Secciones
Agmer

"El descarte de basura como es en Paraná, también es de personas"

Una especialidad jurídica que atraviesa a toda la estructura del Estado. Las idas y venidas hacia el ecocentrismo. Un perfil de lo que puede venir.

Sábado 30 de Mayo de 2020

Más allá de cierta influencia familiar, el descubrimiento en Brasil de determinadas realidades hicieron que optara por una modalidad del Derecho que a quienes la ejercen los consideran como “bichos raros”, según admite la propia Valeria Enderle, directora de la organización ecologista Cauce, Cultura Ambiental Causa Ecológica. La abogada paranaense explica los alcances, posibilidades y déficits de esta herramienta que atraviesa a toda la arquitectura legal, y convoca a la comunidad para darle mayor ímpetu.

Que las cosas sean justas

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en junio de 1989, en la zona del centro.

—¿Cómo era el lugar en tu infancia?

—Tranquilo y con poco tránsito, podíamos andar en bicicleta por la vereda con mis hermanas y la gente también era más tranquila. Con mis abuelos y tíos nos podíamos ver más, y los ritmos del trabajo eran distintos. Iba y volvía caminando a la escuela.

—¿Otros juegos?

—Nos gustaba “cocinar” con elementos de la naturaleza como arena y pasto, y con mis primas jugábamos al “supermercado”, con los envases que nos daba mi abuela.

—¿Lugares de referencia?

—Esta plaza (Sáenz Peña), el Patito Sirirí, la Costanera, la casa de la abuela y la de los tíos.

—¿Personajes?

—Cachito (Avellaneda), quien siempre nos acompañaba en los actos de la escuela y era una alegría que estuviera.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi mamá es ingeniera y docente en la UTN, y mi papá, abogado y fue juez.

—¿Leías?

—Muchos cuentos. Papá nos trajo de Buenos Aires esos con los cuales formas la historia y nos encantó.

—¿Alguno que te hizo conocer un nuevo universo?

—El Principito, si bien era difícil entender algunas cuestiones, pero dialogaba con mis padres. Me quedó lo del cuidado de la rosa, la amistad y el domesticar. Lo he releído y durante la cuarentena también. Siempre me quedó esa frase de la línea recta…

—Que “caminando en línea recta no se puede llegar muy lejos”.

—Esa. Uno planificó como una recta 2020, vino esto (la pandemia), te sacude y tenés que reestructurar.

—¿Sentías una vocación?

—Siempre me gustó, porque en la familia hay muchos abogados y por el valor de la Justicia, el Derecho. Es fundamental que las cosas sean justas. Desde chica jugábamos con mis hermanas al doctor y me preparé para estudiar Medicina, aunque decidí ser abogada y me recibí rápido, a los 22 años.

—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?

—Historia, Lengua y Biología; Matemáticas, Física y Química no.

El padre y la carrera

—¿Elegiste Abogacía por mandato familiar?

—No; por la relación fuerte con mi papá.

—¿Cuál era tu idea sobre la justicia? ¿Se concilió con lo que encontraste en la carrera?

—Cuando se estudia Derecho no se termina de entender hacia qué va la profesión. Se estudian un montón de conocimientos pero hay un gran déficit en cuanto a falta de práctica. Mi papá falleció en 2009, mientras estudiaba, lo cual me conectó más con el Derecho, porque le daba orgullo. Pude canalizar su ausencia a través de un gran grupo de abogados procesalistas, con quienes sigo en contacto, y soy docente de la misma cátedra que daba él.

—¿Alguna cátedra te resultó significativa?

—Tuve profesores muy buenos al comienzo de la carrera, en Santa Fe, como el doctor (Edgardo) Saux, en Civil I; en Administrativo y en Sucesiones, con la doctora (Jorgelina) Guillisasti.

—¿Recomendaciones de tu papá?

—(Risas) Con mi papá diagramamos toda mi carrera; en primer año aprobé ocho materias y mi mamá le decía “por favor, pobre nena, recién comienza”. No cursé Introducción al Derecho, la estudié en mi casa y rendí en la primera mesa. Mientras estaba internado, también lo consultaba. Disfruté mucho la Universidad y tuve una beca de intercambio en Brasil.

—¿Cuál fue la primera aproximación a la temática ambiental?

—Mi papá con un tío tenían una lancha, íbamos al río, nos enseñaron sobre el cuidado, y con mi papá hacíamos plantitas y cuidábamos los árboles. Mi conexión más fuerte fue en Brasil, en Belo Horizonte, donde me invitaron a un grupo de estudios de Derechos Humanos. Me mostraron dos o tres autores brasileños que me despertaron inquietudes y vimos un caso sobre una minera que contaminaba. Luego averigüé si acá había algún posgrado, terminé la carrera y comencé la especialización.

“Fiesta y vestido nuevo”

—¿Habías pensando, antes, una conexión entre lo ambiental y el Derecho?

—El Derecho Ambiental como rama acá es bastante nuevo, aunque en el ámbito internacional estaba más desarrollado. Las materias no estaban muy relacionadas y el “click” se me hizo en Brasil.

—¿En las cátedras que cursabas había contenidos específicos?

—No tuve casi ningún contacto con el Derecho Ambiental y recién cuando terminé se estableció como materia optativa, que no pude cursar. Ahora se le presta más atención y desde distintas materias se hace una vinculación. Yo lo hago en la UCA, al igual que otros profesores, hay mayor consciencia y es imposible dejar al margen los conflictos que se suscitan. (Ricardo) Lorenzetti dice que “el Derecho Ambiental convoca a todas las ramas a una fiesta y les exige un vestido nuevo”. Todo cambia y esa mirada tiene que estar en todo el Derecho, aunque por ahora los ambientalistas seamos bichos raros.

—¿Por qué te impactó tanto lo de Brasil?

—Porque no conocía el Derecho Ambiental y me gustó el abordaje de ese grupo de estudios. El profesor no imponía un concepto, ya que la enseñanza es totalmente distinta a la de acá. El examen era resolver un caso como si fueras juez de la Corte Internacional de Justicia.

—¿Qué idea te hiciste sobre ese universo?

—Volví y terminé la carrera, porque quería dedicarme de lleno al Derecho Ambiental. En 2012 en Argentina ya tenía un desarrollo con grandes autores y fallos a nivel de la Corte Suprema. El hecho que vinieran profesores de Francia nos daba una apertura mucho mayor, así que tenemos una formación distinta a otros especialistas. La estructura de la especialización baja desde lo mundial a lo europeo, de lo europeo a Francia, de lo mundial a Latinoamérica, al país, a la provincia y a lo local.

¿Hacia el ecocentrismo?

—¿Cuáles son los principales hitos a partir del reconocimiento constitucional?

—En 2002 se sancionó la Ley General del Ambiente, marco que reglamenta el artículo 41 de la Constitución; la Ley de Bosque Nativo, la de los Glaciares, y fallos de la Corte, como los relacionados con Mendoza, el fallo (Juan Gabriel) Kersich, (Viviana) Peralta relacionado con las fumigaciones, el de la orangutana Sandra… A partir de la reforma constitucional hay una mirada antropocéntrica más moderada y recién hace poco tiempo hay una idea ecocéntrica, o sea proteger la naturaleza por sí misma. La Constitución de Ecuador en este sentido establece que “la Madre Tierra tiene derechos”.

—¿Y las mayores colisiones al momento de la operatividad de las normas?

—Muchas veces son intencionadas y otras no. Con lo que más se colisiona es con la burocracia, la cual tiene que ver con el Derecho Administrativo; en el Derecho de Daños, en el Derecho Civil y el Procesal, se han amoldado bastante al ambiente, que es un bien jurídico totalmente distinto a los otros, porque los bienes no se pueden dividir y son de naturaleza colectiva, entonces aparecen las organizaciones defensoras y los damnificados. La Penal es la rama con la que más choca y en la cual es difícil ingresar, porque es muy estructurado y cerrado. Lo principal es la adaptación de los operadores jurídicos.

Burocracia estatal

—¿Hay desconocimiento en el aparato estatal, más allá de los intereses económicos que lo condicionan?

—Hay un mayor intento de entendimiento por parte de algunos funcionarios y operadores, si bien con muchas restricciones de las estructuras. Tal vez una persona más joven entiende lo transdisciplinario del Derecho Ambiental pero hay otros que vienen con una lógica y enseñanza muy distinta. En la medida que a la ciudadanía le importe que el funcionario preste atención a estos temas y exija, también cambiará, como sucedió en Mendoza. Hay funcionarios que se interesan pero el aparato gubernamental no los deja accionar por cuestiones políticas, relaciones con empresas e industrias, o intereses sociales.

—¿Qué herramientas son más accesibles para el ciudadano común?

—Intentamos hacer y pregonamos desde la fundación el derecho de acceder a información, que es la base para poder participar adecuadamente. Por ejemplo, se hace determinada obra. Tengo que tener información para saber si es posible que se haga en determinado lugar, el impacto, positivo y negativo, cómo me afectará a mí, al barrio y a la ciudad. Por eso hablamos de democracia ambiental. La información tiene que venir en un tiempo oportuno porque si me la dan después que se decidió no tiene sentido. En el caso del puente Paraná-Santa Fe la participación debió ser previa a la elección de la traza de los ingenieros. Igualmente, la educación ambiental es indispensable en todos los niveles y ámbitos.

—¿Qué legislación importante carece de reglamentación?

—De la Constitución provincial, que es muy completa, hay varios artículos, relacionados con las evaluaciones de impacto ambiental, acceso a la información y participación ciudadana, La Legislatura tiene que poner foco en ello, al igual que apoyar, normativamente, a los productores agroecológicos, la protección de áreas naturales y el ordenamiento, que es pésimo, del territorio del monte nativo.

—¿Alguna normativa establece la creación de juzgados específicos?

—No, pero creo que en la Ley de Ministerio Público Fiscal existe la posibilidad de que existan las fiscalías ambientales. Como abarca muchas ramas del Derecho, es difícil, pero tiene que existir una Justicia especializada.

Violaciones inconcebibles

—¿Cuáles son las violaciones más frecuentes?

—Hay muchas invisibilizadas y aceptadas inconscientemente, como el caso de las cloacas, en que se derivan los líquidos sin tratamiento a los arroyos y al río. ¡Es inconcebible! Al igual que el Volcadero, no solo desde lo ambiental sino desde lo social. En una reunión que hicimos con la Acción Católica sobre la encíclica Laudato si coincidimos en que el Papa ha verificado determinadas cosas que las sabemos todos. Descartar la basura de la manera que se hace en Paraná, es también descartar personas, porque la crisis ambiental también es social. Esa montaña de basura y cantidad de personas trabajando allí es el descarte que hacemos como sociedad, y es lamentable que no lo veamos desde ese punto de vista. Lo que descarto en mi casa lo puedo compostar, pero prefiero sacarlo en una bolsa, total alguien se encargará. Esa irresponsabilidad deriva en un descarte, transformado en basura y contaminación, que está invisibilizado pero a pocas cuadras del centro.

—¿Tu evaluación de las derivaciones legales en torno al tema fumigaciones?

—Es otra de las violaciones que ni siquiera pensamos: tener alimentos, que no lo son, envenenados en nuestra mesa. Nos inculcaron lo del granero del mundo y hay que seguir fumigando. Los procesos fueron con un gran compromiso de parte del Foro Ecologista, de Agmer, y de muchos docentes y mujeres a la cabeza. Expuso que tenemos jueces comprometidos y entienden, con limitaciones porque no hay juzgados ambientales, y un Superior Tribunal de Justicia con muchas limitaciones…

—Por no decir otra cosa.

—Exactamente. También se generó una separación entre los productores: quienes utilizan los agrotóxicos y quienes no, pero la gente de Minhoca, de Tabossi, que hace agroecología, comenzó a recibir preguntas, además de bofetadas. Cuando al productor se le habla de costos, le cierra todo, al igual que cuando se le explicar que no es imposible el uso de tecnología en esa modalidad. Igualmente no es casual que algunos supermercados comenzaron a traer verduras y frutas orgánicas, porque hay una demanda ciudadana.

“Cauce trabaja por la democracia y por la educación ambiental”

Enderle es directora de la fundación Cauce, definida como un equipo que pretende “ser parte de un cambio cultural y ciudadano frente al modelo extractivista de acumulación de riqueza y destrucción”. La abogada reseña su origen y objetivos.

—¿Cómo nació Cauce?

—En 2018, a partir de la disolución de la organización M’Biguá, con Julián Stoppello y Jorge Daneri, quienes hoy ya no están. Somos casi todos jóvenes, lo cual tiene una ventaja en términos de energía y es un aprendizaje diario, por la falta de experiencia y capacitación que pretendemos.

—¿Cuáles son las prioridades en el corto plazo?

—Tienen que ver con la educación y democracia ambiental, para que la ciudadanía pueda apropiarse de estos conceptos, también relacionados con la alimentación, la protección de los ríos, que se pueda entender que otra forma de producir es posible, con la agroecología, y la promoción del compostaje. Estamos trabajando mucho en torno a los humedales para lograr una ley de presupuestos mínimos en el ámbito nacional, que se reactive el Plan Integral Estratégico de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires para el delta y monitoreamos la extracción de arenas silíceas para Vaca Muerta.

—¿Qué te permitió conocer esta rama del Derecho de la problemática ambiental, más allá de lo jurídico?

—Conocer personas que no hubiera conocido, como integrantes de pueblos originarios, lugares como el (Gran) Pantanal de Brasil y entender muchas otras cosas que no tienen relación con el Derecho, como el compostaje, el reciclado de plásticos, saber de dónde vienen los alimentos, el comportamiento de los peces y muchas otras cuestiones cotidianas… Es lo más rico.

—¿Tienen alguna página en Internet?

—Es cauceecologico.org, también en Facebook e Instagram. Los jueves a las 18 hacemos intercambios virtuales, con especialistas reconocidos en distintos temas, además de tener planteados varios talleres y actividades.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario