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Enfocada - Josefina Tommasi y la esencia de la fotografía

La fotógrafa concordiense revaloriza el arte fotográfico y rescata "lo simple que era la limitación de las 36 fotos de un rollo y su impresión en papel".

Viernes 03 de Mayo de 2019

No tiene en claro el momento exacto en que surgió su vocación por la fotografía, pero sabe que fue su papá quien a los 10 años le prestó la primera cámara. "A partir de ahí siempre tuve una cámara conmigo pero recién me di cuenta que era mi aliada y mi medio de expresión en una temporada que pasé sola fuera del país", explicó Josefina Tommasi, fotógrafa concordiense reconocida por sus trabajos tanto a nivel nacional como internacional.

En diálogo con UNO repasó la actualidad de la fotografía, el oficio y el arte.

—¿Concordia te ofrecía posibilidades de desarrollarte en el arte fotográfico o para estudiar y perfeccionarte tuviste que emigrar?

—Mientras viví en Concordia realmente no pensé en estudiar fotografía, ni tenía a nadie en mi entorno que me lo sugiriese. Me fui a estudiar a otra ciudad ni bien terminé la escuela secundaria y ahí empecé mi formación. De todas maneras en Concordia hay espacios y muy buenos donde estudiar fotografía. Hay muchos fotógrafos, pero sí me parece que hacía falta un espacio donde se hiciera formación en la mirada artística más profunda de la fotografía, pensar la fotografía desde lo conceptual y artístico más allá de lo técnico.

—Desde que ingresaste al mundo de la imagen se han producido muchos cambios, avances tecnológicos ¿cómo los fuiste incorporando? ¿Te gustan las novedades o preferís cámaras clásicas?

—A mí me gustan mucho los avances tecnológicos, entonces los incorporé de manera natural y con mucho entusiasmo. Con el surgimiento de las cámaras digitales se amplió mucho la velocidad, practicidad y horizontes de uso de la fotografía pero también me gustan las cámaras analógicas, clásicas y los revelados. Son la misma herramienta que ofrecen dos experiencias y dos resultados estéticos diferentes, así que voy y vengo de uno a otro de acuerdo a lo que esté necesitando o el resultado que estoy buscando.

—Teniendo en cuenta que lo digital se guarda en una computadora, pendrive o se sube a la nube. ¿Se pierden momentos por no imprimir las fotos?

—Totalmente. Hoy por hoy todo nos exige una velocidad y una inmediatez tan grande que el tiempo y la práctica de revivir momentos se va desvaneciendo. El tiempo que requiere la construcción de la propia historia, la selección e impresión de fotos, el armado de un álbum tangible necesitan un espacio y un saber habitar ese tiempo que ya no está sucediendo. Lo mismo sucede con la experiencia inmediata. Cuando uno va a un concierto, por ejemplo, la experiencia del goce inmediato se pierde en función de la perspectiva de la manifestación de experiencia macro de las redes sociales. Ya no es sólo la experiencia presente de lo que está sucediendo ahora, sino una proyección inmediata futura que hace que uno no esté cien por ciento en el momento en que está.

—Dictaste en Concordia un taller sobre armado de álbum fotográfico. ¿A qué apuntabas en cada encuentro? ¿Qué comentarios te daban los asistentes sobre su material fotográfico?

—A mí me interesa particularmente rescatar y revalorizar la tradición de la fotografía como reconstrucción de la memoria viva y la memoria pasada. El relato que las fotografías ofrecen de un suceso pasado resignifican ese suceso y también el presente. En ese sentido es que me parece muy interesante volver a la materialidad de las fotos para construir un relato propio y abrir un espacio de reflexión sobre como preservamos nuestros recuerdos, qué fotos cuentan nuestra historia, cuáles son las que queremos guardar para siempre. El taller apuntó a encontrar en nuestras fotos la esencia de los recuerdos atesorados, rescatar la tradición del álbum fotográfico a través del aprendizaje de un sistema de lectura de las imágenes y distintas técnicas de edición y poder reflexionar e identificación los sentimientos que mueven las fotos y armar un álbum donde ver la familiar y personal inmortalizados en esas imágenes. El comentario más común fue siempre sobre el excesivo registro de un mismo hecho, la complicación de seleccionar y la imposibilidad de organizar y encontrar las fotos en el mar de archivos digitales y los espacios de archivo (nube, celular, computadora), y también sobre como se pierden fotos y registro con la pérdida de los dispositivos o errores en su uso. Y lo simple que era la limitación de las 36 fotos de un rollo y su impresión en papel.

—Hoy una foto de un ciudadano común –realizada con un celular- recorre el mundo por lo que cuenta y la inmediatez en que se logra. ¿Qué opinión te merece esta actualidad? ¿Cómo se resguarda el trabajo de un fotógrafo?

