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Revista Tuya

La socióloga Florencia Guzmán y su estadía en Seúl

El estudio no sólo a través de la universidad sino también desde el contacto diario con el ciudadano común.

Miércoles 18 de Diciembre de 2019

“Cuando la mirás de lejos, la cultura coreana es muy distinta a la nuestra, pero cuando estás acá y un compañero de clases te trae una caja enorme con mandarinas de la isla de Jeju; el olor y el sabor es el mismo a la siesta con mi hermana sentada en la medianera y tirándole las cáscaras recién peladas al patio de la vecina”, con esa simpleza María Florencia Guzmán resume la cercanía entre dos sociedades, la coreana donde reside actualmente y la entrerriana, donde se crió.

Nació en Buenos Aires, a los tres meses ya estaba en Concepción del Uruguay con su mamá y los abuelos; pero creció y vivió hasta que terminó el secundario en Gualeguaychú. A los 18 años volvió a Buenos Aires con sus hermanos para estudiar Sociología en la UBA. A los 25 años se mudó a La Plata para estudiar periodismo pero no terminó. Comenzó a desandar su carrera de socióloga pero una oportunidad como becaria le permitió viajar a Corea, donde hoy reside desde hace un año y donde aún tiene dos años más por delante para seguir construyendo su conocimiento.

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¿Qué similitudes encontrás de la idiosincracia entrerriana en la Corea que te toca conocer?

—Es muy importante que menciones que a mí me toca conocer. Porque hablando con otro becario o becaria vive y transita esta experiencia de una manera distinta; simplemente van a contarte otra historia. En otras palabras esta es mi opinión; no intenta ser una generalización sobre la sociedad coreana. Aunque yo me dedico a escribir generalizaciones sobre la sociedad como modo de vida eso está en construcción y esto son impresiones que intentarán no ser estereotipadas. Lo que me parece más cercana a la idiosincrasia entrerriana la centralidad en la educación y la familia como construcción de identidad pero de una manera un tanto más opresiva en Corea. En nosotros nuestros abuelos son el lugar desde donde construimos nuestra identidad pero no nos sentimos determinados por ellos. Las personas jóvenes en Corea se sienten realmente ahogadas por intentar cumplir lo que sus mayores esperan de ellos y sobre todos sus padres tienen poder de decisión muy fuerte sobre cuestiones personales incluso si sus hijos pasaron los 30. Pero me concentraré en las cosas que he vivido en primera mano; por ejemplo las adjumas (mujer casada o en edad de casarse) son adorables, me complementan los rulos (no creen que no es permanente), me regalan comida (torta de arroz por lo general) y se despiden con abrazo (aunque se supone que a los coreanos nos les gusta el contacto físico). Lo mismo para la educación el esfuerzo por mandar a los gurises a estudiar, se valora muchísimo la educación formal pero se sabe que no es la única estrategia válida. En cambio acá la presión y el esfuerzo por el ingreso a la universidad son aplastantes como si te cayeras de la sociedad. La pasión por el fútbol y el amor por Messi. Me encontré un fin de semana en una parrillada escuchando como todos debatían sobre Messi en la selección; yo era la única argentina y era a la que el tema menos le interesaba, solo me reía por dentro de la ironía. Hay cosas que son parecidas pero como en espejo a la inversa. La importancia de la estética: nosotros nos encanta tomar sol y estar bronceados, acá cuanto más te protejas la piel mejor, como usar guates y paraguas en verano; nosotros con la planchita y alisado brasilero al por mayor; acá buclera, permanente, ruleros incluso en la calle. Obsesión con la delgadez y dietas tanto allá como acá. La importancia de los abuelos en la familia y en la identidad. Aunque acá hay mandatos más fuertes y obediencia a tu sénior, que todos mis amigos coreanos se quejan ya sea los de 20 o los de 50.

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¿A qué te costó adaptarte allí?

—A todo y a nada depende el día. Hay cosas a las que me acostumbré y ya no me doy cuenta. Hablando con una porteña de visita en Seúl le pregunté si realmente le parecía tan diferente, tanto más grande, con tantas mas luces y moderno. Porque yo no lo siento inmenso o más inmenso que Buenos Aires y me dijo que sí, que seguramente a mi me había quedado una impresión de Buenos Aires de niña de provincia. Siempre voy a ser una gurisa en Capital. Incluso de lo que más me quejaba en Capital era que no teníamos cielo. Acá vivo en un campus que está en la montaña, entonces recuperé el cielo y los árboles. Pero el idioma sigue siendo la barrera más grande. Podés perfectamente vivir hablando inglés sobre todo en Seúl. Pero no quiero, hay muchas cosas que te perdés, cosas que son fundamentales para mí como socióloga y como persona. No me costó comer con palitos, la comida picante, o la comida en general. No me parece tan distinto. Tal vez a ellos les costó más adaptarse a mi personalidad que yo a la de ellos, por ejemplo cuando hablo en coreano y como expreso lo que quiero decir es de una manera muy directa y me explican que en coreano suena muy fuerte, que no es el estilo coreano. Pero toman una botella de soju y ventilan todo.

Cuando empezaste a estudiar la carrera universitaria en Buenos Aires ¿Cuál era tu objetivo?

—Cuando me fui a vivir a Capital lo que más quería era autonomía, independizarme de mi familia. Yo ya trabajaba en el secundario, cosas chiquitas. Esa transición a la adultez donde empezaba mi propia vida. Trabajar, estudiar y estaba en pareja. Mi objetivo era convertirme en una profesional y poder ganarme la vida así.

Estudias en la Kookmin University. ¿Cómo describirías a los universitarios coreanos respecto de los argentinos?

—Soy completamente imparcial amo a la UBA (Universidad de Buenos Aires) y a Sociales. Para mi es la mejor universidad del mundo (obviamente sin conocer el resto). Kookmin es completamente lo opuesto, es una universidad chica, privada que tiene todas sus facultades en un solo campus en la montaña. Adentro del campus no se permite alcohol y en las residencias hay límite de horario para entrar y salir. Yo almuerzo con mis amigas en la cafetería porque es cómodo y barato. Paso la mayor parte de mi tiempo en la biblioteca o en la oficina del departamento de sociología para los estudiantes de maestría. Curso tres veces por semana y una vez por semana tomo clases de coreano por afuera de la universidad. Acá hay muchos clubes de actividades de todo tipo. El año pasado participé del club de taekwondo y este año me anoté a uno de intercambio de lenguaje.

¿Cómo es el trato al extranjero que se perfecciona allí?

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—A mí me tratan muy bien, desde el primer día que nos fueron a buscar al aeropuerto, durante el primer año en la escuela de idioma, y ahora en Kookmin; me siento contenida y respetada. Tanto los docentes como mis compañeros coreanos han sido de mucha ayuda y amables. Compartimos cenas, almuerzos, me han invitado a sus hogares. No tengo más que palabras de agradecimiento de cómo me han recibido y tratado en Corea durante este año y medio. Tenemos maneras de ser completamente opuestas pero la hospitalidad es un rasgo que compartimos. Todo lo que puedo contar es mi opinión y mi experiencia personal que no refleja ni la experiencia toda la experiencia extranjera acá ni siquiera la argentina. Los que tienen más presión acá no son los universitarios sino los estudiantes secundarios para pasar los exámenes que les permitan aplicar a las universidades más prestigiosas. En mi caso particular en la carrera de sociología de esta universidad la encuentro parecida a mi experiencia en la carrera de sociología de la UBA por la interdisciplinariedad; de echo soy la única que viene de sociología, todos mis compañeros se graduaron de otra cosa, curso con químicos, ingenieros de software, economía historia, biología. La burocracia es flexible y todo es un acuerdo desde el horario que empieza una materia, el plan de estudio. Algo que me chocó fue cuando varios compañeros de otros países de Asia me aconsejaron que no diga que soy becaria porque los coreanos me podían tratar mal. No me pasó, siempre que me presento digo que soy becaria de Argentina y se muestran muy interesados, para la mayoría soy la primera argentina que se cruzan en su vida. La mayoría quiere aprender español pero les parece muy difícil.

¿Qué sabías de Corea antes de viajar e instalarte por tres años?

—Cuando apliqué a la beca sabía muy poco, después empecé a investigar más, incluso fui a Una Canción Coreana (restaurante tradicional ubicado en Flores, Buenos Aires) para probar la comida. Aprendí el alfabeto antes de llegar pero me arrepiento de no haber invertido en clases de idioma durante esos meses de preparación. Antes de venir a Corea les dediqué mucho tiempo a mi familia y amigos; porque sabía que era difícil volver en el corto plazo y fue lo mejor que pude haber hecho.

¿Qué es lo que más se extraña de Argentina? Más allá de la familia y los amigos.

—Lo que más extraño de mi provincia es el río y la vida que hay alrededor del río en cualquier época del año.

¿Qué posibilidades te abre el Máster de Sociología que estás realizando?

—Estar acá fue algo que nunca pensé. Mi idea es volver a la Argentina pero lo más importante es mi carrera, así que seguiré por los caminos que me lleve. Ahora estoy trabajando sobre inmigración en Corea del Sur, la posible transición de una sociedad étnicamente homogénea a una multicultural. Mi vida es leer mucho y diseñar encuestas. Mi primo filósofo siempre me cargaba que los sociólogos sólo hacemos encuestas y algo de razón tenía. Igualmente a mi me encanta.

¿Dónde vivís? ¿Compartís con otros estudiantes argentinos o de otras nacionalidades?

—Vivo en la residencia de la universidad, somos cuatro chicas en un cuarto: Shopom de Lahos, Metti de Etiopía y Blindi de Mongolia. No tengo otros estudiantes argentinos en Kookmin. Estoy todo el tiempo en contacto con personas de los más diversos lugares, religiones y culturas. Con la otra becaria argentina nos vemos poquito pero seguimos en contacto. Comparto un grupo de chat con coreanas argentinas.

¿Cómo es el día a día en Seúl? ¿Cómo es un día tuyo?

—Mi rutina es poco interesante, curso tres veces por semana y me paso la mayor parte del tiempo en la biblioteca o en la oficina de mi departamento. Las clases son en coreano y el material esta en inglés así que la mayor parte del tiempo estoy preparando vocabulario específico. Almuerzo con mis amigas en el comedor de la facultad de Derecho, porque es el más rico y barato. También una vez por semana voy específicamente a clases de conversación, porque acá cuando te ven extranjera te hablan en inglés o incluso en español. Ya no viajo tanto como el primer año, donde a cada actividad de experiencia cultural que había yo me anotaba. Los fines de semana recorro Seúl y estoy tratando de aprender a pasar tiempo sola por primera vez en mi vida.

De cómo se gestó el contacto

La entrevista de Florencia con Diario UNO surgió a partir de una nota titulada “Corea hoy: huellas argentinas en el país que sólo quiere ser futuro” que publicó el diario Clarín. Allí, Flor contó quería ser parte del INDEC, investigar, pero no salió. "El año antes de venirme había surgido la posibilidad del trabajo de mis sueños: volver a Entre Ríos y entrar en la parte de estadística de la provincia. Viajé, tuve entrevistas durante seis meses, se iba a dar. Pero en ese momento, el Estado decide reducir la planta". Ella trabajaba en una multinacional pero no era feliz.

¿Qué le dirías a una profesional joven que cómo vos no estaba satisfecha con el trabajo que realizaba?

—No hay que tener miedo de cambiar de camino, yo puse mucho trabajo en proyectos que no prosperaron y seguí andando como todo el mundo. Incluso cuando esto se termine armaré algo nuevo. Yo creo que el rebusque y la creatividad es muy argentino. El sentimiento de incertidumbre es global.

FlorxFlor

Florencia está por cumplir 31 años. Es le hija del medio de Silvia y Juan y la hermana de Emilia y Macarena.

¿Llevaste un poco de carnaval a Corea?

—El carnaval se lleva en la sangre, en la manera de bailar y cantar; aunque hubiese querido dejarlo no hubiese podido. Siempre trato de compartir cosas de mi ciudad mostrando videos y fotos. Por lo general me piden que les enseñe a bailar.

¿Qué dejaste atrás?

—Mi familia. Estuve en pareja 11 años y terminamos al poco tiempo que llegue acá. Compartíamos un hogar en La Plata. Yo tenía mi trabajo en una empresa y además daba clases en un secundario nocturno. La Escuela República de Chile en La Plata, los estudiantes, los directivos y mis compañeros docentes fue una hermosa experiencia. De alguna manera también la política, dejé todo tipo de activismo, un poco porque la beca así lo requiere y otro poco para tener un respiro y desarrollar otras partes de mi vida.

¿Un lugar en el mundo?

—El patio de la casa de mi mamá en Navidad, y acá Busan.

¿Qué rol ocupan las redes sociales y la tecnología en tu día a día?

—Es lo primero que miro cuando me despierto y lo último antes de irme a dormir. Me gustaría cambiarlo.

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