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Yo Cuento

La condesa

"...Apuradísima salí del trabajo, pasé por el súper y entré a casa llena mis manos de bolsos, para escuchar el sorteo del IAPV, desde la puerta grité a mis hijas...".

Sábado 05 de Octubre de 2019

Ver el traje encima del traje, ¿la reconocés?

Amanece, entre los árboles los rayos del sol asoman su hocico, son como lenguas de dragón gigante, lamen como perro hambriento, los trajes del amanecer, ese que antes cuando niña me daba escalofríos, hoy me llena de color esperanza, de alegría, de proyectos…pienso, “todo está por venir”.

Inicio un día más en las hondonadas de las calles de mi Colonia, las corrientes de aire cruzan de sur a norte y remolinean batiendo polvo de oeste a este. Mastico los granitos ásperos, me friego los ojos, cola de diablo enreda mis pelos rebeldes, que están más viejos, y contrariamente a lo esperado, más rebeldes, sin embargo exhalo feliz, estoy donde soñé.

Cerquita de la capital, del centro cívico, pero a distancia prudente para reinventar en soledad y el silencio de estas calles, una vida nueva

Dicen que los pedidos llegan al Universo según la fuerza, intensidad e intención que se pone en ellos, es evidente que he realizado perfectamente la fórmula, tal vez porque la súplica se hizo insistente. Cansada de tantos tiempos de carencia, por arrebatos de todo tipo, realicé mis súplicas con insistencia.

“Quiero mi lugar en este mundo” gritaba muda suplicando al cielo… “basta de alquilar, de cambiar de barrio cada dos años, quiero mi casa, mi casa, donde sea, pero mía”.

Desde el colectivo, miraba cada barrio donde cruzaba, miles de personas saliendo de su lugar propio, años viviendo allí, seguras bajo su techo, y me preguntaba: “¿Cuándo nosotros recuperaremos nuestra casa? Donde sea, pero nuestro lugar, de donde nadie amenace la permanencia”, pedía en secreta súplica a quien quisiera escuchar, duendes, hadas, virgen Santa, Cristo Jesús… “quien esté ahí tome esta energía de súplica y sea materializado este pedido. Por favor, por favor, por favor…”.

Al ruego lo acompañé con acciones de solicitud en distintas instituciones que podían registrar esta necesidad, durante años esperando cada sorteo… y nada.

Una de esas inscripciones fue un proyecto en Paraná y Colonia Avellaneda, se podía elegir, y sin dudar donde sea el destino me lleve, dije.

La finalización de obra fue anunciada junto con el día del sorteo de adjudicación. Había agudizado mis pedidos al éter mágico, sentía que era ahora o nunca más.

Apuradísima salí del trabajo, pasé por el súper y entré a casa llena mis manos de bolsos, para escuchar el sorteo del IAPV, desde la puerta grité a mis hijas.

¿Ya empezó el sorteo? ¿Dijeron mi nombre?

Respuesta: sí, empezó hace rato, ya está terminando, y no han dicho tu nombre.

¿Una vez más quedaré afuera? Me dije cayendo agotada en la silla frente a la tele.

Mientras mi cuerpo buscaba apoyo... escucho mi nombre… Quedé quieta, la boca abierta. Las hijas gritaban a mí alrededor

–“Dijeron tu nombre, dijeron tu nombre” y sacudían mi hombro para hacerme reaccionar.

Desde la pantalla el locutor dijo.

–“Repetimos. Número de sorteo... Pertenece a … En 200 viviendas de Colonia Avellaneda”.

Hoy estoy en un nuevo amanecer, vuelvo de a poco a adueñarme del horizonte y las calles silenciosas me recuerdan el olor al pueblo donde nací, nos mudamos en junio, la Luna llena en mi patio fue el regalo más bello, puse atrapa sueños en la puerta debajo de la galería, planté rosas y lavanda en el jardín, un paraíso y un espinillo crecen vigorosos acariciados por el sol, bajando en el oeste.

Ver el traje encima del traje.

—¿La reconocés?

— Es la Señora condesa, que volvió a tener su lugar y no sé qué cree— dijo la vecina con ironía, a otra que me miró sonriendo con agrado, a quien devolví la sonrisa, uniendo las palmas, incliné levemente la cabeza repitiendo para mí misma

“Todo está bien en mi mundo, nada ni nadie que vibre mal podrá afectarme, solo respondo a lo bueno”.

Levanté la barbilla, miré los rayos de sol filtrándose entre las ramas del paraíso y dije: gracias, gracias, gracias y entré a mi palacio.

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