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Diálogo Abierto

"Cuando me fui, el barrio era como Colombia y me parecía todo muy loco"

El recuerdo de la violencia y el miedo en el popular Lomas del Mirador. La vuelta y una escuela de boxeo con fines sociales

Lunes 28 de Enero de 2019

Nicolás Pagliaruzza vivió su adolescencia en los tiempos bravos del barrio Lomas del Mirador –en la capital provincial– cuando las drogas y la enemistad interbarrial hacían estragos entre los más jóvenes y sembraban el pánico en toda la comunidad. Su madre consideró que el mejor destino para su hijo –cuando una bala ya había marcado una de sus piernas– era salir de dicho contexto. Nicolás revisó lo hecho hasta entonces, vuelve los sábados –con otra visión de las cosas– y ahora trata de ayudar a construir mejores horizontes a través del deporte que practica y en el cual se promete mayores logros.

Tranquilidad y balaceras
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, me crié en barrio Lomas del Mirador y estuve hasta los 19 años.
—¿Cómo era en tu infancia?
—Bastante lindo porque la gente podía estar tranquila, sentarse afuera y nosotros jugar hasta tarde, lo cual con el pasar de los años se complicó por la delincuencia hasta que en 2012 la gente no salía de su casa por las balaceras. Son monoblocks, había un descampado donde jugábamos al fútbol y al sóftbol, a la escondida y la cachada. Todavía está y pusieron juegos. Jugué en el Club Francia e Instituto –hasta que me operaron de un quiste en el fémur.
—¿Otros lugares de referencia?
—Teníamos otra canchita, grande, a la cual iba gente de los barrios de alrededor.
—¿Había un límite del lugar que no te dejaban traspasar?
—No, siempre pudimos andar por todo el barrio, sin problemas.
—¿Qué visión tenías del centro de la ciudad?
—Sólo era para ir a comprar, con mamá y papá íbamos al cine los domingos y luego a McDonald's.
—¿A qué más jugabas?
—Con las bolitas, al gallo. Tenía un bidón de los de agua lleno con bolitas y cuando crecí vi que los gurises estaban jugando, así que desde el balcón comencé a tirar bolitas (risas).
—¿Leías?
—Muy poco, era más de mirar dibujitos como Dragon Ball Z y los Power Ranger que tenían que ver con piñas.
—¿Qué actividad laboral desarrollan ellos?
—Mi papá era gasista y plomero, pero también hacía soldaduras y albañilería, y mi mamá trabaja en la administración pública.
—¿Sentías una vocación en la niñez?
—Siempre decía que iba a ser abogado; también miraba mucho las películas de Rocky y lo copiaba, y cuando me peleaba, me paraba como él. Luego hice tres años de karate –cuando tenía diez años.
—¿Qué materias te gustaban?
—Geografía y Plástica –por el dibujo.
—¿No pensaste dedicarte al diseño gráfico y el dibujo?
—No, cuando tengo ganas de dibujar, hago algo para mi novia.
—¿Imaginabas una carrera profesional con el fútbol?
—Sí, me gustaba; jugaba de enganche. Siempre me gustó Maradona.
—¿Y referente en el boxeo?
—Siempre me gustó Cassius Clay –el mejor de la historia– por lo que generó mundialmente. Demostró que todas las personas podemos hacer todo, y que somos igual, sin diferencias de raza o religión. Veía sus peleas y cuando hice kick boxing, movía las piernas como él. Después comenzó a gustarme técnicamente Mike Tyson y busco imitarlo.
—¿De los actuales o de los últimos años?
—Julio César Chávez –padre– y Canelo Álvarez, porque lo que a mí más me cuesta es trabajar sobre el hígado y ellos son boxeadores que tiran muy bien los golpes allí. Veo los videos y trato de mejorar eso.
—¿Qué enseñanza te dejó el karate?
—Mucha disciplina, no pelear ni buscar problemas en la calle –sólo defenderte si es necesario.
—¿Te probaste?
—Siempre me buscaban y era medio calentón, entonces peleaba.

