Secciones
Bienestar Psicológico

Inteligencia Emotiva

La nueva competencia para ser mas competentes.

Domingo 08 de Septiembre de 2019

La inteligencia emotiva viene definida como la capacidad de un individuo para reconocer, distinguir y gestionar las emociones propias y la de los demás.

El concepto de inteligencia emotiva es relativamente reciente, la primera definición resale al año 1990 y fue propuesta por los psicólogos estadounidenses Peter Salovey y John D. Mayer. No obstante este inicio, el concepto de inteligencia emotiva inició a tomar más notoriedad y se ha vuelto más famoso entre el año 1995 y 1996, cuando sale publicado el libro de Inteligencia Emotiva por parte del autor, psicólogo y periodista científico, Daniel Goleman.

Inteligencia Emotiva según Salovey y Mayer

Según este primer modelo, la I.E. incluye cuatro habilidades diferentes:

1. Percepción de las emociones: la percepción de las emociones es un aspecto fundamental de la I.E.. En este caso debe entenderse como la capacidad de asumir y decifrar no sólo las propias emociones, sino aquella de los demás. Esto se llega a poder realizar con entrenamiento y atención focalizada, a través de identificar diferencias en el rostro de los demás, en las imágenes fotográficas, en el tono de la voz, en la postura, etc.

2. Uso de las emociones. Se entiende como la capacidad del individuo de utilizar las emociones y aplicarlas a una actividad como pensar y resolver problemas.

3. Comprensión de las emociones. Es la capacidad de entender las emociones y de comprender sus variaciones y la evolución en el tiempo.

4. Gestionar las emociones. Consiste en la capacidad de regular las emociones propias y la de los demás, sea positivas o negativas, gestionándolas de manera tal que te permita llegar a tus objetivos prefijados.

Según estos autores estas habilidades se encuentran en estrecha correlación una con otra.

Inteligencia Emotiva según Goleman

Según su modelo, la I.E. comprende una serie de capacidades y competencias que guían al individuo para obtener liderazgo. Y viene explicada a través de estas características:

1. Conciencia de sí mismo. Entendida como la capacidad de reconocer las propias emociones y las fortalezas, así como también los propios límites y debilidades. Además comprende la capacidad de intuir como éstas características personales se encuentran en grado de influenciar frente a los demás. Estoy en contacto con mi interioridad. Me vuelvo consciente de cuanto me hace enojar o sentir felicidad una situación o persona. Reconozco las esfumaturas entre estar entusiasta, feliz, alegre.

2. Autoregulación. Describe la capacidad de gestionar los propios puntos de fuerza, emociones y debilidades, adaptándolas a las diversas situaciones que podrían presentarse, con el objetivo de alcanzar objetivos y metas. No negarse la posibilidad de sentir emociones desagradables e incómodas, porque sólo así sabrán como aprender a dominarlas. Se aprender a conocer a cómo controlar los impulsos y la emotividad.

3. Habilidad Social. Cosiste en la capacidad de gestionar las relaciones con las personas con el objetivo de orientarlas hacia el logro de un determinado objetivo.

4. Motivación. Como la capacidad de reconocer los pensamientos negativos y llegar a transformarlos en pensamientos positivos para que estén en grado de motivarse a ustedes mismos y a los demás. Los sentimientos bien gestionados pueden ayudarnos a llegar muy lejos, pueden ser ambiciosos, ser deseos o necesidades, no importa de cual se trate el punto de partida, mientras que sean emociones nobles, posibles de ser llevadas a cabo para poder motivarnos.

5. Empatía. Es la capacidad de comprender en plenitud y por qué no también de percibir y sentir el estado de ánimo de otras personas. Probar un genuino interés hacia las otras personas. Buscar interesarse, entender, comprender, mejorar la vida de otra persona sintiéndome como se esa persona se siente, hacerle preguntas y profundizar. Lo escucho atentamente, activamente y profundizo.

Según este autor, a cada una de éstas características le corresponden diversas competencias emotivas, entendidas como habilidades prácticas que son necesarias en el individuo para poder instaurar relaciones positivas con otros. Tales competencias no son innatas, pero pueden ser aprendidas, desarrolladas y mejoradas para lograr mejores prestaciones laborales y capacidad de liderazgo. Según Goleman, cada individuo viene dotado de una inteligencia general desde el nacimiento y el grado de esa inteligencia determinará la probabilidad, más o menos elevada, de aprender a desarrollar en otro momento de la vida, las competencias emotivas mencionadas.

Efectos y Beneficios de la I.E. en la vida cotidiana

Independientemente del tipo de modelo adoptado para describir los rasgos y características, la presencia de un grado elevado de inteligencia emotiva, entendida como la capacidad de percibir, reconocer y gestionar correctamente las propias emociones y la de los demás, debería aportar, al menos teóricamente, grandes efectos y beneficios en todos los aspectos de la vida cotidiana de una persona.

Para ser más precisa, se pueden obtener los siguientes beneficios:

• Mantener mejores relaciones sociales

• Establecer relaciones familiares y sentimentales mejores

• Ser percibido por los demás de manera más positiva respecto a otras personas con escasa I.E.

• Sentirse en grado de iniciar mejores relaciones en el ámbito laboral.

• Poseer una mayor probabilidad de comprenderse a sí mismo y de tomar decisiones correctas y funcionales, basándose en la lógica, además de sus propias emociones.

• Mejorar el rendimiento escolar o académico.

• Disfrutar de un bienestar psicológico sistémico, es decir, que incorpore todo el contexto en el que nos movemos en cuanto a relaciones en la vida cotidiana. Quien presenta un buen nivel de inteligencia emotiva, poseerá una mayor probabilidad de sentir satisfacción con su propia vida, de sentirse con un grado mayor de autoestima y un menor nivel de inseguridad. Además es muy útil en relación a la prevención de elecciones disfuncionales en la vida, comportamientos errados, inclusive que tengan que ver con la salud, por ejemplo: el abuso de sustancias en general o cualquier otro tipo de dependencias.

Lo que nos tiene que quedar claro es que hay que trabajar para mejorar nuestra manera de ser en el mundo para llevarnos mejor con nosotros mismos y en las relaciones con los demás. Así que a ponerse a reflexionar a cómo mejorar nuestra inteligencia emotiva, es un buen camino para sembrar un bienestar que aporte recursos en todos los contextos con los que nos relacionamos. Y colabora a tener que focalizar en distinguir entre una emoción y otra diferente para ser más conscientes de nuestras reacciones y nuestros recursos potenciadores de personalidad que tenemos.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario