Diálogo Abierto
Martes 17 de Julio de 2018

"La doctrina de Silo trasciende culturas, creencias y religiones"

Gladis Delgado, siloísta. Una infancia marcada por el abuso y el encuentro con un pensamiento nacido en Argentina, que floreció en el mundo

En los primeros años de la década de 1970, el libro La mirada interna, de Mario Luis Rodríguez Cobos –Silo, un pensador mendocino, escritor y fundador del Movimiento Humanista– trascendió por innumerables zonas del planeta con distintas culturas y en diversos sectores sociales. Un fenómeno –con derivaciones sociopolíticas, antropológicas y psicológicas– que se acompañó con la creación de comunidades, organizaciones y partidos políticos. Gladis Delgado –referente paranaense de la comunidad El mensaje de Silo– encontró en esa doctrina no sólo una coherente posibilidad de canalizar su vocación política y social, sino también la herramienta psicológica para sanar las heridas del abuso intrafamiliar, del cual fue víctima en la infancia por parte de su propio hermano.

Una historia de abusos
—¿Dónde naciste?
—En Caá Catí –centro norte de Corrientes, donde estuve hasta los 18 años.

—¿Cómo es la zona?
—Una ciudad chiquita, tranquila, con calles de arena y lagunas, y de unos 6.000 habitantes. Nos conocíamos casi todos y de ahí es oriundo Maxi Meza.

—¿Lugares de referencia?
—Había dos escuelas, la iglesia y la cancha de deportes.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi papá, carpintero –quien falleció cuando yo tenía 12 años–,mi mamá tenía un almacén y somos diez hermanos.

—¿A qué jugabas?
—La imaginación era bastante amplia porque éramos bastante humildes. Teníamos muchos restos de madera para jugar –con los cuales hacíamos castillos y casas–, dos muñecas, muchos libros y sin televisión. Fue una infancia muy sana y agradable, en general.

—¿La biblioteca estaba en tu casa o se fue haciendo?
—Se fue haciendo. Mi mamá terminó la primaria pero mi papá no, si bien era muy inteligente y músico. A ella le gustaba mucho dibujar, y nos incentivaba a estudiar y hacer manualidades.

—¿Qué libros te influyeron?
—Ana Karenina y El Principito me resultaron extraordinarios, La cabaña del tío Tom –que me llevó a pensar en los sufrimientos de los esclavos y la raza negra–, Lo que el viento se llevó y Tom Sawyer. Cuando falleció mi padre fue un impacto muy grande y comencé a leer sobre la muerte, la búsqueda de Dios, el sentido de la vida y los extraterrestres. Mi familia es muy religiosa, yo iba a misa pero buscaba respuestas por mi lado. Tengo una historia de abusos en la infancia por parte de un hermano, lo cual fue un sufrimiento tremendo porque no lo podía contar ya que no quería llevarme problemas a mi madre. A los siete años comencé a ser bulímica y vivía descompuesta: recién hace cuatro años conté la situación en mi familia, en la cual también hubo otros abusados, entre ellas mis hermanas, y mi hermano con su propia hija. Con el mensaje de Silo aprendí que si me tenía que morir en poco tiempo, qué sería lo que me quedaría pendiente para partir tranquila. Era eso y lo dije para que estuvieran atentos, no por odio ni venganza.

—¿Salías del pueblo?
—No, salvo a los alrededores –al campo de unos tíos y de mi abuela–; a los nueve años me impactó un viaje a Córdoba, ya que era muy diferente a mi pueblo, por la montaña.

—¿Sentías una vocación?
—Me gustaba todo pero no tenía algo marcado. Me gustaban los animales y las plantas, entonces pensaba en ser veterinaria. En la secundaria enseñaba a los alumnos de la primaria, y así tenía mi propio dinero. Hice primer año de magisterio, dejé, me fui a estudiar Medicina y en segundo año abandoné, porque tuve a mis niños.

—¿Qué materias te gustaban?
—Lengua, Filosofía, Geografía y Biología.

—¿Cuándo comenzó la afición por la cerámica?
—Me gustó siempre y trabajé vendiendo cerámicas, hasta que llegó Menem y me fundí –como casi todos los ceramistas de Argentina, por la importación de China. Tenía contacto con los fabricantes y siempre tuve pasión pero no tiempo, hasta que comencé y me resultó extraordinario como oficio y arte. En los parques de estudio y reflexión del humanismo trabajamos y hacemos oficios, entre ellos cerámica, vidrio y perfumería. Es para trabajar el tono, la pulcritud, la permanencia y la proporción, y así moldear el carácter y lograr el equilibrio interno. El año pasado tuve expuesta una obra en el Salón de Artistas Plásticos de Entre Ríos que se llama Vivas nos queremos –alusiva a la violencia de género.

—¿Los abusos por parte de tu hermano fueron anteriores o posteriores a la muerte de tu padre?
—Anteriores y reiterados, desde los 4 años.

—¿Cómo lo fuiste resolviendo interiormente hasta hablarlo con tu familia?
—Me doy cuenta de que di un paso muy grande que no todos pueden hacer, una coherencia entre lo que pienso, siento y hago, fundamentalmente para advertir sobre el peligro que corren otras personas. Estoy tranquila y en paz porque hice lo que me corresponde. Con las lecturas fui tomando herramientas para cambiar el sufrimiento –por eso la bulimia y pensar en el suicidio. Cuando tenía 17 años tuve una descompostura muy grande, sentí que me moría, me pregunté qué era vivir, lo tomé como un accidente, me propuse luchar por una sociedad menos violenta, comencé a militar en el Partido Intransigente y luego con los radicales, e hicimos una revista cultural extraordinaria –con chicos que no tenían nada que ver con la política. Denunciábamos las cosas que no estaban bien, Pocho (José) Romero Feliz me amenazó, llevábamos artistas plásticos, hacíamos recitales de rock y comenzó un grupo de teatro –todo lo cual se replicó en otros pueblos y dejó una huella.

—¿Cuándo tomaste dimensión del problema?
—Tenía 12 o 13 años cuando dije que no quería que nadie más me violentara y comencé a defenderme con uñas y dientes –literalmente–, aunque nunca denuncié. A los 17 años encontré en el trabajo social una canalización. En cierto modo, porque a los 20 años cuando conocí al padre de mis hijos, también fue un hombre violento y golpeador. Cuando uno no comprende lo que sucede y no está integrado, repite la situación. Por suerte me separé a los tres años y medio, y mis hijos son divinos y trabajan en El mensaje de Silo. En esa época no se podía denunciar porque no pasaba nada y además, si lo hacía, me mataba.
—¿Pensaste en el suicidio?
—Muchas veces, pero nunca lo intenté. Con la bulimia sentí la muerte dos veces pero hice un click y comprendí que no quería eso.
—¿Te tratabas por ese trastorno?
—Nunca fui al psicólogo, aunque la bulimia fuerte sí y me quedó durante muchos años el trastorno de ansiedad. Pero encontré las herramientas en el humanismo y lo terminé de trabajar en 2010. Silo nos dejó una serie de trabajos extraordinarios que me resultaron un cambio muy grande y por eso le estoy profundamente agradecida.
—¿Cuándo te sentiste sana?
—El día que dije "cómo no lo hice antes", porque estaba en los libros de Silo. En 2009 se creó su escuela que trabaja las disciplinas mental –originada en el budismo–, energética –originada en los tantras–, material –de los alquimistas– y morfológica –que es exclusivamente de él. Comencé a practicar esta última, previo de un trabajo de seis meses con el libro Autoliberación y pude comprender los hechos de violencia de mi infancia. Me reconcilié y transformé esas cargas negativas, lo cual fue un alivio extraordinario, un antes y un después.

