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"La Danza te transforma en algo mejor"

A pesar de alcanzar año tras año renombre dentro de la danza, la bailarina paranaense Soledad Mangia sigue siendo la misma alma inquieta que busca crecer y alcanzar nuevas metas

Martes 23 de Abril de 2019

Soledad Mangia es de Paraná, pero hace años vive de la danza en Buenos Aires. En 2018 su nombre trascendió porque bailó junto a Julio Bocca en la gala Argentum, un espectáculo federal de música y baile bajo la dirección artística de Ricky Pashkus, que se presentó en el Teatro Colón para los presidentes y ministros del G20. "Todavía no caigo, veo las fotos, los videos y digo no lo puedo creer. Uno puede tener un talento, pero lo tiene que trabajar, creo en eso. Entonces estos trabajos –que para mí son regalos– vienen como consecuencia de una preparación de años", señaló en diálogo con UNO.
—¿En qué proyecto estás?
—En estos momentos estoy coreografiando una obra de calle Corrientes que se estrenó el miércoles. Una obra que está en cartel en Broadway y Londres y es la primera vez que se hace en Argentina. Se llama Camarera y está dirigida por Natalia Del Castillo. Ahí estoy trabajando hace dos meses y hay actores famosos como Felipe Colombo, Mario Pasik y gente del musical como Josefina Scaglione, Natalia Cociuffo. Es mi primera experiencia a nivel coreográfico de musical y con gente que no es bailarina, son actores, entonces eso cambia el laburo de uno. Hasta hace un mes atrás haciendo funciones de Fierro, con el Choque Urbano, una obra adaptada del Martín Fierro. También estoy trabajando en una compañía de tango –hace muy poco que lo bailo–, que hace tours por todo el mundo que se llama Tango Seducción y el director es Gustavo Russo. Con ellos nos vamos de gira por tres meses a Brasil en la segunda mitad del año. Así estoy, repartiéndome entre estos trabajos y además estoy trabajando con una productora estadounidense que vino a la Argentina a montar una obra con cinco bailarines que se va hacer ahora en junio, en el galpón Guevara, es toda una obra con multimedia, mapping.
—¿Siempre supiste que querías ser bailarina o tenías ganas de estudiar otra carrera?
—Desde que recuerdo sí. Tenía como algo que necesitaba expresarlo en lo artístico. Por ahí no lo podía palpar de chiquita, me encerraba a estudiar coreografías que veía de los cantantes, por ahí en vez de jugar con las muñecas me generaba un espacio escénico en mi casa, a la siesta. Desde chiquita siempre tuve eso. Además, mi familia siempre estuvo dentro del arte, mi mamá fue bailarina, mi abuelo bandoneonista, a eso sumarle a Mimí Zapata mi profesora de danza. Siempre quise esto. Tuve un intento fallido de estudiar kinesiología en la UBA, que me encanta, pero la dejé. Tal vez retome cuando termine de bailar.
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—¿Cómo se fue armando tu vocación?
—En los genes uno trae una predisposición. En las matemáticas soy medio burra –se ríe–, tengo mucha facilidad para lo artístico. Se fue armando primero porque mis viejos me dieron libertad y acompañamiento a la vez. Sin ellos no hubiera podido dedicarme a lo que hice, corrían de un lado para el otro para que yo pudiera perfeccionarme, sin dejar el colegio. Mi vocación se armó con el ejemplo de mis papás en casa, después, a medida que crecí, me di cuenta de que tengo que dejar cosas de lado e ir por mi sueño. Es el día de hoy y sigo teniendo ese fuego de querer ir por más. Es la conjunción de lo que uno trae de chico y lo que va adquiriendo en la vida por las experiencias que va viviendo, como así también las elecciones.
—Trabajás con famosos ¿cómo es el trato?
—No es algo que busco, no estoy esperando que me salga un trabajo comercial, me gusta más lo tranquilo y llevar mi carrera por otro lado. Pero inevitablemente te encontrás con estos lugares. Me sorprendo con gente muy querida, actores y actrices que uno va conociendo y después se transforman en buenos amigos, son apasionados. Hay gente que tiene trato más cordial, otros más indiferentes, pero uno busca manejarse con respeto y hablarles a todos por igual. No por ser famosos uno tiene que tratarlos mejor. Ahora con los que estoy trabajando me llevo muy bien y es un placer.
—Has realizado trabajos importantes con Topa, Aliados de Cris Morena, bailaste con Julio Bocca, fuiste coach de famosos en ShowMatch ¿Cómo lo viviste? ¿Exigen mucha preparación?
—Esos son algunos de los trabajos comerciales que realicé, pero bueno, el bailarín se hace de un montón de pequeños trabajitos. Yo guardo en mi corazón el hecho de haber bailado con Julio Bocca el año pasado por primera vez en el Teatro Colón. Yo no había bailado en ese teatro, entonces creo que fue el regalo más grande que me dio esta carrera hasta el momento, más allá de haber trabajado en su compañía antes de que Julio se vaya a vivir a Uruguay. Todavía no caigo, veo las fotos, los videos y digo no lo puedo creer. Uno puede tener un talento pero lo tiene que trabajar, creo en eso. Entonces estos trabajos, estos regalos que vienen son consecuencia de una preparación de años y son regalos.
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—¿Cómo es un día tuyo? ¿Tenés una rutina o depende del trabajo?
—Sí depende del trabajo. Uno tiene como una idea organizada de semana, como por ejemplo cuando me dedicaba más al ballet clásico que me preocupaba de que no faltara ningún día mi clase de ballet o de contemporáneo. Esto con el paso de los años, y cuando uno tiene que ensayar varias cosas, no es tan posible. Ahora que tengo muchos ensayos, trato de levantarme, hacer un poco de ejercicio de elongación en mi casa y esa es toda la preparación para el resto del día, porque si no el cuerpo se empieza a lastimar y hay que cuidarlo. La verdad que paso muchas horas bailando.
—Tenés una hija. ¿Ella ya baila también?
—Mi hija (Alma) de 4 años ya me pidió empezar ballet, la llevé una vez y creo que me emocioné más yo que ella. Trato de respetar sus tiempos, de no obligarla, de darle la libertad que ella me pida qué hacer, es chiquita y en esta edad es como que van probando cosas, trato de abrirle un abanico. Sabe que su mamá baila, me acompaña al teatro, está entre actores, se desenvolvió bien y la gente le ve como un ángel especial.
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—De todos los bailes ¿cuál es el que te llena? ¿El que te hace soñar?
—En este momento de mi vida no hay una danza que me complete totalmente como me pasó cuando empecé a bailar ballet. Creo que hoy en día mi danza madre es el contemporáneo, donde me siento cómoda, pero pasa que no quiero estar en ese lugar de comodidad, por eso toda mi carrera he tratado de seguir buscando otras disciplinas, por eso llegué al tango, tomo clases de ballroom, de tap –que me encanta–, jazz, el folclore siempre lo tengo en la sangre. Me manejo siempre en esas disciplinas y cada disciplina cuando me subo a un escenario me completa de manera diferente, las hago porque necesito expresarme en cada una de ellas de manera diferente. Mi bailarina va por ese lado, que pueda desarrollarse en todas las disciplinas que pueda.
—¿Te trazás un objetivo por año? ¿Tenés una meta a la que querés llegar y decir "listo... la alcancé"?
—No soy de trazarme metas anuales porque a veces me frustra. Es difícil que se dé todo tal cual uno lo planea. Como el bailarín, o yo, dentro de la danza estoy acostumbrada a convivir con la frustración. Con esto de que las cosas no se den como uno desee, mis metas son por día. Digo "hoy me levanto y voy hacer lo que tengo que hacer lo mejor que pueda" y así también mañana. Hay días que no estoy bien, me levanto y me voy a mi clase y la danza me transforma. La danza tiene eso, te transforma en algo mejor.
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