Secciones
Revista Tuya

Buceadora: Silvia Castillo busca su esencia en las profundidades

Oriunda de Buenos Aires, vive desde hace 13 años en Concepción del Uruguay donde desarrolló su actividad como instructora de buceo.

Miércoles 11 de Septiembre de 2019

Desde muy joven Silvia Castillo sintió que su esencia “era el mundo acuático” y con esa decisión encaró sus estudios y su vida hasta alcanzar el objetivo: ser buceadora. Desde Concepción del Uruguay –donde reside– dialogó con UNO recorrió su historia y su presente que la encuentra encarando un nuevo proyecto laboral pero siempre relacionado con la exploración de las profundidades del agua.

—¿Cuánto hace que sos buzo? ¿Por qué decidiste adentrarte en las profundidades de esta profesión?

—Hace 32 años que realicé mi primer curso de buceo. Desde entonces practico este deporte que me apasiona sin ninguna duda. Tenía 17 años, aún cursaba el nivel secundario y tenía muy claro mi deseo de aprender cómo se usaban los equipos y cómo se podía permanecer sumergido sin la necesidad de salir a respirar a superficie. En esa época, miraba los videos y documentales de Jacques Ives-Cousteau y sentía que mi esencia era el mar, el mundo acuático. Por eso, al culminar el secundario, me fui a estudiar Licenciatura en Ciencias Biológicas con orientación Marina a la ciudad de Puerto Madryn. Para ese entonces, mi familia y yo vivíamos en Buenos Aires de donde soy oriunda.

—¿Realizás o realizabas otra profesión antes de dedicarte a ser buzo?

—Bueno, vivir del buceo tanto deportivo o profesional no es fácil y menos para una mujer. No pude culminar mi carrera de bióloga y tuve que volver a Buenos Aires, donde estudié cocina y obtuve el título de chef. Varios años me dediqué a la cocina como profesión a la par de dar cursos de buceo y organizar salidas con grupos a bucear por diferentes sitios y hacer trabajos de buceo en el río, como búsqueda de objetos perdidos, reflotamientos o inspecciones que son trabajos de manera eventual que aparecen en este campo. Hoy en día estoy cerca de recibirme de Licenciada en Geografía y mi objetivo es aplicar a disciplina al cuidado del medio ambiente, en especial el acuático; que es donde yo me muevo.

—¿Fue difícil insertarse en el ámbito que parece más masculino?

—Sí, muy difícil. En el ámbito del buceo deportivo es más frecuente ver mujeres instructoras y buceadoras (cada vez somos más); pero en el ámbito profesional somos pocas. A mi criterio dos factores lo condicionan: hay que viajar mucho y estar tiempos indeterminados en diferentes lugares (embarcado o en tierra) y el trabajo pesado, mucho esfuerzo físico y de resistencia. A esto sumarle la opción de la maternidad que condiciona el tema de los viajes y las jornadas sin horario fijo de trabajo. Por eso yo me dediqué más que nada al ámbito del buceo deportivo.

—¿Qué es lo mejor de estar bajo el agua?

—Lo mejor de estar bajo el agua, es la conexión con uno mismo, el silencio inmediato que se experimenta en el instante que uno sumerge la cabeza debajo de la superficie. Los sonidos externos desaparecen al instante, y el medio donde nos empezamos a mover pasa a ser mucho más denso: el agua (770 veces más denso). Los movimientos son lentos y pausados; la vida entra en calma absoluta y eso no lo podes cambiar porque el medio acuático tiene esas características. Algún psicólogo dijo por ahí, que te conecta al subconsciente y remite a nuestro momento de gestación donde estábamos en el vientre de nuestras madres, viviendo en el agua.

—¿Cuál es el mejor lugar para bucear?

—Opino que cada uno tiene su encanto y sucede que varios factores pueden estar en juego en el mismo momento para evaluar un lugar de buceo: el clima, la época del año (por la biodiversidad presente), las corrientes marinas, la temperatura del agua y demás. De todas formas, los sitios de aguas cálidas como el Caribe, Mar Rojo, Tailandia, es decir, sitios cerca del Ecuador con aguas cálidas, ofrecen variedad de colores y arrecifes multifuncionales únicos. La temperatura del agua, también es un factor decisivo, las aguas cálidas son placenteras y permiten buceos más prolongados. Hay sitios, como el bosque sumergido del Lago Traful en Neuquén, de una belleza única, 30 metros de visibilidad y un paisaje casi lunar (por lo minimalista del paisaje), un bosque entero sumergido en aguas azules. ¡Dar una respuesta del mejor lugar para bucear es imposible! Todos son mejores lugares, porque son únicos. Lo mejor es conocer previamente lo que se va a observar: fauna, naufragios, restingas, arrecifes, cuevas, cavernas, para entender cómo funcionan esos ecosistemas y admirarse con el maravilloso equilibrio que poseen.

—¿Crece el número de personas en aprender esta actividad?

—Sí, absolutamente. Cuando comencé era un círculo muy pequeño, inclusive era difícil conseguir equipamiento (sólo en Buenos Aires o Puerto Madryn había más material disponible). Hoy en día –con tecnología mediante– accedemos a todo tipo de información de buceo, sitios, equipamiento, cursos y demás. Aparte desde hace unas décadas, el turismo empezó a ser accesible a mayor número de personas y ahí es donde la gente conecta con la actividad; ya que descubren que necesitan tener algún tipo de habilitación para poder bucear. Eso los lleva a buscar escuelas, formarse y de ahí en más, es un viaje de ida; la disciplina te atrapa y es muy difícil perder la motivación de sumergirse en nuevos lugares

—¿Cuál es la vivencia que más disfrutaste en estos años de buceadora?

