Diálogo Abierto
Domingo 24 de Junio de 2018

"Lo que decimos no suele ser coherente con lo que sentimos"

El arte y la terapia gestáltica como factores de conocimiento personal, luego trasladados a la propia práctica profesional.

La psicóloga Marisa Dittler describe su alejamiento del psicoanálisis –teoría en la cual se formó–, en un proceso también atravesado por la búsqueda artística, la cual logró integrar al formarse en Psicología Gestáltica. "Rompí prejuicios y estructuras, cambié el paradigma. Fue un cambio increíble y descubrí sus efectos como paciente", admitió la profesional cuya afición es la fotografía.

dialogo 4.jpg
<div>"Con la Gestalt comencé a sentir a la Psicología como un servicio, mientras que antes tenía cierta frialdad". <b>Marisa Dittler&nbsp;</b></div>
"Con la Gestalt comencé a sentir a la Psicología como un servicio, mientras que antes tenía cierta frialdad". Marisa Dittler

Aldea segura y tradicional
—¿Dónde naciste?
—En Aldea Santa María –un pueblo a 60 kilómetros de acá, de descendientes de alemanes del Volga–, donde vive mi mamá.
—¿Cómo era en tu infancia?
—Está a dos kilómetros de la ruta, rodeado de zona rural, pocas casas y calles, con la típica plaza de pueblo alemán en el medio y la iglesia. Crecí con mucha libertad, salía en bicicleta y no avisaba, y las casas no tenían llaves. En algunas cuestiones había rigideces y frialdad, y era muy tradicional, con gente muy respetuosa y educada.
—¿Otros lugares de referencia?
—La escuela y el club.
—¿Qué ascendientes llegaron a la zona?
—En 1887, mis bisabuelos y tatarabuelos, tanto por el lado de mi mamá como de mi papá.
—¿Conociste a alguno?
—No, ni siquiera a mis abuelos, porque nací cuando mis papás eran bastante grandes.
—¿Qué actividades desarrollaban?
—Mi mamá, ama de casa y hacía trabajos de costura, y mi papá, en algún momento trabajó en el campo y luego en otras actividades.
—¿Mantuvieron tradiciones?
—Las comidas, el dialecto –aunque no lo hablo– y una impronta muy religiosa, de la cual me desvié. El alemán es muy cuidadoso de sus costumbres.
—¿Cambios significativos mientras viviste?
—No; después hubo mucho más movimiento y espacios culturales, que cuando era chica no había. También hay muchas actividades sociales que juntan al pueblo.
—¿Hasta cuándo viviste allí?
—Hasta los 17 años, que terminé el colegio y vine a estudiar a la Uader, aunque primero comencé un profesorado de Educación Especial, pero no era para mí. También Musicoterapia me pareció atractiva, pero económicamente no la podía hacer.

dialogo 1.jpg
<b>Relaciones</b>. "El otro tiene derecho a pensar y decir, sin que lo avasalle o me sienta agredido".
Relaciones. "El otro tiene derecho a pensar y decir, sin que lo avasalle o me sienta agredido".

Imaginación, lectura y curiosidad
—¿A qué jugabas?
—Andábamos en bicicleta con amigos e inventábamos juegos, con mucha imaginación.
—¿Leías?
—Mucho y de todo, novelas y poesía, por ser familia de lectores. Una de mis hermanas me leía cuentos ya que mis hermanos tenían biblioteca; luego regalamos muchos libros.
—¿Los primeros influyentes?
—Cuentos clásicos y en la adolescencia, (Gustavo) Becquer, (Mario) Benedetti, Oliverio Girondo... También leía sobre cuestiones de Filosofía e Historia.
—¿Qué buscabas?
—Era una compañía y por la curiosidad de aprender.
—¿Sentías una vocación?
—La descubrí en el secundario, pero en la niñez no sabía que existía. Jugaba a ser maestra y mis hermanos lo son. Cuando niña, con mi prima escribíamos –como juego– cuentos, poesía y una novela que nunca terminamos.
—¿Qué materias te gustaban?
—Lo humanístico: Psicología, Filosofía, Historia, y mucho Lengua y Literatura.
—¿Salías de la aldea?
—Venía a Paraná por amistades de mi mamá y porque mis hermanas estudiaban acá.
—¿Un descubrimiento?
—Nada me impactó. Tenía muchas ganas de irme, por curiosidad, me sentí cómoda y me adapté rápidamente. Tenía una tendencia hacia lo artístico, así que estudié tango, fotografía y comencé a ver teatro.

dialogo 5.jpg
<div>"Observo que hay falta de comunicación o de una comunicación efectiva, es confusa o no se sabe cómo decir". <b>Marisa Dittler</b></div>
"Observo que hay falta de comunicación o de una comunicación efectiva, es confusa o no se sabe cómo decir". Marisa Dittler

Amor a primera vista
—¿En función de qué decidiste estudiar la carrera?
—En cuarto año –cuando tuve Psicología– supe que era lo mío y al estudiar me di cuenta que era mucho más amplio. No pude mirar para otro lado.
—¿Qué te llamó la atención en la secundaria?
—El psicoanálisis freudiano –lo que más me dieron– fue la puerta de entrada y luego abrí otras.
—¿Qué entendiste por entonces?
—El Yo, el Ello y el Superyo, el inconsciente y el consciente.
—¿La carrera se concilió con lo que pensabas?
—Sí, fue muy apasionante lo que me brindó: sentarme a leer a Freud, aunque luego me fui por otro camino.
—¿Era la teoría dominante?
—Sí, ahora no tanto.

Abrir la cabeza y diversión
—¿Tenías búsquedas paralelas?
—Durante muchos años no; en cuarto año elegí Clínica Sistémica, me quedé allí, me brindó muchas herramientas para el consultorio, abrí la cabeza y la vida se hizo más divertida.
—¿Cómo era la relación con lo artístico?
—Comencé a ir a ver teatro y conocer gente, estudié dos años tango, tomé clases de pintura e hice varios cursos de fotografía, con lo cual tuve una mirada más integrada a nivel perceptivo de los colores y las melodías. Fue percibir el mundo de otra manera.
—¿Qué te sucedió en lo emocional?
—Fue un autoconocimiento de capacidades, como cuando comencé a mostrar mis fotografías, porque tenía cierto pudor. Lo sigo haciendo como juego y con la cámara me olvido del mundo. Me gusta mucho hacer retratos. Lo artístico me dio seguridad y fortaleza. En el tango fue clave el no controlar y dejar que el otro te guíe, cuando siempre tuve una cuestión de autosuficiencia.

Rompimiento y creación
—¿Cuándo vinculaste todo esto con la profesión?
—Al hacer un postgrado de Psicología Gestáltica, porque descubrí un nuevo mundo –muy diferente al del psicoanálisis–, rompí prejuicios y cambié el paradigma de pensamiento. Cayeron estructuras, fue un cambio increíble y descubrí sus efectos como paciente. Me permitió cultivar mi parte creativa pues el trabajo de consultorio intensamente lo es, y un desafío constante. Luego que lo practiqué en el consultorio, generé talleres vivenciales con colegas y ahora con una artista plástica.
—¿El mayor desaprendizaje o resignificación?
—Sentir a la Psicología realmente como un servicio, mientras que antes tenía cierta frialdad. Dejó de estar en la cabeza, se hizo carne y me permitió trabajar con otro impulso. Todas las líneas teóricas son valiosas pero lo más valioso de ese cambio fue abrir la cabeza en cuanto a que hay un modo diferente de explicar el sufrimiento humano, los vínculos, etc.
—¿El psicoanálisis te resultaba estructurado?
—Muy intelectual, aunque nunca fui paciente de un psicoanalista. Lo gestáltico me trajo la integración. Antes, también me cambió la cabeza trabajar en cuidados paliativos –en la Fundación Crisálida–, porque aprendí a ser cuidadosa con el dolor ajeno. Hice la tecnicatura en Psicogerontología y trabajé con adultos mayores en situación de enfermedad con la cual ya no se puede hacer nada.
—¿Un caso?
—Trabajar con una persona de más de 80 años: el médico pensaba que tenía depresión y cuando lo vi me mostró que se estaba despidiendo de la vida. Acompañé a la familia de una manera cuidadosa y cálida, y al mes y medio, falleció. También los acompañé en la etapa de duelo.
—¿Qué te permitió resolver como paciente la Gestalt (ver Datos)?
—Fue un gran aprendizaje acerca de cómo sentía mis emociones, porque a veces mezclaba el enojo con el dolor, y las camuflaba; es un nuevo modo de vincularme y comunicarme –muy diferente al que recibí en mi familia. Cultivé algo más afectuoso y tierno, que también me sirvió para correrme del psicoanálisis. Fue un estallido de color, en lo emocional.
—¿Cómo verificaste que funcionaba, en tu profesión?
—Lo vivencié como paciente y me hizo saber que puede funcionar para otro. Recuerdo muchos pacientes en los cuales vi que se daban cuenta del cambio para mejor que tenían.
—¿Seguís a algún referente?
—El creador y pilar de la terapia es (Friedrich) Perls. También –aunque no es directamente de la línea de la Gestalt– estoy leyendo a Bert Hellinger y tuve la experiencia de constelaciones familiares –que me está abriendo la cabeza y tiene mucha intensidad por lo que se moviliza.