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Militancia y desilusión
—¿Por qué te alejaste de la militancia política?
—En 1983 –cuando tenía 18 años– fui a una reunión como delegada de la juventud de mi pueblo y no quise saber más nada porque no me representaba y por la incoherencia de la gente que conocía, aunque seguí haciendo hechos culturales y sociales. Lo único que hacían era putearse unos a otros para ocupar un puesto. Luego, cuando conocí el Partido Humanista, me dediqué de lleno y representó mis ideales en cuanto a cambio interno y social.

—¿Trabajaste políticamente en el humanismo?
—Sí, muchísimo, en Corrientes capital, donde fui apoderada y candidata a diputada.

—¿Por qué te atrajo?
—Leí este libro de Silo (La mirada interna), dieron una charla informativa y fue lo que había buscado toda mi vida. También había estado con los rosacruces pero algunas cosas no me cerraban. Me impactó toda la ideología del humanismo y quienes trabajaban –que no tenían dinero ni buscaban fama. Fue una suerte increíble que mi hermano llevara a esa gente a mi casa y desde ahí continué en el humanismo.

—¿Qué fue lo primero que entendiste?
—Buscaba algo más allá de lo cotidiano, que tuviera que ver con el sentido de la vida y el tema de la muerte –que va más allá. No lo comprendí por la prosa poética –pero intuí que era lo que buscaba–, y continúo estudiando, comprendiendo y escuchando sus charlas. Silo da las herramientas para que cada uno encuentre las propias respuestas.

—¿Qué otros aspectos fueron importantes luego?
—Continué sintiendo un vacío porque no lograba integrarme, aunque la política y ayudar a otros me llenó una parte.

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<b>Gladis Delgado.</b> "Silo fue una persona muy humilde, sencilla, con mucho carisma, y un líder extraordinario e iluminado".&nbsp;
Gladis Delgado. "Silo fue una persona muy humilde, sencilla, con mucho carisma, y un líder extraordinario e iluminado".

Las herramientas del siloísmo
—¿Cómo ponés en valor hoy el pensamiento de Silo, teniendo en cuenta que en su momento fue de vanguardia, incomprendido y perseguido?
—El libro que te mencioné fue traducido a diferentes idiomas. Lo que más me ayudó fueron las herramientas de Silo para encontrar la coherencia, porque socialmente me provocaba rechazo la incoherencia entre el decir y el hacer. Superé mi propio sufrimiento y esclarecí el sentido de la vida y la muerte –que me resultaba absurda, como la de mi viejo que se murió durmiendo. Lloré durante meses porque no podía explicarlo. No creo en la muerte sino en un cambio de estado.

—¿Y respecto a lo social y antropológico?
—Es la búsqueda de un mundo más humano, sin violencia ni discriminación, donde todos los seres humanos somos iguales en cuanto a derechos, pero sobre todo, con la necesidad de encontrar lo profundo de cada uno y sentir al otro como un ser humano más. La doctrina de Silo es extraordinaria, pero es un camino para toda la vida, porque siempre hay que profundizar más.

—¿Cuál fue el mayor desaprendizaje respecto a tu formación anterior?
—La religión fue una gran desilusión, aunque nunca tuve ilusión porque no me llegó –más allá de ir a la iglesia y leer la Biblia. Veía una gran incoherencia, en general, y eso me llevó a cuestionarla fuertemente, porque es lo que más daño me ha provocado en la vida. Mi familia quería imponer su punto de vista, y eso es violencia psicológica.

—¿Hay diferencias entre los grupos de estudio y el Partido Humanista?
—El pensamiento de Silo se extendió por todo el mundo y sus seguidores hicieron la expresión política que es el partido –que dejé en 2010–, al igual que otros organismos como Mundo sin guerras, Centro de las Culturas, Centro de Estudios Humanistas y la Comunidad para el Desarrollo Humano. En Chile, el Partido Humanista tiene tres diputados. En 2002 se anunció El mensaje de Silo, que no tiene que ver con estos organismos sino que es exclusivamente espiritual, de práctica de su doctrina y sin hablar de política –en la cual cada uno puede hacer lo que quiere.