—Sin dudas, el sembrar la semilla de la pasión por el agua. Poder transmitir mis sensaciones y crear conciencia de la importancia de cuidar el medio acuático. No nos olvidemos que el 75% del planeta es agua; es el gran pulmón de la Tierra (las algas producen el oxígeno vital para la vida); ver el mundo desde abajo, nos hace comprender por un instante la pequeñez del ser humano, lo insignificante que somos al lado de la potencia del mar o del agua como masa líquida. Bucear y todo lo que eso implica: dominio de técnicas, conocimientos de física (leyes de los gases, agua, luz), dominio de equipamiento, técnicas de rescate, planificación y cálculos previos, lleva a pensar la complejidad y perfección de la naturaleza y el respeto que nos merece. En síntesis, conocer para valorar y crear conciencia de la inmensa belleza que tenemos disponible.

—El río tiene su tonalidad y el mar otra. ¿Cuál es tu preferencia a la hora de elegir un destino para conocer en lo profundo?

—El mar, tiene la posibilidad (en líneas generales) de poder ver lo que contiene; es decir; aguas con visibilidad. Los destinos de buceo deportivo fomentados para el turismo tienen todos esta característica: deben “tener visibilidad” que en general van de los 5 a los 30 metros en promedio. Si esta condición no se da; no se bucea. En el caso de los ríos, o lagunas que la gran mayoría contienen sedimentos; la visibilidad es nula o casi nula y se reconoce lo que existe en el fondo a través del “tacto”. Podríamos decir que en un río, el buzo es ciego. Por eso, ese tipo de inmersiones sólo las realizan buzos con habilitación profesional (otorgada por Prefectura Naval Argentina) y el fin es siempre laboral (reparaciones de barcos, muelles, inspecciones, búsqueda de objetos, etc). Aún así vale aclarar, que en sitios donde hay visibilidad, a profundidades que superan los 40 metros, la visibilidad se reduce abruptamente o pasa a ser nula también.

—Regatas abrió las puertas al buceo y la escuela la lleva varios años. ¿Cómo es el trabajo allí? ¿También enseñan a bucear a gente con alguna discapacidad?

—La escuela del Club Regatas lleva 12 años trabajando, con cientos de alumnos habilitados para el buceo deportivo en las categorías de Cadete, Una (principiante-habilita hasta 15 metros de profundidad) y Dos Estrellas (avanzado-habilita hasta 30 metros de profundidad). Asimismo, especialidades que derivan de esas habilitaciones: fotografía subacuática, uso de traje seco (para aguas de menos de 15°C), entro otros. También se capacitan a bomberos de la provincia. Con respecto a las personas con capacidades diferentes, se realizan bautismos de buceo y no cursos. Esos Bautismos de Buceo, se programan para dar todas las condiciones de seguridad necesarias de acuerdo a la discapacidad de la persona. También se realiza buceo en la colonia de vacaciones de Regatas a niños a partir de los 7 años, durante la colonia de verano.

Yo estuve 11 años trabajando en la escuela de buceo, hace un año me desvinculé para el desarrollo de un emprendimiento personal propio relacionado con el buceo. De todas formas, desde la Comisión Directiva del Club Regatas, estoy al tanto de las excelentes opciones y ofertas que ofrece la escuela de buceo del club.

—Capacitan a bomberos enumeraste. ¿Cuáles son las claves para aprender?

—La capacitación para bomberos es especial; si bien aprenden lo mismo que cualquier buzo deportivo; se orienta a trabajos de buceo sin visibilidad (ya que su formación está orientada al rescate de personas y en general en situaciones extremas) y con una exigencia de acuaticidad mayor que un alumno que se forma para hacer turismo. Las claves para aprender son: en el aspecto práctico, adquirir acuaticidad, es decir, nadar y practicar las maniobras con equipo básico de buceo (aleta, máscara, snorkel, cinturón de lastre) y continuar nadando y relacionándose con el agua a través del tiempo; ya que es la clave para disfrutar a pleno una inmersión. En el aspecto teórico, se requiere estudio: adquirir nuevo vocabulario técnico, equipamiento, medicina y fisiología humana bajo el agua, conocimiento de las leyes físicas que rigen el medio acuático, entre otras cosas.

#SilviaxSilvia

Silvia Castillo nació hace 49 años en Buenos Aires. Luego se radicó en Puerto Madryn para estudiar y disfrutar del buceo casi a diario. Hace 13 años que vive en Concepción del Uruguay junto a su familia, sus hijos Camila de 24 años y Bruno de 15 años. “Mi hijo es buzo habilitado y bucea desde los 4 años”, resaltó.

—¿Qué es lo mejor y lo más difícil de aprender a bucear?

—Lo mejor es la sensación de libertad y de quedar sumergido y suspendido en el medio de la masa de agua, esto en el océano es fantástico. Aparte de observar la biodiversidad increíble que existe. Lo más difícil es bajar el nivel de ansiedad y poder ponerse en la frecuencia del agua, ritmos lentos y pausados, con plena conciencia de estar en un medio diferente al que vivimos a diario, desde que nacemos (el aéreo) pero es el medio del que venimos (el acuático).

—¿Cómo es un día tuyo?

—Entreno a diario en el gimnasio o actividad aeróbica (ciclismo); después pileta unas tres veces semanales. Y estoy abocada a terminar mi carrera en Licenciatura en Geografía (no es profesorado) donde me estoy especializando en ambientes acuáticos y trabajo con tecnologías SIG (sistemas de información geográfica) aplicada al análisis de cuencas y espacios acuáticos. Es decir, puedo trabajar en los ambientes acuáticos desde la parte analítica, hasta la práctica en la toma de muestras. Mientras tanto organizo mi nuevo proyecto, también relacionado con el buceo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario