Secciones
Bienestar psicológico

Dejar de mirarse el ombligo

Hacia la búsqueda del otro

Miércoles 18 de Septiembre de 2019

Muchos pensarán... ¿pero cómo puede ser que esta primera conexión con la vida primero y con nuestro primer “otro” en relación en la vida (nuestras madres) pueda generar tanto malestar?

Y es que hablo de aquel simbólico, de ese que podemos reconocer y hablar todos porque es coloquial, intangible y bastante inconsciente, en el sentido que nadie habla demasiado ¡pero existe! El famoso: “¡cada uno mira su propio ombligo!”.

Cuando se habla, muchas personas no se dan cuenta pero en vez de emitir una opinión, tratan de imponer una idea, una forma de hacer las cosas, un sentimiento que se debe sentir o no, los límites en general: cómo preparar una receta, qué estudiar, qué hacer, cómo hacerlo, qué pensar, cómo educar o criar a los chicos y miles de ejemplos más que les pueden venir en mente rápidamente...

Es verdad que la perspectiva con la que vemos el mundo depende de factores tales como: la educación de los padres, la escuela, la cultura y el resto de los contextos sociales en los que participamos cotidianamente (club, deportes, hobbies, etc). Pero también es cierto que podemos elegir y eso significaría que podemos reflexionar y poner en práctica la forma en la que utilizamos las palabras poniendo más atención en sumar opciones cuando opinamos o aconsejamos.

El mundo se ha vuelto globalizado, complejo, lleno de información que corre muy velozmente, donde los intercambios con otras partes del mundo, o inclusive dentro de nuestro propio país... más allá del contexto en donde vivimos, se han vuelto parte de la realidad que vivimos. Los intercambios producen nuevas ideas y formas de pensar, y a través de ellas uno aprende a flexibilizar la forma de relacionarse con otros. No hay blancos y negros o buenos y malos. Lo que hay son diferencias entre todos nosotros porque gracias a Dios somos únicos e irrepetibles. Y si nos detenemos a pensar, lo que no cambia es la condición del ser humano de buscar relacionarse, de diferentes formas seguramente, pero contar con un otro ser humano, incluso animales o plantas que nos hagan sentir que de alguna forma buscamos completar algún tipo de vacío existencial.

¡Empecemos a amplificar nuestras maneras de pensar! Y esto no tiene que ver con aceptar la realidad del otro. Aceptar y comprender no son lo mismo y no tienen que por qué serlo. Tiene que ver con la capacidad de empatía y comprensión para poder vivir en un mismo contexto con más armonía. Sabernos expresar y comprender al otro es respetarse y respetar a los otros al mismo tiempo.

Mirando alrededor nuestro nos encontramos diariamente con un mundo de prejuicios insertos en bellos discursos que hasta parecen éticos, cuando lo único que hacen es tratar de implícitamente hacerse imponer buscando respaldos científicos, religiosos, etc., para imponer una forma determinada de TENER que ver el mundo. ¡Cuando en realidad no la hay!

Existen tantas perspectivas diferentes de pensar, concebirse a sí mismo, al mundo, accionar, etc como personas hay en este mundo. El único límite tendría que ser el de no hacerse un daño a sí mismo o a los demás, lo cual ya está implicando un grado de responsabilidad a la hora de comunicarnos. Cuando dejan de existir límites es donde aparecen lo que nosotros, los que nos dedicamos a la salud mental, llamamos trastornos de la salud mental. Y es justamente por esto que hago hincapié y los quiero invitar a cortar simbólicamente este ombligo para comenzar a dirigir la vista hacia nuevos horizontes, donde el respeto se encuentra en la base, en cuanto a la forma de comunicarnos entre los seres humanos.

Comunicarnos por escrito, hablando personalmente, hablando virtualmente o compartiendo espacios comunes con otras personas tendrían que ser momentos en donde la relación sea más importante que tener razón. En donde si una persona no piensa igual que yo, puedo escucharla para luego poder emitir mi opinión sin que haya una lucha de ideologías innecesaria. En donde si puedo percibir que de lo que estamos hablando es de fuertes convicciones, lo que se puede hacer es escuchar con respeto y tratar de comprender su pensamiento y hasta ahí llegar.

No se puede obligar a nadie a “ver” como uno mismo, pero lo que se puede hacer es no hacer sentir excluido a nadie, ni agredir, ni insultar, ni humillar, ni herir, ni aislar.

La próxima vez que hablemos, estemos más atentos a la apertura de realidades diferentes a las nuestras... aprendamos a escuchar sin juzgar, aprendamos a mirarnos más a la cara y dejar de mirar el ombligo, porque este ombligo simbólico inevitablemente nos llevará a la muerte de nuestros recursos para comunicarnos como seres humanos. No somos bestias salvajes. Aprendamos a empatizar y ser más cordiales y solidarios con ese otro, que aunque sea diferente y no sea diferente al mismo tiempo, es simplemente otro.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario