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Diálogo Abierto con José Valente

"Hay que mantener lo formativo, incluso con los deportistas mayores"

La Educación Física como herramienta docente general, y la falta de planificación en la escuela. Los padres que no son padres.

Viernes 28 de Junio de 2019

Independientemente de reunir una larga, variada y productiva trayectoria en la competición deportiva, el profesor José Valente rescata por sobre ello, el aspecto formativo y educativo de la actividad física en cualquier ámbito, nivel o disciplina. “Los padres que se pelean con los árbitros, retan a sus hijos por una mala jugada, se pelean con el entrenador porque creen saber cuánto tiempo tiene que jugar el hijo, es violencia”, enfatiza el ex docente y entrenador, quien puntualiza falencias de instituciones y entidades involucradas en tan importante aspecto del desarrollo humano.

Los baldíos y el club

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, el 30 de enero de 1950; viví en calle Las Lechiguanas –a una cuadra de Artigas.

—¿Hasta qué edad viviste allí?

—Estuve poco porque a los 12 años creía que me gustaba la carrera militar, pero a los cuatro años no sabía cómo hacer para salir. Viví hasta los 26 años, alternativamente, ya que cuando terminé quinto año acá, fui a Santa Fe a estudiar el profesorado de Educación Física, luego iba a dormir a casa, durante seis años, hasta que me casé.

—¿Cómo era la zona?

—Muy linda, con calles de tierra y baldíos; jugábamos con pelotas de trapo y nos trepábamos a los árboles. Había una zona que le llamaban Los Olivos, donde sacábamos aceitunas.

—¿Otros juegos?

—Con la gomera cazábamos pajaritos.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi padre comenzó en Nestlé como cadete y terminó como gerente –y luego fue visitador médico–, y mi madre, ama de casa, aunque también trabajó en la Secretaría Electoral. Mi hermano es visitador médico y mi hermana también es profesora de Educación Física.

—¿Qué visión tenías del centro?

—El tranvía llegaba hasta (avenida) Zanni. Estábamos en contacto con el centro porque mi padre nos mandó a la escuela Normal y a la Acción Católica en la catedral, aunque yo no tenía en claro lo que hacía. Yo jugaba al fútbol en Universitario.

Exigencia, culpa y deporte

—¿Mandatos?

—Siempre hay, que quedan grabados: lo que uno buscaba, lo tenía que conseguir, además de no mentir y hacer las cosas bien. Si mi padre me decía “José, traé berenjenas”, yo iba, me preguntaba, le decía que había ido a la esquina y que estaba cerrado, y me contestaba “no te dije que fueras a la esquina, sino que trajeras berenjenas”. Era una exigencia muy grande pero uno tiene que saber que para conseguir algo, hay que moverse, aunque no tanto lo de tener todo con esfuerzo y culpa, propio de la tradición judeo-cristiana.

—¿Leías?

—Muy poco porque no se veía en mi casa. Sólo libros infantiles y los de la escuela secundaria.

—¿Sentías una vocación?

—No. Cuando terminé quinto año no sabía qué hacer. Hice un año del profesorado de Química y un amigo me dijo por qué no hacía el profesorado de Educación Física –ya que me gustaba mucho el deporte–, y ese trabajo me dio una vida muy linda.

—¿Cuál fue el primer deporte que practicaste regularmente?

—El fútbol, por la cercanía con Universitario –que hacía un trabajo de formación de chicos muy buena– y por los baldíos.

—¿Qué materias te gustaban?

—Psicología y Castellano.

—¿Por qué fuiste al Liceo militar?

—Porque en esa época era bien visto, como el empleado bancario… ¿pero qué se puede saber a los 12 años?.

Sobre todo, la formación

—¿Qué idea te hiciste de la Educación Física antes de comenzar a estudiar?

—Que era el desarrollo de una actividad deportiva, hasta que comencé con las prácticas en el último año. Mientras estaba estudiando, comencé a trabajar como cuidador y enseñando a nadar en Sionista, cuando se inauguró el camping David Ben Gurión, y estuve hasta hace ocho años, cerca de 40 años. Fue mi segunda casa durante mucho tiempo, tuve la preparación física de los equipos de básquet –hasta llegar a la Liga Nacional–, de los equipos de vóley femenino, de fútbol de salón y finalmente fui director deportivo, coordinando todas las actividades. Trabajé muy bien, al igual que en la Dirección de Deportes de la Provincia.

—¿Cuál fue el paradigma en el cual te formaste?

—Lo fundamental fue utilizar la Educación Física como herramienta docente general, a desarrollar en distintos ámbitos y objetivos. No es lo mismo una escuela primaria, secundaria, un club recreativo o competitivo. Pero siempre hay que mantener lo formativo, incluso con los deportistas mayores.

—¿Claves?

—Las reglas de la vida están en el deporte: lo social, la honestidad, lo que se puede permitir y lo que no, el esfuerzo, la solidaridad…

—¿Y en cuanto a la concepción del entrenamiento?

—Siempre se revisa continuamente, incluso hoy, porque hay cuestiones sobre las cuales no tengo conclusiones. Depende del nivel de competencia, nacional, local, provincial… Cuando se toma a un grupo hay que intentar ver claramente cuáles son las intenciones, para decidir el abordaje.

—¿Tuviste algún formador influyente?

—Una profesora de Psicología Educativa, porque esa materia me encantaba, al igual que Sociología, y un profesor de rugby, deporte que jugué un tiempo.

—¿Qué conclusiones sacaste de tu trayectoria en el fútbol al estudiar el profesorado?

—Cambió mucho y aún sigue ocurriendo. Faltaba un entrenador, por ejemplo en la 10ª división, y lo llamaban a “Carlitos”, que estaba todo el día en el club y le gustaban los chicos. Muchas veces se pone a alguien al frente de un grupo de chicos que no está capacitado, como si los chicos no necesitaran nada, y es totalmente al revés. Es una tarea de enseñanza y formación, en la cual tienen que estar los mejores docentes.

Escuela sin orientación

—¿Dónde imaginabas trabajar antes de recibirte?

—No tenía idea; pensaba dar clases ya que me había anotado en el CGE y comencé con una suplencia en la Escuela Rivadavia –donde quedé de titular mucho tiempo– y luego en la escuela Industrial. También me buscó un grupo de veteranos de sóftbol que querían jugar al vóley, me gustó y llegué a ser presidente de la Asociación Paranaense de Vóley.

—¿Fue el primer plantel o grupo que preparaste?

—Sí, y en Patronato trabajé desde 1975 a 1977, con buenos resultados.

—¿Cuántos años ejerciste la docencia?

—Cerca de 40 años.

—¿Qué etapas marcarías en cuanto a la evolución o no de las políticas de Educación Física en ese lapso?

—Nuestra profesión es una suerte, porque nos permite trabajar con todas las edades, grupos, ambos sexos, distintos niveles de la escuela, clubes, seleccionados, colonias de vacaciones, campamentos… entonces se tiene un panorama amplio y hermoso, y cualquier actividad sirve para aprender y conocer. La escuela Primaria me encantó pero al igual que en la Secundaria no cumple lo que debiera, ya que no hay una orientación como la que hablábamos anteriormente. Entonces luego, en los clubes hay una invasión de chicos de hasta 12 años, pero como el afán de ganar está puesto en todo, el padre, la madre, el entrenador y el dirigente los cansan. Y a los 14 años hay unas ausencias terribles, además de las que se producen cuando terminan la secundaria y comienzan la facultad. No puede ser que un chico de seis años esté hasta los 12 jugando a un deporte sin conocer otro. En la escuela secundaria debiera darse un muestreo de disciplinas.

—¿No es por, también, comodidad de los profesores?

—No, no…

—Es más fácil darles una pelota de fútbol que practicar distintos deportes.

—Sí, pero eso ocurre cuando no lo quiere hacer o no le interesa, lo cual puede ocurrir en cualquier profesión. Más allá de eso no puede ser que la actividad física sea la que le interesa al profesor sino que tiene que estar planificada desde primero hasta quinto año.

Los padres “amigos”

—¿Siempre hubo esa falta de planificación?

—Se ha mantenido, en general, pero en la educación general se advierte mucha decadencia. También hay despreocupación de los padres y no puede ser que vayan a la escuela a defender a sus hijos como si fueran amigos.

—¿En mejores épocas educativas hubo mejor educación física?

—Es difícil… la actividad física se ha mantenido pero no he visto políticas que se lleven a cabo en nada. Hay mejoras en cuanto a la formación docente. Tenemos problemas de control de gestión en cuanto a que no se desvirtúe lo que decimos que vamos a hacer.

—¿Qué experiencia rescatás como muy satisfactoria?

—Vas aprendiendo y cambiando, pero lo fundamental es intentar hacerlo bien, con lo cual se puede o no tener resultados, pero te vas tranquilo porque hiciste todo lo posible. Seré poco humilde y diré que todas las actividades me gustaron, y tengo muy bueno recuerdos. Si hay algo que me hizo decidir la jubilación en el sector estatal, fue la falta de reconocimiento de los esfuerzos, el que no se esforzaba estaba en el mismo tren…

—¿Un nivelamiento hacia abajo?

—Sí, y además los padres tienen que ser padres y si hay que decir que no –que es la mayoría de las veces– hay que decirlo.

—¿Cuándo se produjo este cambio de actitud de los padres tanto en las escuelas como en los clubes?

—Comencé a verlo hace unos quince años. En cuanto a la iniciativa de los padres, en general, de llevar a sus hijos a hacer los deportes que ellos quieren, fue siempre. Hice un pequeño escrito sobre algo que no parece violencia pero lo es: los padres que se pelean con los árbitros, retan a sus hijos por una mala jugada, se pelean con el entrenador porque creen saber cuánto tiempo tiene que jugar el hijo… Es violencia, es una presión, al igual que un padre que se compra un cronógrafo para medir qué tiempo hizo el chico en natación. Con una psicóloga hicimos un trabajo con chicas de 12 años de cómo modificaban su rendimiento y conducta en los partidos por la presencia o no de los padres.

José Valente 3

La cuestión de la alta competencia

—¿Cuál es la frontera de dicha presión, porque para lograr un deportista federado y ni hablar de alta competencia o élite, ese factor tiene que estar presente?

—No he tenido deportistas de élite pero sí federados con buen rendimiento y resultados. Creo que no haber hecho mal en la parte física, lo cual en otras partes se ve. Un deportista de alto rendimiento, a la larga tiene problemas físicos. Entonces hay que plantearse lo que uno quiere. Es bueno que los chicos en su primera infancia tengan un muestreo para poder elegir; hay deportes que se necesita comenzar antes que otros, como el tenis, la natación y la gimnasia, pero no estoy convencido de entrenar un chico sin saber qué hará de su vida.

—Hay mecanismos para detectar eso.

—Sí, se puede evaluar, pero el tema es si llega o no. Hay chicos que dejan la escuela y otras actividades porque ellos, los padres y los entrenadores creen que pueden llegar, pero después no pasa nada…

—¿Hasta qué edad o etapa el deporte tiene que ser lúdico o hacerse ese muestreo de disciplinas?

—Lo lúdico tiene que estar siempre. La especialidad puede comenzar a los 14 o 15 años, pero no es fácil decir “comenzamos con fulano un entrenamiento que lo llevará a tal lugar o será un jugador de élite”. Hay que ver también los intereses del chico. Lo lúdico ha crecido mucho ya que se ven equipos de mamis jockey y vóley, y equipos de fútbol del interprofesional, aunque hay que tomar la actividad en esas edades con un control. Veo partidos de fútbol en enero a las dos de la tarde… y después la cerveza.

—¿No será que no hay una estructura ni acciones coordinadas entre escuela, clubes y federaciones para detectar a los potenciales deportistas?

—Volvemos a lo mismo: no hay nada articulado. Los planes están pero nadie hace el seguimiento, orientación ni control.

—¿Cómo pensás esa articulación?

—Algunos clubes de natación han tenido ayuda de la Provincia para prestar sus instalaciones a las escuelas cercanas, para la asistencia de chicos humildes. Se puede potenciar porque, ¿cómo puede ser que haya chicos que, por ejemplo, en Bajada Grande, se pueden ahogar? ¡No puede ser! Es una articulación elemental.

—¿Cuáles son las falencias en las etapas más avanzadas del desarrollo físico y de la actividad deportiva?

—En la escuela secundaria se puede, por ejemplo, en el caso de un chico que hace deporte en forma federada, adaptar determinada educación física.

—¿Dos o tres cuestiones que tenías presentes antes de ir a una clase?

—Estar bien, porque uno no es una máquina, o cambiar a una actitud positiva en el momento en que ingresaba a la escuela o al parque. Estar preparado para la clase y saber que estaba en una actividad formativa.

—¿Y en un plantel?

—No difiere mucho, ya que lo formativo tiene que estar presente, independientemente de lo específico.

—¿Qué deportes observás?

—Poco; ahora estoy leyendo, y viendo actividades culturales. Seguí mucho fútbol, vóley y rugby.

—¿Sabés o imaginás cómo es el entrenamiento físico en el rugby de élite?

—Puedo imaginarme. Me gusta, jugué y trabajé, pero en el rugby actual comencé a ver cierto nivel de violencia que me chocaba. Dejé de trabajar por eso.

—¿Qué avances fundamentales hubo en los últimos años en materia de entrenamiento físico?

—No te puedo precisar pero los cambios en el deporte son muchos y continuos, técnicos, tácticos, alimenticios, de conductas… Tal vez el que menos ha cambiado es el fútbol. En Las Leonas, esté quién esté, siempre andan bien. En el rugby y en el fútbol, en cambio, el rendimiento no es regular.

—¿Por qué considerás que es sustentable el proceso de Las Leonas?

—Para obtener resultados influye un buen entrenador, un buen docente, un buen grupo de gente y dirigentes, ganas de hacer las cosas y una dosis de suerte –como en todo. Ahí se ha dado, y no son reconocidas, mientras que hay otros deportes que se muestran más. En el mundo son más reconocidas que acá.

—¿Es indispensable el psicólogo deportivo?

—Es muy importante, porque hay conductas a modificar, determinar las características de cada uno y analizarlas para obtener más resultados… hasta considerar las horas para el mayor rendimiento individual y colectivo. También tiene el trabajo de contención, algo que el preparador físico hizo históricamente.

Deportistas, equipos y la mujer ante la competencia

El exdirector deportivo del Centro Juventud Sionista –de Paraná– destaca sus preferencias en cuanto a deportistas y planteles, y destaca en cuanto a la actitud deportiva de la mujer que es más competitiva que el hombre.

—¿Tres deportistas?

—Ginóbili, sin dudas; Batistuta –por su filosofía de vida y actitud familiar–; y la persona más habilidosa que vi, Maradona –sin poder despegar su vida personal–, al igual que Monzón y Locche, a quienes me sentaba para verlos ganar, como al Boca de Bianchi.

—¿Tres grupos o equipos?

—El del 78 (selección nacional de fútbol) –más allá de todo lo que se pueda decir, era un buen grupo–, el equipo en el cual estuvo (Agustín) Pichot y, siempre, Las Leonas.

—¿De lo personal?

—Estuve bien con todos los grupos, más allá del rendimiento. De Primera –vóley, varones y mujeres– en Patronato, con los cuales fuimos campeones, en invierno trabajábamos en los vestuarios porque no teníamos cancha techada y las chicas vendían rifas en los partidos de fútbol para comprar las camisetas. En Sionista tuve equipos de chicas con las cuales entrenábamos en pleno enero en el Thompson.

—¿Cuál es la particularidad de entrenar a mujeres?

—Somos distintos en todo: son muy fuertes, inteligentes, cariñosas y hay que estar muy atento, ya que pueden ser más problemáticas. Hay que tener en cuenta detalles. Teníamos que hacer camisetas, lo expuse para que opinaran y ¡Dios querido!, fue la única vez, porque nunca se terminaba la discusión sobre las mangas, el escote, las rayas…

—¿Cómo es la mentalidad media deportiva de la mujer que compite?

—Es más competitiva que el hombre. Cuando se viste, por ejemplo, se viste para la competencia.

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