Diálogo abierto
Viernes 17 de Agosto de 2018

Estudio y comprensión lectora facilitados por el juego ciencia

Jorge Huergo –difusor del ajedrez– reconoce cómo las características del juego le ayudaron en la comprensión de las ciencias duras.

Reconoce que no tenía ninguna predilección por las Matemáticas, la Física y la Química pero que a partir del conocimiento y la práctica del ajedrez comenzó a "encontrarles sentido", lo cual fue determinante para la elección de su profesión de ingeniero. Jorge Huergo, ajedrecista, recuerda ese proceso e insta a profundizar la instrumentación de la ley provincial que promueve el juego ciencia como herramienta pedagógica en el ámbito escolar.

Aquel familiar lejano
—¿Dónde naciste?
—En barrio San Martín, el 1º de noviembre de 1957. El recuerdo que más me viene son los amigos de toda la zona, con quienes jugábamos en la placita.
—¿A qué jugaban?
—A la bolita, al fútbol, la escondida y las figuritas.
—¿Qué relación familiar tenés con Luis Huergo (primer ingeniero argentino)?
—Mi abuelo paterno comentaba que era su tío-abuelo, a quien conoció en Buenos Aires, pero como yo era chico no le prestaba atención. Mi padre no hacía ninguna referencia porque era una persona callada, aunque yo veía que a su manera buscaba interiorizarse sobre mis intereses y gustos. Luego averigüé que en 1910 Huergo fue director de los yacimientos petrolíferos –antecedente de YPF– que se habían descubierto en 1907. Me quedó grabado que decía que había que estar atento por el potencial que representaba el petróleo, apetecible por los intereses extranjeros.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi papá era músico –estuvo con la orquesta de Tito Luna– y profesor, y mi mamá, ama de casa. Destaco su sabiduría, porque no tenía los estudios primarios completos, pero me acompañó y ayudaba en la Primaria –e hizo el intento en la Secundaria–, me hacía pensar y me trasmitió la visión de darle importancia a las relaciones humanas –que es lo que busco cuando enseño ajedrez. El lema del taller en Agmer dice: "Siente, no seas una máquina de pensar" –que pertenece a Enrique Miret Magdalena–.
—¿No se es un buen jugador si sos una máquina de pensar?
—Más bien una computadora, que van mejorando y actualmente es hasta difícil que le gane el campeón del mundo. Sentir implica muchas cosas, como por ejemplo que cuando se está jugando la persona merece respeto, no debe ser denigrada y si uno pierde, reconocer la derrota. Se puede llevar una buena partida, cometer un error y perder, lo cual también pasa en la vida. Hay que ver qué es lo que pasó y tratar de mejorar para la próxima.
—¿Qué materias te gustaban?
—En primer año, ninguna, luego comencé a encontrarle sentido a la Matemática y la Física, también me gustó la Química.
Un aprendizaje con esfuerzo
—¿Sentías una vocación?
—Como andaba, pensé en ser jugador, pero era poco realista porque no era tan fácil. También tuve otras ideas como la de ser sacerdote, pero veo algunas cosas de forma distinta, me atrapó mucho la cultura oriental y el budismo. Estudié en Don Bosco y pienso que debe haber influido, además de que mi madre era muy religiosa. Jesucristo estuvo mucho tiempo en Oriente y tenía mucho más para decir, aunque no lo dijo porque seguramente no lo entenderían, o no lo consideró necesario. También me he interesado por las experiencias con el cuerpo astral. En cuanto al ajedrez, me dediqué intensamente en el Círculo Paranaense entre 1973 y 1975, y llegué a Primera categoría – antes de cumplir 18 años. En 1976 ingresé a la facultad y comencé a tomarle el gusto a las Matemáticas, la Física y la Química.
—¿Tu padre te enseñó ajedrez?
—Sí, y me apoyó al igual que mi madre, y comencé a jugar a los doce años. Mi esposa también me ha apoyado –al igual que en otras actividades.
—¿Cómo fue aquella época de aprendizaje y competencia intensa?
—¡Uh, ése es otro tema. Qué época, a diferencia de ahora! A la gente joven le digo que aproveche toda la tecnología. ¡Para nosotros, conseguir un libro era terrible, o no se conseguía! ¡Había que pedirlo a Buenos Aires, esperar, no venía...! O seguro que demoraba dos semanas en llegar, con suerte. Me fui haciendo con la lectura de lo que podía, más bien autodidacta y ayudándonos entre quienes jugábamos. Tuvimos un tiempo en el Círculo Paranaense de Ajedrez en el cual nos daba clases el doctor Miguel Ángel Rivas.
—¿Algún libro influyente?
—Me ayudó mucho y sigue siendo un clásico los tomos (Tratado general de ajedrez) de Roberto Grau, aunque por supuesto que hay más material muy bueno. También conseguí por ese entonces los tomos de Reuben Fine. Obviamente, que hay que conocer cuál es el interés de por qué cada uno quiere aprender: jugar, divertirse, gimnasia mental, curiosidad o quien quiere competir. Todos son bienvenidos porque busco difundir el ajedrez.
—¿Cuándo entendiste la esencia del juego como ciencia?
—No sé... se me complicó porque fui jugando cada vez menos cuando estudiaba. En 1980 logré conformar un equipo con el cual fuimos campeones entrerrianos. Luego aflojé mucho, porque también daba clases. Ahora que retomé y dando clases, a veces observo que tendría que aprender e investigar algunas cositas. No he llegado a eso que me preguntás.

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La velocidad de Fischer
—¿Te considerabas un buen jugador cuando obtuviste logros en materia de competencia?
—En 1975 también anduve bien, gané un torneo de 4ª división, de 3ª también y en 2ª salí segundo. En primera había que hacer un porcentaje para quedar en la categoría, comencé bien, logré el porcentaje y tuve que dejar porque me enfermé de paperas. En la secundaria, luego de comer y estudiar, me ponía a ver ajedrez y a las 19 me iba al círculo, hasta las 22. Si tenía más tiempo, también se lo dedicaba.
—¿Referentes de por entonces: Fischer, Spassky, Kasparov, Karpov...?
—Me gustó y me llamó la atención el juego de (Alexander) Alekhine, pero no debo negar que me impresionó Fischer, a quien conocí en 1972 cuando vino al club Recreativo. Me impresionó su velocidad, jugaba como si lo hiciera frente a principiantes, no necesitaba pensar y lo hacía sobre la marcha.
—¿Qué explicación tiene el funcionamiento cerebral de esos jugadores?
—Sin dudas, tienen condiciones, aunque el concepto de inteligencia haya variado. Luego ayuda el trabajo y el esfuerzo –como en cualquier disciplina–. Me gustaba el estilo de Fischer.
—Agresivo.
—Sí y rápido. Me gustaban pero no eran ídolos. Alekhine también tenía un juego agresivo aunque las aperturas no eran tan variadas como las actuales. Me gustó una partida en la cual en el ataque también trabajaba con los peones.
—¿Cuánto de la personalidad se proyecta y evidencia en el juego?
—No me atrevería a decir cuánto. Trato de trasmitir que también es importante una buena y profunda respiración, y bajar el nivel de estrés para pensar un poco más –siempre que lo permita el tiempo. En el ajedrez de competición no es fácil trasmitir valores, ya que se quiere ganar, ganar y ganar, y no se puede evitar que sea molesto perder.

Jugar y entender más
—¿Qué te aportó el ajedrez en tu carrera como ingeniero, y en qué te mejoró el juego la Ingeniería?
—Cuando iba a primer año de la Secundaria me costaba Matemáticas –al igual que en la Primaria– y Física mientras que en segundo año no, y fue cuando comencé a dedicarme más al ajedrez. También me ayudó una persona –aunque no fue un gran jugador– como Francisco Piani –de quien me hice amigo y me explicó algunas cosas. Igualmente, me facilitó el entendimiento de otras materias de comprensión lectora, lo cual también me costaba. Comencé a ser autodidacta, mientras que antes necesitaba que alguien me explique. Siempre leo temas de campos ajenos al mío –tales como Psicología y Economía– y no me cuesta.
—¿Cuánto de Matemáticas tiene el ajedrez?
—Tiene Matemáticas en el sentido de que a partir de una jugada se pueden establecer ramales, similares a cómo opera una computadora, buscando cada vez el camino más conveniente y mejor, y "aprendiendo" de sus errores. Pero lo hace sobre un marco que se le brinda a través de la programación. La computadora es muy buena y puede ganar sin utilizar la imaginación y la creatividad, sin embargo el ser humano la tiene y puede perder ante la computadora. La máquina tiene un pensamiento lógico pero el ser humano frente a determinada posición de juego, puede tener diferencias, porque interviene la percepción. Hay un pensamiento lógico-matemático pero también está ese factor.
—¿Qué fórmula harías sobre la base de esos factores?
—Es difícil establecer porcentajes, porque todo colabora: la atención –selección de información–, la concentración –capacidad de mantener focalizada la atención– y la memoria, todo encadenado. Son distintos procesos cognitivos que se desarrollan.
—¿Una partida en la cual aprendiste una gran lección?
—Aunque sean partidas rápidas trato de reproducirlas para observar cómo fueron. En una partida aprendí mucho en 1977, en un torneo en el Club Progreso. Jugué con un señor mayor –Roble Martínez, quien jugaba en 2ª categoría– y en veces anteriores había ganaba. El viejito se concentraba mucho, comenzamos, de pronto avanzaron las jugadas y me di cuenta que tenía todas sus piezas encima de las mías, pero ya era tarde. Me ganó bien. Nunca hay que subestimar ni sobrevaluar, ya que nadie es invencible. También pude ganar una partida a alguien que fue campeón entrerriano, muy bueno, aunque en un momento me tuvo mal y en la partida anterior yo había perdido.
—¿En qué se ha modificado el juego desde que vos te iniciaste?
—Ahora se juegan algunas aperturas que antes no se jugaban, hay más variedad y rompen con las aperturas clásicas. Me tuve que actualizar con los relojes, ya que estaba acostumbrado a los de agujas, mientras que ahora son digitales.
—¿Cómo evaluás el Programa Provincial de Ajedrez Educativo, creado a partir de ley de la Legislatura?
—Hay gente que desconoce que exista la ley, cuyo puntapié inicial fue en Villaguay gracias al presidente de la federación, Juan Villo, al senador (Mario) Torres y otros funcionarios. Hay escuelas en las cuales el año pasado se comenzó una experiencia piloto y ahora hubo una convocatoria para otras escuelas, y dictado de cursos de formación. Hay perspectivas de que se incrementen aunque es jurisdicción del CGE y la federación no tiene participación.

