Hoy por hoy
Sábado 09 de Diciembre de 2017

Materia pendiente

Santino es paranaense, tiene 12 años y asiste el Colegio Nacional Nº 1. Está diagnosticado con síndrome de Asperger, sin embargo esto no le impide destacarse como excelente escritor, incluso fue premiado en 2015 en un concurso.
Es hijo de madre judía y por eso, cuando observó que en su escuela había pintadas de cruces esvásticas, símbolo del nazismo, con un trapo y productos de limpieza se dedicó a quitarlas. Su intención era colaborar y generar conciencia en el resto de sus compañeros. La respuesta: más símbolos nazis, ahora en su propio banco. Pero no terminó ahí: el sábado pasado Santino recibió un mensaje de un número desconocido a su teléfono celular con la foto de una esvástica roja. Se lo contó a sus padres porque se sintió muy preocupado.
El hecho fue denunciado en la Justicia, y el lunes el autor del mensaje pidió perdón, y también su mamá. Al respecto, Germán Guglieri, el papá de Santino, escribió en su Facebook: "Hace un rato recibimos el llamado del chico que le envío la esvástica a Santi. Tanto él como su mamá hablaron conmigo disculpándose entre llantos. La señora estaba muy angustiada. El chico además habló con Santi y también le pidió disculpas. Santi le dijo que se sentía realmente bien al escuchar su arrepentimiento. Al decir de la madre, el chico no sabe lo que hizo. Por eso tenemos que seguir con la idea de los talleres para que los chicos aprendan y sepan de qué se tratan ciertos hechos oscuros de la historia que marcaron a fuego a la humanidad".
El niño no tenía conocimiento acerca del símbolo y su significado, seguramente, tampoco tendría conciencia sobre las consecuencias que podría generar su actitud en el destinatario del mensaje y en su familia. No midió.
Aquellas pintadas durante el año nunca fueron detectadas por las autoridades escolares, la "explicación" es que el edificio se comparte con otras tres instituciones por lo que es común la superposición de graffitis, dibujos e ilustraciones en paredes y bancos. Santino sí las había visto y actuó en consecuencia.
Las autoridades del establecimiento educativo, el CGE, el Copnaf y la DAIA se solidarizaron con la familia Guglieri y acordaron la realización de talleres que involucren a los niños del colegio en la historia del Holocausto y en valores inclusivos. Aún así, queda en claro en largo camino que nos queda por recorrer como sociedad en cuanto al respeto por el prójimo. Los chicos no son más que el reflejo de una sociedad que no acepta las diferencias.
Las estadísticas sobre acoso escolar en Argentina son alarmantes y el problema hoy es que el bullying continúa en la casa. La problemática les quema en las manos a los docentes, a quienes les cuesta encontrar herramientas para frenarla. Los talleres son posteriores, cuando en realidad deberían ser preventivos. El rol de las instituciones educativas para erradicar el bullying es clave, no se puede permanecer indiferentes porque es el aula uno de los escenarios más frecuentes de las agresiones. Sin embargo sigue siendo una materia pendiente.

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