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Diálogo Abierto

"Cada vez descubrimos más con la técnica de la retroproyección"

Libros, ilustraciones y atracción. Concordia y un gran referente. Pink Floyd y similitudes. La mágica fusión de imagen y música.

Sábado 09 de Enero de 2021

La artista visual concordiense pero radicada en la capital provincial María Álvarez practica el poco conocido aunque profuso en cuanto a sus posibilidades expresivas arte de la retroproyección. La docente, quien también lo difunde en su ámbito educativo, recuerda su descubrimiento y las razones de haber elegido esta técnica como la preferida para su trabajo creativo.

Atracción por la imagen

—¿Dónde naciste?

—En Concordia, el 11 de diciembre de 1981.

—¿En qué barrio?

—En el centro, a unas cuadras de lo que ahora es la peatonal, en una de las zonas donde se mantienen casas antiguas, aunque mi casa ya no existe. Tenía un hermoso patio adelante y detrás, por donde pasaba el arroyito Concordia, ahora entubado. También había una tortuga, huerta y gallinas.

—¿Lugares de referencia?

—Lo que más me gustaba, además del río Uruguay, era la Cascadita de Dri. A los 3 años viví en otra casa donde era más descampado, tomábamos leche de la vaca, buscábamos verduras de una huerta y después volvimos a aquella casa. Éramos muchos gurises, andaba en triciclo y veía pasar el tren.

—¿Otros juegos?

—Andar en bicicleta, la mancha, la escondida, el elástico y la bolita.

—¿Qué actividad profesional desarrollaban tus padres?

—Cuando volvieron de España mi papá trabajó en una farmacia sindical; mi mamá es arquitecta pero nunca ejerció, se dedicó un tiempo a la docencia y luego a criar a sus tres hijos.

—¿Sentías una vocación?

—No, en la adolescencia surgió el interés por el diseño gráfico, pero no podía viajar hasta Santa Fe, así que fui al Profesorado de Artes Visuales y me recibí allí.

—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?

—Me gustaban algunos profes apasionados por la forma de trasmitir el conocimiento: la de Biología nos dio mucha educación sexual, la de Geografía, y el de Química Orgánica, quien nos daba clases de apoyo porque a otro profe no le entendíamos.

—¿Leías?

—Muchísimo, al igual que mi papá, y a veces lamento haber perdido el hábito. Nos incentivaban mucho y le sacaba los libros a mi papá. Además, la Cooperativa Eléctrica tiene una biblioteca excelente y allí, también, podía consultar en Internet.

—¿Alguno influyente?

—Leía por autores, sobre todo me pasó con Sábato, Cortázar y García Márquez.

—Me refiero a la niñez.

—A lado de mi casa vivían dos maestras quienes nos pasaron El hada Globo Azul, ilustrado por Alba Ponce, que me llamó la atención por los dibujos, xilografías excelentes, otro de cuentos clásicos, ilustrados por Ayax Barnes, y La reina de los pájaros, con el mismo ilustrador. Me gustaba la estética de los dibujos.

—¿Desarrollabas alguna afición?

—Cuando era niña íbamos a actividades culturales que organizaba una librería, y a ver muestras y obras de teatro. En los últimos años del Secundario estuve en coros y luego conocí el candombe e hice teatro. En la adolescencia me gustaba mucho dibujar, copiaba lo que veía e hice muchos dibujos de un gallo, mi signo en el horóscopo chino, que teníamos.

—¿La atracción por la imagen fue una constante?

—Sí, me estoy dando cuenta ahora que me preguntás, y que también puede tener que ver con que tengo una dificultad auditiva, entonces me atrae más lo visual.

María Álvarez
María Álvarez, la artista concordiense que trabaja en el desarrollo de la retroproyección. 

María Álvarez, la artista concordiense que trabaja en el desarrollo de la retroproyección.

Passarella, una referencia

—¿Un maestro importante en el Profesorado?

—Sí, a quien visité anteayer (domingo 3), Nicolás Passarella, sobre quien tengo la idea de hacer una tesina en la Licenciatura en Arte. Me marcó su actitud como docente, su posicionamiento, rigor, compromiso y la cantidad de cosas que hacíamos. Siempre estaba en movimiento y organizaba cursos.

—¿Qué imaginabas ser al comenzar a estudiar?

