Hoy por hoy
Miércoles 10 de Enero de 2018

Escena al pie de una barranca

Calurosa tarde de enero. Camino con dirección al río por Acuerdo de San Nicolás, la calle del Parque Urquiza de Paraná donde hay un molino. Una pareja de adolescentes se dispone a tomar mate en la Costanera. Eligen un lugar al pie de la barranca, bajo la sombra de los árboles. Ella saca el equipo, echa la yerba, apura la ceremonia. Él se sienta sobre el pasto, con la moto a la vista. No los veo por unos minutos e intento imaginar quiénes son, qué hacen, de qué hablan. Cuando doy la vuelta y reaparecen entre la vegetación, los observo matear casi en silencio. Pero hay un tema, de algo dialogan, porque cuando cruzan las miradas para pasarse el mate, sus labios reaccionan, se ponen en movimiento. Adivino el contenido de esas palabras. De todos modos, es claro que es ella la que interroga y él el que responde. Ella tiene el pelo corto, pantalones cortos, mangas cortas. Es baja y delgada. Él también lo es y sus brazos sobresalen de una musculosa inmensa y sus piernas se pierden dentro un vaquero varios talles más grande. Los dos fuman. Me acerco, dejo de observarlos.
—¿Y con el bebé qué onda?
—Y... bien.
—¿Le pasás plata?
—Más vale.
Eso es todo. Ya no puedo oírlos. Tampoco verlos. Sigo adelante sin darme vuelta, reconstruyendo imaginariamente la charla y sus historias. No tienen más de 17 años. Son novios desde hace poco. Llegaron hasta ahí en la moto del chico, que terminó su turno en una cadetería y la pasó a buscar por la casa donde ella trabaja. Como estaban cerca del Parque, ahí fueron a concretar uno de sus primeros encuentros: ir a tomar mate mirando el río, aunque a la sombra apenas se soporten más de 30º de temperatura. Ella quiere saber todo, pero él habla poco. Consigue que le cuente que ya tiene un hijo de una pareja anterior y que –según le jura– más vale que se hace cargo de la criatura, a pesar de que la guacha de la madre siempre le está reclamando más; se vive quejando y se gasta la plata que le pasa en birra y en las maquinitas del casino. La chica está enganchada pero duda; le dijeron que él se separó de la otra porque se peleaban, hasta que un día él la lastimó y recibió como contrapartida una denuncia y después una restricción de acercamiento.
Yo intuía que la violencia iba a aparecer en algún momento en esta recreación. Aparece porque los especialistas dicen que es habitual, que los noviazgos violentos están absolutamente naturalizados y que la sociedad lo justifica a través de la diferentes expresiones de la cultura patriarcal, desde la publicidad a los chistes de WhatsApp. Que las relaciones son en gran medida de dominación del hombre hacia la mujer y el modo de asegurar ese dominio es la agresión, el hostigamiento o alguna otra de las tantas caras que tiene la violencia. La violencia que sigue impregnando las relaciones, mientras caminamos como si nada.

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