Señales del momento
—¿Qué observás en el consultorio como tendencias?
—Lo que llega mucho son los duelos por separación o fallecimiento –lo cual no cambia a través del tiempo– y en los más jóvenes la dificultad para vincularse, se confunden mucho. Igualmente la cuestión de los límites –y por eso haremos un taller– y la capacidad de decir no.
—¿La gente no sabe duelar?
—Pasa en los primeros duelos, sobre todo con los chicos que están en pareja y se separan por primera vez. Tiene mucha intensidad porque no lo vivieron antes, entonces hay que ordenarlo y canalizarlo saludablemente.
—¿Hay un umbral bajo de tolerancia a la frustración?
—Se puede unir con eso pero no creo que sea un factor de base, habría que ver cada caso. Es más que nada un aprendizaje que deja nuevas herramientas y te hace más resiliente. Cuando implican mucho dolor –como el caso de las madres con los hijos– se genera como mecanismo de defensa un congelamiento, y luego reaparece.
—¿Socialmente, cuáles considerás los factores más determinantes de desintegración del individuo?
—La falta de comunicación o de una comunicación efectiva. No decimos lo que queremos decir, lo cual aparece en la consulta. Siento algo pero no es coherente con lo que estoy diciendo, y está tan naturalizado que no me doy cuenta. Y luego, lo comunico de una forma confusa o no sé cómo decirlo. También lo de los límites, en cuanto a que el otro tiene el derecho de pensar, opinar y decir, sin que yo lo avasalle, o no sentirme agredido porque piensa algo diferente, incluso llegando a niveles de agresividad. Puede haber un vínculo aunque no estemos de acuerdo en lo que estemos pensando.


"Busco relacionar colores y sonidos con emociones"
Actualmente la licenciada Dittler junto con la artista plástica Adriana Tessore desarrollan un taller denominado "Mi vida, mi colores", en el cual combinan herramientas terapéuticas, ejercicios y una particular utilización de las obras pictóricas de grandes artistas, y del sonido.
—¿Qué mecánica tienen los talleres que desarrollan?
—Son de un único encuentro, se plantea un tema a trabajar –por ejemplo el de vivenciar un embarazo a nivel consciente– y se proponen ejercicios gestálticos puntuales, que despiertan emociones según el propósito, y se hace un cierre con las devoluciones. Son dinámicas diferentes según el tema de cada encuentro.
—¿Te ha sorprendido algo generado por la dinámica grupal?
—Me ha sorprendido observar el nivel de emotividad que aparece, muy diferente al de la consulta individual. Los talleres están armados con mucha amorosidad y algunas temáticas no las trabajamos porque pueden tocar una fibra de mucho dolor. Puede pasar que alguien tenga una explosión de emoción y activar otros mecanismos que van por fuera de lo planeado.
—¿Qué hace el participante con lo que surge?
—Ahí juega la contención profesional. No nos ha pasado nada que salga por fuera de lo previsto.
—¿Qué espacio ocupa el color en estas dinámicas?
—La idea de hacer este taller –("Mi vida, mis colores") que se está desarrollando– más allá de explorar la cuestión técnica del arte y la unión de los colores, es relacionarlos con las emociones. Elegimos artistas que fueron influenciados por su propia vida y volcaron esas experiencias emocionales en sus obras. Y hacemos referencia a cómo fueron influenciados por el contexto histórico. Quién pintó entre guerras, otro del romanticismo... (Pablo) Picasso y el Guernica, cómo llevaba lo que estaba viviendo en lo cotidiano a la pintura. La idea es que las personas que participan puedan hacer un autoconocimiento de sus emociones en cuanto a cómo las están viviendo o vivieron, eligiendo colores puntuales y que puedan volcarlo en una obra, siendo artistas de su propia vida.
—¿Qué personalidad de esos artistas te impactó?
—Para mí también es un aprendizaje porque Adriana (Tessore) es la que sabe. Eligió a (Wassily) Kandinsky (ver Datos) para comenzar, quien escribe acerca de la unión con los sonidos –ya que también utilizamos instrumentos para despertar una emoción y un color. Él hace un estudio muy espiritual de todo esto –en el libro De lo espiritual en el arte–, donde une color con sonido. Me resultó muy significativo para trabajarlo con las emociones. También tomamos la figura de Frida Kahlo, Picasso y (Amedeo) Modigliani, por sus vidas intensas, reflejadas en sus obras.
—¿Tenés página de Internet?
—Difundimos los talleres por Aletheia Paraná –en Facebook.

Comentarios