Reloj de sol
Domingo 19 de Agosto de 2018

Los días de Raúl González Tuñón en Paraná

Jornadas de 1947. Vida después de las guerras. Enunciación poética

No hay chances de transitar el mundo sin atribuir a la poesía algunos elementos formativos de la concepción que uno tenga de ese cosmos. La presencia del refinado uso de las palabras y de las metáforas incide (en general, para siempre) en la sensibilidad de las personas. Claro está también que cada etapa de la vida precisa de un influjo particular, de una vista necesaria de cada circunstancia que lo transforma en especial.

Cuando se invoca el reloj de sol como partícipe necesario de tiempos y de eras, el instante y el espacio en donde caen las fatales señales de sus agujas de sombras es siempre desconocido. Como en el hoy, como lo ha sido ayer y como seguramente habrá de suceder en otras oportunidades. Sostiene Borges que solo existe el presente, porque el pasado ya se extinguió y el futuro aún no ha llegado. De tal forma que es solo el hoy, y más que eso el ahora. Por tal motivo que en la intención a veces vana de detener un tiempo que no vivimos, solo las caprichosas motivaciones del reloj de sol nos detienen en un instante indefinido del espacio.


Raúl González Tuñón, socialista social. Su amistad con Hernández


Raúl tenía 7 años cuando falleció Evaristo Carriego. Dudosamente lo haya conocido hasta ese entonces pero ninguna duda cabe del influjo que la obra del entrerriano impuso sobre él. Desde ya que admirador, el contacto de Carriego con suburbios e historias soslayadas de la literatura aristocrática constituirían para González Tuñón un dulce pecado forjador. Y ya volveremos sobre este tema y su relación con esta nota.

Fue escritor, poeta y periodista (habitual simbiosis de los hombres sensibles) y su labor periodística la llevó adelante en los diarios Crítica y con posterioridad Clarín.


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Sin embargo, su ubicuidad ideológica lo supo ubicar (a criterio del suscribiente, siempre con acierto) en los sitios adecuados a su pensamiento y sus expresiones artísticas. Para el caso, recordada es su presencia en aquella inolvidable puja entre el "Grupo de Florida "y el "Grupo de Boedo", un fragoroso debate intelectual entre poetas y escritores pertenecientes a diferentes editoriales. A fin de no desviar el eje de los sucesos, solamente pensar que los "Florida" se acercaban a ideas más románticas mientras los "Boedo" engalanaban su militancia social. Cosas de la época, pero que nunca desaparecen. Lo cierto es que Raúl González Tuñón podía esgrimir con la fortaleza de su vida y de sus actos, posiciones sociales que nadie podría cuestionar aún en la dicotomía. Tal vez por eso y según las fuentes, se lo entienda como partícipe en uno u otro espacio.


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Gran amigo de Pablo Neruda, estaba en Madrid en la plenitud de la guerra Civil Española tomando activa participación por las ideas republicanas. Y entabla allí una venerable amistad nada menos que con nuestro apreciado Miguel Hernández. No surge esto de mentas ni habladurías sino de las propias expresiones de estos protagonistas en sus obras editadas.

Decía Hernández de Tuñón:

Raúl, si el cielo azul se constelara

sobre sus cinco cielos de raúles

a la revolución sus cinco azules

como cinco banderas entregara.

Hombres como tú eres pido para

amontonar la muerte de gandules,

cuando tú como el rayo gesticules

y como el rayo al rayo des la cara.

Enarbolado estás como el martillo,

enarbolado truenas y protestas,

enarbolado te alzas a diario

y a los obreros de metal sencillo

invitas a estampar en turbias testas

relámpagos de fuego sanguinario


Y nuestro poeta, admirado de la resistencia y de los combatientes, le respondía luego dedicándole sus versos de La Copla al Servicio de la Revolución.

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Facetas intimistas de su urbanidad


El ejercicio de la apertura de cualquiera de los libros de Tuñón, o el inicio anárquico de la lectura de sus versos sin dudas nos lleva a rememorar. Alejándose de la cuestión campestre y pastoril imperante hasta la época, la urbanidad de su poesía es simbióticamente tanguera.

Hagamos un ejercicio, eligiendo azarosamente algunos textos: "Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad y la mujer que amo con una boina azul. Una calle que nadie conoce ni transita.

Yo conozco la música de un barracón de feria, barquitos en botella y humo en el horizonte. Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad." (De La calle del agujero en la media).

O bien cierto extremo en "Con una mesa, con un pan, con un muro, con una silla, con una bota, no se puede cambiar el mundo. Con una carabina, con un libro, eso es posible. ¿Comprendéis por qué el poeta y el soldado pueden ser una misma cosa?" (En La Luna con gatillo).

Y en otro de los universos de Tuñón, el circense, alude al ocaso cuando "¡Frank Brown estás viejo!
¡Frank Brown tan arrugado! Yo siento por ti la maldad del espejo.
¡Maldito maquillaje! ¡Ese carmín está pasado!"
(En A los veteranos del circo).

Como fuera su aprecio por el arte, por los submundos y los personajes olvidados, sus apologías de Roberto Arlt e incluso sus posicionamientos frente a la comunidad de los literatos fueron colocándolo en la cúspide de un espacio destinado a las sensaciones icónicas de urbanismo.

Tugurios, hampones, ladrones. Prostíbulos, marineros, combatientes. Desposeídos. Lluvia. Cementerios. Pólvora. Tantos caminos y estampas en su literatura abundante y a veces nostálgica.


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Su presencia en Paraná.


El 4 de agosto de 1947 fue lunes. En la apacibilidad de la idiosincrasia de Paraná, fue exactamente el día en que llegó a nuestra ciudad el poeta Raúl González Tuñón. Lo hacía con la premisa de dos participaciones en conferencias y recitados, convocado en forma conjunta por nuestra asiduamente mencionado Centro Cultural "José María Onetti" y también por el Club Social de Paraná.

La primera de sus alocuciones y presentado nada menos que por Amaro Villanueva (que era su colega de periodismo, poesía e ideología) se realizó en la sede de la Biblioteca Popular del Paraná. En esa ocasión realizo una reseña de su actividad, matizando los periodos de su intensa y fructífera vida con poemas alusivos a las instancias relatadas. Así fluyeron "El violín del Diablo"; "Canciones del Tercer Frente", "Primer Canto Argentino". Tenía entonces apenas 42 años y tal vez por eso la velada se convocaba como "Breve historia de una vocación poética".

Algunas veredas y algunos cafés habrá transitado por aquí, durante su estadía. Porque a los dos días se vuelve a presentar esta vez bajo el auspicio del Club Social, en donde se expresó sobre la vida de Evaristo Carriego. Fuente y vigor de su propia obra, la exposición de Tuñón sobre Carriego fue aplaudida con fervor. Lo dijimos en los primeros párrafos: no olvidaría el poeta al poeta.

Un par de días más anduvo por aquí. Supimos el día que llegó, los días de sus conferencias, los temas aludidos, los poemas recitados y hasta su postura frente a l auditorio. Lo que no pudimos saber es si llovió o no en ese agosto tan lejano. Lástima, porque en nuestro reloj de sol, de pronto comprendimos que la lluvia también era hermosa.


Lluvia (Fragmento)

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.



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