Miradas
Sábado 07 de Abril de 2018

Gatillo fácil y mira corta

Seis periodistas de un medio televisivo porteño (de alcance nacional en su geografía y local en su cosmovisión, como se acostumbra) debatían sobre policías y gendarmes que matan por la espalda, toda una curiosidad. Qué dice la ley, cómo debe interpretarse, cuándo actuamos en defensa propia o de terceros y cuándo abusamos. El dilema, no menor, era analizado en una mesa con cero riesgo y tiempo generoso, cuando sabemos que esos choques violentos en las calles ocurren en décimas de segundo y de manera imprevista.


Por supuesto, cada vez que surgen los temas de la seguridad en la Argentina uno se pregunta por qué las personas se harían aquí gendarmes o policías, cuando los (políticos, intelectuales, empresarios) responsables de la situación económica y social generalmente son de lavarse las manos ante el resultado de sus políticas. Lo llamativo de esta charla fue la coincidencia de los seis en tratar la represión y sus límites sin uno solo que rompiera el cerco y apuntara a las causas del fenómeno, aunque fuera para sentar testimonio.


Sentimos que buscaban alternativas a un problema en verdad sin solución dentro de estos parámetros. Querer superar problemas de seguridad a través de la policía y la gendarmería es como atacar la sequía actual con regaderas. Ni los tontos se la creen. En la medida que continúen las injusticias, el desplazamiento de millones sin techo, sin trabajo, sin servicios elementales, y la existencia de pocos ricos siempre más ricos (empresarios, jueces, ladrones de toda laya), nadie podrá garantizar seguridad más que en la declamación.


Tiro al blanco "Hay que mejorar las prácticas de tiro", propuso un colega. Es cierto que todo debe ser atendido, y también la preparación para que los disparos dejen menos "daños colaterales". Ahora: además de hurgar en los modos de la violencia, ¿no debiéramos detenernos en la violencia misma ejercida desde el Estado? Si el Estado protege con dinero de los trabajadores a una persona que acumula un millón de hectáreas, y trata de contener a punta de pistola a quien le dispute una hectárea, ¿superaremos las consecuencias violentas de esa violencia con más prácticas de tiro? Si millones viven bajo la línea de pobreza y muchos de ellos desocupados o precarizados al extremo, y los propios jueces cobran entre 200 y 300 mil pesos mensuales de la bolsa que juntan los trabajadores para el estado, ¿serán policías y gendarmes los encargados de desenredar esta madeja? Sólo aquellos enfermos de poder y dinero pueden manotear sin sonrojarse, y con la sola razón de la prepotencia, un dinero que necesita el pueblo para la alimentación. Esos adictos gobiernan en los tres poderes.


Todos sabemos que una sociedad hacinada e indigente es tierra fértil para diferentes enfermedades, una de ellas la violencia como respuesta. Entonces, ¿iremos por la perfección de los métodos represivos? Por supuesto que, en las actuales circunstancias, si el Estado le entrega una pistola a una persona le debemos exigir estudio, preparación, práctica. Pero de ahí a creer que el problema de la seguridad obedece a un asunto de preparación de policías y gendarmes hay un campo.


El abismo entre capitalistas y desposeídos en la Argentina es fuente de muchos males. La violencia más difundida es la violencia que responde. De la violencia estructural que excluye, hambrea y rompe las expectativas, de esa violencia principal se habla poco. ¿Por qué no probamos curarnos de hacinamiento y vemos luego las consecuencias de un buen estado de salud social, comunitaria? En comunidad y con trabajo nos preocuparemos menos de policías, gendarmes, narcos, e incluso de los hospitales, porque, por ejemplo, los diez mil nuevos contagiados de tuberculosis de cada año estarán jugando a la pelota en la canchita o compartiendo unos mates bajo los árboles, antes que en la sala de Terapia. A esta altura nos preocupa tanto el gatillo fácil de algunos como la miopía de muchos.

Comentarios