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Cecilia Esteve y su cajita de herramientas emocionales

La uruguayense María Cecilia Esteve le pone el cuerpo a temáticas álgidas. Por muchos años sufrió burlas y hostigamiento hasta que decidió pasar a la acción positiva.

Martes 02 de Abril de 2019

Oriunda de Concepción del Uruguay, María Cecilia Esteve se hizo conocida el año pasado por su campaña "Cuerpos de Verano" rompiendo estereotipos que impone la industria de la moda. Días atrás ofreció una charla TEDx en Gualeguaychú donde hizo hincapié en dos temas puntuales, como son la falta de opciones de vestimenta y el hostigamiento a las personas que son diferentes.

—Te hiciste conocida por una campaña que concientizó sobre la necesidad de la aparición de diversidad de talles en las tiendas de ropa de la provincia. ¿Cómo siguió tu vida después de trascender por esa producción?
—Mi vida cotidiana continuó y continúa siendo exactamente igual. Sin embargo han surgido oportunidades tanto laborales como sociales a partir de esa producción. Lo que sí ha cambiado muchísimo es que, al ser una especie de figura pública, la gente en cualquier lugar te reconoce o se acuerda, y surgen charlas que quizás antes no surgían, porque te ven como una aliada, como alguien que se paró a decir o mostrar lo que muchos piensan y no se animan. Cada charla me hace ver que empezamos por buen camino, junto con Magalí Sanabria y el resto del equipo (Natalia Rodríguez, Florencia Segovia y Sebastián Bertolini) y me da otro empujoncito para seguir trabajando en pos de la implementación de la Ley Nacional de Talles, que ahora tiene media sanción. Pero sobre todo, seguir mostrando que todos los cuerpos son válidos, que todas las formas deben ser aceptadas y que somos más que un cuerpo.

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—¿Cómo surgió la convocatoria para la charla TEDx en Gualeguaychú? ¿Qué pasó con el público? Sé que hablaste de herramientas emocionales.
—Fue una convocatoria abierta, es decir que muchas personas enviaron sus ideas, resumidas en 400 palabras. De ahí se hizo una preselección, y luego de una presentación on line de cuatro minutos me seleccionaron para ser "speaker" o disertante. El público, en este tipo de eventos, va con la predisposición a recibir nuevas ideas, esto ya es un paso enorme. Recibí un aplauso hermoso cuando dije que soy modelo, sorprendió y es un poco el porqué de lo que hago. Busco que deje de sorprender, que se normalice una profesión que hoy en día se está abriendo para todos los cuerpos. Lo más importante de mi charla, y de todas en general, fue el contar experiencias de vida. En mi caso, poner sobre la mesa temas como el bullying o la bulimia abre la puerta a ciertas conversaciones en familias o entre amigos. Quizás si uno no las nombra siguen siendo tabúes que no hacen más que desinformar y ocultar problemas que existen. Darles un espacio a estos temas, desde la resiliencia, desde la experiencia de alguien que los atravesó, da una luz de esperanza a veces para quienes no le ven salida. Esto para mí son las herramientas emocionales, saber que alguien más vivió algo similar a lo que vos vivís hoy, y tomar lo que esa persona aprendió y aplicarlo o sumarlo en tu "cajita de herramientas". Aprendemos de experiencias, y compartirlas es una manera de sumar a la sociedad. Es lo que se busca con esta plataforma de charlas TEDx, es una organización internacional sin fines de lucro que comparte ideas que valen la pena, que aportan algo innovador y útil al mundo.

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—Fuiste rugbier también ¿cómo fue esa experiencia deportiva donde las mujeres todavía no se insertan como en el fútbol u otras disciplinas?
—Fue la puerta de entrada a lo que soy hoy. Desde ese deporte empecé a mirar realmente con otros ojos todas las desigualdades y las luchas que teníamos y tenemos por delante como mujeres. Aprendí sobre todo que la competencia con la compañera que nos inculcan desde chicas, de competir a ver quién es la más linda, la más querida, la mejor, no sirve. Con ese grupo de mujeres conocí una parte de mi personalidad que no sabía que tenía. El sentirme sostenida, acompañada y validada por mis compañeras me levantó la autoestima desde puntos que no imaginaba. Aprendimos a plantarnos para pedir lo que nos merecíamos y a trabajar duro para merecernos más. Nos costó mucho sumar chicas, por el prejuicio del "deporte de hombres", pero una vez que conocían no solo el deporte sino ese poder de unirnos como mujeres, no se querían ir. Tuvimos el placer de que nuestro entrenador Gastón Vega nos guiara en lo deportivo y nos acompañara en las otras decisiones, al costado como uno más, no queriendo imponer nada solo por ser hombre. Dentro de la cancha decidíamos nosotras, con las herramientas que él nos había dado en las prácticas.

—Sos una todo terreno. Kinesióloga, deportista, acróbata, modelo. ¿De todas las actividades que realizás, alguna te gusta más? ¿Cuál te dio más satisfacciones?
—Disfruto muchísimo de todas mis actividades, en cada momento particular. Doy todo de mí en cada aspecto y eso hace que las satisfacciones siempre sean mayores. Sin embargo, hoy en día la acrobacia y todo lo que aprendo de ella es lo que más satisfacciones me da. Es un desafío constante, mental y físico. Además tengo la suerte de cruzarme con gente que confía en mis capacidades. Así como mi entrenador de rugby, hoy mi profesora de telas, Belén Carrión, es una inyección de confianza enorme. De cualquier manera, siempre voy fluctuando. Hay semanas en las que el cuerpo no responde en la tela, pero en el consultorio mis pacientes evolucionan y eso me hace feliz. Otras semanas en las que pierdo trabajos como modelo porque estoy alejada del centro de este tema en Buenos Aires, pero me cruzo con gente que me agradece por haber puesto la cara y eso me llena de alegría. Y tener varias actividades es un plus, porque en algo de todo eso "le pegás".

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—¿Te tocó vivir algunas situaciones desagradables que te hirieron o hicieron sentir mal y dijiste esto tiene que cambiar?
—Desde muy chiquita me costó encontrar ropa de mi talle y de mi gusto. Cada cumpleañitos o evento era una tragedia para mí porque nunca encontraba lo que buscaba, quería o necesitaba. Desde los zapatos de la Comunión que tuve que pasearme por mil lugares para conseguir algo acorde a mi edad, hasta la ropa para los cumpleaños de 15, mi vestido de recepción, la ropa de salir al boliche. Todo siempre fue una lucha para mí. Y durante mucho tiempo me quejé, y lo sufrí. Desde la mirada de la vendedora y el "de tu talle no trabajamos", hasta la mirada de mis compañeros cuando no me vestía "a la moda", todo eso fue haciéndome creer que el problema era yo. Y después todas las situaciones de bullying que sufrí en la escuela y para las que en aquel momento no había ni nombre ni herramientas claras para manejarlas, también me marcaron mucho. Eran "cosas de chicos", porque los chicos "son crueles". Entonces quedaba ahí, y a la que mandaban a "calmarse" era a mí, porque "exageraba". Hoy en día sabemos lo que produce el bullying, de dónde viene y cómo se manifiesta. No era que me habían "tomado de punto" un par de días. Fueron años donde todo lo que hacía o no, lo que comía en el recreo, lo que preguntaba a los profesores, lo que me ponía, mi manera de hablar, mi manera de caminar, los festejos de mi cumpleaños, los chicos que me gustaban, todo era motivo de burla y hostigamiento. Y eso cala hondo en la autoestima de una adolescente. Después de muchos años pude transformar esos malos sentimientos en acciones positivas conmigo misma y con los que me rodean, pero también viví con mucho enojo y dolor.

—Destacás mucho la voluntad, el compromiso, el trato humano. ¿Son tus herramientas para encarar la vida?
—En todo. No concibo una vida sin trato humano, en ningún aspecto y "sin mirar a quién". Me manejo con ese criterio con todas las personas que me cruzo, aunque me caigan bien o no, y no por ser hipócrita o falsa, sino porque creo que todos tenemos nuestros caminos tortuosos adentro y cada uno lo expresa como aprendió. Y en cuanto a la voluntad y el compromiso, van muy de la mano. Lo aprendí en rugby, voluntad es ir a entrenar, compromiso es seguir haciéndolo aunque a veces no tengas ganas. Y se retroalimentan, cuando te comprometés realmente con algo, la voluntad surge recordando por qué te comprometiste, y cuando voluntariamente hacés algo todos los días, generás tu compromiso.


—Te das cuenta de que tu forma de pensar positiva, en formación constante y muy abierta genera una especie de liderazgo. ¿Sentís que vas a la cabeza de una transformación?
—No creo ser una cabeza porque hay muchísimas personas que trabajan en pos de esta transformación. Sí me considero una referente y eso conlleva una gran responsabilidad, y no es ser "famoso", sino ser alguien a quien otra persona quizás acuda en busca de ayuda o consejo o un oído atento. Me esfuerzo por ser coherente en mis mensajes y en aclarar aquellos puntos que pueden ser difusos. Por ahí el hecho de poner la cara por alguna causa genera esta sensación de que una va sola con la capa y la espada, pero somos muchísimas personas trabajando por este cambio de paradigma, muchos desde el anonimato y las pequeñas acciones. Desde la elección de la Embajadora de la Ciudad en la que fui seleccionada como segunda princesa el año pasado que me planteé utilizar esa voz y ese espacio para generar los contactos y acciones necesarios para pasar de la queja y el llanto, a la acción. Y, otra vez, tuve y tengo la suerte de cruzarme con personas con buenas intenciones, a veces sin saber que las estaba buscando. Walter Mora, Natalia Rodríguez, Cintia Gómez, Alejandra Ziegler, Samanta Alonso y Belen Saint, y seguro me olvido de muchas. Serendipias, un conocido humorista usa mucho esa palabra.

—Imagino que siempre estás en movimiento ¿Cuál es tu próximo objetivo?
—Siempre estoy con la cabeza en algún lado un poco más allá, a veces por eso me cuesta centrarme en lo que estoy viviendo, pero también me empujo de esa manera a no quedarme en mi zona cómoda. Por lo pronto estoy buscando estabilidad laboral en cuanto a la Kinesiología, también poder coordinarlo con mi trabajo como modelo y crecer en ese aspecto. En lo acrobático, todos los días tengo nuevos objetivos y desafíos.

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