Psicología
Lunes 02 de Julio de 2018

La verdad de las Relaciones

Entenderlas para convivir mejor con nosotros mismos y los que nos rodean

Ingrid William/especial para UNO
El problema del hombre siempre es relacional, relacionarse con Dios o con alguna otra sacra divinidad, con una pareja, con los otros en general, con dimensiones interiores propias, con situaciones externas, miedos, angustias, sentimientos, todo se concentra sobre lo fundamental que es saber relacionarse "a" (algo, cosa) o "con" (alguien). Es por esto que la Relación debe ser un tema central a tener en cuenta en nuestras vidas

¿Cuál es la verdad y qué es el conocimiento en el ámbito psicológico?

Para entender estos conceptos partiremos desde Carl Gustav Jung (psicólogo) que cuando habla de conocimiento lo entiende como una situación relacional entre nosotros y el mundo que se impregna del mismo sentimiento que en las relaciones nos mueve hacia los otros. Para Jung la tensión erótica que se apoya en los sentimientos y la tensión que produce el conocimiento se producen de la misma forma.
Podemos deducir que no existe una verdad absoluta por conocer, sino una serie de verdades relativas y subjetivas que dependerán de la perspectiva con la cual el sujeto mira al mundo y desde el contexto desde donde se encuentra inserto.
Una verdad es absoluta cuando está desligada, privada de una relación. Como dice nuestro papa Francisco: "la verdad según la fe cristiana es el amor de Dios hacia nosotros a través de Jesús". Entonces la verdad, inclusive en el caso de la religión, sucede al interno de una relación y por este motivo no es absoluta, es relacional.

La relación es un reflejo

La Psicología explica que cada vez que construimos una relación con los otros, creamos una imagen de la otra persona según nuestra forma de ser, pensar, sentir. Cuando nos relacionamos con alguien es como si nos estuviéramos relacionado con nosotros mismos, es un instrumento que nos permite distinguir, entender aquello que sin un "otro" no hubiéramos visto antes. Por esto, en cada nueva relación en la cual invertimos nuestro tiempo, energía, pensamientos y emociones es como si nosotros en realidad conversáramos con nosotros mismos y por esto es de vital importancia conocerse mejor, para también poder relacionarnos mejor con los demás.
La relación entre los seres humanos es como el aire que se respira sin que nos demos cuenta y que es necesario para vivir.

¿Cuál es la finalidad, qué es una relación?

Una relación intenta, prueba representar la vida, porque no somos seres que solo nos saciamos con nuestros propios pensamientos, es lo que vuelve al hombre completo. Es un continuo reclamo, es una llamada, un mensaje que nos habla y necesita ser escuchado aunque su voz puede llegar muchas veces a destruir lo que imaginábamos. Es por esta razón que el "otro" puede al mismo tiempo coronarnos o crucificarnos, puede hacernos florecer y crecer o herirnos y matarnos moviendo todas nuestras raíces que nos han dado certezas hasta ese encuentro.
Son las relaciones que tenemos a trabajar/elaborar nuestra pasta hasta que no intentamos ceder de alguna forma hasta que podamos conocer los secretos que esconde nuestro corazón. No podemos, por lo tanto, buscar en una relación únicamente la paz y el placer.

¿Cómo gestionamos entonces los vínculos?

Necesitamos aprender a "disolvernos", a dejarnos fluir, a "meternos" con el "otro". A ser influenciados, persuadidos, arrastrados como un curso de agua que está en continuo movimiento. También encontramos el dolor cuando nos relacionamos, que termina por romper el molde en el cual estamos habituados a encerrarnos para protegernos y mantener nuestro conocimiento al seguro, a la espera de que un día decidamos de abrir nuestro corazón. Un dolor que elegimos inconscientemente para aprender a madurar y evolucionar.

¿Qué hace una relación?

Nos hace de puente entre nosotros y el abismo que hay dentro de nosotros al cual podemos acceder a través del contacto con otros. Es lo que nos permite poder ir hacia nuestro propio infierno del cual resurgimos gracias a la presencia de los que nos rodean, que nos generan confianza, que después de haber tocado fondo en nuestro propio abismo nos sabe tirar afuera.


Referencias de algunos autores
Marcel Proust (escritor francés) nos dice que la relación es un afondar, un ahogarse, un hundirse, un dejarse disolver. El hombre no puede huir de sí mismo y no conocemos a los otros sino junto a los otros.
Cuando estamos involucrados en una relación significativa el sentimiento que probamos se irradia verso, hacia la persona amada para después retornar hacia nosotros, pero no lo reconocemos como proveniente de nosotros mismos.
Freud (psicólogo) sobre este argumento nos habla de idealización y nos explica que la idealización es la tendencia que falsea el juicio, como sucede en el caso de la infatuación amorosa donde el "yo" se transforma y se vuelve menos exigente, más humilde, mientras que el "objeto" (la otra persona) se vuelve más magnífico, más precioso hasta llegar a apoderarse de todo el amor que el "Yo" tiene de sí mismo. De modo que la consecuencia natural sea el alto precio que termina pagando el sacrificio del "Yo", el "otro" culmina devorado el "yo". Y este autor hasta nos llega a aclarar que entre el espíritu amoroso y la hipnosis no existen diferencias porque los puntos de semejanza son evidentes: la misma sumisión, abandono, renuncia a cualquier iniciativa personal y falta de sentido crítico hacia la persona.
Lacan (psicólogo), hablando de relaciones, es una paradoja cuando nos dice que no hay una teoría de las relaciones afectivas que esté dotada de sentido, que tenga una coherencia lógica, que no se termine fundiendo con el amor por uno mismo, lo que nosotros llamamos egoísmo. Amor sería donar aquello que no se tiene a algún otro que no lo quiere. Lo que caracterizaría al amante es aquello que le está faltando y entonces, en realidad, no sabe qué cosa le falta y es por esto que en la relación siempre existe una dimensión inconsciente que reacciona. Lo que esconde el corazón de los hombres es una especie de falta que se termina convirtiendo en deseo.

Una necesidad existencial
Amamos para defendernos del vacío de la existencia. Es la nada que nos rodea que termina sufriendo la presencia del Eros (impulso, búsqueda del placer), en otras palabras, de todo lo que vivimos el amor es lo "menos vacío". El eros concentra una conjunción de vida y de muerte, constituyendo una irrupción de intensidad en el vacío, como un arma contra la decadencia humana. Toda nuestra vida se convierte en una lucha para buscar de afirmar, aferrar lo que se nos tiende a escapar. Y para saber luchar debemos aprender a sentir sobre nuestras espaldas el peso de la ausencia del "otro", el vacío de la soledad.

Hay que aprender a relacionarse con ese sentido de vacío. Y es entonces que hay que detenerse a pensar en que cada relación mete en escena un mito, cuando de la totalidad perdida (que nos lleva a repensar nuestra existencia precoz o llamado "deseo de la completud" que es un modo de la psique de responder a la pérdida, al luto, al vacío, a la alienación) se busca en la relación una promesa de totalidad. Y gracias a esta promesa nace en nuestra mente una imagen del "otro" como experto de poder dar voz, palabras a lo que nosotros no podemos decir. La otra persona nos comunica algo que siempre habíamos sospechado de poder conocer y aferrar. La característica fundamental es la inmediata coparticipación del "otro". Nuestra inversión afectiva relacional nos impulsa coactivamente hacia una dirección, un cambio de fuerzas entre dos personas, algo que nos mueve, que nos promete de llenar, colmar ese sentido de vacío que nos ha acompañado hasta ese momento antes de conocerla. La experiencia profunda se alimenta de lo que sucede en nosotros porque el "otro" no puede ser clasificable, porque eso implicaría el conocimiento de la otra persona, y por ende de nosotros mismos. Durante todo lo que pueda llegar a durar el amor por otra persona, el tentativo de relacionarnos a esta persona llena de misterios y que nos causa fascinación, es en realidad el tentativo de hacerlo huir de lo que no nos es claro, seguimos enamorados hasta que el otro no pueda ser aferrado en nuestra dimensión interior. Nos moviliza a la búsqueda de nuestra verdad interior, buscando así la transparencia en este mundo, a través del otro. Y nos permite también entender mejor la realidad externa.

Juntos es mejor
La energía vital de la relación tiene que ser utilizada para llevar adelante con mayor energía y vigor la vida cotidiana, dejando espacio a una contaminada locura, traduciendo el misterio en experiencias compartidas comprensibles. Una actitud nueva con un otro que nos nutre de Eros, porque ningún encuentro se produce de manera casual, es como decir: "dentro de mí había un vacío que justo esa persona vino a colmar".

El objeto de amor más bello es aquel que no se puede terminar de definir. Que nos ayuda a seguir indagando, para poder vivir en el mundo y verlo desde un perspectiva diferente.

Comentarios