—Hoy en día, estamos viviendo un momento de superabundancia visual. Las imágenes han cambiado su naturaleza, circulan a una velocidad sideral y han dejado de tener el papel de la mera ilustración. Esta nueva naturaleza de las imágenes tiene un aporte decisivo en la enciclopedización del saber y la comunicación que empieza paulatinamente a superar a la función del habla. Ya no es necesario escribir un montón de palabras a un amigo que nos pregunta que estamos haciendo, sino que basta con una fotografía instantánea tomada con el celular de nuestro café, el bar y las personas que nos rodean para en esa sola imagen explicarlo todo. Me parece fascinante y peligroso al mismo tiempo por el tipo de manipulación de la comprensión mundo y la construcción de subjetividad que pueda hacerse. Hay distintos tipos de trabajo en fotografía y distintos tipo de fotógrafos también. La explosión de la circulación, apropiación y uso de las imágenes ha sido tan veloz que la aparición de leyes que resguarden el trabajo de un fotógrafo viene corriendo desde atrás. Hay leyes de propiedad intelectual, hay leyes de protección de uso, hay leyes que regulan el tipo de uso también. Hay veces en que es más sencillo demostrar la autoría de una foto y otras no tanto. El copyright es una muy buena herramienta y las marcas de agua también en algunos casos.

—Vivís en Buenos Aires ¿Cómo es un día tuyo? ¿Se extraña Concordia?

—Como trabajo de manera independiente, mis días son variados y los trabajos que hago también. Dedico mucho tiempo a mi formación artística además. Concordia es donde está la esencia de mi origen y es una ciudad que amo. Afortunadamente vengo muy seguido porque estoy trabajando en mi proyecto artístico personal basado en la ciudad. También doy tres talleres de fotografía: uno de iniciación que tiene carácter mas técnico en la delegación de la Universidad Católica de Salta y los otros dos en Espacio Cuarto de Luna. Uno de formación de Mirada Fotográfica -que es tanto para fotógrafos como para no fotógrafos- y puede hacerse con cualquier tipo de cámara y también con celular; el otro de carácter puramente artístico en fotografía, que es para quienes ya hayan realizado el taller de mirada o vengan haciendo trabajo fotográfico con proyección artística. Así que de jueves a domingo, cada quince días estoy en Concordia.

—¿Cuál es el paisaje concordiense que te cautivó?

—No sé si tengo un paisaje en concreto que me cautive, por supuesto que hay paisajes maravillosos y de una belleza ineludible, pero en este momento mi foco esta puesto en el río, su mutación y su relación con los cambios que se están produciendo a nivel ecológico y social.

—Además de la fotografía, ¿qué otras actividades te gusta desarrollar?

—Hace 17 años que trabajo desde la fotografía. Pasé por un montón de lugares e hice distintos tipos de trabajos. En este momento trabajo en museos, galerías de arte y talleres de artistas, y mayormente en mi estudio donde hago fotografía de obra de arte y desarrollo mi trabajo personal. También estoy participando también de una clínica de arte en Capital Federal.


#JosefinaxJosefina

—¿Cuál es tu mejor foto y cuál te gustaría lograr?

—Esta pregunta es muy difícil, yo no se si algún día pueda decir "esta es mi mejor foto" y descansar en eso. Espero que no, me gustaría ir profundizando cada vez mas, aprendiendo y evolucionando. Lo que aspiro a lograr con mis fotos es llegar a traducir mi mundo de emociones y la forma de habitar este mundo complejo, cambiante. Rescatar la belleza de un mundo que se estamos destruyendo y seria lo máximo llegar lograr en la gente una reflexión sobre esto.

—¿Tenés un artista o fotógrafo al que admiras por su trabajo?

—A nivel nacional yo admiro mucho a Guillermo Ueno y a Nacho Iasparra, son dos fotógrafos artistas que trabajan desde la poesía. Y a Pablo Piovano con su trabajo fotográfico " El costo humano de los agrotóxicos" que logró abrir y concientizar a nivel mundial de manera muy directa esta problemática que nos afecta a todos pero sobre todo a nosotros los entrerrianos, de manera vital.

—Objetivos cumplidos y por alcanzar.

—A nivel laboral cumplí muchos objetivos, algunos muy deseados y otros inesperados y mágicos como una cuando me llamaron del Correo Argentino para realizar colección especial de 12 estampillas con mis fotos de la Ruta 40 que atraviesa el país de punta a punta bordeando la Cordillera de los Andes. Tuve y tengo el placer de trabajar con grandes artistas. También publiqué en medios grandes nacionales e internacionales. Objetivos por alcanzar tengo muchos, ahora más relacionados con mi trabajo artístico que laboral.


#Datos

Josefina ha venido desarrollando diferentes trabajos en cine, teatro y música. Sus fotografías documentales aparecieron en la revista Viva del diario Clarín, en Perfil, Página 12 y también fue corresponsal de la revista Somos del diario El Comercio de Perú y colaboró con la revista NIU de Uruguay.

Además, trabajó como fotógrafa en Editorial Aguilar y en 2013 se incorporó al equipo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, siendo la responsable de fotos de sala y obras de arte para catálogos, eventos y archivo institucional.

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