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Martes 12 de Junio de 2018

El Fangio de todos

Otra presencia competitiva del súper campeón en nuestra ciudad. La vuelta a Entre Ríos

Hay un punto exacto donde el pasado comienza. O termina, es decir que depende de los puntos de vista y de las posturas sobre las cosas. Pero el pasado está allí, exánime y ya inalterable. Quizás debiera uno preguntarse dónde están las historias y de hallarlas, apropiarse de ellas. Por eso mismo, el mejor lugar debe ser una de las agujas de cualquier reloj de sol, allí desde donde resultará posible asir los relatos amarillentos y poseer las narraciones olvidadas.

Disquisiciones sobre los próceres
Sin dudas es un adjetivo inadecuado. Excesivo, profano y hasta arrancado de la ciencia histórica para denominaciones algo usuales y más coloquiales que científicas. Sin dudarlo que pertenece al ámbito de las grandes batallas, de las gestas y las epopeyas. Pero quizás en común con algunas otras disciplinas menos marciales tengan el broce: el de los monumentos, de las placas y las recordaciones. Como los seres ilustres de todos los tiempos, o como Juan Manuel Fangio. Sobre las calles Mónaco y sobre el circuito principal de Montecarlo, una estatua en tamaño natural recuerda el paso por allí de Juan Manuel Fangio allá por la década de 1950. En las calles de Maranello su presencia es vívida y sus fotografías son usuales, además de ocupar un sitial destacado en el Museo de la casa Ferrari. Y en nuestra ciudad de Paraná una importante placa de bronce ocupaba la gran piedra ubicada en el Parque Urquiza frente al Cóndor y al lado del Mástil, dando cuenta de la presencia del corredor en el año 1950.
La estatua de Mónaco permanece allí, en Maranello se pueden conseguir sus fotos y en el Museo de Ferrari ver sus objetos e imágenes. Aquí, la gran piedra está vacía y la placa...vaya uno a saber.
Por eso, en auxilio de esas omisiones o de las ausencias de placas es que intentamos manipular este reloj de sol, con la ansiedad de que la fuga incontenible de los recuerdos detenga su andar.

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<div><b>Ganador.</b> Juan Manuel Fangio en la Alfetta 158 ganadora del Campeonato Mundial de 1951</div>
Ganador. Juan Manuel Fangio en la Alfetta 158 ganadora del Campeonato Mundial de 1951

De nuevo Fangio
En esta columna nos hemos referido un par de veces al gran corredor. Primeramente y allá por comienzos de la década hablábamos de la presencia de Juan Manuel Fangio y otras estrellas de la Fórmula 1 de aquel entonces precisamente en el "Gran Premio de Paraná", un circuito callejero que abarcaba la circunferencia del Parque Urquiza combinando sus zonas alta y baja. Ganó Fangio en un espectáculo irrepetible de jerarquía mundial.
También hemos mentado sobre el suceso de su secuestro en La Habana, Cuba. Mediante documentos de la época recreamos en lo posible la situación del corredor con sus secuestradores, lejos por cierto de una situación traumática o agresiva lo cierto es que fue resuelto de la mejor manera. Habrá sido el año 1958, quizás febrero.
Y si bien no agotamos la totalidad de sus presencias por estos lados, nuevamente hoy invocamos que el reloj de sol nos permita rememorar su visita ocurrida esta vez en el año 1948, concretamente entre el 24 y 25 de abril.

La Vuelta de Entre Ríos. La gran carrera de la Provincia
Si bien se ha recreado en muchas oportunidades, en este caso los nombres, las circunstancias y las distancias dotan esta en especial, de cierta rutilancia. Porque los principales contrincantes para esta prueba eran los dos hermanos Gálvez (Juan y Oscar) quienes habían marcado los mejores tiempos en la instancia clasificatoria. Fangio apenas logró el quinto puesto de clasificación, pero claro... sería luego nada menos que el "Demonio de las pistas".
Imaginemos con brevedad la circunstancia. En ese año de 1948 Fangio tenía una vastísima experiencia en Turismo Carretera, incluso preparando sus propios autos y había sido campeón de la categoría en los años 1941 y 1942. Un juego de pasiones donde junto con sus rivales los hermanos Gálvez marcaría la hegemonía de aquellos tiempos. Como estadística vale la pena confirmar que durante once años (desde 1947 hasta 1958) los Gálvez fueron campeones ininterrumpidos de la categoría Turismo de Carretera.
Pero volvamos a la Vuelta de Entre Ríos. Se correría en dos etapas: la primera desde Paraná hasta Gualeguaychú haciendo etapas en Diamante, Victoria, Nogoyá, Villaguay, Rosario del Tala, y Gualeguay. La segunda saldría de Gualeguaychú pasando por Concepción del Uruguay, Colón, Concordia, Federación, Feliciano y La Paz para finalizar nuevamente en Paraná. El principal inconveniente que enfrentarían los corredores no eran la distancia, el desgaste, el cansancio o la velocidad; el peor de todos era la ausencia de señalización en los caminos y en los pueblos de contacto. Cosas de la época.
Consultado el Museo de Balcarce sobre la máquina que utilizara Fangio en esta prueba, los datos fueron precisos: un Chevrolet 1939, color rojo. Con ese aparato ganó la primera etapa, 641 kilómetros en 5 horas con 46 minutos y 15 segundos a un promedio de 111 kilómetros por hora. Y volvió a ganar la segunda etapa de 862 kilómetros en 6 horas y 42 minutos, promediando esta vez 128 km por hora. Una saeta, una flecha, un bólido, una luz cegadora. Solo Fangio.

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La sobriedad de los campeones.
Ya finalizada la competencia y en los momentos del protocolo, Juan Manuel cumplía con la visita al matutino El Diario dejando allí la señal de su presencia y triunfo en esta ciudad. Con autoridades del Club de Volantes y la simpatía sobria que lo caracterizaba compartía charlas y anecdotarios después de los rugidos y las rutas.
Calmo y sereno, dejo una nota de su puño y letra como recuerdo de su paso por aquí. Casualmente el mismo gesto hemos registrado en su estancia de 1950 e incluso durante su secuestro: notas de puño y letra. Algunas fotos han supervivido a los tiempos. Estas de 1948, aquellas de 1950. Permanecerán seguramente en soportes más poderosos que el papel, y acudirán siempre al llamado de los relojes de sol con el pretexto del recuerdo. Como aquellas estatuas de bronce en el circuito de Montecarlo o las imágenes de Maranello. Esperemos con dosis esperanzadas que suceda lo mismo con la placa que debiera estar en la enorme piedra con aspecto de crómlech del Parque Urquiza, donde una imagen sonriente con un caso breve y desatado recordaba la presencia aquí de un gran campeón.

Reloj de Sol

De todas las formas de medir el tiempo y el plazo de las horas, el reloj de sol es el único que nunca puede volverse atrás. Las agujas, las arenas o las clepsidras pueden ser reversibles pero en el reloj de sol eso es imposible. Por eso, porque es necesaria la complicidad de los seres humanos para recuperar el tiempo ya pasado y porque las historias ameritan el renacimiento. Y porque la única manera de permitir la inmortalidad de los sucesos es absolver al olvido...


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