—No sabía, pero jamás pensé en ser docente, porque tenía prejuicios. Quería pintar. En el fondo de la casa de mis abuelos nos juntábamos y, en vez de salir, pintábamos, fue la época de mayor producción y con algunos trabajos hicimos muestras. En cuanto a la docencia, cuando comencé a hacer las prácticas, me encantó, más allá del sistema.

—¿Adheriste con entusiasmo a una corriente en particular?

—Cuando comencé, al surrealismo, pero hoy no.

—¿Y en cuanto a técnicas?

—Pintaba mucho, luego hice dos años en la Escuela Municipal de Cerámica y cuando vine acá para hacer la Licenciatura, elegí escultura. Hoy pienso una idea y luego veo el proceso para plasmarla.

—¿Qué materiales y texturas te atraen?

—Trabajo mucho con la forma orgánica y en función de eso lo he hecho con plástico termomoldeado, silicona y con papel, en una técnica que se llama gofrado, para lo cual se trabaja con un papel que tiene mucho algodón, y hago una matriz con forma, la cual toma el papel. Al principio me gustaba lo relacionado con lo orgánico y traslúcido, pero con el tiempo entré en crisis con los plásticos y resinas, que son muy tóxicas.

—¿Cómo era el trabajo con el plástico?

—Dentro del campo de la escultura está lo que se llama “instalación”, como una obra que desborda sus límites y, por ejemplo, ocupa habitaciones enteras. Realizaba formas que remitieran a lo natural, con ese material. Hacía las formas en papel, como moldes, colocaba el plástico arriba, rescatado de bolsas de botellas, y le aplicaba calor.

—¿Te integraste a Paraná?

—No sentí mucha diferencia en cuanto a las características de la ciudad, y además fue muy meditada el seguir estudiando acá, aunque quería ir a Córdoba. Me adapté fácilmente.

—¿Y en cuanto a tu ámbito artístico específico?

—Allá me recibí de profesora en 2004, así que desconozco la realidad actual. Acá, en la carrera, encontré una producción y lenguaje más contemporáneo, al igual que materias que allá no tuve.

Una argentina pionera

—¿Cómo descubriste la retroproyección?

—No fue parte de mi formación artística sino a raíz de un taller intensivo en Santa Fe, en 2010, que daba Julieta Tabbush, quien vivió muchos años en México y ahora en Neuquén. Como parte del colectivo que formaba, creo que se llamaba El ojo, trabajaron la técnica de la retroproyección. Hay dos grandes referentes: Arturo López Pío, de México, y acá, Julieta. Al concluir esos 10 días, hicimos una puesta en común con pantallas gigantes en la Estación Belgrano, y varios salimos de allí. Fue la semillera.

—¿Se originó en México?

—Tengo entendido que sí, con este colectivo. Ellos son titiriteros y había músicos y artistas plásticos. Comprendieron que el retro les permitía trabajar como un teatro de sombras pero con más posibilidades al hacerlo horizontalmente.

—¿No hay otras referencias en el ámbito mundial?

—Sí, en los recitales de Pink Floyd se trabajaba en una forma similar, aunque no sé si exactamente era retroproyección. Y en Internet he visto un artista que experimenta con distintos materiales. Seguramente debe haber otros.

—¿Hasta el momento de hacer ese taller lo desconocías?

—No sabía que existía. Con el tiempo vi que algunos artistas trabajaron con la luz, la transparencia y la proyección, pero no con estas características.

—¿No hay una sistematización teórica de la técnica y el conocimiento?

—No.

—¿Qué cruces con otras disciplinas artísticas son posibles?

—Las imágenes que se realizan en vivo son con distintos materiales como tintas, colores, etc, y por lo general acompañan a otras manifestaciones artísticas como canto, bandas, aéreos, obras de teatro y narraciones. A veces la imagen tiene que ver con crear climas, formas y colores, y otras el protagonista es el retroproyector, que es lo que se conoce como “cine a mano”, en el que se va creando una secuencia de imágenes narrativas de alguna historia.

—¿Un trabajo de otros referentes que te haya impresionado mucho?

—El de un colectivo que hace cosas muy experimentales y similares a lo que se hacía con la banda de Pink Floyd, con una estética similar en cuanto a fluidos y a lo psicodélico. Se llama Drippy Eye Proyections (Curtid Godino y Chaz Lord) y son de Brooklyn. No es una técnica muy conocida aunque cada día hay más artistas que trabajan con el retroproyector, de distintas maneras.

