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Guía básica de supervivencia al psicólogo lacaniano

¿Qué argentina sería sin variados y pintorescos años de análisis? Los argentinos somos grandes probadores de divanes psicoanalíticos.

Martes 28 de Mayo de 2019

¿Qué argentina sería sin variados y pintorescos años de análisis? Los argentinos somos grandes probadores de divanes psicoanalíticos. Siempre al borde de la desesperación o la exaltación festosa, famas y cronopios bien dispuestos a echarse a hablar de sí mismos una hora a la semana en lo del psicoanalista. Pero la sesión en clásico estilo lacaniano, para lo que no son del rubro, puede ser desconcertante. Así que acá va una guía básica y profana de supervivencia al psicólogo lacaniano, ese que las sesiones las corto donde quiero yo, súper yo, grandísimo, el mejor yo. Yo, el director de vuestras vidas, que corto las sesiones en base a los nudos sobre los cuales tendrán que trabajar. O más bien, para ser sinceros, visto che la verdad los hará libres, porque di seis turnos en una hora. Total al final lo que produce efectos es "el transfer". Que no es un colectivito, ignorantes (ignorante: sujeto que no sabe, frase para la cual, nosotros los lacanianos, tenemos también una formula, pero no se las digo). O mejor: porque soy magnánimo, retomo la idea torpe que tienen y la transformo en una metáfora y les digo que el transfer, es el colectivito que nos pone en conexión: a vos te trae hacia mí, y a mí me lleva donde quiero yo (super yo, grandísimo yo, etc., etc.).
Mientras me hablan podría recitar pedazos del Himno de la Groenlandia o decir mmm... con mi típica mirada fija pero objetiva, mientras pienso que esta noche, aunque sea martes, me podría comer una pasta con hongos y ajo, total en las sesiones puedo no hablar que da lo mismo: hago siempre efecto queridos sujetos barrados míos. Barrados si les fue bien, y papá vino a dictar ley y a arruinar su idilio con la madre que estaba por devorarlos. Sino, sujetos y basta. Grandes S psicóticas. Como Superman, que aunque parezca dividido, anteojos sí anteojos no, es un todo único omnipotente, y la cosa mas lampante: ¡se cree Superman! Sino sería un neurótico más, con un trauma infantil (los verdaderos padres, la criptonita, etc), capacidades fuera de lo normal aplastadas por un asfixiante sentimiento de culpa (no puedo dejar los padres adoptivos solos en el campo, no puedo mentir a Luisa sobre mi verdadera naturaleza), y alguna cuestión ahí con la omnipotencia (podría ser Superman pero soy un periodista, etc) al que después de los veinticinco años, en medio de un evento importante, o atravesando un puente en la autopista, le vendría un espectacular ataque de pánico.
Acá van las cosas básicas a saber sobre las sesiones lacaniana
Todo será medido con dos parámetros distintos, como en todo buena relación neurótica.
¿Vos llegás con 20 minutos de retraso? Si el mejor durmió bien y no tiene hambre (porque capaz que Lacan no, pero de él para abajo, todos comen y hacen caca) te la va a hacer pagar como una simple resistencia, a la cura en general o a algo en particular, y vas a tener igual diez o quince minutos de sesión que él cortará con un mínimo de sentido. En cambio si ayer se peleó con su consorte, y tu turno era al mediodía, y para colmo sos mujer y capaz que te ponés a llorar, que embole, te va a hacer pagar el retraso como un comportamiento anal agresivo, tu sesión durará justo el tiempo necesario para hacerte subir al máximo la angustia y en ese momento...Stop. "Nos quedamos con esto", vos te mirás alrededor y te preguntás con "esto" qué? Mientras pagás y te cierra la puerta a tus espaldas para ir a morder el sándwich de salame que tiene escondido abajo del almohadón. Si en cambio es él que se hace esperar veinte minutos, nada. No pasa nada. No te va a pedir disculpas ni extenderá tu sesión. Tenés que aprender que su tiempo es suyo, y el tuyo, también. Pensá en cambio que tuviste la posibilidad de, de todas maneras, indirectamente, hacerte atravesar (verbo lacaniano top) por esa atmósfera, por la sabiduría infinita que ha infiltrado las paredes.
Las sesiones
Las sesiones se llevan a cabo, en un primer período, sentados. Vos y el mejor, uno frente al Otro (uno con minúscula sos siempre vos). Después, llegado el momento, dirás algo que te hará pasar al diván, donde podrás acostarte de modo que tu cuerpo no sea un obstáculo al devenir (otro verbo lacaniano top) de tu asociaciones. Si te interesa ser carne de cañón lacaniano y tu analista tiene sillas incómodas, puedo darte una lista de sueños cortos para pasar al diván.
Ojo con las negaciones
En psicoanálisis en general el no significa sí. Por lo tanto ojo con frases como: "no es que yo quiera ser como Claudia Schifer". Pasemos por alto la elección de la modelo que confiesa mis cuarenta pasados. Una frase de esas para ellos es la declaración de que vos querés ser mínimo, mínimo, como ella, y si es posible, hacer también desapareces todas las demás como hace su David Coperfield, que es la respuesta a la gran pregunta freudiana luego retomada por Lacan "¿qué quiere una mujer?": un mago.
Ojo a los errores
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Cada error es un lapsus, y un lapsus dice más que mil palabras.
Ojo con los chistes
Como significado van a la par con los lapsus, pero como los pensaste de gusto, tienen un dejo de arrogancia. Sobre todo si, para alivianar o por frustración o porque tuviste esos diez segundos pavotes, se te ocurre hacer un chiste sobre algo de la sesión. No lo hagas. Porque además de que nunca te va a dar el gusto y antes de reírse de un chiste tuyo, siguiendo el método Stanislavskij, recurrirá a su más triste recuerdo y te dirá de seguir nomás, con un gesto de la nariz, recordá que los perspicaces son ellos, vos sé lineal.
Las preguntas
Quizás te haga preguntas. Vos respondé. Si querés preguntar algo, mejor que no. Te da vuelta las preguntas como si fueran un par de medias y te las tira en la cara. Con ésta cosa que ahora se anda diciendo en Facebook que la inteligencia consiste en hacer las preguntas justas, muchos profesionales de los más variados ramos han dejado de dar respuestas. Le copiaron todos a dios.
Hablá para vos
Considerando que el psicoanálisis ha puesto siempre en juego el tema de la sexualidad, podríamos decir que las sesiones lacanianas son equiparables a una eyaculación dialéctica precoz. Quisieras seguir hablando, pero sabes que cualquier cosa que digas podría hacer que todo termine ahí. Y no querés.
Entonces targiversás, te vas por la tangente, evitás esa palabra que lo hizo venir la vez pasada. Un consejo: no lo hagas. No es lo que decís o hacés lo que lo empuja a terminar la sesión, el tiene todo un mundo imaginario personal que no tiene nada que ver con vos. Vos sos una contingencia. Por lo tanto (si de verdad querés ir) hablá para vos, para escuchar lo que decís.
El piscoanalista lacaniano generalmente tiene poca capacidad de empatía, usa cuellos altos y anteojos chicos, y está bastante lleno de sí mismo. Es también, generalmente, una persona culta, y participa en diversas iniciativas psico-culturales. En la universidad, por ejemplo, iba a ciclos de cine donde veíamos una película, y después cuatro lacanianos la interpretaban desde el palco convocando sus super héroes: el otro, el Otro, el Deseo, el fantasma, la forclusión y el Padre, todo en 3D: real, simbólico e imaginario. Salíamos de ahí que hubiéramos podido hacer guerra de rap callejera con Derrida.
Este tipo de analista es como un técnico de la psiquis con un martillo en la mano. Quizás entre ellos se analizan así y están todos contentos. Aún si estar contento no es una cosa muy lacaniana. Capaz que entre ellos se analizan así y están todos interesantes. Pero para un profano, que va ahí con su montoncito de sufrimiento ni siquiera muy bien individuado, sus modos pueden ser brutales. Recuerdo un profesor de psicopatología, que se hacía analizar con un gran nombre francés, discípulo del buen Lacan, y se vanagloriaba de hacer 12.000 kilómetros para ir a hacer sus diez minutos de eyaculación dialéctica precoz a París. Nos presentaba a su mujer, que daba clases con él, así: "ella es mi síntoma". Es, decía, la expresión manifiesta de su enfermedad inconsciente, y nosotros nos reíamos para hacerle ver que, si el inconsciente está estructurado como un lenguaje, nosotros hablábamos su misma lengua.
Pero bueno, digamos que sí, que el inconsciente trabaja de modo diferente, tiene otras leyes, y esas intervenciones son perfectas y puntuales para él, pero por favor: ¡lo llevo a cuestas yo que soy una ama de casa!. No podés tener un coloquio con mi inconsciente, con todas las leyes de ustedes, y dejar todo el resto de mí misma en la ruina. Yo cuando salgo tengo que hacer cosas difíciles, divisiones a dos cifras, análisis gramatical, recordar todas las password, no puedo salir de ahí reducida a vegetal deprimido.
Última advertencia al uso: si estas por hacer algo que no tiene retorno, como romper una vieja foto de la cual no tenés el negativo, o entrar en una chat de padres de la escuela, pedí consejo a algún Otro –también uno con minúscula sirve– porque este Otro no te va a dar una indicación ni siquiera si te das vuelta y lo despertás.
Igual vale siempre la pena la búsqueda de alguien que nos ayude a atravesar el sufrimiento, a domesticar los demonios. Creo en el acto de coraje de pedir ayuda y en la curiosidad que empuja mas allá cuando se está bien. En la posibilidad de buscar un lugar donde poder desenrollar la propia existencia sin cumplidos, un espacio de libertad, donde ir a buscar los propios miedos y los propios limites, para correrlos, reubicarlos o aprender a vivir con ellos. Y encontrar, en esta búsqueda, algún analista equivocado enseña a aprender a irse de los lugares donde uno está bien. ¿Te parece poco?

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