Secciones
Miradas

Del campo a la mesa hay un abismo

Lunes 14 de Enero de 2019

Es de hasta el 426% la brecha de precios entre lo que cobra un productor del campo al vender sus mercaderías y lo que paga quien se come esos frutos de la tierra. En la ancha avenida del medio los valores van engordando fruto de la logística, la comercialización, intermediación y los impuestos.
Décadas pasadas, conocer tales cifras eran atribuciones casi exclusivas de economistas y periodistas especializados en temas del campo. Hoy en día, el acceso a la información se simplificó bastante al amparo de organizaciones que se dedican a sacar tales cuentas. Es el caso de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), organización que divulga toda clase de datos vinculados al devenir de los negocios en el ámbito del mercado interno nacional.
Ellos hicieron saber, por caso, que al índice de precios en origen y destino lo definen en base a precios diarios online de los principales supermercados del país, más de 700 precios de verdulerías y mercados para cada producto y precios de origen de las principales zonas productoras que releva un equipo de 35 encuestadores. En mérito a su trabajo es posible saber que un ganadero de novillitos recibe 47,20 pesos por kilo de carne que en la góndola se comercializa a 198,7 pesos. La diferencia porcentual es sensiblemente superior a 320%. A primera vista puede parecer una barbaridad, empero si se suma la labor de traslados de los animales al local de remate feria, de ahí al frigorífico y se incluye la tarea de faena y mantenimiento de la cadena de frío se justifica que el número vaya aumentando a paso firme; y eso que todavía falta el flete a las bocas de expendio y la comercialización. Así se va llegando a un valor que asusta a quien debe ir a comprar el asado del domingo para la familia; como es mandato entre miles de argentinos. Y en toda esa cadena de transformación del animal en pie en un producto comestible se van pagando los impuestos del caso, impresos en gravámenes directos e indirectos. No se trata de justificar aquí la impresionante diferencia entre los extremos, sino de entender la importancia de cuidar el mercado interno, dado que en cada paso que se va dando en el traslado de la mercadería se generan puestos de empleo. O dicho de otro modo, si Argentina empieza a vender hacienda en pie al extranjero el negocio se reduce al ganadero, el exportador y el camionero que se lleva los animales. Si a ese mismo novillo lo comemos en casa, el pasamanos es notablemente superior.
Lo que se trata es de atacar la especulación que deforma los precios, los que se guardan los cortes en cámaras de frío a la espera de una suba, los que eligen no faenar por la misma razón y los que compran y venden en negro.
En mérito a los estudios de los expertos de la Confederación, es posible ponerse a sacar cuentas con casi cualquier fruto del agro; pero el razonamiento es siempre el mismo. El productor cobra muy poco en relación a lo que se vende al público y en el medio hay miles de puestos de trabajo en danza. Por eso, cuando los productores protestan y regalan o tiran sus mercaderías, lo que en realidad hacen es decirle al Gobierno que se están matando empleos.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario