Diálogo Abierto
Martes 22 de Mayo de 2018

Los apuntes de un viaje por la fotografía de los siglos XX y XXI

Cámaras, lentes, estilos, "la enfermedad del celular" y opiniones, según la veteranía de un especialista.Rodolfo Crespo en Diálogo Abierto.

Su relación con la fotografía lleva unos 50 años durante los cuales exploró las facetas artística, comercial y la reparación de cámaras y telescopios. Rodolfo Crespo rememora los "tiempos analógicos" y brinda precisiones sobre la vertiginosa era digital.

Pueblo de timberos
—¿Dónde nació?
—En calle Villaguay 30, donde estuve hasta los 3 años, cuando me fui a vivir con mis padres a una estancia de mis tíos en San Gustavo, estuve hasta la edad escolar y nos fuimos a La Paz.
—¿Cómo era donde vivía en San Gustavo?
—Una casa enorme, con forma de rancho, típica estancia entrerriana –de 1.000 hectáreas–. En el living había una mesa de carambola muy grande y una hamaca colgada desde el techo. Estábamos a 40 kilómetros del pueblo y cuando no se podía ir, lo hacíamos en tren, que pasaba cerca.
—¿Había vecinos?
—No, ninguno. Cuando tenía 7 años nos fuimos a La Paz, comencé primero inferior, mi padre murió a los 40 años y nos vinimos a la casa de al lado de mi abuela y mis tías. Cuando estaba en segundo año hicimos esta casa (Villaguay al 900).
—¿A qué jugaba?
—A los cowboys y teníamos un remociclo.
—¿Leía?
—Leo. A los 10 años leía a (Emilio) Salgari y Julio Verne... Ahora, algo un poquito más elevado (risas). Con aquellos se me hizo la costumbre y leí los clásicos griegos, García Márquez, Galeano, Sábato...
—¿Dónde vivía en La Paz?
— Frente al Correo. Era un pueblito de timba, en el Club Social y en otros billares, donde se jugaba al póker por plata. Terminaron fundidas casi todas las fortunas –incluso la de los Crespo, a quienes no les quedó nada–.
—¿Su abuelo la "liquidó"?
—¡No, mis tíos, todos timberos! Había uno ciego, que reconocía las cartas al tacto.
—¿Cómo fue el contraste cuando vino a Paraná?
—Había autos. A esa edad no me di cuenta de lo que era perder el padre, pero después... Los tíos y tías siempre me trataron bien. Tenía uno –juez federal, que fue presidente de la Cámara Federal de Apelaciones– a quien le gustaba pescar, y el más conocido fue Filiberto Reula; Oscar era ingeniero.
—¿El primer gran descubrimiento?
—El Parque y la zona costera –ya que me gustaba el agua y fui socio del Rowing–. Me gustó la vida aventurera, y salir de caza y pesca con una canoa a motor –fabricada por Osvaldo Ursini, un genio de la mecánica–.

Nacer fotógrafo
—¿Desarrolló otra afición?
—Nací fotógrafo y me gustó siempre. Veía una cámara –que en esa época no podía comprar– y quedaba embelesado –hasta que pude comprarla. También hice el curso de vuelo en planeadores.
—¿La primera cámara?
—Una Agfa cuyo lente se desenroscaba pero la primera que se puede llamar como tal fue una Olympus tipo Leica, con visor directo. Después tuve Hasselblad, Leica, Nikon, Canon...
—¿Cómo nació la curiosidad?
—Venían unos libritos cuyos títulos no recuerdo –de Editorial Omega–, con los cuales aprendí. Hacía fotos con camaritas de plástico y totalmente elementales. Eran baratas y se podían comprar. Ahora es un desastre por el precio; la nueva Nikon cuesta 200.000 pesos, sin lente.
—¿A qué edad compró esos libros?
—A los 14 años.
—¿Qué aprendió?
—Había uno que no olvido y fue el que más me enseñó: se llamaba Toda la fotografía en un solo libro, escrito por un inglés. La teoría y técnica no es tan fácil como la gente cree. Aprendí bien conceptos sobre diafragma, velocidad, enfoque, para qué sirve cada lente, cuándo usarlos... lo elemental para comenzar. Después fui ahondando y aparecieron revistas especializadas.
—¿Otros textos?
—Muchos, hasta los que enseñan a calcular objetivos y la curvatura de los lentes.
—¿Lo sentía como vocación?
—Sí, fui autodidacta porque nunca hubo una escuela donde ir a aprender y las que hay actualmente me dejan serias dudas. Durante un año tuve una casa comercial en calle Gualeguaychú pero no anduvo. Le hacía las fotos a varias ópticas y sociales –aunque nunca me gustó–. Tuve laboratorio de blanco y negro, revelé diapositivas y color. Vino una época en que el blanco y negro se hizo muchísimo más caro que el color, entonces dejé de hacer fotos.
—¿Qué tipo de fotografía le atraía?
—Artística, paisajes y primeros planos. La esencia de la fotografía –no considerada un arte– es que sea un documento. Si es una obra de arte o no, es otra discusión. Puedo hacer una imagen artística con varias fotos, pero ya no es una foto. Cuando existía el Fotoclub gané varios concursos y mis compañeros se enojaron (risas). El jurado era de Buenos Aires y se participaba con seudónimo. Me fui, me convocaron para dar clases pero me objetaron que era muy "técnico". Participé por Internet en concursos en Estado Unidos –donde gané seis o siete premios– y en España, donde se elegía la mejor foto del día y del mes, de los cuales gané 17 primeros premios, todos simbólicos.
—La discusión sobre el fotomontaje sigue vigente, por las facilidades de la tecnología digital.
—Una cosa es mejorar el contraste e incluso aproximarse más a la realidad, pero no cambiarla, aunque pueda ser una imagen muy linda.
—¿Salía a buscar algo o se dejaba impresionar por lo que encontraba?
—Un poco de ambas cosas. Siempre tuve el don –que no se aprende– de ver una buena foto, lo cual no quiere decir que yo sea extraordinario.
—¿Qué juega para hacer una buena composición?
—La cultura. Siempre recomiendo leer no solo de fotografía sino cultivarse en general.
—¿Algún artista lo inspira?
—Tengo colecciones sobre pintura. Me gustó el impresionismo y lo figurativo. De lo abstracto hay cosas que me gustan,aunque no sé por qué, ya que no conozco. El arte no se puede enseñar, solo la técnica, pero la gente confunde.
—¿Claves al momento de componer?
—El encuadre, la Ley de los tres tercios –verticales y horizontales–, las diagonales, el punto de fuga y el horizonte derecho y no al medio, aunque hay excepciones.

