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Diálogo Abierto

"Cuando escuché el gong fue como dejar de existir, me transportó"

Los sonidos armónicos aplicados a fines terapéuticos y de limpieza energética. Los órganos y sus frecuencias particulares.

Viernes 21 de Junio de 2019

La mayoría de las culturas antiguas –incluso algunas que se remontan a 40.000 años– utilizaron el poder del sonido para sanar, conocimiento que se ha prolongado hasta la actualidad convirtiéndose en una nueva ciencia surgida a partir de la gran cantidad de investigación y verificación. Tanto el gong –un instrumento sagrado y ancestral originario de Asia– como el tambor utilizado en el chamanismo en las culturas americanas se enmarcan en aquel contexto, sobre el cual la terapista Mariela Lannes aporta su propia experiencia y desarrollo.

La familia y lo artístico

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en una clínica céntrica, y viví hasta los 35 años en calle San Lorenzo, entre Salta y Plumerillo.

—¿Cómo era esa zona en tu infancia?

—Sumamente tranquila –no obstante que se hacía Educación Física en el Parque Berduc–, había vecinos y casas antiguas –no departamentos como ahora–, se sentaban en la puerta y se conocían todos, nadie te robaba… Calle Plumerillo no era tan transitada. La mayoría de los puestos de la feria estaban al aire libre. En los 90 vino gente nueva y el Parque Berduc se volvió más “ruidoso”. La Escuela Moreno era fantástica y se vino a menos.

—¿Había un límite que no podías trasponer?

—Podía llegar a la vuelta de casa, donde vivía una amiga. Me asustaban con la solapa. A la noche nos juntábamos con los chicos y jugábamos al softbol en la calle.

—¿Otros juegos?

—Las rondas… esto devela mi edad (risas).

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi papá era obrero del Ministerio de Obras Públicas y mi mamá administrativa de la fábrica de fósforos.

——¿Leías?

Mucho y siempre, ciencia ficción y poesía, y en la adolescencia también escribía.

—¿Algún libro o autor influyente?

—Lobsang Rampa, a los 16 años…

—¿Y cuando eras niña?

—Juan Salvador Gaviota, al cual ahora lo entiendo como un camino de evolución y aprendizaje. Y en la adolescencia leí el de ese adicto que viajó…no recuerdo…

—Charles Duchaussois (Flash).

—Exactamente, fue impresionante, era muy chica y me impactó por cómo llegó a ese estado y todo lo que sentía y vivía.

—¿Había libros en tu casa?

—Mi mamá era muy lectora.

—¿Otra afición?

—Hice danza contemporánea, clásica y española –porque quería mi mamá–, teatro y fui docente en la Escuela de Música, Danza y Teatro, cuando terminé el secundario. Siempre me incliné hacia lo artístico pero no estaba bien visto, así que fue una lucha fuerte con mi familia, porque era única hija.

—¿Qué materias te gustaban?

—Ninguna (risas). Al terminar la Primaria me quedé sin inscribirme porque había viajado de vacaciones con mi mamá, así que como quedaba cerca fui a la Industrial, lo cual fue muy chocante porque éramos sólo cinco mujeres. Soy maestra mayor de obras porque por ese entonces se decía que era el “boom del futuro”. Me gustaron los tres primeros años por los talleres de electricidad, soldadura, carpintería y herrería. Quería cambiarme a otra escuela pero tenía que revalidar muchas materias.

El teatro, la vida

—¿Mantuviste tu afición artística?

—Pude recomenzar cuando terminé la Secundaria, porque me demandaba mucho tiempo, aunque bailaba un poco, sola, en mi casa.

—¿Qué estudiaste al terminar la Secundaria?

—Tenía que hacer Arquitectura pero era muy cara y me tenía que ir a Santa Fe. Entonces me puse a cuidar chicos en mi casa –en una especie de jardín de infantes (risas)–, hasta que me metí a hacer teatro y danza, y en la Escuela de Música.

—¿Pensabas hacer una carrera?

—Sí, pensaba que el teatro era mi vida y me quería ir a Buenos Aires, pero era un conflicto familiar terrible y me sentía con culpa por eso, era algo enfermizo.

—¿Cuándo comenzaste a desandar eso?

—Lo desarticulé haciendo teatro acá y se dieron cuenta de que era lo que me gustaba.

Meditación y cambio

—¿Otras lecturas esotéricas o metafísicas además de la de Rampa?

—Sí, a partir de los 18 años; comencé con Metafísica –de Kony Méndez– y otros, aunque se cortó porque tuve un hijo y tuve que conseguir otro trabajo. En 1994 ingresé al Museo de la Ciudad.

