Salud
Lunes 26 de Marzo de 2018

La enfermedad como fruto de las emociones y el desequilibrio iónico

La antigua utilización terapéutica de imanes y su desarrollo en las últimas décadas compilado en el Biomagnetismo

El Biomagnetismo consiste en la aplicación de imanes de una determinada polaridad –carga positiva o negativa– y de igual fuerza –Gauss– en puntos específicos del cuerpo humano, formando pares –par biomagnético– con el fin de restablecer el pH –proporción de hidrogenios– y, a través de ello, privar a los agentes biológicos patógenos de su medioambiente.

La biomagnetista Laura Pertus llegó al conocimiento de esta herramienta a través de la búsqueda de su propia curación, y a la par inició la formación y práctica, que hoy desarrolla en la capital provincial.

La avenida y "el campo"
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, en esta zona de avenida Ramírez y Pasteur, en 1975.
—¿Cómo era en la infancia?
—Hablábamos de que vivíamos en la zona sur y nos decían que era el campo, e incluso la avenida era solo como una ruta, sin el cantero al medio y todo lo que se hizo. Era una pasada para ir al campo hasta que se convirtió en una zona céntrica, ya que tenemos el Banco Entre Ríos en la esquina.
—¿Qué visión tenías en cuanto a dónde terminaba la ciudad?
—En las vías y a partir de ahí comenzaba el campo. Es increíble el cambio, en cuanto a cantidad de barrios y gente.
—¿Lugares atractivos o de referencia?
—El Club Palermo –donde remontábamos barriletes–, al cual los hermanos mayores nos llevaban en bicicleta. Era una época divina. Cuando había partidos, me ponían de arquera (risas). Recuerdo también a los perros del barrio.
—¿Otros juegos?
—Me gustaba mucho el ping pong y en Uruguay gané un campeonato. Uno de mis sueños es tener una mesa para jugar, cuando tenga una casa más grande. Amo la natación y tengo el sueño de nadar en el río. Recuerdo cómo se jugaba al carnaval, con las bombuchas y a baldazos.
—¿Travesuras?
—No era tan revoltosa; era bastante correcta pero a una amiga, Lorena –cuya mamá tenía una despensa– le gustaba tirar huevos a la gente (risas).
—Tenés que haber tirado alguno...
—¡No, ninguno, pero me moría de risa cómo la madre la corría a mi amiga, para pegarle!
—¿Personajes?
—No recuerdo; los personajes eran los animales porque me llamaban mucho la atención, por su compañerismo.
—¿Había un límite del lugar que no podías trasponer?
—No, porque siempre estaba acompañada por mis hermanos mayores y tenían en claro hasta dónde podían llevarme y a qué hora regresar. Había mucha tranquilidad por parte de los padres, si bien no había Whatsapp ni nada de eso. Sabían que estábamos en la casa de un vecino o en un club, y si nos demorábamos nos buscaban de una oreja –lo cual me pasó una vez, cuando era adolescente y jugando al flipper (risas)–.
—¿A partir de cuándo fue la gran transformación urbanística?
—La gran transformación fue de la avenida, con mayor y más rápido acceso a distintas partes de la ciudad. Otros cambios no he visto, salvo la expansión de la ciudad hacia todos los puntos. La gente dejó de decir que era el campo. Siempre vivimos muy bien; está cerca Obras Sanitarias, lo cual es muy bueno para tener agua siempre. No cambiaría el barrio por nada y he regresado luego de vivir en otros lados, incluso en Buenos Aires.
—¿Sentías una vocación?
—Cuando era chica le decía a mi mamá que quería estudiar Filosofía porque me gustaba indagar y saber el porqué de los por qué. Pero estaba muy metida con el modelaje y no me fue mal.
—¿Qué idea te hacías sobre esa ciencia?
—Había leído un par de cosas sobre que era la respuesta a los grandes interrogantes –que me sigo haciendo y tengo respuestas–.
—¿Qué materias te gustaban?
—Matemáticas, Biología e Historia, según cómo la contaban. Cualquier materia es linda si es contada con amor y pasión, con lo cual tiene que ver el maestro y el profesor. Tuve el privilegio de escucharla de esa forma a mi profesora de Historia en segundo año y me llevó a amar la materia.
—¿No dudaste en cuanto a continuar con el modelaje cuando terminaste la Secundaria?
—Tuve muchísimas dudas porque me gustaba el modelaje pero sabía que de eso no viviría, más que nada eras un hobby y quería encontrar mi verdadera misión.
—¿Por qué no estabas convencida de que podías hacer una larga carrera como modelo?
—No me sentía tan segura como ahora, que puedo hacer cualquier cosa como desfilar, hacer una producción de moda, producir, comunicar lo que sirve...

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Del "interior" en Buenos Aires
—¿A qué edad te fuiste?
—A partir de los 18 años, cuando terminé el Secundario; iba y venía porque una amiga me invitó a trabajar en ATC, donde estuve un tiempito, no me gustó y comencé a trabajar de extra de televisión y haciendo coprotagónicos –en novelas y otros programitas–, y en agencias de modelos.
—¿No pudiste integrarte?
—No, porque... la persona del interior es más sana y me costó mucho adaptarme. Había gente que me preguntaba por qué era tan buena, lo cual me parecía natural. Por ejemplo, estaba inscripta en una agencia de modelos y todas teníamos una lista de direcciones, la cual era difícil de conseguir y nadie quería dar esos datos. Para mí era totalmente normal ofrecerlos,como lo sigo haciendo con información, para que la gente se favorezca. Doy sin ningún límite y esa actitud en Buenos Aires mucha gente no la entendía. Fue una de las tantas cosas por la cuales no me integré.
—¿Cuánto tiempo estuviste?
—Desde los 18 hasta los 24 años.
—¿Otras diferencias comparado con el ambiente de las modelos de acá?
—Acá uno trabaja con mucha confianza y en un ambiente familiar, mientras que en Buenos Aires tenés que tener otro tipo de cuidados y los ojos bien abiertos. Acá estuve mucho tiempo desfilando para el señor Daniel Parcerisa, quien me ayudó mucho y pude cumplir el sueño de desfilar con modelos de Buenos Aires en Danhes y otros boliches. En Buenos Aires hice más televisión que modelaje.
—¿Tenías una modelo como referente?
—No... estaba muy conectada con la música y cuando subía a la pasarela y la escuchaba, moverme y mostrar la ropa era lo que me gustaba. Lo sentía muy fuerte, como tocar el cielo con las manos y era feliz. Recuerdo a Mariela Princich y le envío mi cariño, y de las famosas me encantaba Carolina Peleritti, porque es muy humilde, humana y amorosa, al igual que Déborah del Corral. Fui autodidacta y tuve capacidad para hacer mi estilo.
—¿Eras histriónica?
—Bastante desinhibida; me gusta el humor y payasear. Cuando tenés gracia es más fácil resolver cualquier problema.
—¿Lo más grato e ingrato que viviste en el ambiente?
—Lo más grato, la carrera, porque la viví a la par con mis compañeras de la escuela, conocí gente nueva y fue una experiencia enriquecedora que me sirvió para soltarme en lo que vino después. Lo más ingrato y desagradable, en Buenos Aires, porque no podés entregarte en confianza como en Paraná. Me pasaron cosas por las cuales dije "hasta acá llegué" y por eso me volví.
—¿Abusos?
—Sí, siempre estaban los señores de las agencias que te llamaban por teléfono, te invitaban a salir o te ofrecían algo para luego darte el trabajo, a lo cual no accedí. Sucedía tanto en los trabajos de modelo como de promotora. Se torna en algo incómodo para una chica de 18 años. Tuve la intención de crear una escuela en Paraná. Hay que entrenar a las chicas que se meten en el mundo del modelaje y la actuación para alertarlas de que se cuiden y de que todo no es como Paraná. Hay drogas y de todo, y no estaba acostumbrada a manejarme en ese mundo. Hoy se sabe pero no está de más advertir.
—¿Cuándo decidiste volver?
—Cuando tuve esas experiencias desagradables; me faltó ese aviso de hacer tal cosa frente a determinada situación. No estaba preparada.
—Pero habían transcurrido bastantes años y conocías las reglas de funcionamiento.
—Me sorprendió, por ejemplo, que me invitaban a una fiesta y corría la droga como si nada y la gente estaba tirada a tu lado fumando, a lo cual no estaba acostumbrada. Acá tampoco viví una noche muy ajetreada, sino salir a bailar de vez en cuando o hacer desfiles y volver relativamente temprano. Había muchas chicas y modelos conocidas que soportaban eso, pero yo no estaba dispuesta. Ese fue uno de los cortes porque me daba mucho miedo. Volví con bronca, porque quería cumplir mis sueños.

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El volver y la crisis
—¿Qué hiciste?
—Me tomé un año sabático y me junté con una amiga para patinar en roller, y así lo conocí a mi marido. Yo tenía mucha angustia, tuve depresión, ataques de pánico, me convertí en una experta en superarlo.
—¿Nunca tuviste esos problemas en Buenos Aires?
—Tuve una crisis antes de irme a Buenos Aires. Las crisis daban por una exagerada angustia al no saber lo que quería hacer en la vida.
—¿En lo económico también significó un gran cambio?
—No, más bien me mantenía –también con ayuda de mis padres–; no me sobraba el dinero. Mi energía no estaba preparada para poder avanzar en el terreno económico. Hacía cosas que me gustaban pero no tenía claridad a futuro. Quería vivir de algo que me gustara plenamente.
—¿Antes de descubrir el Biomagnetismo conociste o te formaste en otra disciplina afín?
—No, todo estaba relacionado con la moda. Fue un salto que se dio por descubrir qué era lo que me podía ayudar para salir de esos estados emocionales de angustia que me producían enfermedades físicas.
—¿Con qué lo asociabas?
—Con el no saber. Veía que un montón de compañeras de la escuela tenían en claro lo que querían hacer y lo estaban haciendo, y yo no. A los 42 años me doy cuenta que fui agresiva conmigo, porque tenía que darme tiempo. Fue un autodescubrimiento interior a partir del cual descubrí muchas cosas. Es el típico tocar fondo para descubrir el verdadero poder que se tiene.

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La Metafísica, una herramienta
—¿Qué o quién te ayudó?
—El estudio de la Metafísica.
—¿Cómo te aproximaste a esa parte de la Filosofía?
—Desde muy chica me incliné hacia lo religioso pero en la religión había cosas que no me cerraban. Me llamaba mucho la atención una frase de Jesús que dice "la verdad te hará libre" y "yo soy la verdad, el camino y la vida". Lo de la verdad te hará libre me hacía ruido, entonces le pregunté a Jesús en mi interior cuál era, a partir de lo cual comenzaron a llegarme libros de Metafísica, autoayuda y de autores como Enrique Barrios.
—¿Qué fue particularmente revelador?
—Comencé a leer mucho sobre seres extraterrestres y de otras dimensiones. También me gustó una frase que dice "por qué buscás afuera lo que tenés adentro". Até mucho cabos y comprendí que el único ser que crea realidad y mi vida, era yo en mi interior –pidiendo y decretando.
—¿Por qué fue el puente hacia el Biomagnetismo?
—Porque la Metafísica enseña el poder que tenés en tu interior, es una llave muy importante, uno de los caminos para encontrarte con tu verdadera esencia y salir de cualquier situación desfavorable.

Desequilibrio emocional y químico
—¿Por qué el Biomagnetismo y no otra terapia energética?
—Estaba enferma, no podía tomar remedios y el Biomagnetismo me ofrecía una cura alternativa de manera natural e inocua y sin efectos adversos. Quería limpiar mi cuerpo de patógenos que eran producto del desequilibrio emocional.
—Por una correspondencia entre lo emocional y lo neuroquímico.
—Sí; ahora se sabe que el desequilibrio del pH (concentración de iones Hidrógeno) conlleva un avance de microorganismos. Cada emoción que no es controlada debidamente lleva a un desequilibrio iónico.
—¿Por ejemplo?
—Una persona que vive con mucha culpa, le afecta a los pulmones, donde proliferan microorganismos que los enferman. Todos los microorganismos están relacionados con una emoción: tristeza, angustia, ira, rabia... todo lo que no se puede perdonar ni soltar.
—¿Te trataste con Biomagnetismo?
—Di con una página Web de Buenos Aires que se llama biomagnetismoeric.webnode.com.ar, hablé con el biomagnetista, le presenté mi caso, me dijo que fuera y fui –aunque ya me había atrapado ese conocimiento–. Me hice un par de sesiones y al mismo tiempo hice un curso con Eric (Esteve) quien fue muy buen profesor. Después continué estudiando porque se van encontrando nuevos pares magnéticos, así que hice un curso en Salta con José Cruz Casillas y otro con el maestro de Biomagnetismo de la empresa de imanes Distriman.
—¿Cuáles fueron los primeros resultados que observaste respecto a tu problema?
—Mejoré muchísimo, también acompañada con la práctica de la auto curación y el uso de la palabra. No solo me curé con los imanes sino que hice un esfuerzo consciente por un pensamiento positivo, lo cual es sumamente importante. Una persona enferma está mentalmente débil, entonces, primero, hay que fortalecerla en ese sentido, brindarle esperanza, acompañarla y sostenerla con amor.

