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Día de la Madre

Juntas a la par: son madre e hija y corren maratones

Antonia Berón, de 70 años, y Patricia Girard, de 46, se dan el gusto de alcanzar la meta tomadas de la mano.

Jueves 17 de Octubre de 2019

El fin de semana del 5 y 6 de octubre se corrió en Concordia la séptima edición del Cruce de Salto Grande. Y en la nueva distancia 50 kilómetros Premium estuvo participando la pareja de mujeres integrada por Agustina Antonia Berón de 70 años y Patricia Girard de 46 años, madre e hija.

La competencia se desarrolló en dos etapas de 25 kilómetros cada una. La primera etapa con largada en el Hotel Ayuí, recorriendo un circuito especialmente trazado por la zona, mientras que la segunda etapa, se realizó al otro día en el lago de Salto Grande. Con el número 887 en su dorsal, Antonia siguió el ritmo de su hija Patricia y en cada foto se las puede ver sonrientes y plenas. Diario UNO se contactó con Patricia –que hizo un alto en su actividad profesional dentro del Poder Judicial– para compartir su historia y compartir su ejemplo.

—¿Cómo es correr con mamá?

— Si bien en distancias largas, como esta última de Salto Grande que fueron 50 kilómetros le cuesta seguirme el ritmo, así que voy y vuelvo, troto para atrás, caminamos mientras charlamos, constantemente me voy adaptando, logrando así pasar kilómetro a kilómetro hasta llegar al arco y obtener la medalla, que es la parte que más disfruta Antonia, mi mamá.

—¿Cuándo comenzaron y por qué?

—Primigeniamente arranqué yo, hace como cinco años, por una cuestión de estrés laboral bastante complicado, ya que me dieron varios meses de licencia e incluso me recetaron pastillas para bajar el colapso que estaba transitando dentro de mí. Pero no fue necesario, gracias a Dios, ya que empecé a correr progresivamente. Tomé técnicas de este deporte y poco a poco me fui adentrando. Todo se lo debo a una amiga y profe, la dueña del gimnasio Casa D’Italia, Silvia, a quien le estoy muy agradecida, ella me invitó a las llamadas “corridas grupales” y así comencé. Al mes corrí mi primera carrera de Aventura Nocturna en Villa Urquiza (Anniversary Race) con zapatillas con cierre, fue toda una locura, aun así, hice buen tiempo. Así me enganché, empecé a hacer pasadas en el parque Berduc con Pablo Carussi, en simultáneo corría con mi grupo del gym, me invitaron y me acoplé a los “sábados a fondo” y comencé a correr todas las carreras de calle para después empezar a transitar lo que fue aventura, cross country y montaña. Cuando programaba cada carrera, le pedía a mi mamá que me acompañe, dentro o fuera de la provincia y es ahí donde ella me dijo un día: “anotame, yo también voy a empezar a correr”.

—¿Qué distancias corren?

—Depende de qué carrera se trate veo las distancias, lo charlamos y nos anotamos, a veces, en forma conjunta y otras, cada una por su lado, depende los objetivos que fijamos o las ganas que se nos presentan para enfrentar ese desafío.

—¿Dónde entrenan? ¿En qué horario y qué días?

—No entrenamos juntas, ya que nuestros trabajos y horarios son diferentes, aunque sí coincidimos en las pocas horas de sueño que transitamos. Mi mamá entrena poco, más que nada camina mucho, pero no una caminata de esas “tranqui” sino a todo motor, es un relojito que va de acá para allá y no precisamente desprovista de peso, sino todo lo contrario, hace trayectos largos, cargadas de bolsos o mochilas donde porta sus efectos personales y/o alimentos o medicamentos que trae consigo por si se encuentra de pasada un “animalito callejero” a quien puede ayudar. Yo, en cambio, voy alternando diferentes disciplinas, CrossFit hasta hace un tiempo, zumba en la actualidad. También barrancas en el Parque con Justo Benítez y fonditos los fines de semana. Hace un mes aproximadamente empecé con un grupo de compañeras a salir en bicicleta y hacemos entre 15 y 40 kilómetros, dos veces por semana. Un deporte también llamativo, en donde trabajan varios músculos del cuerpo.

—¿Cómo se acompañan durante el trayecto, qué se dicen?

—Cuando largamos, trotamos en forma intensa como para no perder los pelotones y a medida que van pasando los kilómetros vamos intensificando técnicas de respiración, postura y pisadas para evitar lesiones sin descuidar la hidratación y la alimentación (frutos secos, barras de cereales, frutas, entre otros). Siempre hay que recordar que nada se da al azar, siempre hay que ser concienzudo y cauteloso con nuestro cuerpo, respetar las señales que éste nos manifiesta y saber cuándo seguir y cuando parar. La mejor alegría no es marcar tiempo -al menos así pensamos nosotras- sino llegar a esos 200 metros para alcanzar la meta, pasar el arco tan esperado, tener tu medalla y que te espere la gente con algarabía.

—¿Planifican las competencias? Sobre todo porque corren carreras de aventura.

—No siempre. Me avisan por correo, teléfono o comentan los eventos, yo entro a la página, me fijo y si me entusiasma, se lo comento, lo vemos juntas y, en su caso, vamos. Igualmente ella siempre está dispuesta a compartir con su hija nuevos desafíos, ya que, por lo general, no repetimos carreras.

—En cuanto a la nutrición ¿se cuidan de las comidas?

—Ambas nos cuidamos bastante. Ella es vegetariana hace como diez años y le gusta mucho elaborar sus panes, pizzas, tartas con harina integral, de arroz o algún otro complemento que aporta energía en nuestro organismo. Yo como balanceado y, en el caso de enfrentar alguna carrera larga, suprimo las carnes rojas y las blancas, a lo sumo algo de pescado. Consumismos frutos secos, diferentes tipos de semillas, jengibre, moringa, maca peruana, mayormente todo natural. A mi mamá le gusta terminar sus carreras “con una cervecita”, como la llama ella. Sacia la sed, renueva energías y templa el espíritu.

—¿Qué pasa con las lesiones, cómo las evitan?

—Afortunadamente ninguna de las dos nos hemos lesionado, somos muy precavidas en ese tema, sobre todo yo siempre le estoy marcando los pro y contra de cada terreno que pisamos. La verdad que somos afortunadas de no portar ningún tipo de dolencia, a pesar de que tenemos en nuestro haber varios desafíos, uno de ellos “El Cruce de los Andes”.

—¿Qué les dicen los otros corredores cuando las encuentran?

—Siempre nos alientan, nos gritan de camino, nos dan fuerza. Eso no falta en ningún grupo. Toda la familia running, sean conocidos o no aportan una cuota de alegría, optimismo y buena onda. Recuerdo que en la última carrera, una compañera de fondo de la ciudad de Santa Fe, me dijo: “no le des indicaciones a tu mamá, dejala que corra y sea libre, es señal de que está viva y sana, la mía, en cambio, está muy enferma, en este momento, en una cama”.

#Por más desafíos

Antonia es viuda, su marido Juan falleció hace 10 años. Es oriunda de Santa Fe y empleada en Zoonosis en la Municipalidad de Paraná. Es abuela de Ammiel de 15 años, hijo de Patricia y su esposo Marcelo.

El viernes madre e hija salieron de Hasenkamp rumbo a Paraná para transitar los 90 kilómetros que corresponden a la peregrinación de los Pueblos. “Si bien no es una competencia, es una prueba de fe”, explicó Patricia.

—¿Tienen un objetivo, es decir, tienen ganas de correr una competencia en especial?

—Sí, tenemos a futuro dos maratones que nos gustaría asistir, la de Nueva York y la Gran Muralla China. Y como para finalizar este 2019 haremos alguna que otra de calle y otra de aventura, sobre todo, si el fin es “concientizar” o “ayudar al otro”. Mientras que en marzo de 2020 tenemos proyectada la Trail Race Fin del Mundo, en Ushuaia y en octubre, la maratón de calle de Buenos Aires.

Está claro que alcanzar metas y trazarse objetivos no tiene nada que ver con conseguir éxitos. Más bien tiene que ver con aprender y vivir experiencias nuevas. El éxito es la aventura de lo vivido y lo aprendido, Antonia y Patricia descubrieron la clave.

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