—¿Por qué llegaste a Paraná?
—Por el Partido Humanista. En Corrientes éramos pocos, la situación económica y la inseguridad en 2002 eran tremendas, así que me vine para ayudar a la gente del partido de acá.

—¿Qué desarrollo han logrado?
—Trabajamos mucho con la difusión de la no violencia, hacemos un festival una vez al año –en el marco de la Marcha mundial por la paz y la no violencia– y damos charlas en escuelas e instituciones. Somos dos grupos y nos reunimos en La Hendija, los viernes –a las 19– y sábados –a las 17. El año pasado hicimos una campaña en invierno, acompañada de una acción de juntar ropa para la gente de barrio San Martín –El Volcadero– y un festival en la Casa de la Cultura para juntar alimentos no perecederos, al igual que para el Día del Niño.

—¿Las reuniones son abiertas?
—Totalmente. Hace poco dimos una charla en la Casa de la Cultura sobre técnicas de distensión y relax, que tuvo mucha repercusión.

—¿Cuál es la página oficial?
—En Facebook, El mensaje de Silo Paraná y las páginas oficiales son www.Silo.net y www.elmensajedesilo.net El parque de estudio más cercano es el de Carcarañá y en el país hay 15.

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<b>Gladis Delgado.&nbsp;</b>"En sus libros, Silo da las herramientas para que cada uno pueda encontrar sus propias respuestas".
Gladis Delgado. "En sus libros, Silo da las herramientas para que cada uno pueda encontrar sus propias respuestas".

El siloísmo tiene que ver con lo sagrado del ser humano"

Delgado explica las razones de la vigencia y trascendencia allende las fronteras de la doctrina de Silo y de su vasta producción intelectual, plasmada en libros, cuentos, conferencias, artículos y estudios sobre política, sociedad, psicología y espiritualidad.

—¿Por qué esta doctrina se replicó en lugares tan disímiles?
—Porque es un pensamiento muy profundo e integrador que tiene que ver con lo sagrado del ser humano, más allá de las culturas, creencias y lo religioso. Es descubrir lo mejor del ser humano y ponerlo al servicio de cada uno y de otros. En Bangladesh y zonas de África son musulmanes, lo practican, son las cinco de la tarde y salen a hacer sus oraciones. En la India se trabaja mucho en lo social, al igual que ha llegado a Centroamérica.

—¿Una experiencia que te llame la atención?
—Sé por amigos que las de la India y África han sido extraordinarias. En 1981 Silo dio una charla pública en Bombay y se supone que hubo cerca de 50.000 personas –lo cual logró que se difundiera a los barrios y se crearan allí dos parques de estudio y reflexión. En Haití hay un islandés quien trabaja mucho en las escuelas y con la no violencia.

—¿Lo trataste personalmente a Silo?
—Sí, aunque no hablé mucho porque soy muy pudorosa y había mucha gente con él. Estuve en charlas y en encuentros, en Punta de Vacas.

—¿Cómo impresionaba personalmente?
—Era una persona muy humilde, sencilla, con mucho carisma, y un líder extraordinario e iluminado.

—¿Por qué mantuvo un perfil bajo de exposición pública?
—Fue muy perseguido y detenido en la época de la dictadura militar, encarcelaron muchos amigos y hubo muertos. Estando en medio de la ermita en Punta de Vacas, meditando, llegaban 70 gendarmes para llevarlo preso y molestarlo, al igual que fue muy perseguido por la Iglesia. Por eso se llamó a silencio y dio pocas entrevistas –que están en Internet, con sus charlas. También escribió mucho sobre psicología, sobre la cual revolucionó la visión tradicional.

—¿Qué garantiza –al no estar– que su doctrina no se desvirtúe?
—No hay ninguna garantía, pero cuando uno hace un trabajo profundo y comprende su pensamiento, se entiende que es una doctrina simple, aunque no sencilla de practicar. Uno de sus doce principios es tratar a los demás como te gustaría que te traten a ti, sin embargo es el más difícil de llevar a la práctica cotidianamente, porque el mundo es incoherente y violento. Hay muchos amigos que son un modelo y ejemplos.

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