Hoy por hoy
Jueves 04 de Enero de 2018

Caricias en medio de tanto dolor

Fue la mejor manera de terminar un año cruzado por muertes, represión y una avalancha de malas noticias para la gente del común, para el laburante que camina la calle a diario. La presencia de Adriana Garnier, la nieta 126 recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo, en Concepción del Uruguay, en la ciudad de su padre, Edgardo Roberto Garnier, quien permanece desaparecido al igual que su esposa (y mamá de Adriana), Violeta Graciela Ortolani, fue, sin dudas, lo mejor de 2017 para Concepción.
El encuentro de Adriana con más de un centenar de uruguayenses se llevó a cabo el 30 de diciembre, en el patio de Agmer Uruguay, que quedó chico para tantas emociones, tanto afecto compartido.
Adriana se sentó junto a su abuela Blanca y su tía Silvia, incansables luchadores por los derechos humanos y buscadoras, desde siempre, de Adriana, pidiendo por su aparición en cada marcha, en cada reclamo popular desde hace 40 años, los que hoy tiene Adriana. "Mi tía y mi abuela me dicen que soy su bebé de 40 años".
Adriana también sintió esa carga emocional y afectiva que se vivía en el patio de los docentes de Agmer y no tuvo problemas en contarlo: "La emoción que estoy sintiendo es algo único. Les agradezco a todos por este momento que me hacen pasar a mí y a mi familia. A través de ustedes voy conociendo a mis padres y estoy sintiendo cada vez más orgullo por las personas que fueron. Mis viejos pertenecieron a esa generación de pibes que siendo tan jovencitos, tenían bien claro cómo eran las cosas y luchaban por un país mejor. Estamos en democracia y gracias a la lucha de ellos es que podemos hoy tener un país en democracia. A pesar de no haber conocido a mi papá y mi mamá, yo siento en mí su lucha, su dolor y su amor".
Repasó las principales fotos que fue viviendo desde que fue confirmada su identidad: "Desde que me pasó esto, de haber recuperado mi identidad y conocido a mi familia, todas las mañanas me despierto y pienso 'Es verdad, no lo soñé, pasó de verdad', es muy fuerte todo. Y ahora que apareció la nieta 127 una entiende también el hermetismo, el respeto y el cuidado que tienen las Abuelas, porque cada historia es diferente. La mía tuvo algunos toques diferentes a otras historias más fuertes de recuperación de nietos, pero la verdad, es que tengo la cabeza que me explota".
De todas maneras, dejó en claro su pesar y angustia porque: "Me da mucha bronca que nos hayan robado 40 años, pero como dice la abuela –yo hablo mucho con la abuela– hay que aceptar lo que pasó, porque no hay vuelta atrás, y hay que disfrutar esto que estamos viviendo de la mejor manera posible. Y justamente por todo el sufrimiento y por todos los años de espera, disfrutarlo más, porque precisamente por eso tiene más valor... A mí me robaron la vida ¿no? Por otro lado rescato siempre que mis viejos de crianza me criaron con mucho amor, con valores y con libertad. Más allá de su mentira sobre mi origen, que fue su gran error, ellos eligieron eso, que no comparto para nada, pero los comprendo. No todo el mundo piensa lo mismo y ellos hicieron lo que pudieron... y me dieron amor y libertad. Lo que sí es que yo nunca tendría que haberme ido de mi familia, porque a mí me robaron. A mí no me abandonaron ni me dieron. Bueno, todo esto es lo que todavía estoy procesando... y creo que bastante bien".
El encuentro se fue entre risas, fotos y lágrimas. Muchas lágrimas, de las buenas, de las que parten de la emoción, de la alegría por ser parte de un reencuentro con la vida, con la memoria, con la justicia. Caricias al alma en momentos en que más se precisan, para saber que no todo está perdido, que las Madres y las Abuelas aún nos marcan el camino en la búsqueda de justicia, manteniendo firme el recuerdo que muchos se empeñan en mandar al olvido. Adriana esta con su familia, con su sangre. Cuarenta años después sus papás volvieron a la vida en esa morocha de aspecto frágil pero de carácter fuerte y decidido. Faltan muchos gurises/as aún. La búsqueda sigue, pero cada gurí o gurisa que aparece es una reafirmación de la lucha y una derrota para muchos que aún añoran tiempos de odio y muerte.

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