El reloj de sol
Martes 17 de Julio de 2018

El Filtrador: Breviario sobre Guillermo Stábile

Porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido.

Seguramente al llegar estas líneas al lector la Copa del mundo habrá llegado a su finalización. O estará en sus postrimerías, esperando que los laureles coronen definitivamente al triunfador de este certamen.

Pero eso es cuestión contemporánea y por ende ajena a la necesidad de invocación de nuestro reloj de sol. Sus señales surtirán efecto cuando aquellos recuerdos y anécdotas que deambulen sin rumbos por algún sitio hagan de su requerimiento una plegaria. En estos últimos tiempos hemos hablado de fútbol, con el ansia inconfundible de adecuar nuestra antigua máquina del tiempo a estos momentos de deporte universal. Quizás la tecnología provea nuevas sensaciones o la parafernalia de los bytes genere alguna que otra emoción paupérrima...preferimos que nuestro antiguo pero eficaz reloj de sol intervenga en los parámetros de los tiempos, deteniéndose donde debe para evitar (aunque sea por un rato) la amarga sensación de los impúdicos olvidos.

El Mundial del 30. Mucho se ha dicho sin dudas del primer subcampeonato mundial obtenido en 1930 por la Selección Argentina de fútbol. Sobre el resultado, sobre la remontada de los uruguayos y otras yerbas que rememoran permanentemente las galerías de los registros y las estadísticas.

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Guillermo Stábile
Guillermo Stábile

Los europeos eran reticentes a cruzar el océano para llegarse hasta estas tierras. Aducían la distancia, el tiempo que se perdía y alguna que otra excusa que (a mi juicio) intentaba disfrazar la verdadera causa: la superioridad manifiesta de la habilidad criolla frente a los dispositivos de los clubes europeos. Al menos así lo habían demostrado los propios uruguayos quienes habían sido campeones olímpicos en los Juegos de 1924 y de 1928.

Pero yendo a lo nuestro (este adjetivo posesivo no es azaroso pero será repetitivo) la selección nacional acudía por diversos motivos: la cercanía, el compromiso y el deseo de venganza deportiva que surge con motivo de la derrota que el equipo del Uruguay nos propinar en los Juegos Olímpicos de 1928.

Por tal motivo los deseos de esos hombres de asistir al evento intentando quizás que la potencia de los goles restableciera el extraviado honor del palmarés.

El equipo argentino asistía con notables y experimentados jugadores, dirigidos por Francisco Olazar y capitaneados por Manuel Nolo Ferreira de Estudiantes de La Plata. En el montón, un joven delantero que ocupaba la tercera opción en el puesto de delantero: Guillermo Stábile.

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<b>Stábile. </b>Goleador del Campeonato mundial de 1930.
Stábile. Goleador del Campeonato mundial de 1930.

Potreros y perinolas. Guillermo Stábile tenía deseos de gol. No es posible explicar esto sin acudir al instinto, a la premonición, a la astucia y otros elementos innatos que componen la habilidad de esa posición en la cancha. Todo eso fue obteniendo para sí Guillermo Stabile en su campaña como futbolista. De hecho su carrera fue brillante en el Club Atlético Huracán, desde donde emigró a Italia para jugar en el Génova y en el Nápoli finalizando su experiencia europea en Francia.

Cuando se eligieron a los futbolistas que irían a la copa del mundo de 1930 Stábile fue convocado como eventual reemplazo de Roberto Cherro o de Manuel Ferreira, en ese conjunto donde las estrellas ya pedía firmamento.

Su participación en el Mundial de 1930. El Filtrador. Argentina jugó en ese campeonato cinco partidos, incluyendo la final. Sus adversarios fueron Francia, México, Chile, Estados Unidos y Uruguay. El asunto es que en el primer partido el puesto fue ocupado por Cherro y nuestro héroe quedó afuera.

Pero las circunstancias del futbol son así. No son genéticas claro, sino que son analogías replicadas de la vida misma, de las contingencias y los imprevistos. Del azar, del debido reclamo de la belleza que invoca. Porque por algún motivo que la historia aún no devela para el segundo de los partidos tuvo que entrar Guillermo, ese joven delantero de Huracán que tenía 24 años.

Fue el éxtasis de la natividad, el auge de la presencia y el surgimiento del goleador. Porque desde ese mismo instante fue imposible detener, controlar o maniatar a Stábile en el frente de ataque. Con solo mentar que le hizo tres goles a México, dos a Chile y otros dos a Estados Unidos para dejar a la Argentina en la final del campeonato. Un crack, que le suelen decir.

Su figura delgada y esmirriada tenía la particularidad de la peripecia, la audacia del arrojo y la estética de la gambeta. Todo eso confabulado para llegar al gol, pasando entre los defensores adversarios como si fuera una extensión amorfa de una humanidad, por sitios imposibles para la fisonomía. Hacer eso era como filtrarse entre los cuerpos. Eso, el Filtrador.

Tres finales para un retiro. La historia del Filtrador Guillermo Stábile no culmina ni en ese partido ni en ese Mundial. Pero con el inmerecido estilo de los grandes guiones de la cinematografía podemos decir que esta historia podría tener al menos tres finales diferentes, según el aprecio que cada uno se permita con la existencia de nuestro Filtrador. Pero al menos seremos cronológicos, para llevar un orden aproximado.

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<b>Guillermo Stábile</b>: quemero, académico y argentino.
Guillermo Stábile: quemero, académico y argentino.

El día 30 de julio de 1930 se jugó la final de 1930. El primer tiempo fue favorable a la Argentina por 2 a 0, pero nada era fácil. Dicen que Cherro temblaba, que Paternoster prefería perder a salir muertos y que las hostilidades eran mayúsculas, que el ejército había calado bayonetas amedrentando a los jugadores y que la posibilidad de invadir la cancha por parte de los hinchas uruguayos era inminente. En esa desolación y derrotados anímicamente, el joven Guillermo Stábile se puso de pie y arengó al resto: "Vamos a la cancha, carajo". El resto, es la historia del resultado.

También podríamos referirnos a su campaña como director técnico. Más allá de los éxitos obtenidos en los clubes, Stábile fue el técnico de la selección por casi 20 años, desde 1941 hasta 1960 aproximadamente.

Claro que sus conceptos futbolísticos tuvieron al final el pecado del estancamiento. Porque fue el técnico de la selección en 1958, cuando absolutamente sobrevalorados nosotros fuimos a competir a Suecia. Guillermo Stábile presentó un antiguo esquema 2.4.4 para enfrentar a modernos dispositivos tácticos con cuatro delanteros. Solo imaginemos (sin detalles) cuatro delanteros enfrentando a dos defensores. Preludio de la catástrofe, eso es lo que fue: el desastre de Suecia de 1958.

Considerado uno de los grandes maestros del fútbol, es el director técnico que más copas América ha ganado y el que más partidos dirigió con la Selección. También es el primer goleador de la historia de los Mundiales (1930) y el primer técnico tricampeón de la historia del futbol profesional argentino.

Claro que aún nos debemos otro final, de los tres que enunciamos. Aunque después de una vida completa dedicada a las canchas, a los vítores y al fútbol el Filtrador Stábile también se dio el lujo de participar en el cine, haciendo de sí mismo en las películas Pelota de Trapo (1948) y Fantoche (1957).

Dicen que murió el 26 de diciembre de 1966, pero ese no es un final.

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