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Jueves 01 de Agosto de 2019

Cuando hablamos de adolescentes, hablamos de una etapa que incluye también la preadolescencia ya que los chicos han evolucionado en sus formas de pensar, relacionarse y comunicarse muchos más veloz de lo que sucedía antes de que aparezca la tecnología. Es lo que habitualmente se llama “Millenials¨, niños nacidos a mediados/finales de los años 80 en adelante (dependiendo de su acceso a las nuevas tecnologías). Es una franja extensa de edad que va aproximadamente desde los 10 - 12 años hasta que terminan la escuela superior (la cual se puede extender si repiten de año en la escuela).

En los últimos años hubo una tendencia a hablar de adolescencia alargada en cuanto a las actitudes y comportamientos de tipo adolescente que son evidentes en personas que desde el punto de vista psicobiológico ya han superado desde hace rato la fase del crecimiento esperado en esta etapa.

¿Por qué es importante?

Porque es una fase crucial, determinante y es el momento en donde los jóvenes comienzan a forjar su estructura estable de personalidad que conservarán en la edad adulta. A cuanto mayor satisfacción genere esa nueva estructura de personalidad, junto a la seguridad y confianza en sí mismos, mas posibilidades tendrán de guiar sus vidas de forma plena. Implica la separación del resto de la familia sin dejar de traicionar ciertos pactos implícitos por cumplir. Otro momento paradójico de la existencia.

Tareas que tiene que realizar

La principal tarea que tiene el adolescente en cuanto tal, es aquella de la propia individuación, de definirse a sí mismo por aquello que es.

No sólo es una tarea compleja, sino que es una tarea dolorosa, porque para decidir quién es, deberá diferenciarse y para después separarse de las figuras parentales.

La segunda tarea es el desarrollo de la mentalización del propio cuerpo en tránsito de cambio, y esto debe ser entendido como la adquisición de la capacidad de pensar el cuerpo con todas sus funciones: relacionales, sociales, sentimentales, eróticas, generativas y éticas.

La tercer tarea será la de construir nuevas relaciones afectivas y sociales fuera del entorno conocido.

Son tareas que impregnan al adolescente en todos los frentes de su vida intrapsíquica e interpersonal, que pueden dar miedo a los adultos, que más allá de estar viviendo con ellos, muchas veces tiene poca conciencia de la complejidad de estas tareas.

Desarmar para armar

Es un período típico de la necesidad de desorganización al que le seguirá un período de reorganización de los datos que posee, acumula, analiza y termina eligiendo. El desorden no depende de los cambios ambientales, sino mas bien, del hecho de que el desarrollo psicológico por el que atraviesan, les permite realizar una modificación cualitativa de la propia actitud.

Naturalmente se enfrentan a un “YO” dividido, por una parte una imagen para dar al externo y por otra un “sí mismo” real, constituido por sus propios pensamientos y sentimientos. La dificultad de ser ellos mismos por temor a no poder hacer frente a los cambios evolutivos de individuación y creación de nuevos vínculos afectivos, hace que el adolescente experimente profundamente la sensación de soledad.

La adhesión a las modas e incorporación a nuevos grupos de referencia, tendrán la función de garantizar la posibilidad de sentirse menos solos en el momento en que está aprendiendo a diferenciarse de las figuras parentales y en donde lo que busca es construir su propia personalidad.

¡Déjenme experimentar y alejarme un poco!

Ya no requieren tanto la presencia de su familia de forma constante como lo era antes. La capacidad de construir sus propios pensamientos respecto a sí mismos, hacia los otros y hacia el mundo en general, lo llevan a entrar en conflicto con aquellas figuras que eran su base segura, realmente existente o deseada, de años anteriores. Además, para poder formular sus propias nuevas hipótesis, el adolescente tiene la necesidad que no interfieran excesivamente en su camino, es por eso que solicitan el respeto de su privacidad (golpear la puerta antes de entrar a su habitación por ejemplo).

Si con todo esto los padres no aceptan el nuevo espacio necesario y las nuevas reglas relacionales que genera el cambio-crecimiento de sus hijos y continúan con sus demandas rígidas, el sentido de culpa que el hijo experimentará no facilitará que realice las tareas para seguir desarrollándose.

Por el contrario, aquellos que pueden experimentar experiencias de desapego y cierto grado de distancia precoz, podrá brindar la oportunidad de vivir experiencias de autonomía. Pero quien ha sido híper-protegido se volverá haragán para cultivar relaciones indispensables a través de las cuales el adolescente se experimenta para transformarse.

Relación: padres – pareja a futuro

Sea con el padre del mismo sexo o del sexo opuesto, son importantes ambos en relación a la calidad de esas relaciones, porque los adolescentes construirán el futuro de su vida en pareja con una posibilidad mayor o menor de suceso, según hayan experimentado esas relaciones de base. A través de la relación con los propios padres, se hacen hipótesis, por ejemplo, de cómo será el éxito en la pareja que elijan, sobre cuánto hay que ser amable, sobre cómo vincularse sin arriesgar a perder la independencia, etc. Dos ejemplos.

Vamos a suponer que un hombre tenga un estilo afectivo de “Don Juan”, del estilo abandónico hacia las mujeres, que podría haber tenido una madre dominante e híper - protectiva y un padre periférico (que casi no está presente). Esto puede hacer que este hijo varón tema que todas las relaciones afectivas con mujeres lleguen a tener las características de su madre, por lo cual deseará su intimidad y le costará construir relaciones duraderas con el otro sexo.

Por otro lado tenemos a una mujer que ha vivido en su adolescencia la presencia de un padre tirano y muy autoritario, lo cual puede tender a leer los comportamientos masculinos con una perspectiva excesiva de agresividad y posibilidad de posesión, lo cual impedirá a esa mujer de poder crear vínculos de confianza con el sexo opuesto.

Según mi experiencia, muchas veces, se elige a la pareja como buscando encontrar un espejo a la figura parental ya conocida y que les ha hecho sufrir, como un tentativo de equilibrar una cuenta pendiente del pasado que ha dejado la generación anterior (familia de origen). O de lo contrario se elige una pareja completamente diferente a lo ya conocido para no volver a repetir experiencias de frustración y pérdida ya vividas con una figura parental del sexo opuesto.

Se trata, de todas formas, de elecciones fuertemente condicionantes en base a nuestras experiencias precedentes y particularmente de aquello que habíamos vivido en la adolescencia, en donde se comienza a entrar en contacto con un mayor sentido crítico hacia los padres, a ser más conscientes y con su nueva forma de pensar.

Ahora blanco, en un rato negro

Individualizarse y separarse es una tarea tan difícil, que el mismo hecho de que no se desarrolle en un tiempo breve, sino que ocupe un par de años, significa que no hay posibilidad de pasar del blanco al negro. Un día, es más… en un mismo momento, el adolescente dirá que quiere “blanco” y al siguiente dirá que en realidad quiere “negro”. Esto requiere por parte de padres y educadores en general, armarse de paciencia, con una disponibilidad auténtica a sostener esa inconstancia, no ser rígidos, capacidad de ser flexibles y “a mano” para contener esos cambios de humor, de actitudes, de pensamientos, de conductas. No lo hacen a propósito, lo que sucede es que se están probando, están experimentando cosas nuevas. Necesita practicar nuevos escenarios de cómo afrontar situaciones, sentimientos, elecciones.

Después de leer lo precedente, los adultos tal vez podrán comenzar a leer ciertas insostenibles formas de posicionarse de algunos jóvenes, como así también comenzar a poner en duda las propias capacidades críticas. Podríamos serenamente viendo ciertas actitudes de una chica joven que comienza a atraerle el sexo opuesto (o no) una necesidad de la propia edad y no con esa capacidad crítica habitual que generalmente corresponde a “buscar” una real necesidad de tipo sexual. O la dificultad que puede presentar un joven, particularmente tímido, a expresarse en clase, será probablemente menos engorrosa y tendremos mayores instrumentos de decodificación, si leemos esta manifestación de la imposibilidad a sostener el peso de la vergüenza por algo que se puede decir o hacer.

Lo que hacen los adultos que se encuentran cerca es arriesgar que en ese preciso momento de necesidad del adolescente, sean escuchados, aceptados o no, ya que son experiencias cruciales para ellos en aquel preciso momento de su vida en donde se están probando.

Riesgos

Los riesgos a los cuales parecen estar dispuestos a correr los adolescentes son de otro tipo, justamente hacia el sentido del riesgo. De niños habían pensado en ser inmortales y cuando crecen, y con las repentinas mutaciones corporales en donde se van acercando a ser adultos, aprenden que su cuerpo un día puede “terminar”, morir. Los riesgos que corren son un modo para demostrarse a sí mismos que a esta idea de morir, no tienen miedo, o también puede ser un modo para demostrar su rabia.

El uso de sustancias puede ser una forma de automedicación para aquellas emociones y sentimientos de tristeza, de desconfianza, de sentirse inadecuado, etc., que se vuelven difícil de sostener. La atención que colocan en su propio cuerpo puede ser entendido como el deseo de gustar, agradar; pero también podría convertirse en una obsesión de diferentes formas que pueden variar que pueden ir variando desde la compulsión a ser sensuales a cualquier costo, a rechazar el alimentarse o consumir comida sin ningún tipo de control.

La dificultad para los adultos es justamente aquella de estar bien atentos a leer y escuchar las comunicaciones de los jóvenes sin alarmarse, al punto tal de no poder distinguir cuanto pertenezca a nuestros miedos como adultos, a nuestras necesidades de adultos, a nuestras decisiones de adultos y cuanto en realidad pertenezcan a la comunicación que el adolescente nos está comunicando.

Los adultos tienen que aprender a estar cerca de los adolescentes para ayudarlos a crecer, buscando estar lo suficientemente cerca y al mismo tiempo garantizando respeto por los tiempos y las elecciones que el adolescente realiza, y al mismo tiempo estar atentos a las señales de malestar que podrían llegar a presentar ante esas situaciones para sostenerlos y orientarlos a encontrar su propio camino, con errores y aciertos.

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