El Reloj de Sol
Viernes 30 de Noviembre de 2018

Los dos nacimientos del agua

El mítico pero olvidado Club de Natación Paraná

Llegando casi al último mes del año el reloj de sol persiste en su deliberada sorpresa. Luego de infinidad de sucesos a los cuales el olvido había tratado implacable y que hemos logrado retornar del impreciso sitial del tiempo desmembrado, nuevamente arroja una visión y recordatorio de una institución cuya presencia en la ciudad resultara señera y fundacional por muchísimos motivos. Lejos estamos de recordar aquello...deben quedar (si los hubiera) escasos supérstites de los hechos que a continuación intentaremos remendar para la historia de la ciudad.
Una historia que así como se insiste en abandonar, en dejar de lado o sencillamente ignorar pues también subsisten las herramientas con que el ser humano persiste en su afán de dominio del tiempo incluyendo por cierto las remembranzas. Por ejemplo los libros, los epitafios, las menciones. Los discos, los poemas, las canciones, las evocaciones. Y en nuestro caso, claro, el reloj de sol.

De cara al agua. La Fundación del Club de Natación Paraná en 1909
Resulta increíble que una ciudad como la nuestra creada bajo el apercibimiento de las aguas de uno de los ríos más caudalosos del planeta no tenga una mirada constante y vital sobre el mismo. Desde ya que su raigambre histórica deteriorada puede verse materialmente en los herrumbrados galpones del Puerto Nuevo donde algunos escombros, tinglados y vidrios rotos sobreviven a la impiadosa demolición. También ese desdeño náutico puede verse en las relativa actividad relacionada con el río ya sea la pesca, el remo, el canotaje o algunas de las modernas modalidades de flotabilidad. Es cierto que existen es verdad que los emergentes de esos deportes son muy buenos. Es verdad también que son relativamente pocos.
Pero esto es algo que no sucedía allá por principios del Siglo XX. En efecto imaginemos una sociedad cuyo entretenimiento se basaba únicamente en la lectura o en la ejecución de música. No existía el cine, la televisión, el teléfono. El telégrafo tenía un uso industrial y el automóvil no cabía en la imaginación de nadie.
Sin embargo lejos de ser anodinos los jóvenes de la época buscaban un cauce a sus energías y tal vez por ello es que nadie miraba hacia el continente sino hacia el agua.
Claro que en realidad es producto de una fórmula polinómica donde se incluyen los paisajes naturales, un promotor de los deportes como fuera el Dr. Antonio Medina, la presencia de un campeón natural como Luis Federico Thompson y el entusiasmo incontenible de un grupo de personas que disfrutarían de cosas simples y perennes que la naturaleza no le cobra peaje por disfrutar.
Así es que en el año 1909 se forma una Comisión provisoria constitutiva de un club. El mismo se daría en llamar Club de Natación Paraná, sus objetivos eran enseñar a nadar y a remar y como meta altruista se propone entregar un premio a cada persona que realice un salvamento en las zonas náuticas.
Lo loable de la empresa no solamente radiaba en las metas del futuro club, sino también en la dulce inocencia de sus recursos. Veamos por ejemplo la posibilidad de contar con embarcaciones de calidad para el entrenamiento y enseñanza: la verdad es que apenas se contaba con canoas de toletes y banco fijo adecuados para la pesca artesanal más que la competencia. Y también que los balnearios de la época eran en realidad formaciones naturales arenosas que permitían a las personas bañarse en el río, sin medidas de seguridad como las conocidas, bañeros o salvavidas.
Aún así el empeño del deseo siempre es superior a las adversidades propias de los emprendimientos. Y así es como nace entonces el Club de Natación Paraná cuya primera Junta Directiva se compone de Presidente Honorario: José Pianello, Presidente Efectivo: Dr. Antonio Medina, Secretario: Sr. Sadi Rancillac; Tesorero: Sr. Hermenegildo Albariño y los Vocales Sres. Antonio Barroso y José M. Rossi.

Peregrinando en el espacio y en el tiempo
Aquellos años de la primera década del Siglo que pasó sirvieron para el entrenamiento y capacitación de los adeptos. Remando en dos embarcaciones que ya no se fabrican pues resultan casi obsoletas denominadas falúas, trazaban surcos sobre el agua entendiendo lentamente los secretos del arte del remo.
Y bajo la dominante figura de Luis Federico Thompson un sinnúmero de jóvenes aprendía los primeros movimientos para la flotabilidad y desplazamiento sobre las aguas.
Quizás esto no haya sido riguroso, ni maestro ni científico ni metódico. Pero era absolutamente bello.
Los primeros tiempos que ya denunciamos el Club tenía su ubicación en Bajada Grande, un puerto que iba quedando en desuso ante la inauguración del Puerto Nuevo. Luego de ello, se trasladaron hacia el Puerto Viejo en donde también la actividad mercante se iba reduciendo y por el mismo motivo. Pero lo más trascendente, curioso y notable fue la instalación de la sede del Club de Natación Paraná en un lugar insólito: la Isla Puente.
Escasas fotos existen o han sido aportadas por los historiadores de la ciudad. Sin embargo aportamos aquí (a juicio de los editores del Diario UNO) una serie de imágenes obtenidas en 1911 por la revista Caras y Caretas donde pueden apreciarse las playas y balnearios, el equipo de nadadores y el lote de alumnos aprendices de natación. Y la estampa poderosa de Luis Federico Thompson.

Dos nacimientos
Todas las cosas tienen un ciclo. Empiezan y terminan casi con seguridad y lo que no se sabe son los motivos o las fechas. En el caso de nuestro Club de Natación Paraná aseveramos con precisión que se trata de una persona jurídica con dos nacimientos y (también) dos defunciones. La primera natividad se consolida entonces en aquel verano de 1909 donde los soñadores de las orillas del Paraná dieron forma precaria pero hermosa a esa agrupación de almas nobles. Encabezados por el ímpetu indomable del Dr. Antonio Medina (sobre quien volveremos en otra oportunidad) el Club alcanzó la cúspide de su desarrollo, participando sus integrantes en torneos nacionales y continentales con regular éxito. Incluso el club fue participe de la creación de la Federación Argentina de Natación hacia el año 1920. Fue el único presidente que tuvo la entidad en toda su duración inicial, y por ello es considerado el padre de la natación paranaense. Pero todo tiene un extremo en los segmentos y un día 4 de octubre de 1924 fallece en nuestra ciudad. Nos referimos al Dr. Medina y nos referimos también al Club de Natación Paraná...lentamente languidecería hasta extinguirse sus actividades, sepultarse sus laureles y perderse definitivamente en las oscilaciones del tiempo.
El cuerpo de nadadores y remeros iría migrando hacia una nueva entidad que pujaba ya en la Costanera: el Paraná Rowing Club.
Pero hemos titulado este acápite con los dos nacimientos de la entidad. Porque en el caprichoso itinerario del reloj de sol nuevamente hemos descubierto la refundación del Club de Natación Paraná claro que 25 años después de su primer deceso o mejor aún, más de 40 desde su primer nacimiento.
Dice la crónica de antiguos diarios del mes de enero de 1954 que se había refundado (sobre las bases de la antigua) la entidad que se llamaría Club de Natación Paraná. Ávidos y diligentes fueron elegidos los miembros de la Comisión directiva que se integraría entre otros con el Presidente Oscar Izaguirre; el Vicepresidente Carlos Reinoso; secretario general Juan Carlos Núñez; tesorero Héctor Piérola; secretario de natación Francis Darbyshire y un grupo de entusiastas y promisorios dirigentes. He ahí, pues el segundo nacimiento que se vestiría (como sostiene una crónica posterior) con los colores celeste y negro.
Hasta aquí las crónicas de este club. Los sucedidos en el entretiempo quizás resulten para otras oportunidades con más detalle de nombres, estadísticas, tipos de pruebas y demás. Quizás por algún motivo del destino o por los secretos motivos deliberados de nuestro reloj de sol, no hemos conocido aún las circunstancias de un indeseado pero notable segundo deceso del Club de Natación Paraná, el de celeste y negro.


Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...

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