Drogas y barrios enfrentados
—¿Cuándo notaste el gran cambio en que la zona se tornó muy violenta?
—Comenzó a verse mucho la droga en los chicos más jóvenes –y hasta yo tuve problemas de adicción– y hubo un conflicto entre Lomas del Mirador con Hijos de María, que se tiroteaban todos los días. Llegó un momento en que la gente tenía miedo de salir a la vereda a tomar mates. El día que lo mataron a mi amigo Emanuel (Vázquez) estuvimos todos el día juntos, con otro amigo, Pitu. Eran las ocho de la noche y mi mamá me dijo que me quedara porque "los locos andaban a los tiros", me acosté en el sillón donde dormía mi papá, comenzaron a escucharse decenas de disparos, no le di mucha bola, escuché gritos, bajé la escalera y lo vi a mi amigo tirado.
—¿Te había comentado algo?
—No, fue un chico que estuvo en el lugar y momento equivocados, porque no era para él sino para otra persona que estaba ahí. Él quedó en el medio.
—¿En qué se originaba la enemistad interbarrial?
—Comenzó porque una familia que andaba en el ámbito delictivo le prendió fuego a la casa de un chico que se juntaba con la gente de barrio Hijos de María. Tomaron represalias y así comenzó todo.
—¿Cómo te marcó la muerte de Emanuel?
—Me pegó duro porque nos criamos juntos; tenía 16 años y yo 18 –en 2013. La situación siguió igual y a mí –en noviembre– me balearon. Ése año también murió mi papá –de cáncer. Yo iba a la ferretería, luego a lo de un amigo, subiendo la escalera veo dos motos desde las cuales se iban tiroteando, yo andaba de gorrita –como todos–, salí corriendo y comenzaron a tirarme. Caí, quedé medio perdido y pensaba en mi mamá, llegó, subimos juntos a la ambulancia y le dije que estaba bien, hasta que me dormí y desperté en el hospital. Me quebraron el fémur.
—¿Por qué te atacaron?
—También estaba en el lugar y momento equivocados.
—¿Ya consumías drogas?
—Sí.
—¿Cuándo comenzaste?
—La primera vez fue para probar, marihuana, y cuando mi papá estaba enfermo, con el cáncer avanzado, quería tener una escapatoria de la realidad y no tener nada en la mente.
—¿Dejaste el deporte?
—Sí, de vez en cuando jugaba al fútbol 5.
—¿Quedaron muchos amigos y compañeros en el camino?
—Sí, varios muertos, varios presos y gracias a Dios, mi mamá y mi novia –que me apoyaron un montón– pude salir adelante.
—¿Cómo evolucionó el problema social en torno a la droga?
—Se naturalizó mucho. Cuando era chico nunca vi a una persona drogándose en la calle, se escondían, pero después los jóvenes pasaban delante de vos fumando un porro o tomándose una bolsita delante de toda la gente. Entonces los chicos crecían sabiendo todo eso, y no tendría que ser así.
—¿Nunca hubo disputas por control de zonas?
—No. La que hubo, continuó y ya no importaba si tenés que ver o no con la cuestión, sino con la pertenencia a uno u otro barrio. Yo no tenía nada que ver, pero no podía pasar por Hijos de María. Lo mismo con ellos. Nunca fue un problema por drogas y territorio, ni siquiera cuando esta cuestión creció mucho.
—¿El rol de las autoridades?
—El accionar policial estaba y daban una vuelta. Cuando a mi mamá quisieron sacarle la casa, la policía la ayudó mucho.

