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Diálogo Abierto

"La razón, los miedos y los dogmas no te dejan explotar la intuición"

El Tarot, vía de conocimiento permanente. El coaching y la conciencia en torno a las fortalezas y debilidades en el deporte.

Martes 23 de Abril de 2019

Practica una tradición mística cuyo origen todavía permanece incierto, aunque su atracción continúa vigente en la era cibernética y es consultado permanentemente por infinidad de personas. A la vez trabaja con un conjunto de herramientas para optimizar los procesos de entrenamiento y competencia deportiva, en su faz de coach especializada en dicha materia –una actividad totalmente incipiente en la región. Nadia Freyre explica su relación con las cartas y sus arcanos, y cómo potenciar el rendimiento a la hora de la preparación y la competencia.


Bruja, hechizos y ventas

—¿Dónde naciste?
—Cerca de Las Tunas, por ahí vivían mis padres cuando nací.
—¿Hasta cuándo?
—Cuando tenía 1 año nos mudamos a la casa de mis abuelos –en Garrigó y Santo Domínguez–, durante dos años y luego mi vieja compró su casa y nos mudamos, pero me gustaba más lo de mi abuela, así que me quedaba.
—¿Cómo era esa zona?
—Muy linda y tranquila; se fue poblando de a poco. Estaba la puerta de la casa, la vereda y un espacio verde, con un árbol grande en cada casa. Había muchos chicos y gente joven.
—¿Qué veías al salir de tu casa?
—Enfrente había casas, pero en la esquina no.
—¿Había un límite que no podías trasponer?
—Podíamos dar la vuelta a la manzana y no pasarme más de la cuadra.
—¿Lugares de referencia?
—La iglesia Santa Ana, Plastilux y el kiosco de don Bracco.
—¿La actividad laboral de tus padres?
—Mi viejo se separó cuando yo tenía 1 año, se mudó a Buenos Aires y no lo vi más, muy poco, mi vieja trabajó en ventas y luego entró al Aeropuerto –donde trabajaba mi abuelo.
—¿A qué jugabas?
—Al elástico, con la vecina a vender y tener un negocio, armar la casita, a las peleas de los Power Ranger, a ser bruja y hacer hechizos, y también me gustaba estar sola.
—¿Leías?
—No, aunque sí me gustaba ver libros con dibujos e imágenes.
—¿Sentías una vocación?
—Quería ser vendedora, tener un kiosco o tienda.
—¿Qué materias te gustaban?
—Historia y Educación Física.
—¿Desarrollaste alguna afición o disciplina?
—No, nunca me mandaron a nada, solo fui a dibujo varios años –con mi tía– y hacía deportes en la escuela, o con mis primos. En la Secundaria –además de Educación Física– tenía Deportes, y practiqué básquet, sóftbol y vóley.


Tarot, mensajes y conexión

—¿Qué hiciste al terminar?
—Comencé a estudiar Criminalística, hice el propedéutico pero no me gustó, dejé, estudié Tarot y también hice unos talleres en la Escuela de Artes Visuales –porque me gustaba dibujar.
—¿Algún libro que te resultó importante en esta etapa?
—Sí, estaba atravesando una situación y mi maestra de Tarot me recomendó leer El alquimista –de Paulo Cohelo–, lo hice en dos días y me voló la cabeza.
—¿Y luego?
—En aquella época consultaba revistas esotéricas y miraba el Canal Infinito –que estaba muy bueno. No había mucho material accesible. Hoy, mis libros de cabecera son La Biblia del Tarot (Sarah Bartlett) y El espejo de la vida (Mario Montano) –los clásicos del (Tarot) Rider Waite. Son bastante completos.
—¿Cuál fue la primera referencia que tuviste de esta mancia?
—No recuerdo, pero siempre me gustaron las cartas; veía alguna tarotista en la tele o en alguna feria... hasta que la encontré a mi maestra en la Feria de Artesanos, vi las cartas, le pregunté y comencé a estudiar.
—¿Habías consultado?
—No, nunca, aunque lo estudiaba como autodidacta desde los 14 años, pero no tenía cartas. Compraba revistas esotéricas.
—¿Hay antecedentes de esta práctica en tu familia?
—(Risas). No, que conozca, nadie.
—¿Qué comentarios recibías?
—Siempre fui medio rara y diferente en la familia ya que me gustaban otras cosas. A mi abuela le costó un poco entenderme porque es ortodoxa, muy católica y vivía con ella. Mi vieja no sé si estaba muy convencida pero hice siempre lo que quise, tenía libertad.
—¿Qué entendiste por entonces?
—Que es un conocimiento de la Humanidad y que los arcanos con sus imágenes son mensajes ocultos con los cuales cualquiera puede conectarse. Hay gente que estudiamos las cartas y otros que las leen sin haber estudiado, así que cualquier persona que se conecta con su interior lo puede hacer. Me llamaba la atención eso y que el simbolismo pudiera servir como guía.
—¿Allí descubriste tu capacidad perceptiva?
—Sí, con las cartas y todo lo que era el ocultismo, tales como las mancias y la simbología. Creo que mi primera conexión fue con el fuego –cuando era niña– porque prendía una vela y jugaba a controlar la llama.
—¿Lo compartías o comentabas?
—No (risas), aunque para mí era natural. Me gustaba jugar y estar sola.
—¿Qué más practicaste?
—Con lo que más me conecto es con las cartas, y me interesan las runas y el péndulo.

