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Marcelo Petrucci: "No hay que confundir artesanos, emprendedores y manualistas"

Entrevista a Marcelo Petrucci. El arte y el club Belgrano de Paraná para los pequeños. Mosaicos y la necesidad de un baño. Formas, texturas y diálogo interno.

Domingo 20 de Diciembre de 2020

Con la satisfacción todavía a flor de piel por la exitosa inauguración del nuevo espacio cultural 33, Territorio de Culturas, y en medio de la actividad entusiasta de varios aprendices que asisten a sus talleres, el artesano Marcelo Petrucci describió particularidades de su oficio y el porvenir del flamante centro de encuentro barrial.

Un club de pequeños pintores

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en La Santiagueña, San Luis y Victoria, donde viví más de 30 años, hasta que en 1999 me mudé a Sebastián Vázquez, entre Libertad y Courreges.

—¿Cómo era aquella zona en tu infancia?

—Cambió totalmente: el arroyo, el Club Belgrano, que ocupaba una manzana, con sus tribunas de cemento únicas en Paraná y las piletas, el Parque Berduc y el cañadón, un lugar verde incomparable con lo que es ahora, y donde jugábamos con una libertad y seguridad que hoy no se tiene. Ahora hay muchos edificios y vecinos que ya no están; la casa de mi abuela, donde me crié, ya no existe, y se construirá un edificio.

—¿Cuál fue la mayor transformación urbanística y social?

—La desaparición del club, porque en la cantina había mesas de billar, la gente se juntaba… y se loteó. Y el Parque Berduc, con transformaciones para bien.

—¿A qué jugabas?

—Comencé desde muy chico a jugar al sóftbol en el Club Pancho Ramírez (risas), que ya no existe y que era un desprendimiento del Club Belgrano. Practicábamos en el Berduc, donde también se jugaba rugby, y después jugué en Tilcara, que practicaba ahí. Mi mamá nos mandaba al Club de Niños Pintores, donde pasaba la tarde, y también a guitarra y francés. Luego me mandó a talleres de artes visuales para niños y adultos, que retomé luego de dejar, cansado, la militancia política, que fue mucha y había comenzado en 1982, a los 14 años.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi mamá, ama de casa, y mi papá trabajaba en la Marina Mercante.

—¿Te atraía la pintura?

—A mi papá le gustaba mucho el arte, pintaba platos y vasos para bazares, y su padre estuvo en una de las restauraciones de los frescos del Teatro 3 de Febrero. En casa había muchos libros porque él se embarcaba varios días y leía. Los libros me hicieron conocer un mundo espectacular y no sé si otro gurí tenía acceso a esa biblioteca.

—¿Cuáles fueron particularmente influyentes?

—En la adolescencia, los referidos a la Escuela de Frankfurt, Erich Fromm… y la Psicología de la Gestalt, vinculada al arte.

—¿Con quién entendiste los fundamentos básicos de la plástica?

—Marcó mucho la etapa del Club de los Niños Pintores porque a través del juego hacíamos cerámica, que es lo que hago ahora. Mi hermana guarda algunas cosas que hacíamos en esa época (risas). Además teníamos música y salidas recreativas. Fue una muy linda experiencia.

—¿Imaginabas ser artista?

—Me hubiese gustado entrar en la Marina Mercante, pero mi viejo no quería, pensé en ser abogado… andaba divagando…

—¿Qué materias te gustaban?

—Historia y Geografía

—¿Tuviste otra formación que te marcara como la del Club de Niños Pintores?

—Mucho después, con profesores de Artes Visuales que tenían sus propios talleres de cerámica, y en Buenos Aires, en el Instituto de Ceramología Condorhuasi, con (Jorge) Fernández Chiti.

—¿Militaban en tu familia?

—Por el lado de mi papá era una familia muy militante, así que en los 70 en mi casa se preparaba engrudo, se militaba, me llevaban al comité, a votar en las internas o participar de una convención nacional (risas). Por parte de mi mamá, tenía unas tías que militaban en la JP, para las elecciones salían en un camioncito por esta zona de los 33 (Orientales), Las Flores y San Agustín, cantaban la marchita y me hacían leer consignas, pero mi papá no se tenía que enterar porque era terrible gorila.

—¿Cómo lo vivías?

—Era lúdico, divertido, cantaba, era algo prohibido, porque mi papá no lo permitía, por el peronismo. Milité en el radicalismo hasta 2001 y me desafilié en 2003, porque afectivamente me costaba (se emociona), y entré en el kirchnerismo, que se reforzó con lo de la (circular) 125.

El baño y un hobby

—¿Cuándo consideraste la posibilidad profesional del arte?

—Hace unos 10 años comenzamos con el taller de mosaico y a participar en la feria de acá gracias a la generosidad de unos compañeros, ya que se fiscaliza tu trabajo en cuanto a si es verdaderamente artesanal. Comenzaron a conocerme, ese mismo año fuimos a Colón y de 52 que nos presentamos, resultamos elegidos dos o tres.

—¿Por qué te orientaste hacia el mosaico?

—Fue un poco como hobby, lo habíamos visto en el Mercado de Frutos, de Tigre, nos habíamos mudado en 2001, teníamos que hacer el baño de casa (risas), y al ver la técnica le dije a mi compañera (Fulvia Polentini) “esto lo podemos hacer”. Volvimos, compramos venecitas y unas herramientas comunes, y armamos el espejo y una mesada donde poner la bacha, que todavía tenemos. Comenzamos a hacer luminarias, nos pidieron hacer cursos, estuvimos dos años en calle 25 de Mayo, luego a la vuelta de acá, donde comenzamos con cerámica, y ahora hace un año que estamos acá.

—¿Continúan con la técnica del mosaico?

—Desde que estamos acá sumamos varias disciplinas del vidrio, mosaico, vitró, Tiffany, grisalla y vitrofusión, además de cerámica. Antes de la pandemia teníamos previstos una serie de talleres de tallado en madera, cerámica escultórica, dibujo, dibujo de figura humana, pintura, grabado e Historia del arte, que quedaron en la nada. Estamos retomando los vínculos para armarlos y normalizar la actividad gradualmente. En los talleres tenemos 35 chicos y la idea es que pasen por esas técnicas, como yo hacía en el Club de Niños Pintores, además de llevarlos al Museo de Bellas Artes.

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Marcelo Petrucci: "No hay que confundir artesanos, emprendedores y manualistas" 

Marcelo Petrucci: "No hay que confundir artesanos, emprendedores y manualistas"

—¿Cuáles son los fundamentos esenciales del trabajo en mosaico?

—La técnica es compleja, milenaria, siempre se trabaja sobre un soporte, de cerámica, madera, cemento o vidrio, y hay que tener claro el objetivo que cumplirá lo que hacemos. No es lo mismo un utilitario que un trabajo donde circulará mucha agua, como el caso de un baño, pileta o piscina, de lo cual también depende el material que utilizamos.

Dialogando con el material

—¿La cerámica es más compleja?

—¡Sí, porque es todo física y química! Un gramo que le cambiás a la fórmula de la pasta, el esmalte u otro tipo de decoración, cambia totalmente la textura visual y táctil, y el color. Si querés hacer una pieza para fuego directo, como las ollas que se suelen ver, y no hacés la mezcla correcta, se parte. En cerámica es un diálogo entre quien trabaja y los materiales; no es lo mismo la arcilla en mi mano, que la seco enseguida, que en la de otro. No tiene que perder la humedad ni tener exceso de humedad, para lograr la plasticidad óptima.

—¿Hay algo de intuición que se desarrolla con el oficio?

—Sí, por eso es un diálogo e insistimos con la práctica y la corrección de errores a medida que aparecen.

—¿Cómo llegaste al vidrio?