Apropiación de casas y partida
—¿Ésa modalidad delictiva estaba relacionada con el conflicto?
—No, en 2013, 2014 –cuando me fui del barrio– los delincuentes –adolescentes, jóvenes y algunos mayores– buscaban casas donde vivían mujeres solas, para sacárselas y venderlas –porque no tienen escrituras, entonces no podés reclamar nada. Buscaban amedrentarte o te robaban para que te fueras del barrio.
—¿Hubo muchos casos?
—Sí, mucha gente se tuvo que ir porque le sacaron la casa. Mi mamá se empoderó, decidió que yo y mi hermana nos fuéramos a vivir con una tía, hasta que conseguimos para alquilar. Ella quedó con mi hermano más grande.
—¿Sufriste el desarraigo?
—Fue lo mejor que me pasó, porque conseguí un trabajo en una metalúrgica durante un año –porque recortaron personal–, terminé la escuela, hice cursos de gasista –porque había trabajado con mi papá– y también de diseño gráfico.
—¿Cómo superaste la adicción?
—Cuando me fui del barrio todavía consumía marihuana, mi novia me dijo que no quería estar con una persona que lo hiciera, al igual que mi mamá –que no me permitía que fumara en la calle. Comencé a pensar para qué quería eso en mi vida. Un día no tenía plata para comprar y no fumé, no me pasó nada y estaba bien. Intenté dejar pero fumaba muchos cigarrillos, hasta que me lo propuse y no me costó mucho –por el apoyo emocional de mi familia y seres queridos. Vi todo lo que sufrió mi mamá y mi papá –cuando estaba enfermo y veía que yo estaba mal. Hoy me gustaría que supiera que pude salir adelante.
—¿Una recomendación para quien esté pasando por algo similar a lo tuyo?
—Primero, que le hagan caso a sus padres, porque mi mamá siempre me decía que no me juntara con fulano o con mengano, y siempre tuvo razón. Para los padres, que no descuiden a sus hijos y el crecimiento. A lo mejor no están mucho con ellos y eso afecta. Si ven que les gusta un deporte, incentivarlos y acompañarlos. Si se quiere, se puede, hay que proponérselo, ser constante y perseverar.
—¿Cómo fue y es la reacción de tus amigos?
—Gracias a Dios tengo todos los amigos. Cuando me hicieron la primera nota en la tele, por la escuelita, todos me felicitaron. Uno me dijo: "Ojalá pudiera estar como vos y salir". Me puso muy contento porque a pesar de muchos años sin vernos ni compartir tanto momentos como antes, se alegraron por mí. Lo más difícil para zafar es salir del barrio, porque al estar ahí siempre hay tentaciones dando vueltas.
—¿Qué analizaste tras recuperarte?
—Que si seguía viviendo en el barrio y en lo mismo no llegaría a nada, porque estaría siempre perdido. No podía creer lo que pasaba, pero cuando estaba allí me parecía normal. Me parecía muy loco que pasara todo eso, porque era como Colombia, por los tiroteos. Fue una experiencia que me ayuda para no cometer errores y transmitirlo en la escuela de boxeo que tengo en Lomas del Mirador –con muchos alumnos chicos. El barrio está muy tranquilo y se puede andar como cuando yo era chico. También está tranquilo porque muchos de los que hacían cagadas están presos.

