Secciones
Cristales, espejos y otras ilusiones notorias

Historias chinas III: Yongtai, princesa

Crónica breve de una princesa dulce. Una historia de la dinastía Tang

Miércoles 18 de Septiembre de 2019

La inmersión en la vastedad de la mitología china es una experiencia de fascinaciones. Soluciones mágicas y explicaciones primordiales a todos los interrogantes del Universo culminan apaciguando el sagrado interés humano de la comprensión. De alguna forma razonable parece resultar posible la explicación de la primavera, la percepción de la tibieza del sol o el transito lunar. Descifrar algunos de sus caracteres (alguno solamente de los aproximadamente 50.000 que componen su lenguaje) puede ser la representación de historias milenarias y costumbres pretéritas. En efecto, uno solo de esos caracteres puede tener significaciones impensadas, increíbles pero a la vez verosímiles. Allí está (Yuè), que es la luna. En verdad es la Luna que algún hombre observa en la noche, por la ventana que se encuentra a media altura de su casa. Podríamos además deducir que está solo y por eso es contemplativo; y quizás sea un prisionero y por ello se encuentra aislado y por eso solamente está acompañado por la Luna. Y que recuerda su familia y añora su caballo. Sí, todo eso puede significar apenas un carácter, que dice ser Luna y que se llama Yuè.

Tanta vastedad se despliega desde uno solo de esos trazos característicos y misteriosos, y así por la caligrafía permanente y constante de centurias. Parece tan interminable como la historia de las cosas bellas. O como esta historia que me contaron o me dijeron o estaba oculta y expectante entre caracteres y trazos.

La corte de la Emperadora Wu

La princesa Yongtai era nieta del emperador e hija del sucesor en el trono. Dicen que su belleza era notoria y que andar parsimonioso y sutil en la corte era alabado como una creación de la divinidad. Había nacido en el año 685 y aunque tenía un nombre ajeno a las cortesanas ya se sabía que sería notoria. Ella se llamaba Li Xianhui.

Eran tan hermosa que se decía de ella, que empalidecía la flor de los ciruelos. No me consta pero lo asevero.

Aunque de todas maneras y antes que llegara la belleza subsistía la maldad (casi como en los tiempos modernos) hecho forma de gobierno de la mano de la Emperadora Wu. Es difícil precisar los alcances de la gestión del gobierno de Wu, ya que las centurias, la escasez de traducciones y las pocas referencias precisas de la historia han tergiversado o magnificado. Pero es cierto que su determinación era tal y suficiente que (fallecido el emperador) el trono no fue ocupado por un heredero sino por su esposa, esto es la propia Wu. No era ella la Emperatriz sino la Emperadora y ejerció el poder con cierta fiereza.

De todas las versiones posibles y las deducciones que los caracteres y recopilaciones permiten, hay una que parece la versión más dulce y acorde con la floración de los ciruelos y duraznos. Porque resulta que en el fragor del gobierno de la Emperadora y al igual que en cualquier sitio o momento crítico, existe un resquicio y una hendija por donde la luz de las sensaciones se fugan de la oscuridad.

Por allí “la que opaca las flores de ciruelo” apareció en la corte, con su sonrisa tímida y el desprejuicio de sus pocos años. Las versiones son encontradas o al menos diversas, pero el interés de la joven nunca había transitado por hacer peligrar el poder de Wu o tener alguna pretensión a la Corte. Y que su vida de palacio solo era contemplativa y despaciosa, calma y atenuada. No existen constancias de que haya escrito o pintado alguna obra y eso tiene una razón: no era ella quien debía hacerlo sino que su destino era ser la inspiración.

No en vano palidecían las flores cuando sus pasos cortos iban a pasillo y su mirada suave enternecía al. Era ella la contemplada, ansiaba cualquiera su retrato. Se casó con el príncipe Wu Yanji.

Parece ser que la corte de la emperadora Wu era tan terrible y plagada de atrocidades que la presencia de aquella joven era una perturbación. La paranoia de Wu catalogó la sonrisa y el desinterés de Yongtai como si fuera un atentado al gobierno o una conspiración de la felicidad. Como si esta pudiera ser contenida por un decreto o una decisión gubernamental.

El hallazgo de la ciencia

Todas las historias se explican de dos maneras: por los documentos o por las mitologías. Como en esta, como en el caso de la “empalidece la flor de los ciruelos”. En el año 1960 fue descubierto un sistema de tumbas en el condado de Qian en lo que se denomina como el mausoleo Qianling. Casi 1300 años después de la historia de la sonrisa desinteresada en el imperio y los ciruelos avergonzados, en una de aquellas tumbas podía identificarse perfectamente la que correspondía a la princesa desdichada.

Digo esto porque la historia (documentada o mitológica) coincide en sostener que la emperadora Wu decidió asesinar a la joven tal vez para desalentar las conspiraciones, para evitar atentados o simplemente por esa inexplicable cuestión humana de no entender el desapego de otros por ciertos beneficios materiales. Lo cierto es que la parafernalia de Wu terminó con la belleza de la joven princesa, con la musa de los poetas y la vida del esposo Wu Yanji.

Las excavaciones del complejo de tumbas comenzaron hacia el año de 1964. Fueron hallados muchos objetos de arcilla, escasas pequeñas estatuas de metal y otros elementos que custodiaban el lugar. Habían saqueado en algún momento el resto de las riquezas y como si fuera que algo divino se tomaba venganza, el cadáver de un ladrón desafortunado también había quedado enterrado.

Pero sobre las paredes, sobre los techos y las columnas una serie de frescos inalterados contienen las imágenes de unas jóvenes que en procesión, habrían de acompañar por siempre a la joven Yongtai.

Dicen que la Emperadora Wu la mandó a envenenar cuando ella tenía 17 años; y que luego pasó lo mismo con su esposo. Y que fue recién después de depuesta que el nuevo emperador ordenó su enterratorio conjunto. La verdad es que la sonrisa desapareció para siempre de allí, la atrocidad de Wu se extinguió y la historia de China se sigue nutriendo de fantásticas historias.

Los ciruelos, por cierto, siguen floreciendo en cada estación de primavera. Pero aunque florecidos, ya no han vuelto a empalidecerse.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario