A un click
Martes 19 de Junio de 2018

Jugate conmigo

Jorge Carrascosa, el capitán que no fue. Remembranza del año mundial de 1978. El lobo de Borges. Una de fútbol en la entelequia de las palabras

Cuando esta nota haya llegado al molde de las letras de la imprenta el resultado del primer partido de Argentina en el Mundial de fútbol ya estará definido. Imposible la precisión ahora aún a pesar de las promesas de la infalibilidad de los pronósticos o de las cábalas. Ningún destino se altera por mérito de las martingalas o las invocaciones... siempre está escrito.
Por eso no intentaremos el juego sacrílego de la premonición; el sino es intentar que el reloj de sol permita la revisión de algunos hechos pretéritos y tan lúcidos como olvidados. En ese entorno y a tenor de la realidad ineludible de los tiempos futbolísticos también podría ser posible una alternativa a las publicidades, al incentivo desmedido de las pasiones y a los exabruptos premeditados.
Algo así tiene que ver con la historia de Jorge Alberto Carrascosa, un gran capitán de aquellos tiempos en que al fútbol se jugaba más y no se competía tanto.
Carrascosa era un marcador lateral izquierdo, o sea un 3 clásico. Esa es la palabra, clásico porque proviene de un fútbol definido y sin recovecos (propio de la década del 70) que es cuando se desarrolla esta historia. Porque es exactamente eso, una historia cuyo proceso y cuyas derivaciones quizás se encuentren en el espíritu natural que esta columna pretende casi con rigor litúrgico.
Jorge Carrascosa debutó a los 19 años jugando en el Club Banfield, en el año 1967. Una campaña de dos años que le sirvieron para que Rosario Central pusiera su objetivo en la cualidad de su prestancia y seguridad. Si bien no contaba con un físico determinante, su capacidad de recuperación, velocidad calculada pero sobretodo su dote de liderazgo se tornaban indispensable cada vez que la defensa era necesaria.
Su paso por el club rosarino le facilitó a César Luis Menotti (por esos años director técnico de clubes) detectar su presencia y convocarlo para formar parte del bello Huracán del año 1973. Era ese equipo una amalgama de sutileza y efectividad, de precisión y belleza, de determinación y astucia. Y no era para menos siendo integrantes de ese Huracán nombres como Carlos Babington, Roque Avallay, Alfio Basile, el gran René Orlando Houseman, Omar Larrosa, Miguel Brindisi. No me gustan los elogios vulgares ni tampoco las barbaries de exabruptos inadecuados, pero dicen que en algunos partidos las hinchadas contrarias debían aplaudir esa exhibición de belleza colectiva armónica. En ese equipo, el capitán era Jorge Carrascosa.
La capitanía no es un simple mérito. Implica por cierto representar al resto de los futbolistas y también el nexo del técnico. Significa la voz precisa en el momento de los ruegos y el grito que impone orden cuando horada el desequilibrio. El liderazgo...eso es.
César Menotti era un perspicaz, además de astuto. Planificaba en base a la armonía aunque era capaz de aceptar la improvisación. Con prejuicios de identidad e indudable potrero, lo suyo puede definirse con la elocuencia de un solo término: fútbol.
Y en ese entorno, el capitán era Jorge Carrascosa. Dicho sea de paso, le decían el "Lobo"

Crónicas de un mundial extraño

No quiero referirme exactamente al Mundial de fútbol de 1978 al decir que era extraño. Otros calificativos serán más apropiados, porque en verdad era extraño para la personalidad de aquel capitán de fútbol. Miembro de la maravillosa generación de los "queremos" de 1973, fue convocado para participar del Mundial de 1974 donde jugó dos encuentros.
Estaba Carrascosa en el punto límite que una persona puede alcanzar: campeón de la sutileza en el Huracán de 1973; engranaje preciso en el juego colectivo de la Selección de 1974 y seleccionado ahora nuevamente por César Luis Menotti para ser el capitán del nuevo período futbolístico nacional. Esto significa ser el capitán de la Selección nacional de fútbol, que comenzaba de la mano de Cesar Menotti justamente la primera experiencia de métodos modernos aplicados al sistema futbolístico argentino, trabajando con la seriedad, objetivos y despojado de prejuicios triunfalistas originales.
Allí arrancó Carrascosa con la cinta de liderazgo sobre su brazo. Jugó varios años con esa responsabilidad y aumentando su indudable rendimiento que lo hacían (al decir común) un baluarte en ese equipo.
Pero claro...es muy cierto que el hombre es por sí y por todas las circunstancias que lo rodean. Una combinación de su propio albedrío con el entorno que circunscribe sus decisiones, formándolo como persona, como ciudadano. Como amigo, como hombre, como ser humano. Como futbolista, como ser íntegro. Todo eso hace a la complejidad de los actos, a decisiones complicadas y quizás a la vida misma. Y eso, aún jugando (o compitiendo) a la pelota.
En lo álgido de su carrera, en el punto más visible de la fama y ante las puertas de la gran posibilidad deportiva del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 Jorge Carrascosa jugaba con eficiencia y pensaba con profunda holgura.
Seguro de su posición en la cancha, también era un sólido sujeto en sus propias convicciones. Porque también se puede ser feliz con la sencillez de las cosas accesibles, con el buen gusto de la sobriedad o con la candidez de los ideales realizables. Con lo simple, alejado quizás de las pautas comerciales o de las incontenibles propuestas de superación material.

Y entonces dijo chau

En la Argentina de aquel momento gobernaba la Dictadura. Y ante esa circunstancia, con la incipiente conciencia sobre los desaparecidos y las muertes que ocurrían en ese momento, Jorge "Lobo" Carrascosa tomó una decisión: declinó la capitanía y también la convocatoria a jugar en la Selección.
Infructuosos fueron los intentos del entrenador o de las autoridades de la AFA para que reviera esa situación. No solo era un desmedro deportivo sino también un escándalo. Pero Carrascosa se mantuvo firme con la misa solidez que marcaba la punta izquierda. Dijo que no, cuando decir no es decir no.
Juntó las cosas en el bolso y se fue. Su carrera se vio comprometida (por supuesto) y terminó dejando la competencia hacia el año 1979. Algunos dicen que se perdió la gran oportunidad de ser campeón del mundo, otros casi ni lo recuerdan.
A fuerza de decir verdad, Jorge Carrascosa le dio a las cosas la escala de importancia que quizás debían tener. Él mismo decía en una entrevista que "El fútbol es apasionante, pero hermano, no está en juego ni la vida ni la patria. Se gana, se pierde o se empata, el tema es hacerlo con dignidad. Si a vos te supera un equipo, o un jugador por tener mejor talento, debés reconocerlo y perder con dignidad. Si hay algo que no entiendo en el fútbol, y eso que yo he estado allí adentro, es que mucha gente tiene un respeto y una fidelidad hacia su equipo que no la tiene en otros valores que son más importantes que una camiseta. No se traiciona a la camiseta, pero sí se traicionan cosas terriblemente más importantes."
Se refería a la tranquilidad, a la alegría, a la solidaridad y a la elocuencia de lo bien logrado. Tal vez por eso se volvió a su casa, despreciando el manejo publicitario del Mundial por parte de la dictadura o el manoseo comercial que se vislumbraba.
De alguna forma y por esos caprichos de la memoria, una cita borgeana invoca al recuerdo. En el célebre cuento "Ulrica", donde lo súbito, lo bello y lo triste se amalgaman en una historia de extraño amor. Allí, allí mismo, la protagonista sentencia con claridad "¿Oíste el lobo? Ya no quedan lobos en Inglaterra."
Jorge "el Lobo" Carrascosa vive con su familia en algún lugar de Buenos Aires, dedicado a la producción de seguros, a compartir con sus amigos y a tomar café. ¿Será ese el equipo de los hombres felices? Vaya uno a saber eso pero la verdad es que, en ese equipo, nadie duda de que Jorge Alberto Carrascosa es el capitán.

Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...

Comentarios