Carrera con final abierto
—¿Cuándo comenzaste con el boxeo?
—Siempre quise comenzar pero como había quedado un poco rengo por el tiro y en la otra pierna me operaron del quiste, hice kick boxing –en Paraná Contacto Pleno– para recuperarme de las piernas –gracias a un compañero que me lo recomendó. Practiqué seis meses, me recuperé bien de la pierna, comencé boxeo con Cloroformo López –de mañana, lunes, miércoles y viernes, y de noche hacía kick boxing en el Club Tiro Federal, con Andrés Bandiera. Comencé a trabajar, no pude entrenar más boxeo en el Parque Berduc, entonces fui a Ministerio –con Fabricio Pitrili y Roque (Romero Gastaldo)– y me hice todos los estudios médicos y me quedé, porque me vieron condiciones y me hicieron debutar.
—¿El kick boxing te aportó algo más que los recursos del karate?
—Más movilidad, porque me recuperé de la pierna y me ayudó para disciplinarme más. Los deportes de contacto no son "para hacerse los malos" y en el Club Tiro Federal nos decían que si se enteraban que peleábamos en la calle, nos expulsaban del gimnasio.
—¿Algún consejo de Cloroformo?
—Entré con la mentalidad de boxear, me dijo que me iba a entrenar y que debutaría en seis meses. Entrené con el campeón y con eso se aprende mucho. Una vez guantee con él y tiene una defensa que no le podés entrar. No ha perdido ni la técnica ni el estado físico. Me recomendó que tratara de no anunciar tanto los golpes y que fuera más suelto. Pero como comencé a trabajar no pude ir más.
—¿Cómo fue la primera pelea?
—Yo tenía 61 kilos y el rival 63.5; salí con todo y él también porque era su primera pelea. El primer round nos dimos con todo y tiramos unos 300 golpes. En el segundo estábamos cansados pero seguimos tirando, y en el tercero estaba pálido, descompuesto, al igual que el otro pibe. No podía perder así, la terminamos y me ganó por puntos –aunque para mí fue empate (risas).
—¿Qué te dijo Roque?
—Que anduve bien y que debiera haber salido más tranquilo y no desesperarme. En la segunda pelea salí mucho más tranquilo y me dijo que no bajara la derecha –porque siempre lo hago cuando defiendo. Es una eminencia, al igual que Ulises.
—¿Cuántas peleas has hecho?
—Cinco. La tercera gané por unanimidad y casi nockeo, la cuarta fue en Santa Elena –estaba débil porque había bajado dos kilos, aunque no lo voy a justificar por eso– y la última –en Ciclista– gané por unanimidad –con un peleador bueno, que me sacaba dos cabezas.
—¿Cómo es tu rutina habitual de entrenamiento?
—Corro cinco o seis kilómetros a la mañana, a la tarde –de lunes a viernes– voy al gimnasio y entrenamos desde las cuatro hasta las siete. Hacemos 800 a 1.000 abdominales, calentamiento de 20 minutos, entrenamiento físico y por último, técnica. Los sábados salgo a correr o entreno en casa.
—Veo que te armaste tu propio espacio de entrenamiento.
—Sí, cuando no estoy allá, entreno en mi casa.
—¿El proyecto?
—Llegar, paso por paso, a ganar algún título amateur, después ser profesional y llegar hasta donde Dios quiera. La próxima pelea es en febrero y nos estamos poniendo a tono.
—¿Algún otro reconocimiento?
—A mi primer sponsor, Félix Estilista –de calle 9 de Julio–, quien me ayuda mucho.
—¿Tenés trabajo?
—Estoy desocupado. El último fue de secretario administrativo en el SAIE (Servicio de Apoyo Interdisciplinario y Educativo) de la Escuela Hellen Keller. Puedo trabajar de administrativo, en limpieza, sé de albañilería, soldar y metalúrgica. Tengo buen desempeño, predisposición y me adapto.


"El objetivo es la disciplina y no caer en la droga"

Pagliaruzza desarrolla en la Escuela Lomas del Mirador un programa de enseñanza de boxeo a fin de ofrecer una oportunidad de desarrollo físico y mental a niños desde los cincos años y sin límite de edad.
—¿Cómo surgió lo de la escuela?
—Una vez le dije a mi mamá que me gustaría enseñarles boxeo a los gurises para que practiquen algún deporte, enseñarles disciplina y que tengan la mente ocupada, para no caer en la droga. Desde la secretaría de la Juventud, Nicolás Mathieu le dijo que había un subsidio para micro emprendimientos y proyectos. Presentamos el nuestro, se aprobó y salió bastante rápido gracias a la ministra Laura Stratta.
—¿Cuándo comenzó?
—En diciembre. Estamos en la Escuela Lomas del Mirador, los sábados –de 10 a 11–, los chicos de hasta 12 años, y de 11 a 12, los mayores. Es gratuito. Hay 28 chicos. Durante febrero se reinicia.
—¿Cómo se pueden incorporar?
—Acercarse los sábados a la escuela y comenzar, desde cinco o seis años sin límite de edad.
—¿Tenés alguna página en Internet?
—En Facebook, Nicolás Pagliaruzza.

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