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Bienestar Psicológico

Dependencia Tecnológica. II Parte

Disfunciones Relacionales-Comunicativas

Viernes 07 de Junio de 2019

El domingo pasado les describí la primera parte en cuanto a dependencias tecnológicas manejamos los profesionales para distinguir las disfunciones específicas que relacionan a una persona con su comportamiento disfuncional en la red, con la red. En esta segunda parte les describiré las distinciones de aquellas problemáticas de personas que utilizan la red pero en relación con otras personas conectadas virtualmente.

En esta segunda fase, el usuario descubre aplicaciones que lo conectan con otras personas a través del uso de internet a través de chats, sitios sociales y MUD (alguien que juega a ser un rol virtual), y estas funciones podrían llegar a representar ulteriores riesgos de uso patológico del Web o poder inclusive llegar a involucrarse de forma global con la persona, en donde termina por quedar completamente inmerso en un mundo virtual hasta llegar a perder las referencias espacio-temporales y emotivo-sociales que se producen offline (sin conexión, paradójicamente). Los riesgos de cada uno de ellos es diferente, pero son mucho mas profundos de aquellos descriptos en la primer parte.

Dependencia de las relaciones virtuales

A través de mails, chats o sitios sociales es posible establecer relaciones virtuales que se convierten para la persona muy importantes hasta llegar a comprometer y sobrepasar el valor y la necesidad de cultivar relaciones concretas de la vida fuera de estar conectados. En este caso específico, la mayoría de las relaciones que tiene la persona son virtuales, logrando de esta forma mantener una imagen idealizada de sí mismo y de los otros que correspondan a las propias necesidades afectivas. La dependencia se evidencia a través de la necesidad imperiosa de comenzar y mantener contactos y relaciones en donde no sea necesario la búsqueda del conocimiento físico del otro, ni un encuentro offline. Esto permite de compensar con la fantasía, creando un “otro” que satisfaga los propios deseos y de producir una imagen “producida” de sí mismo no necesariamente correspondiente con la realidad. Además, como el contacto visual no es necesario algunos llegan a poder “ponerse al desnudo” ante otros usuarios de cuanto lo podrían hacer en la vida offline. En la utilización del acto de chatear se puede redefinir la personalidad a través de un “nickname”, un sobrenombre que puede representar uno o mas rasgos de sí mismo, una pertenencia a un grupo específico, los propios intereses o deseos, las intenciones relacionales, el pensamiento espontáneo y así sucesivamente. Permite enmascararse para contener la ansiedad social y la dificultad de poder interaccionar en la vida fuera de línea. El chat asume la función de instrumento de introspección y de exploración de la propia identidad. Las señales clínicas que se pueden observar son dos: 1. La persona ha efectuado repetidos tentativos, sin suceso, de controlar, reducir o interrumpir intercambios con amigos y/o sentimentales en internet. Y prefiriendo estos, al tipo de relaciones “cara a cara”. 2. Esta problemática permite la manifestación de señales que tienen que ver con problemáticas preexistentes, ya que se trata de una tentativa de solución a las dificultades persistentes de poder relacionarse, en donde seguramente se presenta una dificultad emotivo-relacional en su contexto de referencia (familia, amigos, actividades deportivas, etc.).

Dependencia del sexo virtual

Comprende todo aquello que sea sexual y que se puede desarrollar en la red, en conexión con uno o mas usuarios, siendo lo mas importante la interactividad relacional. Vale aclarar que aquí se excluyen todas aquellas actividades patológicas de tipo pornográficas caracterizadas por la pasividad del sujeto, por lo cual el cyberporn o pornodependencia es una categoría que se incluye en la primer fase (descripta en el artículo anterior).

Aquí se establece un sistema triangular: persona-máquina-persona. Los usuarios intercambian mensajes escritos de contenido sexual, a veces acompañados por fotos de partes del cuerpo desnudas, otras veces por videos o webcams. La auto-estimulación a la que se puede llegar se convierte en una representación mental en donde las fantasías son construidas de forma espontánea, en ese preciso momento de la interacción y compartidas una fantasía mutua.

Estudios de género han evidenciado una mayor presencia femenina en los chats (fantasía compartida de a dos que produce placer mutuo) con fines sexuales, mientras que la pornografía resulta mayormente consumida por los hombres.

Las manifestaciones clínicas que se pueden evidenciar son: búsqueda activa de sitios sexuales que les produzca una excitación inicial espontánea, búsqueda continua de parejas sexuales online, usar el anonimato para comunicarse utilizando fantasías sexuales atípicas que no vendrían expresadas en la vida online.

Dependencia MUD

Estamos hablando de los famosos juegos de rol interactivos en donde varios usuarios participan del mismo juego, por lo tanto la interacción puede hacerse todo el tiempo humanamente posible y con personas conectadas de todo el mundo. Termina dañando el funcionamiento laboral, social y relacional. Este mundo paralelo le permite a los adolescentes el poder experimentar con ellos mismos, un espacio donde pueden descubrir lo que se es o lo que se desea ser, lo que les brinda la oportunidad para construcción y la reconstrucción de sí mismos. Las señales clínicas serían: 1. Emplear gran cantidad de tiempo en juegos de rol en donde se los prefiere por sobre las interacciones en la vida offline. 2. Buscar repetidamente pero sin éxito, el controlar, reducir o poner fin a utilizar este tipo de juegos. 3. Persistir en esta actividad no obstante los problemas sociales, familiares y económicos que de esta actividad se derivan o se ven acentuados.

