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Leonela Moreyra pregona amor y caridad

Oriunda de Concordia, trabaja como maestra integradora y también es animadora de la Infancia y Adolescencia Misionera. Su apostolado la llevará ahora a una comunidad en La Habana donde vivirá una nueva experiencia de fe.

Lunes 09 de Septiembre de 2019

Punto Corazón es una obra de compasión y consolación que propone a jóvenes dar por los menos 14 meses de sus vidas para ser una presencia, un rostro de amor entre los que más sufren en el mundo, especialmente los niños. Ese es el desafío de la concordiense Leonela Itatí Moreyra que a sus 27 años decidió viajar a La Habana, Cuba, para “estar, escuchar, acompañar”.

¿Cómo nació este deseo de ser misionera? ¿Desde cuándo y cuánto hace que cultivas esta vocación?

—Pertenezco a la Obra de Infancia y Adolescencia Misionera desde los 15 años, actualmente soy animadora en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Villa Adela. Conocí la Obra de Puntos Corazón en el año 2010 cuando estaba participando de la Escuela de Animadores Misioneros (ESAM), Belén Bel una joven de nuestra comunidad fue a contarnos su experiencia de misión con la Obra de Puntos en la Ensenada, Perú, aún recuerdo como habían tocado mi corazón los rostros de las personas que nos había mostrado y cada una de las cosas que nos relataba. En ese momento pensé ¡qué lindo sería irme de misión! Pero lo veía muy lejano, estaba en el último año de la secundaria.

¿Cuáles han sido tus experiencias como animadora de la Infancia Misionera?

—En febrero del 2012 cuando regresé de la misión anual de animadores en El Soberbio, Provincia de Misiones donde misionamos aldeas aborígenes y comunidades rurales, ardía mi corazón, como los discípulos de Emaús, cuando se dieron cuenta que se encontraron con Jesús resucitado, sí yo me había encontrado con Jesús en la aldea, con cada niño, joven, con las familias, con mis hermanos de comunidad, en lo sencillo, en el compartir, en las miradas, gestos, sonrisas. Algo había cambiado en mí, el encuentro con Jesús vivo lo había transformado todo, desde ese momento comencé un camino de discernimiento y acompañamiento espiritual, donde de a poquito el Señor fue revelando su sueño de amor para mí, la misión Ad gentes y el deseo que lave sus pies y heridas a través de los hermanos más necesitados de su amor, los más alejados, los marginados, los olvidados.

A veces se dice que para misionar no es necesario irse muy lejos sino que en el mismo barrio o en zonas aledañas se puede hacer un apostolado. ¿Cuál es tu mirada?

—El camino no es fácil, hay dificultades y ciertos miedos que el Señor se encarga de disipar. Sólo hay que confiar y yo confío en Él, en sus promesas. Por eso con gran alegría -luego de haber realizado mi discernimiento y formación-, en diciembre de 2019 saldré de misión por 14 meses al Punto Corazón Beato José López Piteira de La Habana, Cuba.

¿Qué sabés del Punto Corazón en la Habana?

—Hay chicas de distintos países con las que compartiré la vida de comunidad, apostolados, es decir servicios externos en la zona como visitar un Hogar de adultas mayores, hogar de personas con discapacidad y compartir momentos de juegos con los niños del barrio y sobre todo la amistad, también tenemos momentos de oración, Adoración al Santísimo, rezo del Rosario.

¿Por qué elegís a Dios y a la iglesia para desarrollar tu vocación?

—Comparto un fragmento de la última exhortación apostólica del Papa Francisco a los jóvenes porque me siento identificada con sus palabras, creo realmente que el Señor desde toda la eternidad nos sueña con una misión específica, nos prepara y forma poco a poco para ello, cuando descubrimos ese regalo nos sentimos felices, entusiasmados, plenos. Somos creados para cosas grandes y maravillosas. “Quiero que sepan que cuando el Señor piensa en cada uno, en lo que desearía regalarle, piensa en él como su amigo personal. Y si tiene planeado regalarte una gracia, un carisma que te hará vivir tu vida a pleno y transformarte en una persona útil para los demás, en alguien que deje una huella en la historia, será seguramente algo que te alegrará en lo más íntimo y te entusiasmará más que ninguna otra cosa en este mundo. No porque lo que te vaya a dar sea un carisma extraordinario o raro, sino porque será justo a tu medida, a la medida de tu vida entera.” Christus Vivit 288. Hay qué animarse y jugársela por los sueños de Dios.

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Leonela Itatí Moreyra es docente de Educación Especial.

“Trabajo como maestra integradora acompañando a 2 niños en su proceso de integración escolar. Desde que era muy pequeña me interesó todo lo relacionado a discapacidad, por eso a los 11 años comencé a hacer cursos de lengua de señas para poder comunicarme con las personas sordas e hipoacúsicas”.

Leo es hija única y vive con sus padres, abuela y un primo.

“En la escuela todo es un aprendizaje mutuo, cada día aprendo algo nuevo de mis alumnos y sus compañeros, sobre todo porque Jesús se encarga de hacerse presente en ellos, me demuestra cuan amada soy por él y va moldeando mis actitudes, pensamientos y sobre todo mi corazón. Me revela su pedagogía y me enseña a estar, escuchar, acompañar y sobre todo a amar como él ama, de manera desinteresa, sin prejuicios”.

Un movimiento, un refugio

Puntos Corazón es un movimiento misionero católico que ofrece a los jóvenes una misión de 1 o 2 años al servicio de los que más sufren. La obra posee casas en 26 países de cuatro continentes que quieren ser pequeños hogares, simples refugios de amor y ternura donde cada niño pueda ser amado, recibido, escuchado, respetado, en fin, mirado con una mirada que comunica el calor ardiente del amor.

Los jóvenes misioneros, buscan ser humildes servidores de todos aquellos que encuentran. Ellos ofrecen una simple presencia de amistad, que se expresa en la hospitalidad de sus casas, en la escucha, en el apoyo y la compañía ofrecida cotidianamente. En todo el mundo visitan además lugares fuera de sus barrios como cárceles, orfanatos, hospitales y geriátricos.

Diario UNO contó en sus páginas las historias de los nogoyaenses Charo Corrales y Juan Correa que misionaron en El Salvador e India, respectivamente. También acompañó el testimonio de Denise Ríos -también de Nogoyá- que misionó en una zona muy humilde de Lima, Perú. Destacó el apostolado de la paranaense Marianela Díaz en Valparaíso, Chile y la actualidad de Gisela Ascaíno que dejó Rosario del Tala para instalarse en los Barrios Altos de Lima.

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