellos años de 1914 los europeos puros o recién emigrados hacia la Argentina eran verdaderamente muchos.
El sentido de la épica y de la valentía parece un timbal que incita. Un ancestral llamado que promueve y convoca. Un ritual eterno que se dificulta dejar atrás. Y eso sucedió en estos lares, inclusive en nuestra ciudad de Paraná.
Un antiguo periódico ya desaparecido destinado a la colectividad italiana de nombre "L'Italia del Popolo" recibía en julio de 1914 una carta datada en el frente de batalla europeo. El remitente era Manuel Zamboni y le dirigía la carta a su padre del mismo nombre, y en la carta daba cuenta de un estado de ánimo interesante y pujante. Decía el joven Manuel Zamboni "Zona de guerra- 1/7/18- Queridísimo padre: actualmente me encuentro todavía en trincheras y afortunadamente he resultado siempre ileso. El coraje no me falta, ningún obstáculo ni ningún peligro atemorizará nuestros ánimos para obtener la victoria final.
Los pies teutones no deben pisar nuestro sagrado suelo; hemos combatido y combatiremos siempre; y si antes era por la libertad de los pueblos oprimidos hoy la lucha es más encarnizada por la liberación de las tierras invadidas.
Tú, padre, que has tenido la fortuna de haber nacido a la sombra de estos Alpes debes explicar a mis hermanos cuanto es de grande el pueblo italiano, exaltando sus cualidades de combatiente y de héroe.
Bésalos a todos por mí, como te beso yo, escríbeme y cree en el cariño de tu afectuoso hijo: Manuel Zamboni"

El mito de los retornos
No sabemos (aún) que ha sucedido con el joven Manuel. Si aquellas palabras enfervorizadas desde el frente italiano fueron luego rubricadas con actos heroicos y prosapia militar. Tampoco si volvió aquí, a esta ciudad de puertos sin montañas. Que recuerdos le dejó la guerra, que marcas que la vida pudiese haber ocultado o no, cuanta pela pudo dejar atrás.
Son cosas que pasan, y que el reloj de sol se empeña en recordarnos. Tal vez y solo tal vez, el joven Manuel Zamboni haya vivido lo mismo que Ulises (el héroe griego) cuando retornaba después de la batalla de Troya. Cansado y atormentado aunque vencedor, solo ansiaba el regreso.
En el Canto V de "La Odisea", dice Homero que dice Ulises "Venerable diosa, no te enfades conmigo, que sé muy bien cuánto te es inferior la discreta Penélope en figura y en estatura al verla de frente, pues ella es mortal y tú inmortal sin vejez. Pero aun así quiero y deseo todos los días marcharme a mi casa y ver el día del regreso. Si alguno de los dioses me maltratara en el ponto rojo como el vino, lo soportaré en mi pecho con ánimo paciente; pues ya soporté muy mucho sufriendo en el mar y en la guerra. Que venga esto después de aquello.
Quizás eso haya sentido Manuel Zamboni. Digo, en pleno siglo 21 donde las guerras subsisten pero por fortuna, la literatura también.



Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...


El estallido de la guerra de 1914

De repente, el 27 de diciembre nos pusieron en estado de alerta: el frente nos estaba aguardando. Cargados con un pesado equipaje y sin embargo, eufóricos como un día de fiesta, desfilamos hacia la estación del ferrocarril. En el bolsillo de mi guerrera había guardado una libreta delgada; estaba destinada a mis anotaciones diarias. Sabía que nunca más volverían las cosas que nos aguardaban y me encaminaba hacia ellas con suma curiosidad.

Ernst Junger (Tempestades de Acero)

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