Hoy por hoy
Domingo 26 de Noviembre de 2017

En algún momento empezaremos a aprender

Cualquier cosa vinculada a la guerra siempre va a acompañada de lecciones de todo tipo. Geografía, historia y tecnología empiezan a aparecer por todas partes.

"La segunda guerra mundial fue una lección de geografía universal", sintetizaba, a modo de ejemplo, el historiador británico Erik Hobsbawm. Lo más importante que han dejado siempre las tragedias vinculadas a la guerra son las lecciones sobre lo que no se debería hacer, pero que el mundo se empeña en no escuchar.

Hace 35 años toda una generación de argentinos aprendió de repente los detalles de un archipiélago que teníamos olvidado allá en el sur. Aprendimos rápidamente su historia y todo lo que implicaba un desembarco, armamento, destructores y portaaviones. Tal como estábamos preparados, el final era de esperarse, todo terminó mal. En aquel entonces tampoco supimos qué hacer con quienes sobrevivieron a aquella tragedia.

Hace 10 días que la Argentina sufre de un mal parecido. Esta vez sin disparar un solo tiro. Un submarino, un elemento de guerra, construido para dar batalla, se transformó en el epicentro de una nueva lección general sobre lo que deberíamos haber hecho y no hicimos, y sobre lo que pretendemos ser y no somos. De pronto supimos que teníamos submarinos. Y contra lo que muchos suponían, estaban operativos. Y junto a ellos su gente. Gente en riesgo latente por el solo hecho de ser submarinistas en una Argentina a la que no le interesan estas cosas. Hasta que suceden estos hechos. Sin datos de ningún tipo, con 44 argentinos desaparecidos, y con centenares de familiares a mitad de camino, entre la esperanza y el duelo, abundan las lecciones sobre plataforma continental, la profundidad del mar, el talud submarino, los rusos, los americanos, hidrófonos y torpedos. Al igual que ha sucedido en otras tantas ocasiones, la falta de preparación para afrontar estas situaciones termina sumando nuevas angustias que se convierten rápidamente en rabia.


Las desprolijidades, ahora de la Armada, solo han sumado más dolor a los familiares que sabían que estas cosas podían ocurrir, porque cada uno de ellos sabía que estos 44 argentinos no eligieron como destino un trabajo cualquiera, eligieron defender a la Patria, con todos los riesgos que eso implica. Pero es en honor a ellos, a su sacrificio, y al dolor por el que están pasando tantas familias, que deberemos empezar a aprender las verdaderas lecciones que nos dejan las tragedias en la Argentina. Seguimos rezando pidiendo milagros y no nos preparamos para prevenir los desastres o enfrentarlos cuando suceden.

Como en Cromañón, como en Once, LAPA, y otras tantas desgracias argentinas, nuevamente aflora la negligencia, sospechada como origen de todos los males, pero confirmada a la hora brindar respuestas, no han sabido contener a los familiares, no supieron dar un dato certero en más de una semana, cualquiera opina, y muchos que deberían asumir responsabilidades solo atinan a apuntarle a sus enemigos de la política. "Nada ha cambiado", dice Stella Maris Romero, sabe de lo que habla, es la hija de uno de los tripulantes del ARA Guaraní, un remolcador que el 15 de octubre de 1958 zarpó de Tierra del Fuego en una misión de apoyo. El buque nunca volvió y nunca se supo qué pasó con él. "Lo que me asombró es que en todos estos años el sistema no cambió; los mismos discursos, los mismos "protocolos".

La siembra de esperanzas que nunca se realizarán. 1958: no descartamos que estén a la deriva. 2017: no descartamos que estén en superficie. 1958: no vamos a dejar de buscarlos. 2017: los vamos a buscar hasta que los encontremos", entre otras similitudes. Al parecer todo sigue igual. "Con suerte algún día sabremos lo que pasó", confía la mayoría de los argentinos, casi resignados. Saber qué es realmente lo que pasó deberá ser el primer paso para no cometer los mismos errores que nos siguen golpeando por donde menos lo esperamos. Fue un boliche incendiado, un avión caído, un tren sin frenos. Ahora un submarino desaparecido. Si ya sabemos que los finales felices no son para nosotros, es tiempo de empezar a prevenir y estar mejor preparados.

Comentarios