Hikikomori

De frente a los grandes problemas que presentan los adolescentes en relación al crecimiento, al fenómeno del bullismo y la competición impuesta por la sociedad para obtener éxito y ser perfección, buscan optar por fugarse en la tecnología.

Hikikomori en japonés significa “me retiro”, esto tiene que ver con el comportamiento de autoexclusión en su propia habitación que presenta el adolescente, donde de sumerge totalmente en la realidad virtual, en especial en los videojuegos, limitando el contacto visivo con los familiares o cualquiera que se les acerque y a los que se restringe el ingreso a esa habitación. El sentido de vacío, vivir en soledad y la dificultad de compartir experiencias cotidianas junto a otras personas reales, dan coraje a este joven de querer hacer un uso continuo y desmedido de internet. El aislamiento generalmente inicia con el rechazo de ir a la escuela y esta conducta empieza a durar mucho tiempo. Se abusa de internet, se busca aislarse socialmente logrando dificultad para poder un día insertarse en la vida laboral y estar mas expuestos a relaciones de bullismo. Estas personas presentarán claramente problemas cognitivos, inmadurez afectivo-emocional, alexitimia y tendencias disociativas. No logran poder completar el proceso de individuación o lograr autonomía emotiva, relacional y económica.

Cyberbullismo

Ser celebrados o despreciados en las redes sociales o chats es una tarea mucho mas fácil ahora y la mayoría de las veces se realiza sin ningún tipo de criterio concreto o razón lógica. Para el usuario que construye su identidad a través de la creación de sí mismo en estos sitios sociales y las respuestas que luego obtiene, los “feedbacks” de otros usuarios se vuelven material de definición de sí mismos, de quiénes son a través de la mirada de otro. Pero los comentarios o respuestas en las redes sociales son visibles por todos, por muchas personas conocidas o no, y por este motivo es que la persona afectada comienza a construir una imagen de sí mismo compartida entre todos los contactos y que se comienza a extender mucho mas allá de su perfil online. En estos sitios virtuales se expresa la propia forma de pensar y donde dar la propia opinión vuelve a ese usuario mas visible y protagonista. Muchas veces se expresan con juicios de valor hasta llegar a ofender y calumniar a aquellos usuarios que se muestran virtualmente mas vulnerables y débiles. Se convierte en un problema muy grave ya que sentir ser excluidos o no considerados equivale a no existir online. La persona que lo padece siente que han destruido su identidad a través de las agresiones virtuales, destruyendo la propia autoestima y confianza en sí mismos. El riesgo mayor es el de terminar desarrollando un cuadro de depresión significativo, en donde en casos extremos se llega al suicidio.

Fenómeno “Blue Whale”

Esta palabra en inglés hace referencia al comportamiento de las ballenas que terminan dirigiéndose a la costa para morir, aparentemente sin motivo e identifica una especie de ritual que tiene como objetivo de conducir a alguien, prevalentemente a un adolescente débil y deprimido, hacia el acto del suicidio. Se produce a través de un mecanismo de manipulación amplificada en la participación online de grupos a través de las redes. Se los describe como “juegos online”, pero en la práctica no tiene nada de lúdico. Se busca someter a la persona por un período determinado de tiempo a que realice una serie de demostraciones por parte de la víctima que se van incrementando violentamente a través de pruebas físicas y mentales, todas ellas conducen al autolesionismo con el fin de llegar hasta el suicidio y dando pruebas continuas al resto del grupo de que se van cumpliendo las metas del plan macabro, en donde los demás espectadores se convierten en espectadores pasivos. Todos los que participan buscan sostenerse a través de la fuerza que genera pertenecer a un grupo para ir avanzando y realizar las pruebas. Es un modelo de comportamiento manipulatorio de grupo, ya que genera un sistema de estímulos y técnicas tendientes a condicionar el deseo de no intervenir a favor de la vida de la persona.

Nomofobia

Esta palabra viene traducida como “no fobia al móvil”, para definir el concepto de no tener ningún miedo al dispositivo móvil. Identifica un tipo de trastorno caracterizado por el miedo patológico de quedar fuera de las redes, sin conexión virtual móvil. No poder estar sin el celular y desconectados, teniendo continuamente cargadores para asegurarse la continua conexión a las redes. La persona se siente ansiosa o nerviosa de no tener el celular cargado o de estar por quedarse sin batería. Observan continuamente la pantalla para chequear si se han recibido nuevas notificaciones de cualquier tipo. Buscar mantener mas relaciones online que offline. Otra de las consecuencias es el riesgo de caer en la práctica de shopping compulsivo de cosas sin demasiada necesidad que se ofrecen en las redes. La ansiedad desencadena comportamientos particulares como por ejemplo: sensación de oír el tono de aviso o llamadas fantasmas perdidas que no se han producido pero que se sienten como reales.

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