Un arcano y la transformación

—¿Te identificaste con alguno de los arcanos mayores?
—Sí (risas), con el de la muerte –el número 13.
—¿Qué encontraste?
—Es el cambio, la transformación, dejar lo que ya no te sirve, como cuando la serpiente cambia de piel –que es doloroso, personal y lleva su tiempo. Ese cambio hace que puedas desarrollarte y crecer.
—¿Te sirvió para los momentos complicados que atravesaste?
—Sí; en realidad vivo el arcano 13 constantemente, porque soy de cambios constantes y no me quedo en una forma.
—¿Cómo lo resignificaste al estudiar formalmente?
—Lo sigo resignificando y profundizando, al igual que a todos los arcanos, porque es un camino en el cual no se deja de aprender. Siempre le das una octava, otro nivel, otra profundidad.
—¿Consultabas frecuentemente?
—Sí, las cartas, permanentemente están conmigo.
—¿Te identificaste con alguno de los arcanos menores?
—Los menores son más cotidianos; me identifico con la Reina de bastos.
—¿Qué cosmovisión formaste al estudiarlo sistemáticamente?
—Es un camino, una guía y una herramienta. Es un camino porque desde el arcano 0 –El loco– representa nuestro espíritu y ser, y los demás son una estación y un aprendizaje que El loco va transitando. Cuando termina –en la última carta, que es El mundo–, vuelve a ser el 0, pero con todo lo aprendido anteriormente.
—Lo cíclico y circular del Universo.
—¡Claro, exactamente! Es como una espiral ascendente. También es una guía: no hago futurología sino consultar ante determinada situación cuando agotaste todas tus posibilidades y no sabés qué hacer. Las cartas te dan un consejo.
—¿La primera tirada que te hicieron?
—La de mi maestra, con tres cartas. Salió La muerte, quedó un poco... (risas), pero yo lo tomé muy naturalmente. No recuerdo las otras cartas ni tampoco lo que pregunté.
—¿La primera que hiciste?
—A una vecina amiga, con quien nos juntábamos todas las noches después de comer. Practicábamos y le interesaba mucho. Seguramente preguntó sobre el amor, porque vivía enamorada (risas).
—¿Potenciaste la capacidad perceptiva durante la formación?
—Se dio naturalmente y no fue algo que forcé, más cuando estudiaba las cartas. Cualquiera puede hacerlo y es cuestión de ponerse con algo que llame la atención, y tomarse un tiempo y espacio para conectar con ese elemento.
—¿Cuál es el factor que más atenta contra la intuición?
—La razón (risas), los miedos, los prejuicios, las doctrinas y los dogmas impuestos, porque te encierran y no te dejan explotar ese potencial.
—¿Cuándo comenzaste profesionalmente?
—Apenas me recibí comencé a trabajar con lecturas, dejé de hacerlo y me alejé de las cartas unos años, las retomé... Son procesos y momentos.
—¿Cuáles son los prejuicios que existen en torno al Tarot?
—Se lo relaciona con la brujería y a esta con lo diabólico, contrariamente a lo divino, agraciado y de Dios, lo cual es muy erróneo. Cada cual con lo suyo. He tenido gente que me ha hablado mal del Tarot o ha hecho mala cara cuando estaba con las cartas.
—¿Te ha impresionado una tirada por la información que ofrecía?
—No, pero con mucha gente a quien le he leído las cartas ha llegado un momento de mucha conexión con las cartas y la persona, cuando siento que verdaderamente es un servicio y encuentro las palabras –que luego olvido.
—¿Qué se consulta habitualmente?
—Lo laboral y monetario, lo amoroso, resolución de conflictos o soluciones, y también como herramienta de autoconocimiento ya que me han preguntado "qué tan malos eran sus demonios interiores" –la cual nunca me habían hecho. Esa pregunta me impactó. Las cartas siempre dan una respuesta.
—¿Trabajás con el Tarot marsellés?
—No va conmigo. Tengo uno que se llama Tarot de las diosas, cuyos arcanos mayores son diosas de diferentes culturas y épocas, incluso El emperador está representado por una diosa. La autora explica la selección y la ubica en cada arcano según su historia y energía de cada diosa.
—¿Cómo lo descubriste?
—Tenía que comprar un mazo para el curso, fui a una librería, lo vi y dije "este es mío". Es el primero que tuve. Sus dibujos son muy lindos.
—¿Te llevó a alguna otra disciplina o conocimiento?
—Vi algo de leer la borra del café –que también me enseñó mi maestra– y las mancias con el fuego y las manos, y el péndulo, fui autodidacta desde chica.


De la danza al kick boxing

—¿Competiste en algún deporte?
—Nunca. Cuando terminé la escuela comencé a estudiar danzas árabes para ser bailarina profesional, pero dejé.
—¿Cómo llegaste a las disciplinas de contacto?
—Hace dos años comencé con el kick boxing, gracias a eso a la musculación, y ahora también practico jiu jitsu.
—¿Pensabas ser bailarina?
—Sí, me imaginaba hacer una carrera, pero es la muerte, la transformación... dejo y sigo con otra cosa.
—¿El coaching deportivo tiene que ver con la práctica del kick boxing?
—Estudié Recursos humanos y vi algo de coaching, aunque era lo que menos me interesaba. Alguien publicó lo de Coaching deportivo, averigüé y estudié un diplomado en Rosario. Fue muy movilizador, porque me lo planteé como profesión. La escuela de Rosario –ECID– comenzó a dictarlo acá y este año inicié la carrera de Coaching ontológico profesional.
—¿Qué modificaste en tu entrenamiento con esta visión?
—El compromiso, porque venía al gimnasio y hacía lo que tenía ganas, sin una rutina ni disciplina. Tomé mi entrenamiento más en serio, planteé metas y objetivos, y me animé a cargar más peso –en cuanto a la musculación.


Una guía para la conciencia y las metas

—¿Cómo reordenaste cada uno de los factores de la preparación?
—Les di un orden en función de una dirección, no hacer por hacer, usando el tiempo y la energía de una manera sabia para conseguir lo propuesto.
—¿Ese es el objetivo general del Coaching deportivo?
—Sí; posibilita ser consciente del punto donde estoy ahora –con mis capacidades, recursos falencias, creencias limitantes y debilidades– y de a dónde quiero llegar, realmente, mi objetivo. Luego, trazar una meta. El coach es un guía que no dice hacé esto así o esto es lo que vos querés, sino que ayuda y asiste para que sea consciente de lo que tiene y no tiene, asistiendo en el proceso para llegar a ser la mejor versión de lo que se propone ser.
—¿Cuáles son los fundamentos básicos?
—El Coaching ontológico, la PNL (Programación Neurolingüística) y la Psicología deportiva.


