Miradas
Domingo 29 de Julio de 2018

La brújula del Gobierno

Durante mucho tiempo de la gestión de Mauricio Macri, él y sus funcionarios incurrieron en varias oportunidades en el método de "prueba y error", al adoptar decisiones sobre las que luego debieron dar marcha atrás ante el marcado rechazo social. Como ejemplos se pueden citar la anulación de varias medidas tomadas por decreto: la designación de los jueces Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti en la Corte Suprema de Justicia sin pasar por el Senado, la eliminación de los feriados puente o la conversión del 24 de marzo y el 2 de abril en feriados móviles. Otras determinaciones polémicas en las que debieron retroceder fueron la quita de pensiones por discapacidad y los cambios en el cálculo de los haberes jubilatorios en perjuicio de los beneficiarios en febrero de 2017, algo que luego llevaron a la práctica por ley a fines del mismo año. En una recordada conferencia de prensa el Presidente dijo: "No soy infalible (...) Si quieren magos, vayan a (David) Copperfield. Si me equivoco, pido disculpas, doy un paso atrás y me corrijo". Las dos primeras afirmaciones son verdades de perogrullo; el resto es discutible. A la luz de los hechos, no puede asegurarse que hayan sido "errores" y tampoco que los haya reconocido como tales para luego "corregirse". Más verosímil es que hayan sido experiencias de lo que algunos dieron en llamar la estrategia del "si pasa, pasa".


Un gran capítulo aparte constituyen los desaciertos en materia de política económica. En diciembre de 2017 el Gobierno "recalibró" la meta de inflación para 2018: pasó de manejar un rango de 8 a 12% a un objetivo de 15%. En solo seis meses el índice de precios superó ese porcentaje y se ubicó a julio en 16%, y llegó a un acumulado de 29,5% en los últimos 12. La devaluación del peso, en tanto, fue de un 14,5% solo en junio y un 36% en la primera mitad del año. Desde diciembre de 2015 la depreciación acumulada es del orden del 200%. Otras previsiones tampoco se cumplieron, como la "lluvia de inversiones" o el anuncio de aquel "segundo semestre" que nunca llegó en el que se verían los beneficios de su programa económico.



Yendo un poco más atrás en el tiempo, si se vuelve a ver y escuchar el debate previo al balotaje entre Macri y Daniel Scioli, las indisimulables promesas incumplidas saltan a borbotones. Decía el entonces candidato de Cambiemos: "Hay que expandir la economía, no ajustar. Yo no he hablado nunca de ajustar"; "el problema de la Argentina no es el dólar"; "la inflación se ha comido a los jubilados, se ha comido a los trabajadores, a los que trabajan en forma independiente"; "hay que cuidar el empleo, hay que sentarse con cada pyme, con cada pequeño productor".


Casi tres años después aquellos objetivos están desdibujados. Nada de lo que se propuso se ha cumplido: el ajuste se anuncia y se aplica ya sin eufemismos, la inflación se disparó, se devaluó el peso y día a día se pierden puestos de trabajo por despidos, suspensiones y cierre de empresas, sobre todo las pymes castigadas por la suba del costo de los servicios, las altas tasas de interés y la caída del consumo.


Además, el principal compromiso de campaña –conviene recordar– fue la "pobreza cero". Tanto los números del Indec como los datos de la vida real confirman que la pobreza se incrementó, así como la indigencia. Las personas que a diario buscan comida en los contenedores de basura de Paraná, Concordia y otras ciudades de Entre Ríos; los que duermen en las plazas y en las entradas de los edificios; los adultos, niños y niñas que pasan por las casas mendigando alimentos, son manifestaciones cada vez más frecuentes de la delicada situación social.


El problema es pensar que se trata de desaciertos o de promesas incumplidas, cuando en realidad es el resultado de las políticas llevadas adelante, las que muchos críticos resumen en el privilegio al capital financiero y la ausencia de medidas para favorecer el consumo. El país transita el camino que marca la brújula del gobierno y en eso no hay errores.

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