—¿Qué fue lo primero que comprendiste de aquellas lecturas?

—Vino alguien a Paraná, me invitaron a una meditación de Raja Yoga sin saber qué era pero sintiendo que necesitaba un cambio, y fue fantástico porque nos hablaron de la rueda del Samsara, cómo es el aprendizaje, meditar con los ojos abiertos y, por ejemplo hacerlo en la cola de un banco o cocinando… Ahora aprendí que estoy en el lugar que tengo que estar y no necesito buscar mi espiritualidad en otro lado. Luego comencé a ir a un espacio de meditación que tenía Daniel Ferminades.

—¿Qué desaprendiste?

—Comencé a sentir un poco más de liberación, aunque cuando mis padres fueron mayores me sentí con la responsabilidad de cargarlos, y fue bastante duro. Después de la partida de ellos pude retomar todo y hacer mi camino. Hay que estar bien con uno mismo para estar bien con los demás y poner amor en lo que se hace, incluso en lo que no me gusta, porque me hace evolucionar.

—¿Entendiste la esencia del Yoga, más allá del trabajo físico?

—Hice muchos años con Susana Leonhardt y se trabajaba lo físico y la voz, comencé a conocer los chakras, su funcionamiento… No me costó entender porque desde chica tenía cierta predisposición para estas cuestiones. Cuando niña era muy sensible, mi mamá me llevó al médico –cuando tenía ocho años–, me hicieron un electroencefalograma, lloraba como loca y me dieron una medicación durante dos años. Tuve un bloqueo de lo que sentía, que recién logré romper cuando fui mayor.

El chamanismo y los sonidos

—¿Cuándo tuviste una aproximación más específica a lo que hoy hacés?

—En 2011 mucha se gente se preparó porque algo pasaría en 2012, y el 11 de noviembre de 2011 se hizo una meditación en el parque nuevo, se fumó la ancestral pipa sagrada (chanupa) en círculo y a partir de allí comencé a estudiar y hacer chamanismo, temazcales (baños de vapor) y limpiezas energéticas.

—¿Cuál es el uso terapéutico del sonido en el chamanismo?

—Lo que hace es limpiar, como lo hacen todos los sonidos armónicos y utilizados con esa intención. Más allá de la técnica, la intención es fundamental y tiene que estar bien enfocada, ser correcta y no tener la palabra “no”, porque el Universo no la reconoce. Todas las terapias de sonido tienen un factor en común, y en el caso del chamanismo tiene un componente ancestral, que siempre es honrado y además se invoca a la Naturaleza, al gran espíritu, a los rumbos, los dones y los guardianes. Es muy abarcativo.

—¿Cómo opera la vibración del sonido en el cuerpo?

—El tambor limpia y mueve la energía estancada. En una meditación guiada con el tambor, se dirige a lo que se quiere sanar y se produce un estado alterado de consciencia.

—¿Qué maestros te resultaron fundamentales?

—Hice muchas formaciones. Fui a una meditación con cuencos de cuarzo en el Thompson, donde conocí dichos instrumentos y formé parte de un grupo. Me llamaba mucho la atención y sentía la necesidad de aprender, porque me hacía muy bien. Así que me capacité en Rosario, donde estaba internada en sonidos durante todo el día y participaba gente –como Esteban Valdivia– que trabajaba con sonidos de América, lo cual me resultó maravilloso porque ya venía haciendo chamanismo. Utilizaba instrumentos hechos en barro, vasijas silbadoras, tambores, flautas, ramas para hacer el sonido del viento… Pude integrar todo para ofrecerlo en una sesión, baño o viaje sonoro, un campo vibracional.

—¿Cuál fue tu experiencia más sentida con el sonido?

—Cuando conocí los gong (ver Datos), que fue la última parte de esa formación. Cuando lo sentí, me enamoré, más allá de que en Paraná había hecho talleres con Amanda Ajeet, una maestra que vive en San Marcos Sierra. Pero fue un verdadero descubrimiento cuando tuve que practicar, a la vez que conocía también su relación con la simbología de la Kabbalah. Cuando lo escuchás es como que dejás de existir, me transportó a dimensiones que no conocía y mundos inexplicables. El sonido amplificaba todo y me llegó al alma. En realidad nosotros somos sonidos.

—¿Por qué?

—En la Biblia dice que al principio fue el verbo y éste fue el sonido, y luego la luz. Somos sonidos pero estamos de una manera densa, no obstante igualmente vibramos. Cada órgano lo hace en determinada secuencia y cuando algo emocional nos afecta se da determinada vibración que afecta al cuerpo. Entonces, los sonidos –acompañados de la intención– te centran y limpian,

—¿Combinás el chamanismo con el gong?

—Hago las dos cosas –según lo que mejor le resuene a la persona– y también hago sesiones exclusivamente chamánicas. O hago un mix de sonidos orientales y de América, según lo que sienta más apropiado.

Vibración, sonidos y líquidos

—¿Cómo se verifica que una intervención es apropiada?

—Porque la respiración de la persona cambia e incluso se puede dormir, entonces el sonido ingresa en estado puro y sana, porque la mente fue dejada de lado. El gong tiene ese poder, más allá de nuestras resistencias.

—¿Le devuelve al órgano, sistema o chakra su vibración correcta?

—Claro. El sonido se emite por ondas y se trasmite por medios elásticos como el agua y el aire. Somos entre 70 y 80 por ciento de agua, entonces impacta directamente en los líquidos de nuestro cuerpo como la sangre y sinoviales –con lo cual penetra en los huesos. Ahí se comienza a resonar en esa frecuencia que tuvimos originariamente. Está demostrado científicamente de cómo el sonido forma distintas formas geométricas en, por ejemplo, montoncitos de arena o sal de distintos colores. Los instrumentos están preparados para emitir sonidos armónicos y no hace falta ser músico, aunque sí se aprenden algunas cuestiones básicas.

—¿Qué garantiza seguir vibrando en esa frecuencia y no retornar a la que genera el problema?

—Se prolonga durante un tiempo y depende de cada persona. Tuvimos una formación con el maestro del gong Don Conreaux (ver Datos) –quien tiene 82 años, vive en Estados Unidos y viaja por todo el mundo–, quien dijo que un baño de gong puede durar para toda la vida, mientras que hay personas que se hacen “adictas” al sonido y necesitan tomarlo siempre. Igualmente hay gente que puede decir que no es algo para ella, porque todos no tenemos que hacer lo mismo, como en cualquier orden de la vida.

—¿Modificaste –a partir de estos conocimientos sobre el sonido– tu anterior comprensión de la música?

—Claro. Dejé de hacer teatro y ahora cuando escucho música me resuena distinta, porque aprendí a escuchar desde otro lado. Hacemos canto armónico y nunca me formé en ello, salvo que sabía impostar la voz, por el teatro. Con el canto armónico se pueden emitir dos o tres sonidos a la vez, lo cual es fantástico. O se pueden crear mantras –más allá de los que son en sánscrito– o cantos-medicina. Fluyen o aparecen muchas cosas que nunca imaginaste.

—¿Alguna actividad para anunciar?

—El sábado 22 se presentó el doctor (cirujano) Luis del Río Diez que dictó un taller de iniciación sobre terapia manual etérica –sintergética (ver Datos)–, que utiliza además de la Medicina alopática. Es un gran estudioso de las terapias complementarias y ya estuvo recientemente en el Teatro 3 de Febrero. En esta exposición aseguró que se inventan nombres de enfermedades para que una medicación se comercialice, como sucede con la fibromialgia, un conjunto de síntomas con base emocional –como sucede con la mayoría de las enfermedades.

—¿Tenés alguna página en Internet?

—En Facebook Samsara Sonidos Paraná y Mariela Lannes.

Datos

El gong –cuyo descubrimiento coincidió con la Edad del Bronce, hace 6.000 años– es una herramienta de sanación energética para el sistema nervioso, consistenteen la escucha profunda e inmersiva a través de las ondas de sonido que emite el instrumento.

Las vibraciones y frecuencias se utilizan para ayudar a reducir el estrés, alterar la conciencia y crear una profunda sensación de paz y bienestar para mejorar la salud.

Don Conreaux ha sido reconocido internacionalmente por sus actividades de promoción de la paz mundial y recorre el mundo enseñando la técnica del gong. Según él, la resonancia holística producida por este instrumento crea un espacio acústico que “hace posible un viaje más allá de la puerta de entrada a los éteres de dimensiones no materiales”.

La Sintergética es una concepción de vida y un sistema médico que promueve la integración entre las diversas medicinas energéticas o vibracionales, las prácticas médicas tradicionales y la medicina moderna; rescatando lo mejor de cada campo terapéutico.

Pretende responder a la necesidad de un cambio en la visión del mundo, del hombre y la medicina, que pueda conducir a una dimensión más humana y participativa de la salud.

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