Una actividad incipiente

—¿Cuál es el rol específico? Porque pareciera que puede haber superposiciones en un equipo.
—Abarca todo lo que la persona implica, va más allá de lo psicológico, técnico y físico, y conlleva la gestión de las emociones. Ayuda a la persona a que sea su mejor versión, más allá de una terapia psicológica.
—¿Es complicada su introducción en un grupo?
—Se torna difícil porque es algo relativamente nuevo, y en el ámbito amateur o semiprofesional cuesta más –y más en Paraná, por una cuestión de contexto propio. Aquí hay otra mentalidad, resistencias, no se conocen sus beneficios, y también hay resistencias de los propios deportistas. El coaching tiene la premisa de que no se puede aplicar en quien no lo desea y es parte natural del proceso que quien está siendo coacheado, en algún momento diga que no le sirve o no le ayuda.
—¿Las resistencias son por celos profesionales?
—Un técnico o el deportista se puede sentir invadido porque va entrenar y eso no implica la emocionalidad, lo humano, sus pensamientos o sus cuestiones personales, ya que el coach tiene que generar una relación de confianza. Se tiene que abrir como persona, no como deportista, y no es tan fácil.
—¿Lo emocional y mental está subvalorado en el deporte amateur o semiprofesional?
—Sí, está subvalorado. El entrenador ve que su deportista no está bien, no disfruta o no está al ciento por ciento, pero es un terreno en el cual no sabe cómo resolver y ayudar, y ahí entra en escena el coach (Ver recuadro).
—¿Cómo varía el abordaje en un deportista individual y un equipo?
—Me interesan deportistas individuales y deportes de contacto. En un deporte en equipo conlleva otras cuestiones, aunque de igual manera el deportista individual también tiene un equipo detrás –como el peleador que sube al ring.
—¿Se centra solo en los deportistas?
—Principalmente, pero también todos –preparador físico, técnico, etc– tienen que ir en una misma dirección.
—¿Hay puntos de contacto entre el Tarot y el coaching?
—Parece que no tienen nada que ver, pero apuntan a lo mismo: al momento de leer las cartas, lo aplico en la forma de comunicarme con la otra persona y saber con precisión lo que busca. Ambos son un servicio a la gente para asistirla, no como una caridad sino para que la persona por sí misma descubra sus capacidades y potencialidades, ya que tiene sus propias herramientas. A mí el coaching me modificó en la forma de ver el mundo, las otras personas, el tiempo y lo que quiero lograr.


"Cuando todo está óptimo, lo mental hace la diferencia"


Freyre analiza el papel del factor mental y emocional tanto en el entrenamiento como en la competencia deportiva, señala las limitantes en ese sentido y explica los alcances del trabajo del coach.
—¿Tenés una conclusión sobre cómo juega el factor mental y emocional en los deportes de contacto y artes marciales?
—Me parece que es especial, porque no me dan puntos por pegarle a una pelota –sin menospreciar–, pero una persona que sube a un ring, un tatami o una jaula tiene que pegarle a otra y recibir golpes. Y mientras recibís los golpes, ver su aspecto técnico y estratégico, para avanzar. Por eso me fascina lo que lleva a una persona a hacerlo.
—¿Cuál sería una ecuación óptima de factores en un peleador ideal?
—Hay una frase del coaching deportivo que dice "cuando la parte física, técnica, táctica y las demás están en su óptimo nivel, solamente la parte mental marca su diferencia". Un peleador en el ring sintiendo que su oponente le ganará, es más poderoso o que no podrá contra él, ya perdió antes de que toque la campana. Es decisivo.
—¿Por ejemplo?
—Conor MacGregor entraba a la jaula con la autoconfianza a mil y le dio muchas victorias.
—¿No puede ser también un riesgo?
—Sí, se excedió y fue cuando Khabib (Nurmagomedov) lo dominó (risas). Tiene que haber sido su peor humillación.
—¿Cómo se manejan esas fronteras?
—Hay un límite y siempre depende del deportista.
—¿Qué aporta en el entrenamiento?
—Un mayor disfrute al igual que durante la competencia; dar el máximo rendimiento, superarse a sí mismo, ser consciente de lo que es y tiene, y dónde quiere ir al tener claras sus metas propuestas.
—¿Cuáles son los factores más desequilibrantes de lo mental-emocional?
—Las creencias limitantes y pensamientos derrotistas, dados por prejuicios, falsas suposiciones, experiencias desagradables, traumas y cuestiones impuestas durante la niñez.
—¿Cómo se abordan esos bloqueos?
—El coaching propone muchas herramientas y ejercicios, dependiendo del caso y la persona. Por ejemplo, visualizaciones, meditaciones, escritura, etc.
—¿Qué es lo que más cuesta al iniciar un proceso de coaching?
—Hay que explicar los beneficios y la forma de trabajar, que no es lo tradicional. En el futuro será algo muy requerido no solo en lo deportivo sino en ámbitos como escuelas, empresas, familias y relaciones, etc.
—¿Hay un deportista o equipo con quien particularmente te gustaría o te hubiera gustado trabajar?
—(Risas) No sé... Mohamed Ali y Fedor Emelianenko –cuya actitud al momento de pararse frente a su oponente es impresionante.

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