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"Comencé para no tener mi baño lleno de plásticos"

Una respuesta individual ante variadas sustancias sintéticas que todo lo inundan y que se terminó por convertir en una artesanía.

Domingo 22 de Marzo de 2020

La proximidad cotidiana con el monte, las plantas y la miel dejaron un sedimento en sus ideas y sensibilidad, el cual finalmente trasmutó en un creativo emprendimiento con escaso desarrollo por estos lares, aunque incipiente. La profesora Soledad Waterloo, quien elabora productos de cosmética orgánica, recuerda aquellas vivencias de Maciá y la aventura de convertirse en una emprendedora dispuesta a la formación permanente y a mantener los principios naturistas con estricta rigurosidad.

El monte, la miel y la cocina

—¿Dónde naciste?

—En Rosario del Tala, en 1988, donde viví hasta los 5 años, cuando me mudé a Maciá, Capital nacional de la miel, así que mucho de lo mío tiene que ver con la colmena, la relación con esa sustancia y haber vivido en el monte.

—¿Qué recordás de Tala?

—El río, la libertad de poder salir a cualquier lado y un lugar con muchas personas porque vivía al lado de un banco, ya que mi papá era el gerente. En Maciá eran calles de tierra y frente a mi casa había una plaza. Me escapaba e iba a andar en bicicleta por el monte. Por eso el reconocimiento de las plantas me es intrínseco, desde aquella cuestión lúdica.

¿Personajes del pueblo?

—Gente adulta con mucho conocimiento: Carmen Ghiglione, muy dedicada a la cultura.

—¿Lugares de referencia?

—El campo de mis tíos, el río, la plaza… Los pueblos todavía siguen siendo lugares para la imaginación.

—¿Te definís como semiurbana por esas influencias?

—Me gusta la urbe pero prefiero donde haya más oxígeno y menos ruido, porque me relaja. Me gustaría irme a vivir a un lugar de montaña, es un objetivo.

—¿Qué actividad laboral desarrollaba tu mamá?

—Administraba un centro médico, así que crecí rodeada de la idea de la curación.

—¿A qué jugabas?

—A la cocina.

—¿Leías?

—No tanto en la adolescencia sino después. Comencé Derecho, dejé, comencé Literatura y me hice lectora. Leí sobre lo que para los latinos significa la necesidad y la chispa de la vida para los griegos, porque tenía necesidad del materialismo, ya que había leído mucha Filosofía y sentía mucha angustia. Veía que mi mundo no avanzaba, más allá de que tenía conocimiento y cultura. Entonces pensé en dejar de consumir tantas cremas, porque siempre me gustó la cosmética. Además ya había hecho un cambio de alimentación y para cocinar casero. Antes iba mucho a la farmacia y el supermercado, lo cual cambié, al igual que el consumir libros. No sólo por el papel sino también por esa creencia de que al leer determinado libro o corrientes se solucionará un vacío que tenemos.

—¿Sentías una vocación?

—Me gustaba el laboratorio, era como una bruja, cocinaba, mezclaba elementos, también me gustaban las víboras e insectos, que ya no se ven por los agroquímicos. En mi familia me decían que tenía que ser abogada porque siempre discutía todo y me lo creí, además por tener la idea de la justicia y el equilibrio.

—¿Desarrollaste alguna afición?

—Hice ocho años de danza clásica, y ahora estoy intentando contemporánea, y escribía poesías, a pedido de mis amigos que no se animaban a decirle cosas a los chicos. Escribía diarios y reflexiones, y las comunicaba.

—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?

—Todas, fui una niña 10 aunque no me gustaba mucho Matemáticas. Ahora me sirve porque tengo que hacer cuentas todo el tiempo.

—¿Hasta qué edad viviste en Maciá?

—Hasta los 18, cuando me fui a Córdoba.

Truman Capote y la ideología

—¿Elegiste Derecho por aquel mandato?

—En los pueblos se ve como que las grandes carreras te darán dinero para viajar y yo quería hacerlo. Luego me di cuenta de que se puede tener una vida nómade de otras maneras, para lo cual hay que desprenderse de cuestiones materiales.

—¿Por esto dejaste Derecho?

—Decidí volver de Córdoba, me lo replanteé y también me desilusionó un poco, al igual que no quería trabajar con papeles. Y me di cuenta de que lo que tenía que ver con la justicia es la educación.

—¿Comenzaste a leer más?

—Sí, y tuve un novio yankee, quien estudiaba cine y literatura, que me dejó muchos libros de regalo.

—¿Alguno influyente?

—De Truman Capote.

—¿Por qué?

—Por pensar la ideología como posibilidad de cambio y de que podía cambiarme a mí misma.

—¿Qué comenzaste a cambiar?

—Cuestiones de mi identidad biológica, ya que me enteré de grande que mi papá era otra persona. También me di cuenta de que la narrativa de la vida de las personas pasaba por muchas cosas. Había tenido desde pequeña una percepción fuerte de que las cosas no son de determinada manera, así que quise comprobarlo en mi cuerpo: verifiqué mi historia personal, de mi familia… y cómo impactaba en mi mente. Así como hago un producto en cuya etiqueta pongo todo lo que tiene, busco un ideal de cierta transparencia.

—¿Pudiste elaborar bien aquella cuestión?

—Sí y ahora estoy trabajando mi identidad de mujer.

—¿Alguien influyente en la carrera de Letras?

—Susana Barboza, Arturo Firpo, Beatriz Rodríguez, Andrés Borgetto e Ivan Stiefel, y también tuve mucho malos docentes.

—¿El primer libro que te reveló un nuevo universo?

—¡Qué difícil! La Ilíada. Cuando descubrí la Etimología me fasciné, por pensar en las alternativas de sentido. Tengo el sueño interno de ser escritora y recién ahora me animo a escribir más.

Un chamán y las plantas

—¿La primera aproximación al naturismo?

—Hace unos cinco años vino un chamán que nos dio un curso sobre plantas, a partir de lo cual dimensioné que tenían un poder fácil y rápido de extraer, el mundo de la Medicina que no es de laboratorio, su relación con lo ancestral y lo multifacético que es. Comencé a hacer tinturas y oleomacerados, lo más fácil de hacer y conocer en cuanto a las plantas locales; también me interesé por la agroecología, hice un curso con una chica de España que nos enseñó a hacer cremas y aceites esenciales, con una extracción más sutil, entre otras formaciones. Somos muy pocas en Argentina quienes hacemos cosmética natural y orgánica, aunque hay una red grande y doy formaciones.

—¿Dos o tres fundamentos que aprendiste primeramente?

—La idea de lo biodegradable, en cuanto a pensar qué pasa con la materia cuando va al cuerpo y como residuo. Por ejemplo, si usás una crema de enjuague, la espuma no tiene que contaminar el agua. Masivamente consumimos lo que tiene un envase de plástico que va a la basura pero también contaminamos el agua con el residuo detergente. También comencé a entender mejor la relación con la naturaleza, a partir de vincularme con la gente de La Tribu del Salto. Hay que tener idea de un estilo de vida diferente, vinculado con una educación diferente, que estoy buscando, la actividad física y el pensamiento.

—¿Cuál es la relación con lo orgánico?

—Es por la forma en que se procesan los insumos. Compro aceites esenciales y harinas de productores orgánicos, quienes no agregan aditivos a lo que hacen y tratan de no ponerle ningún químico agrotóxico a las plantas. También elaboro otros productos en que tiene determinado porcentaje, porque no se consigue todo orgánico, aunque está todo probado.

—¿Qué fue lo primero que elaboraste?

—Bálsamos, que son ancestrales, con aceite, cera de abeja, aceite de abeja y alguna tintura, para el dolor y pieles resecas. Luego hice cremas y desodorantes, como para reemplazar lo básico y dejar de tener el baño lleno de plástico, en torno al cual comencé a tener rechazo visual. Estoy estudiando cómo se hacían los bálsamos en Egipto hace miles de años.

—¿Cuando comenzaste te vinculó con algo del ambiente de tu infancia?

—Con el olor; soy una fascinada de los aromas. Además de nutrir la piel, fomentar un sentido como el olfato o el sabor, hace que automáticamente los otros sentidos también se estimulen. Es una experiencia nueva de placer, que uno puede inventar.

—¿Otros descubrimientos?

—Somos un colectivo de mujeres del Litoral que todo el tiempo estamos en formación en cuanto a la cosmética natural y cada cinco o seis meses tenemos una formación sobre lo que podemos ir haciendo. Hay pocos insumos en el país y no llega todo lo que se hace en España, entonces nos adaptamos, pasamos información y compartimos compras. Comparto el espacio con el emprendimiento Gran jardín, que elabora infusiones herbales y cacaos.

Imaginación, proceso y emprendedurismo

—¿Cómo trabajás cuando elaborás?

Trabajo con aceites vegetales y esenciales, plantas orgánicas, agua, ceras vegetales y de abeja. Es muy similar a cocinar y tomo precauciones en cuanto a la desinfección con alcohol. La temperatura es muy importante para conservar las propiedades, por ejemplo, de los aceites, porque estás trabajando con bacterias vivas.

—¿Has obtenido un resultado impredecible?

—A veces, mezclando aromas o colores descubro algo diferente, aunque por ser muy organizada sale lo que imagino.

—¿Qué te resultó complicado de explicar cuando comenzaste a comercializar?

—He tenido buena recepción y llega la gente que sabe lo que está buscando. Cuando intento explicar y veo que no entiende, no hago el esfuerzo de vender. Cuando te acercás a un objeto que te seduce, por algo es.

—¿Tenías nociones de emprendedurismo?

—Me ayudaron en Santa Fe con el programa Emprende Joven, en el cual te orientaban. Estoy logrando una ganancia pero no para vivir, porque también me gusta lo otro que hago, la educación. Trabajo con una gran amiga, Analía Barrientos, según la demanda que tengo mes a mes. También me asocié con otra marca de Santa Fe, quienes aportan capital y yo diseño. Son necesarios unos cuatro años para consolidarse. Otro lo puede hacer y tiene que haber más oferta.

—¿De qué son tus envases?

—De vidrio, con tapas de lata.

—¿Se pueden reutilizar para reponer el producto?

—Sí, y si la gente lo descarta no contamina como lo hace el plástico.

Agrotóxicos y destrucción apícola

—¿El potencial autóctono de nuestra región es rico en cuanto a materias primas?

—No, tengo que conseguir las plantas y aceites de otros lugares, salvo de gente que conozco por trabajar de forma agroecológica. Somos la provincia más fumigada y no hay producción de flores.

—¿Cuál es el panorama en Maciá con respecto a la miel?

—Hay poca consciencia sobre la muerte de la gran cantidad de abejas, siendo que es el ser vivo más importante del planeta.

—¿Qué países son referentes en cosmética natural?

—España, con escuelas virtuales, y Francia, con las carreras de Botánica.

—¿Tenés alguna página en Internet?

—www.ananke.com.ar, por Instagram, ananke_natural y en Facebook, Ananké cosmética.

Industria, vaselina, petróleo, costos baratos y marketing

Waterloo analiza los mecanismos e ingredientes utilizados por la industria cosmética, de la cual se reconoce como una ex gran consumidora, y comenta los efectos que tuvo en ella el reemplazo por productos naturales. “Ahora uso muy poco y menos cantidad”, revela.

—¿Qué diferencias hay entre una crema industrial y una orgánica?

—Que las industriales tienen un montón de sustancias sin comprobaciones sobre su toxicidad, porque la industria todo el tiempo está haciendo nuevas sustancias sintéticas. Se utilizan 10.000 sustancias sintéticas, de las cuales se han analizado 2.000 y de ellas se sabe que más de 1.000 son tóxicas. A veces no ves la toxicidad inmediatamente.

—¿Es acumulativa, como en los alimentos?

—Exactamente, y después aparecen problemas de acné, caída de pelo, piel sensible… en cambio en una crema natural todos los principios son cuidados e inocuos, no producen nada negativo en el organismo, que aprovecha todo. Si usás un aceite esencial en una crema, no sólo tiene buen aroma sino que entra al torrente sanguíneo. Por ejemplo, si tiene manzanilla, calma tu estado general, porque es la propiedad que tiene.

—¿Sustancias probadamente tóxicas?

—Los sulfatos en los productos capilares, el flúor en la pasta de dientes y muchos microplásticos en la composición química, que se adhieren a la piel y taponan los poros, o entran al cuerpo.

—¿Cuál es la función de las sustancias sintéticas?

— Son para abaratar costos, vender y que la gente consuma… Por marketing inventan que tiene una sustancia nueva y te venden la idea de la juventud, en vez de la de salud.

—¿Por qué la cosmética francesa es tan cara, más allá del prestigio de determinadas marcas?

—Puede que tengan un grado mayor de sustancias activas que las comunes, pero no hay com paración con la cosmética orgánica. Antes usé varias marcas francesas, aunque no la tecnología antiedad, y el efecto es absolutamente diferente.

—¿Qué ingredientes tienen las muy baratas?

—Vaselina, derivados del petróleo, plástico y perfumes sintéticos. Son sustancias que se pegan a la piel.

—¿Cómo cambiaste?

—Usaba muchos perfumes y cuando me vinculé con aromas naturales me di cuenta que no toleraba aquellas sustancias. Uso muy poco y menos cantidad, porque soy consciente del costo de las cosas y el trabajo que tengo que invertir para comprarlas. Con la comida, igual, si es de calidad no comés tanta cantidad porque la saciedad es real.

—¿Qué no volverías a utilizar nunca?

—Shampoos, cremas de enjague, pastas dentales, ni cremas sintéticas.

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