Secciones
Gigante

Gisela Vega dejó un rato el básquet para ser mamá

La oriunda de Gualeguaychú está a días de recibir a Bautista, su primer hijo. Sensaciones y presente de la mejor jugadora argentina.

Lunes 23 de Septiembre de 2019

Comparada con Manu Ginóbili y bautizada en España como Huracán, Gisela Vega a sus 37 años decidió realizar un parate en su carrera profesional para darle lugar a un objetivo personal: ser mamá. “A partir del 28 de este mes ya puede nacer, pero mi doctora cree que para el 15 de octubre sería lo ideal. A partir de este mes ya no corro riesgo, así que en la dulce espera”, le contó a UNO.

Entre análisis, controles y ansiedad, en su Gualeguaychú natal aguarda el nacimiento de Bautista, su primer hijo.

¿Cómo viviste este tiempo de cambios tanto físicos como emocionales?

—La verdad es que ser mamá estaba dentro de mis proyectos personales, era algo a lo que aspiré siempre y estando en la recta final de mi carrera deportiva tenía que priorizar ciertas cosas. Tenía muchas ganas de ser mamá con mi pareja. La verdad que tengo una felicidad inmensa, son muchos cambios, las hormonas están por las nubes y muy emotivo el embarazo. Acá estoy esperando ansiosa el bebé.

¿Cómo transitaste el embarazo? ¿La ansiedad de ser mamá?

—Bautista ya se ve grande en las ecografías. Fue muy llevadero el embarazo, yo tenía miedo por la edad, pero la verdad que ni me he enterado, no he tenido síntomas. Por ahí lo que me cuesta es adaptarme a la panza, porque me la choco en todos lados o cuesta ver como crece algo dentro tuyo, pero no tuve problemas ni complicaciones. Voy a ir a parto normal, así que súper contenta.

Si bien tu cabeza está enfocada en tu bebé y su llegada ¿Te planteas volver a la competencia profesional?

—El deporte te enseña a superarte y esperar algo más. No sé si voy a poder jugar al nivel profesional al que estaba acostumbrada y le dediqué 18 años de mi vida pero me gustaría plantéarmelo. Una vez que me recupere empezar a entrenar para simplemente saber que puedo seguir haciéndolo, que tener un hijo no es un impedimento para nada y me encantaría que él se críe en ese mundo deportivo, sano, donde la familia acompaña en los clubes. Me encantaría que él viviera eso y tenga esa educación. Así que si todo va bien, me gustaría volver al ruedo pero priorizando la familia que estoy construyendo. Cambiar el chip profesional por el de la familia.

Historia

Empezaste a jugar entre los 12 y 13 años. ¿Por qué elegiste el básquet?

—Había venido del campo a vivir a la ciudad para estudiar. Mi mamá nos trabajo para tener una mejor educación. Y ella quería que hiciera básquet porque todos mis tíos hicieron. Como me veían grandota me llevó a Racing de Gualeguaychú. Al año jugué en la selección y a los 19 años ya me fui a España. Se dio todo de golpe, comencé a los 13 años, a los 14 años me llevaron a la selección y así empezó mi carrera.

Terminaste el secundario y se te abrió una vida profesional. ¿Cómo se dio la oportunidad?

—Terminé el secundario y había arrancado la carrera de contadora. Había aprobado el primer año y había jugado con la selección un torneo internacional. Allí gente de Orense (España) me vio jugar, pidió referencias mías a una de las chicas de la selección y me llamaron. Si bien era muy chiquita, lo aproveché, no tenía nada acá para quedarme, justo era la época de 2001 y mi mamá me dijo «no tengo futuro para ofrecerte y es una oportunidad hermosa para vos» y con lágrimas en los ojos me despidió. Era otra época, muy difícil. Hoy con el celular en todos lados se extraña menos, en esos años era todo por carta, más pesado y económicamente uno no tenía tanto poder adquisitivo. Mi mamá me dio el empuje y lo aproveché. Con dudas, miedos, con toda la juventud por delante. La verdad fue genial. Paré en un club donde me trataron de diez, me cuidaron un montón siendo chica y creo ahí se me abrieron las puertas para seguir eligiendo el básquet y hacerlo de mi hobby una profesión.

El básquet te llevó a recorrer el mundo. ¿Cuál fue la mejor liga que te tocó disputar?

—La mejor liga fue en Francia, con el Tarbes. Jugamos dos ligas paralelas, fue el año que me nacionalicé española. Digamos que en España dudaban de que pudiera jugar Liga 1 y cuando me vieron jugar Liga Francesa y Europea -donde hice un salto de calidad y crecí un montón- me llamaron y volví a España a jugar en el máximo nivel y no me moví más. Jugué como 10 años Liga 1.

En España te bautizaron Huracán Vega. ¿Revolucionaste el básquet de ahí?

—Era un partido donde debutaba y se jugaba el derby (Olis Sóller ante el Ícaro Jovent). Había un periodista que estaba en la tribuna que cuando termina el partido me dice: «¿Te diste cuenta de lo que hiciste?» Había hecho como 62% de valoración (42 puntos, 21 rebotes y 3 asistencias). Y para mi era ganar un partido y nada más. Pero él me describió como que había sido un «Huracán» que estaba por todos lados y así empezó. Después en cualquier entrevista me nombraban así.

Qué sentías cuando ves que te comparan con Manu Ginóbili?

—Las comparaciones no son muy buenas. Ojalá tuviera el mínimo talento de Ginóbili. Pero creo que hacen referencia a lo que he logrado, a mi trayectoria afuera y todo eso. No me creo que sea para tanto, pero agradecida de que la gente reconozca el esfuerzo y el trabajo que uno hace. Me gusta cuando me llaman -aunque ahora no estoy en actividad- para opinar de básquet. Siempre me tienen en cuenta. Y eso vale más que ser considerado referente. Yo siento mucha admiración por Manu y por toda esta generación que hizo historia.

¿Qué es lo mejor y lo más difícil que viviste siendo basquetbolista?

—Lo más difícil es estar solo, no poder compartir con nadie tus logros o cuando algo va mal. Las distancias, el saber que en Argentina pasan cosas y no poder acompañar. La parte sentimental es lo más difícil de atravesar por un basquetbolista. Después te da satisfacciones, te abre caminos, te hace un futuro, conocés gente hermosa, otras culturas, te abre la mente. Más allá de las dificultades del camino, volvería a elegir la vida que elegí en su momento, más allá de la necesidad, porque si tengo que decir porqué empecé fue por necesidad y lo volvería hacer por el aprendizaje, porque aprendí a luchar y a tener una fortaleza extra.

¿Qué le dirías a las chicas para contagiar la actividad deportiva?

—Que disfruten, que jueguen con alegría, que lo dejen todo, que no desistan al primer inconveniente que surja en el camino, que van a tener que dejar muchas cosas de lado pero que si te gusta el básquet -o el deporte que practicas- hay que ir al 100%; tener constancia, sacrifico, entrega, y que más allá de la actividad, el deporte te va a enseñar un montón de valores a nivel vida, educación. Que lo hagan sin límites y cuando uno se entrega aparecen las cosas buenas. Que estudien que también ayuda mucho y más en los tiempos que corren. Que hagan muchas cosas, que jueguen al básquet, que estudien, que disfruten, que no se queden con una sola cosa, que tienen la capacidad para hacerlo y que el día tiene 24 horas y siempre hay tiempo para todo. Luchar, creer y soñar.

Del básquet masculino se habla en demasía, sobre todo después del subcampeonato mundial alcanzado la semana pasada. Y del femenino no tanto ¿Qué opinión tenés al respecto?

—Eso siempre fue una lucha. Las diferencias existen en todos los deportes, hay que trabajar mucho. Ojalá que lo del Mundial ayude para considerarnos a nosotras también. A veces es muy difícil porque a nivel competición no tenemos una liga fuerte que ayudaría mucho para dar el salto, pero siempre tengo fe que poco a poco van a venir los resultados y nos van a dar valor. Siempre sufrimos esa diferencia pero hay que seguir trabajando, no bajar los brazos para llegar lo más alto posible.

GisexGise

Gisela lleva en su dorsal el número 17, tiene 1,88 metros de altura y su posición de juego es de pivot. Tiene una extensa trayectoria deportiva y muchos logros, sólo con poner su nombre en un buscador surgen estadísticas, artículos y el recorrido por su carrera que tiene hoy un paréntesis después de un exitoso 2018 junto a Quimsa de Santiago del Estero.

¿Cómo es hoy un día tuyo?

—Tuve la suerte económicamente invertir el dinero que ahorraba en Europa, lo invertí en ladrillos, propiedades. Hace dos años compré un complejo turístico, porque Gualeguaychú es carnaval, turismo y aposté por mi ciudad. Así que mis días se dividen en el tiempo que le dedico a los negocios que pude hacer a partir del básquet y la atención a mi embarazo.

Gisela es hermana de Sebastián Vega también basquetbolista de largo recorrido por la Liga Nacional y actualmente en Gimnasia de Comodoro Rivadavia.

¿Cómo es tener un hermano con el que compartís actividad?

—Es hermoso, con Sebastián somos muy compañeros. Nos consultamos muchas cosas tanto del deporte como de la vida, es un plus que nos une más porque sabemos lo que sentimos. Siempre que podemos acompañarnos en algún partido o algo estamos ahí, tanto mi familia como yo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario