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Diálogo abierto

Las falencias de la Educación Física y el valor de la imaginación

El profesor Pablo Pérez y la promoción del bádminton. Una experiencia de aprendizaje conjunto entre entrenador, deportistas y alumnos, ya generó importantes resultados en 2018.

Domingo 10 de Febrero de 2019

"No tenía ni idea de qué se trataba", admite el profesor Pablo Pérez sobre su situación cuando se le ofreció enseñar y promover la práctica del bádminton en Entre Ríos. El docente crítica la subestimación y falta de recursos para la Educación Física en el marco del sistema de enseñanza, aunque también apunta a la falta de responsabilidad e iniciativa por parte de muchos de sus pares.

La Floresta, aquella y esta
—¿Dónde naciste?
—En Rosario –en 1976– y al tiempito mi mamá se vino para acá.
—¿Hasta qué edad viviste allá?
—Hasta los seis meses. Tengo muchos familiares y estudié allá, así que siempre Rosario estuvo cerca.
—¿Cuál es tu barrio de la infancia?
—La Floresta, frente a la cancha de Sportivo (Urquiza), donde sigue mi mamá, así que todos los fines de semana voy.
—¿Cómo era por entonces?
—Espectacular, lindo, tranquilo, y con gente trabajadora y sacrificada que buscaba progresar. Añoro porque mis hijas no pueden disfrutar de lo que era –no obstante que digan que siempre fue un barrio complicado. Nunca nos pasó nada ni nos entraron a robar. Añoro muchas cosas que hoy como papá me da miedo respecto a mis hijas, como que vayan a comprar solas o salgan con sus amigos. Jugabas con los amigos todo el día a la pelota en la calle y no pasaba nada.
—¿Lugares de referencia y personajes?
—El bar de lo Silva, que todo el mundo conoce por su historia del árbol histórico en su patio –donde no se puede entrar, lo cual no se entiende–; el club –donde estábamos todo el día– y el frigorífico. Personaje, el grandioso Rich ––Ricardo, un hombre mayor con síndrome de Down– quien sigue activo, va a todos los partidos y se acuerda de todo.
—¿Había un límite que no podías trasponer?
—No, no, tenía muchos amigos de Humito, Las Flores, Volcadero y Mosconi. Andábamos hasta las cuatro de la mañana sin preocupación y jugábamos al metegol en el bar de Lucho. Éramos todos conocidos y no había problemas, salvo cuando venían algunos de afuera y querían hacerse los malos, aunque nunca pelee. Jugábamos al vóley, básquet, paddle y fútbol.
—¿Otros juegos?
—Cazábamos y hacíamos chozas porque era muy descampado. La vida pasaba en la calle.

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—¿Cuándo fue el punto de inflexión en términos de cambio social?
—Comencé a verlo hace diez o quince años, cuando se mudaron familias y llegaron otras, se intrusaron casas, muchos chicos se volcaron a la delincuencia y comenzó a haber mucha droga en los barrios circundantes. Hace dos semanas "bajé" al Volcadero –ya que hacía mucho que no lo hacía– y vi que hay lindas casas y edificaciones, aunque también muchachos drogándose en la calle.
—¿Modificaciones en lo urbanístico?
—El frigorífico está abandonado, en una época fue usurpado y desmantelado, y lo único que cambió es que se hizo un cerramiento perimetral. Se podrían hacer canchas de básquet, de tenis, de rugby, oficinas, dormitorios, un centro de alto rendimiento y contención comunitaria, con consultorios y otras dependencias. Sería algo espectacular y un cambio para la ciudad.
—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?
—Mi papá es de Rosario, tiene camión de reparto de verduras y mi mamá es mecánica dental.
—¿Sentías una vocación?
—Quería ser piloto de aviones, averigüé pero me pincharon el globo porque no tenía ningún conocido. Con dos amigos con quienes iba a estudiar Medicina y otro, nos fuimos a Rosario para estudiar Educación Física –y fui papá durante la carrera.

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Aprender desde cero
—¿Qué materias te gustaban de la secundaria?
—Comencé en el seminario, terminé cuarto año y fui al liceo, con orientación biológica, así que lo relacionado con células, músculos y articulaciones fue una pequeña base importante.
—¿Por qué estudiaste Educación Física?
—Por amigos, para ver qué pasaba pero me atrapó. Fui a Rosario porque en Santa Fe el examen de ingreso era más riguroso, mientras que allá entré sin saber hacer nada. Nadaba para no ahogarme, hacía el rol, despatarrado... Comencé haciendo un rol adelante, luego un yuste y terminé rindiendo rondo, flic flac y medialuna sin mano. Así con todas las materias, que aprendimos a enseñarlas.
—¿Te sorprendió adquirir esas habilidades?
—Sí, ni hablar, porque no sabía hacer nada, y el último año, en vez de caminar, andaba haciendo flic flac y tenía las muñecas inflamadas. Me atrapó tanto la gimnasia que cuando volvimos con mi ex esposa –quien estudiaba Kinesiología en Corrientes– fui a al Club Ciclista y armamos un grupo de gimnasia para adultos. Me metí más de lleno y me apasionó la gimnasia artística, en la cual fui entrenador y juez.