Comercio fallido
—¿Cuándo comenzó profesionalmente?
—A los 25 años, con el estudio de calle Gualeguaychú –donde también hacía retratos– y luego comenzó a interesarme la reparación.
—¿Qué cámara utilizaba?
—Una Canon 35 con uno o dos lentes, y una Mamiya 330 –seis por seis, de formato medio y muy linda–. Lo que más cambió es la iluminación ya que hoy todo es con flash o Led, mientras que en aquella época eran focos grandes. Había uno en alto –jirafa– y dos o tres laterales y fondo.
—¿En qué consistía el mercado?
—Fundamentalmente, en la venta de rollos y hacer copias. Fue una época económicamente muy difícil. Después me fui a estudiar Química pero no me gustó la facultad.
—¿Cuál fue la cámara que más le costó para comprar?
—La primera Canon analógica, réflex. Canon cambió la bayoneta. Las antiguas tenían la mejor porque no había que girar ni la cámara ni el lente, sino que tenía una arandela en la cual quedaba trabada porque giraba sola. Se llamaba Breech Lock y era genial.

Blanco y negro y costos
—¿Qué afinidad tenía con la Química?
—Un profesor del Colegio Nacional –Vieira– nos entusiasmó. Trabajé en Paranatex, no me gustó por las condiciones de trabajo espantosas, me fui, trabajé con la fotografía, en Compilación Mecánica –de la Casa de Gobierno– un par de años, entré como prosecretario de la Escuela Industrial Nº 1 y terminé como secretario, renuncié y me dediqué a la reparación.
—¿Qué continuó fotografiando?
—Muchas de tipo familiar, y recuerdos de los viajes de pesca y cacería. Tengo miles y algunas no sé dónde están.
—¿Qué otros equipos tuvo?
—Uno Nikon analógico que cuando se encareció el blanco y negro, lo vendí. Dejé un tiempo hasta que apareció lo digital, y compré una camarita de un megapixel.

Lo micro y lo macro
—¿Cómo vivió el cambio a lo digital?
—Las cámaras son iguales, lo que hay que aprender a manejar es la computadora. Tengo un equipo que cuesta una fortuna porque son cuatro cuerpos, una docena de lentes y una computadora grande con impresora. He hecho fotos al microscopio –donde se ven cosas inimaginables– y astronómicas –en Oro Verde–.
—¿De qué tiempo son las exposiciones en este caso?
—Dos o tres minutos, o más, luego se apilan y se hace –con un programa– una sola con la mejor de cada una. La cámara se pone donde va el ocular y se enfoca.
—¿Un logro?
—Con ese telescopio se ven cosas que no se ven con uno casero: en La Gran Nube de Magallanes está La tarántula –una especie de "araña" verde–; está la Constelación de Orión –que tiene una "cabeza de caballo" y dos nebulosas–...
—¿Otras particularidades técnicas?
—Se consume mucho la batería y se calienta la cámara, lo cual aumenta el ruido, pero salen lindas tomas porque la cámara acumula luz, mientras que el ojo no. Se mira la Nebulosa de Orión y es una nubecita, pero cuando se toma la foto aparecen un montón de colores y es totalmente distinto. En el caso del microscopio, la profundidad de campo es 0, entonces se hacen tomas por capa y en el Photoshop se hace una sola con lo que está en foco en cada una. Fotografié insectos, arañas casi invisibles, pulgones de las plantas, detalles de hojas secas...

Romper y aprender
—¿Por qué se dedicó a la reparación?
—Porque no había quién lo hiciera. Carlos Altamirano –de quien soy amigo– era un técnico muy capaz –un genio–, pero totalmente informal para quien trabajaba con la cámara. Comencé a arreglar las mías, rompí unas cuantas y al final, aprendí. Se conseguían o hacían los repuestos porque eran de metal. Ahora son de plástico y circuitos impresos integrados que no se pueden arreglar. Se tornó muy difícil y solo quedan los servicios oficiales.
—¿Cuándo fue el cambio de materiales?
—Con las digitales, aunque antes había de plástico, pero de poca calidad. Ahora las profesionales son de magnesio, pero mucho más grandes y pesadas que las analógicas.
—¿Desperfectos habituales?
—Las mecánicas se rompían más, ahora poco. Se cortaba un muellecito o un enganche, y no andaba. Las actuales tiene poco mecanismo: un motor eléctrico que mueve el espejo y el obturador –con control electrónico– y las más caras, un motor para el enfoque del lente. En las más baratas, el motor del lente está dentro del mismo, y se rompe bastante.
—¿Algo que le demandó mucho trabajo?
—Sí, sobre todo los lentes, que requieren herramientas especiales. Hay herramientas que solo tienen Nikon o Canon, tales como destornilladores a medida. Hay cosas que no se pueden reemplazar.
—¿"Sorpresas" con las cuales se ha encontrado?
—Muchos casos: me trajeron una cámara con todos los cables colgando, la cerré y la devolví, y el mismo dueño me trajo un telescopio porque no se veía nada. El ocular estaba desarmado y el espejo, colgando. Trabajé toda una mañana y pienso que funcionará. Me han traído cámaras desarmadas, en una bolsita, pero no las acepté.
—¿Mecanismos que le llamen la atención?
—Ver una Leica es algo distinto, por su terminación y complejidad, extremadamente caras. Las nuevas no las conozco porque nadie las compra. Hay algunas viejas que se vendieron en 4 millones de dólares, modelos numerados de los cuales se hizo determinada cantidad, algunas bañadas en oro.

Celulares y fotografía, una "enfermedad" para estudiar

Crespo analiza la competencia entre marcas, cuáles han mantenido la calidad a lo largo del tiempo y critica con ironía la "fiebre fotográfica" generada por los celulares.
—¿Cuál es la marca que ha mantenido calidad e innovación?
—En películas, Kodak e Ilford, y en cámaras, quien nunca cambió la bayoneta ni nada, es Nikon. Agarrás la última cámara y el primer lente que hizo, y lo colocás. Es importante. Leica también.
—¿Leica o Nikon?
—Están a la par, tal vez algún lente de Nikon es mejor. Nikon fue la primera fábrica japonesa que hizo lentes –incluso para Canon. Como los japoneses eran aliados de los alemanes en la guerra, éstos le mandaron tecnología de Carl Zeiss y de Leica.
—¿Qué lo fascina del mundo digital?
—¡Hay tantas cosas que no sé con qué quedarme! Y también hay otras que me molestan, como los celulares, que son una enfermedad digna de ser estudiada. Es otra de las causas por las cuales hay menos trabajo en fotografía, porque la gente cree que es igual que una foto hecha con una cámara profesional (risas).
—¿Cuáles considera los hitos tecnológicos –además de lo digital– desde que se inició?
—En aquella época no se vendía la película Kodak y es la mejor –sobre todo color–. Yo sacaba diapositivas –marca Perutz, alemana–, me parecían lindas pero porque no había visto otras. Conocí Kodak y me sorprendí. También cambió el tipo de cristales de los lentes –que antes no tenían tratamiento– y el revestimiento. Cuando Carl Zeiss desarrolló el famoso Planar 1,4, no servía, entonces inventaron el primer tratamiento –de color azul–. Ahora existen los multicapas –con hasta doce capas– y por eso se usa mucho el zoom, que antes no servía.
—¿Cámaras versátiles?
—Las nuevas. Tengo una D 800, D 300s y T2 xs, con la cual se puede grabar sonido tras hacer la toma. Dicen que es la más fuerte que se ha hecho.
—¿Profesionalmente se perdió rigor y búsqueda, por la posibilidad de la cantidad?
—Los norteamericanos hacen más fotografías buenas casuales. Hacen mil y luego eligen, pero el fotógrafo "no la vio", sino que "le salió". Por eso las cámaras vienen con ráfagas, de 12 a 14 tomas por segundo. Y está quien la busca, la piensa, cambia de ángulos y saca solo dos o tres, por cualquier inconveniente.
—¿Con qué criterio se queda?
—Con el de buscar la foto.
—¿Recomendaciones para iniciarse?
—Que compre una cámara para aficionados de mediana calidad, Canon o Nikon, por ejemplo D 40x, de 15 o 20.000 pesos.

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