—El mosaico está compuesto por pequeñas piezas, generalmente cuadraditos, llamadas teselas, del griego tessellatum, que significa cuadrado. El mosaico más viejo es de Babilonia y data de 5.000 años antes de Cristo; cuando los griegos invaden Persia se llevan la técnica, la mejoran y cuando los romanos invaden el imperio griego, también la mejoran y llegan al súmmum. Al caer el imperio las distintas provincias adquieren una expresión propia, en España, Francia y en las distintas repúblicas de Italia. Así te encontrás que en la zona de Venecia, en la isla de Murano, se especializan en cristales y vidrios, y comienzan a hacer las teselas en ese material. Son unas “tortas” de vidrio que con un martillo, llamado tagliolo, pican y sacan los cuadraditos. De ahí viene el término venecita, que es el que nosotros trabajamos y al cual no le ponemos azulejos ni deshechos de vajilla, platos o baldosas, como lo hacen otras técnicas, aunque utilizamos algunas teselas de vidrio que hacemos nosotros.

—¿Cuáles son las herramientas específicas?

—Son tres: la pinza de rueditas, que corta la tesela, una especie de tenaza, que no es tal pero es muy parecida, para ir “mordiendo” y otra que, además, sirve para modelar, por ejemplo si querés hacer una hojita o un pétalo.

—¿Cuándo consideraste que tenías ese diálogo interno con los materiales que explicabas?

—Fluyó naturalmente, al igual que con la cerámica. No lo hicimos conscientemente, hasta que comenzaron los premios y las ventas, y nos llamaban de distintas ferias. En Paysandú hay una muy grande, a la cual llevamos solo botones de cerámica. ¡Fue impresionante cómo vendimos y con lo que ganamos nos fuimos a recorrer el este durante una semana! (risas). Hicimos una audición en el ministerio de Cultura, llevamos piezas de mosaico y cerámica, nos aceptaron y estamos autorizados a participar de ferias en todo Uruguay. A la vez, mi compañera dio clases en la Escuela de Artesanías de Paysandú.

Bonanza y vacas flacas

—¿Está suficientemente profesionalizada la actividad o todavía sobrevive cierto espíritu bohemio?

—Es relativo. Hay un profesor a quien estimo mucho y me ayudó mucho en cerámica, Fabio Moreira. En determinado momento nos invitó Carlitos Asiaín a una feria de artesanos y artistas, a beneficio del Museo de Artesanos, fuimos y fue donde conocí a Moreira, cuyo trabajo me encantó. Le pregunté por qué no iba a las ferias de artesanos y me dijo “no sé, voy a ver…”, porque estaba en “modo artista”. Estuve todo el año insistiéndole y no me daba pelota hasta que dijo “voy a probar”. Fue a la feria en la Plaza de Mayo, expuso, comenzó a vender, vender, y tuvo que buscar más piezas. Ahora no lo pueden sacar ni a palos de las ferias. Pero también en los últimos años hubo compañeros que no han podido pagar el stand en una feria o con serios problemas económicos, por la caída de las ventas, y ni te cuento con la pandemia. Por eso se crearon redes solidarias para sostenerlos. Nuestro caso es distinto porque con los talleres pagamos el alquiler y queda un resto.

—¿Hay mayor nivel de apreciación del trabajo artesanal por el público en general?

—Encontrás de todo. Hay público que lo valora e intuye el tiempo que lleva hacer una pieza, y otros que piensan que te sentás y hacés la pieza, cuando en cerámica hay dos o tres horneadas, y retrabajo, y en mosaico otro tanto, aunque no lleva horno. Pero hay que cortar las teselas, pegarlas… Influyó bastante mal cómo se armaron los últimos cuatro años las ferias de Paraná, en las cuales se mezclaron emprendedores, revendedores y artesanos. Alguien que se pasaba toda la noche haciendo bombillas, con un esfuerzo tremendo, y venía un revendedor que traía bombillas de Paraguay o Bolivia, y las vendía a mitad de precio… no es justo. Hay que tenerlo en cuenta a futuro y comprar acá, sin desmerecer el trabajo de los otros compañeros. Hay una gran confusión entre lo que es un artesano, un emprendedor y un manualista. Hay definiciones de la Unesco al respecto.

—¿Qué hace el manualista?

—Es quien no transforma la materia prima, como lo hace el artesano. Si tomás un trabajo en cerámica y lo rompés, no podés volver a armarlo, igual que con el mosaico, la platería, etc. En el caso de una persona que pinta cajas de fibrofácil u otros elementos, por ejemplo, sí.

La vieja y renovada casona, siempre rodeada de artistas

El centro cultural 33, Territorio de Culturas, en Bavio y Courreges de Paraná, quedó inaugurado el viernes 11 con una velada que incluyó la presentación del proyecto, muestras, gastronomía, tango y karaoke, continuó el sábado y el domingo fue el lugar para el jazz.

—¿Cómo era este barrio cuando llegaste, en 1999?

—Casi igual que ahora. Siempre estuve vinculado porque mis abuelos maternos son de calle Courreges.

—¿Cuándo comenzó tu relación con la casa?

—La veníamos viendo, teníamos que renovar el alquiler donde estábamos y hablamos con Ernán, el dueño de acá, por la planta baja, pero, en noviembre del año pasado, alquilamos todo el edificio. Comenzamos a ver lo del bar y del centro cultural. Algunos de mis profesores viven en la zona y contabilicé 31 artistas plásticos, entre ceramistas, grabadores, dibujantes, pintores… se lo comentamos a Gerardo (Dayub), le dije que en la escuela tuve compañeros que eran excelentes dibujantes, escultores y pintores, y que faltaba un espacio para mostrarse. Acá está la planta alta para ese fin y la terraza. Comenzamos en marzo, con una prueba de cine bar, y llegó la pandemia. Faltaban los artistas “del palo” escénico, actores, músicos, bailarines, etc y Gerardo se puso a anotar y contabilizó 54, en total, en la jurisdicción de la vecinal. Le gustó la idea y lo de recuperar la esquina, que data de 1889, anterior al palacio municipal, al Club Social y la Biblioteca Popular. Con las refacciones que hizo el dueño es una estructura para cinco pisos.

—¿A qué responde que haya tantos artistas concentrados en el barrio?

—Por el agua del Antoñico (risas). Gerardo dice que hay artistas escénicos porque a dos cuadras existía un descampado donde venían los circos, lo cual incentivó a una generación.

—¿Y en cuanto a los artistas plásticos?

—Porque los alquileres son baratos (risas). Yo estoy pagando la casa del IAPV (risas). No sé…

—¿Qué otra idea motoriza el proyecto?

—La de crear circuitos, así como tiene Tafí (del Valle), el de los artesanos, o Catamarca, el del adobe y el del poncho, para que el vecino o turista pueda visitar los talleres de los artistas y ver el proceso creativo: por ejemplo, Claudio Osán, supongo que esboza un cuadro mientras está terminando otro.

—¿Hay relación entre los artistas de las distintas disciplinas?

—La idea también es romper prejuicios existentes y bajar un poquito el ego, que en el caso del artista plástico es muy grande. Puede ayudar para acercarse y romper el espíritu de época de ver al otro como una amenaza. Con quienes hemos hablado manifestaron buena predisposición.

—¿La actitud de los vecinos?

—El grueso está contento por el recupero de la esquina, la propuesta y porque es algo tranquilo, aunque recibimos algunas quejas.

—¿Cuándo continúa la actividad?

—El sábado 26, domingo 27 y los fines de semana de enero, con música tranquila y acústica, y plásticos de la zona, mientras vamos analizando el trabajo con las artes escénicas. Igualmente, ampliar la oferta de talleres, como estaba previsto antes de la pandemia, una milonga, y una convocatoria para la donación de libros de distintos géneros, de Paraná, a los fines de ir armando una biblioteca específica.

—¿Tienen algún espacio en las redes?

—33 Territorio de Culturas, en Facebook e Instagram.

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