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Sencillez y esfuerzo
—¿Es un juego más sencillo de aprender de lo complicado que aparenta ser?
—No es difícil aprender a jugar. Cuando se quiere jugar mejor hay que poner más voluntad y disciplina, como cualquier materia de estudio en la cual algunas cuestiones pueden costar un poco de más esfuerzo y tiempo.
—¿En qué ámbitos enseñás?
—En Agmer Paraná –Laprida 136– los viernes, de 16.30 a 19.40, donde pueden participar chicos desde 6 años. Es gratis y tienen que pagar quienes no son afiliados, aunque pueden ir a dos o tres clases para observar y ver si les gusta. Hace dos semanas comencé ATE –Colón 59–, los jueves de 16.30 a 18.30, para adultos mayores. Y acá –Alem y 9 de Julio– vengo los lunes, de 17 a 20, para quien quiera venir a jugar y también se explican algunas cosas. Es un espacio abierto y gratuito por el cual valoro mucho el apoyo de Gustavo Alcain.
—¿Son de nivel inicial?
—Pueden ir aunque no sepan nada.
—¿Recomendaciones para iniciarse?
—Es normal que cueste aprender algo, por eso en la vida es importante la constancia. Tengo mucha paciencia si a alguien le interesa o cuesta particularmente algo, mientras haga el esfuerzo.
—¿Tenés alguna página en la Web?
—En Facebook tengo una página del taller de Agmer –Taller de ajedrez Agmer Paraná– y en mi página –Jorge Luis Huergo Díaz– hay muchas publicaciones e información sobre actividades.


"Es interesante que cada uno genere su propia energía"

Durante 1991 el ingeniero Huergo realizó en Italia una capacitación sobre energías no convencionales –solar, eólica, biomasa, micro y mini turbinas, y geotérmica–, tema sobre el cual se mostró "decepcionado" a partir de la nula receptividad de ideas y propuestas por parte de las autoridades provinciales, aunque no esquivó opinar sobre la situación actual.
—¿Tu evaluación sobre las situación y posibilidades de desarrollo en materia de energías alternativas?
—Recientemente estuve en una charla de un especialista alemán en energías renovables –Karl Heinz Pasch– quien se sorprendió por el atraso que tenemos, considerando el potencial disponible. En 1980 Alemania se puso como objetivo ir hacia las energías renovables e independizarse del petróleo y sus derivados. Pasaron distintos gobiernos y mantuvieron la misma mirada, y esa política de Estado les ha dado resultados. Entre 2025 y 2030 terminarán con la generación a carbón, y para 2022 con las plantas nucleares. Cuando estuve en Italia me enteré que tenían un estudio para aprovechar la energía eólica de la Patagonia.
—¿Se ha abaratado el costo de la tecnología?
—Ha bajado mucho y el especialista alemán hablaba de centavos de dólares el kilowatt/hora.
—¿Incide mucho en el atraso de Argentina el lobby económico asociado a las energías tradicionales?
—Hay lobby. Hace tres años tuve una charla con alguien de YPF y comentó que había un sector de Energías renovables que había sido desmantelado. Argentina tiene energía solar para aprovechar en el Norte, en la zona volcánica de la Cordillera, para energía geotérmica... Uruguay tiene una potencia instalada mucho mayor que la nuestra. Cuando volví, no tuve suerte con la posibilidad de desarrollar este tipo de energías, ya que a la gente del gobierno no le interesaba.
—¿Una experiencia que te llame la atención?
—En Italia también buscaban independizarse del petróleo y han avanzado bastante, buscando todas las alternativas. Trabajan con micro y mini turbinas, que no afectan al medio ambiente. También es interesante que cada uno genere su propia energía y se lo apoye con políticas crediticias. En Europa hay países que tienen mucha generación domiciliaria y la que les sobra la mandan a la red.
—¿Qué es recomendable para una familia de nuestra región?
—Actualmente no estoy investigando como antes –porque me decepcioné– pero hay que buscar un sistema híbrido entre solar y eólica.

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