—¿Por qué no tiene mayor difusión?

—Puede tener que ver con que son aparatos obsoletos, no se consiguen; creo que básicamente tiene que ver con su carácter analógico... no sé… En Santa Fe hay varias personas que hacen retroproyección, acá somos dos, y a veces se suma Victoria Ruiz Díaz o viene Julieta Tabbush.

El camino propio

—¿Qué fue lo primero que hiciste?

—Luego de la primera puesta en común con Julieta, la primera vez que actuamos con Desireé Darrichón fue en 2013, aunque ya venía haciendo retroproyección con los chicos en la escuela. Una colega, Eli Rossa, narradora, me ofreció hacerlo en un ciclo de homenaje a mujeres latinoamericanas en la Biblioteca Popular, junto con otros artistas. Y a partir de ahí, en distintas ocasiones.

—¿Qué has hecho experimentalmente?

—Junto con dos músicos, Simón Fischbach y Adriano de Martini, trabajamos con improvisación en una puesta en común. Ellos, a partir de la imagen, y nosotros a partir del sonido. Lo mostramos en la Casa de la Cultura y se llamó Nébula.

—¿Cómo te inspira la música?

—Es fundamental, tanto para el trabajo como para mi vida. Por las características de la técnica, que va en consonancia con otra trama, en este caso la música guía, y el retro no sólo se adapta sino que crea un clima. E incluso si el retro es el protagonista, siempre hay una música de fondo. Como si fuera un audiovisual.

—¿Qué materiales has utilizado?

—Comestibles, remedios, productos de veterinarias y acuarios (risas), incluso posibilidades descubiertas accidentalmente. No tengo un material en particular que me atraiga, aunque Julieta marca una técnica particular que es el dibujo “en arena”, que no lo es.

—¿Te sucede tener una idea y luego en el retroproyector se genera algo totalmente distinto?

—Todo el tiempo (risas); también la técnica trabaja con el azar; a veces pasan cosas que no pasaron en los ensayos, o aparecen insectos en la pantalla que modifican toda la imagen…

—¿Tenés página en las redes?

—En Facebook, Amniótica, donde subimos los trabajos.

La magia de lo analógico y una expresión sin límites

Quienes suman algunas décadas de edad y su paso por la escuela es bastante lejano, seguramente recuerdan el retroproyector, mientras que para las nuevas generaciones debe parecer un “armatoste” incomprensible de entender desde la mentalidad digital. La artista visual se refiere a la principal herramienta de la técnica de la retroproyección y sus ilimitadas posibilidades creativas y de expresión.

—¿Podés definir al retroproyector para quien no lo conoce?

—Es un aparato anterior al cañón proyector con el cual antiguamente, en clases y conferencias, se proyectaban filminas.

—Lo que hoy es el Power Point.

—Exactamente. Tiene un sistema de lentes, luces y espejo, por eso es retroproyector, que proyecta la imagen y una de las condiciones es la translucidez. A partir de ese principio, todo lo que uno quiera experimentar con materiales es totalmente abierto y cada vez hacemos más descubrimientos.

—¿No hay ningún nuevo medio tecnológico que lo reemplace?

—Lo que se logra tal vez se podría emular con algún programa digital pero perdería su propia magia.

—¿Cuál es la clave y lo que lo hace único?

—Una parte de su magia es lo analógico porque la gente ve que estás haciendo esa imagen artesanal con tus manos, si las querés mostrar, y también la tiene si no las mostrás, y en que también se logran ciertos efectos. Con la experimentación se encuentran ilimitadas posibilidades.

—¿Sobre el retroproyector siempre trabaja un artista plástico?

—Puede ser alguien que trabaje con la imagen y en el campo del teatro, o con las sombras chinas, que lo puede hacer magníficamente un teatrero y es la experimentación con la cual se originó.

—¿Qué posibilidades te ofreció a vos, particularmente?

—Lo que más me gusta tiene que ver con que casi siempre es un cruce de disciplinas y con que se trabaja con otra trama a partir de la cual se originan las imágenes. A partir de una música o un relato, trabajás las imágenes y, al revés, querés componer una historia a partir de imágenes con el retro. Siempre hay un fondo sonoro que acompaña y siempre es más que la suma de las partes. Las artes plásticas y visuales son bastante individuales, mientras que este es un trabajo en el que sí o sí estás en comunicación con otros artistas.

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