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Toxicidad futbolística y comodidad docente
—¿Qué enfoque general tenía la carrera?
—Aprender la didáctica y pedagogía me ayudó mucho, ya que cuando estaba delante de alguien "me tildaba", ni hablar si eran diez personas, porque era muy tímido. Terminé dando clases de natación en una escuela de Rosario, luego en otras tres, y formamos un club de hándbol en otra. Los chicos te devuelven un montón cuando le das algo desinteresadamente, y hoy lo mantengo con el bádminton. La carrera se enfoca en darles a los chicos un pantallazo de todo lo que pueden hacer, superar miedos y metas, que se vinculen y tratar de que todos seamos iguales. No es necesario ser Messi; el fútbol es muy cruel porque hay pibes que son unos fenómenos, se prueban, vuelven porque no les va bien y terminan dedicándose a cualquier cosa menos al deporte. No doy fútbol en Educación Física porque hay un montón de deportes alternativos para hacer.
—No suele ser la generalidad.
—El profe de Educación Física está mal visto porque su aula es el patio, que está entre medio de las aulas, entonces todas las profesoras tienen derecho y poder de opinar sobre lo que hace. Pero nadie puede opinar sobre lo que pasa en un aula –donde tal vez la profe está con el celular y los chicos se están tirando tizas.
—¿Hay subestimación?
—Muchas veces el mismo profesor de Educación Física es culpable. Hasta el año pasado estuve en la Dirección de Educación Física del Consejo de Educación y nos llegaban comentarios tales como que "el profe dirigía los partidos de fútbol desde el auto, haciendo guiños y cambio de luces". Sólo los hacen jugar a la pelota y a las chicas, las dejan que hablen o jueguen al vóley.

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Falta de recursos y alternativas
—¿Qué dificultades existen para gestionar políticas –cuando las hay– desde un ámbito como ése?
—Se busca que el profe tenga herramientas, pero hay déficit de infraestructura y materiales –lo que pasa siempre. Quiero dar sóftbol pero no tengo pelotas, bate, máscaras ni guantes, quiero dar vóley, no tengo inflador... Hay escuelas que dan clase en un campo arado. Es muy complicado abastecer de material a todas las escuelas. Hasta hace poco tiempo el presupuesto era $ 5.000 anuales por escuela. Con eso, comprás veinte pelotas truchas y te duran un mes. También se busca generar conciencia de que no es necesario tener material para, por ejemplo, dar bádminton. Cuando doy el curso, comenzamos con globos –más fácil de conseguir y entretenido para el chico– y con el profe de plástica construyen raquetas de cartón –según mis indicaciones. Se pueden fabricar un montón de objetos para la clase de Educación Física.
—¿Cómo considerás que es la articulación entre escuelas y clubes?
—Es difícil, complicada, porque hay que generarle necesidades a los dos. El gobierno subsidia a los clubes –gas y energía– y ¿qué devuelven los clubes a la comunidad? Podrían ceder un espacio como para que los chicos de la zona puedan hacer Educación Física. El año pasado, con la Escuela Paracao –próxima al club– se creó la necesidad. Mi hija hacía patín en el club, les quedó chico el espacio, a la profe le llamó la atención el salón espectacular de la escuela, hicieron gestiones, entonces el club pidió las instalaciones, no le cobra, pero los alumnos de la escuela pudieron hacer natación en el club. Este año va para lo mismo y es muy bueno porque le podemos dar un año completo de natación, gratis, a los chicos de la escuela. Igualmente hay varias instituciones que prestan sus instalaciones para las escuelas que no tienen donde hacer sus clases de Educación Física. Es cuestión de que el profesor de Educación Física se preocupe y averigüe en la Dirección de Deportes o de Educación Física.

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Un caso para imitar
—¿Hay algún lineamiento de estos eslabones con el deporte semiprofesional, profesional o de alta competencia?
—Con el bádminton arranqué de la siguiente forma: me propusieron del Comité Olímpico para dar ese deporte, aunque no tenía ni idea de qué se trataba. Hice un proyecto –como si se tratara para un club–, fui a la Escuela Paracao y los alumnos que querían practicar lo tenían como extra –además de la Educación Física. Armamos unas canchitas con cinta, la red era de vóley, comenzamos a pegarle a la pluma y les dije: "Aprendamos juntos". La promoción del Comité Olímpico tenía como finalidad los Juegos Olímpicos de la Juventud del año pasado, para que se conociera a nivel nacional. Nos anotamos en los Juegos Evita, fueron cinco gurises de la Escuela Paracao, un nene de Colón, aprendimos las reglas durante la competencia, jugamos por el tercer puesto contra Buenos Aires y ganamos. A los tres meses, nos avisaron que entrábamos en Buenos Aires 2018 –en doble femenino– y viajamos a Esquel, Córdoba y Buenos Aires, entrenando con los que sabían. Ahora soy entrenador internacional.
—¿Por qué te impactó este deporte?
—Es lindo. El año pasado competí en un par de torneos porque es apasionante y esas dos nenas siguen. Siempre me gusta generar cosas y trabajar en las instituciones.
—¿A qué responde la selección de los deportes en los profesorados de Educación Física?
—Los lineamientos vienen desde la Nación. Tuvimos cuatro años de natación y actualmente hacen un año. Se busca formar un profesor de patio, no tanto un entrenador ni orientado a determinada disciplina. El profesorado de Rosario no tenía deportes de raqueta, aunque en el del CAE hay una materia específica. Los privados toman sus propias decisiones aunque tomando aquellos lineamientos. Estoy en la Asociación de Participantes de la Academia Olímpica Argentina (Apaoa) y tratamos de proyectar el olimpismo en los profesorados, en cuanto filosofía de vida, y valores de excelencia, amistad y respeto, lo relacionado con la organización deportiva y el problema del doping, entre otras cuestiones.
—¿Qué tiempo de aprendizaje conlleva el bádminton?
—Depende de la historia deportiva de cada uno. A algunos le cuesta más porque nunca hicieron deportes y otros terminan jugando un partido en dos horas.
—¿Puede practicar alguien que nunca agarró una raqueta?
—Sí, mejor todavía, porque no tenés los vicios del tenis de mesa o del tenis. Me gusta sumarle cosas al entrenamiento, así que les recomiendo que además hagan otros deportes. En 2017 los llevé a hacer esgrima, porque le veo similitud, y ellos vinieron a hacer bádminton.

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Me gustaría sumar gente con distintas discapacidades
Entre los entrenados por el profesor Pérez se encuentra Ángel Ielpo –quien además integra la selección argentina de fútbol de talla baja–, un deportista a quien en la adolescencia se le diagnosticó acondroplasia. El entrenador se mostró entusiasmado por los importantes logros del deportista paranaense y abierto a incorporar a otros atletas con discapacidades.
—¿Cómo fue el proceso de formación de Ángel, tratándose de un atleta especial?
—Es muy difícil sumar gente al parabádminton. Él estaba en Córdoba con la selección de fútbol de talla baja, fueron al (estadio Mario) Kempes, donde está Sebastián Volgachán, les dijo que es un deporte que ingresará en Tokio 2020, volvieron a sus ciudades y se conectó conmigo. Vino, comenzó, tiene buena historia deportiva y no le fue difícil, además porque quiere sobresalir deportivamente. Hoy es número uno de Argentina y un tipo muy comprometido con el deporte.
—¿Es un entrenamiento diferenciado?
—No, lo trato como si midiera dos metros; juega contra mí y no lo hago a menos, al igual que los chicos. Eso hizo que en la competencia anduviera muy bien y esté rankeado 29º en el ámbito mundial. Me gustaría sumar gente con otras discapacidades pero es muy difícil encontrar. A un muchacho de Brasil le faltan las dos piernas y juega con sus dos prótesis.
—¿Edad ideal para iniciarse?
—A los 11 o 12 años, porque quieren jugar. Los chinos lo tienen como deporte primordial y comienzan a los 6 o 7 años, y trabajan el equilibrio y la postura. Obviamente, cuanto más tiempo lo hacés, mucho mejor salís. El entrenador español que nos dio el curso no contó que en España siempre perdían en los torneos europeos. Así que imitaron el sistema de las artes marciales: a los 6 años, sos grip de color blanco, cuando dominás el golpe en la red y de mitad de cancha, pasás a grip amarillo, cuando tenés golpe de arriba, ataque, drop y lop, verde... y así hasta grip negro, con lo cual prácticamente no se preocupaban por la competencia sino por ir dominando los distintos niveles. Carolina Marín, una chica que fue grip negro antes de los doce años, hoy es campeona del mundo y olímpica. Es un sistema que se puede adaptar a cualquier deporte.
—¿Contactos para quienes deseen comenzar a practicar?
—Que hablen al club (Echagüe), a la Escuela Paracao, por Instagram o Facebook –Bádminton Entre Ríos– o a mi teléfono –154468085.

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