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Acidez, alcalinidad y microorganismos
—¿Cuáles son los fundamentos de por qué operan terapéuticamente los imanes?
—Equilibran el pH del cuerpo. La persona se enferma por las emociones, el estrés, la alimentación, la falta de contacto con la Naturaleza y las radiaciones electromagnéticas, que desequilibran el pH, en vez de ser neutro, tirando hacia la alcalinidad, a un valor de 7,3, lo cual se ve en la orina, la saliva y la sangre. Perdemos nuestros ejes magnéticos entonces hay una tendencia hacia la acidez o la alcalinidad. Los imanes impactan en esos puntos y los equilibran: al que está demasiado ácido, lo alcaliniza, y al que está demasiado alcalino, lo acidifica un poco. Son distintas cargas en desequilibrio.
—¿Cuál es la herramienta de diagnóstico?
—La persona debiera hacerse análisis clínicos pero no es necesario porque mediante la postura de los imanes me doy cuenta cuán ácido o alcalino está el cuerpo. Si está ácido, está propenso a virus y hongos, y si está alcalino, a bacterias y parásitos. El imán capta el desequilibrio iónico –aumento de Hidrógeno o de Oxígeno– y en la persona hay un elongamiento o acortamiento de la pierna del paciente.
—¿En función de qué se aplican en determinados puntos o zonas?
—Tenemos un rastreo biomagnético punto por punto que lo preparó el doctor Goiz con su equipo. El primer caso que curó fue de sida, al encontrar los puntos en desequilibrio de la persona enferma. Los llamó Par timo-recto porque en el timo encontró que había bacterias y en el recto, virus. Con los imanes impactó y equilibró las cargas; se impacta en un punto alcalino e interiormente se junta con el otro punto en desequilibrio. Igualmente encontró un montón de pares en desequilibrio, los cuales tienen nombres que corresponden a puntos del cuerpo tales como cabeza, brazos, estómago, hígado, piernas, sistema reproductor, glandular, linfático, huesos, músculos... Se hace un rastreo por todo el cuerpo buscando acidez y alcalinidad, y cada par que se forma –que está en desequilibrio– corresponde a un microorganismo.
—¿Otro ejemplo?
—Si pongo un imán en la axila y hay un acortamiento de la pierna, estoy encontrando el virus de la rabia. Así que tengo que buscar el otro punto en desequilibrio. Siempre es así, hay pares que corresponden a microorganismos.
—¿La reacción siempre se produce en las piernas?
—Sí, es lo más común y fácil; es una respuesta inteligente del cuerpo que también se puede observar en los brazos. Eso indica si está o no el microorganismo. No siempre cuando hay una reacción hay un microorganismo, ya que puede ser sólo un desequilibrio iónico por estrés o emociones.
—¿Una vez detectado el punto durante cuánto tiempo se deja el imán allí?
—Para Argentina, por cada par biomagnético encontrado, hay que dejarlo 20 minutos. Se aplica sobre la ropa.
—¿Qué reacciones hay tras la aplicación?
—Son diversas, generalmente se produce mucho sueño y relajación. Yo sentí como que me había pasado un camión por encima, porque te ayuda a liberar toxinas y microorganismos, y el cuerpo hace un esfuerzo en ese sentido. Es muy recomendable tomar agua para ayudar a esa eliminación.

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Polo positivo, negativo y sus aplicaciones
El polo Sur –positivo– de los imanes es empleado para activar, impulsar y fortalecer los procesos biológicos del organismo, es dinamizador y vitalizante, y proporciona energía, por lo que se utiliza en casos de debilidades y desgarros musculares, fracturas de huesos y ligamentos, esguinces y cicatrización de heridas.
El polo Norte –negativo– tiene un efecto opuesto. Se destaca por tener propiedades relajantes anti estrés y anti ansiedad, detiene los procesos nocivos que influyen en el deterioro del organismo, por lo que es un excelente antioxidante celular y está indicado para calmar o suprimir el dolor, así como para combatir procesos inflamatorios en todos los órganos, huesos, músculos y articulaciones.
Cabe mencionar que en el 70% de los casos se utiliza el lado negativo sobre la piel, ya que la mayoría de los padecimientos son provocados por inflamación y dolor. Este exceso de energía en el órgano afectado se contrarresta cuando se pone ese lado negativo sobre la zona afectada ya que absorbe esta energía estancada y poco a poco la activa para restablecer la función normal. También el imán del lado negativo se utiliza para la hipertensión ya que equilibra la presión sanguínea.
En el otro 30% de los casos el órgano afectado se deteriora por una falta de energía y es por eso que es necesario activarlo con el lado positivo del imán. Este lado también ayuda a aliviar las várices ya que impulsa la sangre estancada para que circule de manera correcta. Otra práctica frecuente es echar a andar o fortalecer el sistema inmune poniendo el imán del lado positivo sobre la glándula timo (dos centímetros arriba del corazón).


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Qué es el par biomagnético
El par biomagnético establece resonancia magnética entre sí, esto es una especie de comunicación a distancia a través de electrolitos entre una zona de de pH + o ácido en que residen virus y hongos y una zona de pH – o alcalino en que viven bacterias y parásitos que conforman su polo opuesto.
Al restaurarse a través de los imanes el nivel energético normal del cuerpo, se elimina la simbiosis o asociación de microorganismos patógenos existentes en las zonas más diversas del cuerpo humano que son los causantes de la mayoría de las enfermedades crónicas. Son las distorsiones del pH las que originan disfunciones en un órgano y con ello la enfermedad. Al corregirse el pH se interrumpe la retroalimentación energética de los microorganismos patógenos, mientras que los microorganismos necesarios para el metabolismo reciben el ambiente propicio para desarrollarse.


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