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Cristales, espejos y otras ilusiones notorias

Historias Chinas 2. 中国故事 = Li Bai, el emperador del vino (酒). 李白,酒仙

Los caminos del imperio, montañas y nubes de un poeta rebelde

Domingo 08 de Septiembre de 2019

La poesía está llamada a ser rebelde y hasta en algunos casos revolucionaria. Suele ser más letal y lesiona lo suficiente para alterar dinastías, discursos retardatarios e inclusive dictaduras enquistadas. No cabe duda que hay cierto fragor que surge de sensibilidades diferentes y extremas, y tampoco de que las palabras son tan filosas como los aceros blandidos en defensa o agresión.

En la historia son muchos los ejemplos y datos de escritores y poetas que han vulnerado la resistencia más atroz, incluso las armas han debido ceder a la letal profundidad de las palabras. Emperadores, dictadores, sacerdotes y blasfemos…siempre las poesías son un grado superlativo que orada y orada como un minero incompasivo.

En la vastedad de la explicación universal de los chinos, la fortaleza de la inspiración de quizás el poeta de mayor predicamento y reconocimiento de su historia resida en Li Bai (李白) (algunas veces conocido en Occidente como Li Po en la antigua traducción). Nacido durante el período de la Dinastía Tang en una aldea de nombre Tokmak. Un lugar que si bien hoy no es parte del actual territorio del país si pertenecía en aquel Siglo VIII a los dominios del imperio. Había nacido en el año 701 y durante 61 años llevaría su inspirada realidad por casi toda la extensión imperial, gestando una vida legendaria y una cosmovisión que los años y la contemporaneidad transformaron en mitología.

Una vida intensa y colosal

Desde muy temprano daba muestras de su natural habilidad para la descripción y la poesía. A los veinte años y para estudiar taoísmo, se refugió en las profundidades del monte Min. Llevando una vida nómade y displicente, el poeta hallaba inspiración a diario en cada elemento que la naturaleza, sus amigos o el vino (酒) le iban indicando. Conoce al poeta Meng, que había vendido la totalidad de sus posesiones y su cargo cortesano para irse a vivir con los campesinos…y Li Bai (李白) además de admirarlo, lo imitó. Inicia y disfruta del aprendizaje de grandes viajes y expediciones por el rio Yangzi, el lago Dongting y la ciudad de Luoyang.

Justamente, en uno de esos viajes se relaciona con el taoísta Wu Yun quien era autor de un libro sobre la inmortalidad. Este hecho (la inmortalidad) la luna (月), las montañas, el amor y el vino (酒) son los detonadores constantes de la inspiración del poeta; lo cual sumado a su adhesión a la filosofía taoísta confluyen sobre su personalidad los componentes de un ser legendario.

Con mi jarra de vino () entre flores, sin amigos, bebo solo. Levanto la copa e invito a la Luna () y somos tres con mi sombra” es una conocida poesía de Li Bai (李白) ¿Habla allí de la soledad, del vino (酒) o de la alegría? Quizás de todo, en ese sincretismo tan particular.

Cierta vez lo invitaron a la Corte del Emperador Ming Huang. En el cenit del baile y cuando la concubina llamada Yang danzaba, nuestro poeta sufre una súbita inspiración motivada en la belleza de la concubina. Y entonces dice “”Arrastra con sus vestidos la gloria de las nubes, luce en su rostro la frescura de las flores. ¡Oh, celeste aparición que sólo se podría imaginar en la elevada montaña de las Mil Joyas o en el Cristalino Palacio de las hadas de la luna () ! Sin embargo está aquí, en el jardín de la Tierra. La brisa leve acaricia la balaustrada. Toda pasión que la primavera enciende, todo soplo de amor material es vencido, en cuanto se la ve descalza”

La belleza de la concubina Yang concordaba con la gracia de su baile y la poesía espontánea del escritor. Algo que no fue tenido en cuenta por el crudo emperador Ming quien inmediatamente decidió desterrar al poeta, lejos de las concubinas y cortesanas.

Li Bai (李白) se refugió en los montes y montañas. En cada pueblo permutaba su locuacidad por algunas copas de vino (酒), único sostén de sus evocaciones y alimento que realmente admiraba.

Junto a otros amigos de la poesía y la bebida, durante varios años se fueron de eremitas a la montaña solamente a escribir y alabar la naturaleza. Durmiendo sobre piedras, abrigados con pieles de animales y bebiendo agua del hielo nocturno sus hazañas solitarias comenzaron a trascender y fueron reconocidos como Los extravagantes del torrente de los Bambúes.

Cierta vez y estando aún aislado del cotidiano mundo, el Emperador impresionado por la fama de Li Bai (李白) envía a sus tropas a requerirlo para que se presente en la Corte. Los soldados luego de la expedición hacia las alturas escarpadas logran dar con Li Bai (李白) e insisten en trasladarlo al Palacio. El poeta, absolutamente incólumne los devuelve con un mensaje: el único Emperador que conozco es el vino (酒), y está en mi casa. Después, cerró la puerta.

Purificados de mil años de tristezas, bebamos juntos cien jarras de vino (). Ebrios, recostados sobe la montaña vacía, nos cubrirá el cielo amigo y la tierra será nuestro lecho”. Es palabra de Li Bai (李白)

Relato de una muerte brillante

De Li Bai (李白) se sostuvo siempre que se trataba de un inmortal desterrado. Desterrado de su patria humana y fundamentalmente de su divinidad, habitando de tal forma lugares comunes para esparcir la habilidad magistral de sus poemas. A veces la muerte es un horizonte indeseado para el causante, pero sucede que transforma de manera ineludible lo habitual en hechos divino (酒)s. Como fuera, hay veces en que la frialdad de los documentos históricos conculca con el halo luminoso de un deceso mágico. Reside en los hombres la interpretación de cada cosa, asimilarlo y creer. Porque la historia indica que nuestro Li Bai (李白) dejó de latir en el año 762, solamente enfermo en el pueblo de Dangtu. Quizás sometido a cuidados ineficaces o porque el arco había lanzado todas las flechas pero así parece haber sucedido

Aunque por fortuna solo se trata de una versión de la historia, porque hay otra. Dicen que sobre la cubierta de un bote de madera y navegando, Li Bai (李白) se entregó al festejo multitudinario compuesto por su sombra, la Luna (月) y el mismo. Ansioso de celebrar el encuentro de esa noche y brindar por ello, alzó su copa al aire e intentando abrazar la Luna(月) , cayó al agua del lago, para siempre e invocando versos magistrales que nunca conoceremos. La muerte solamente es otro lugar, aunque para los mortales.

Li Bai (李白), el inmortal desterrado, el coloso de risotadas y libaciones inauditas, subsiste por los siglos de los siglos.

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